Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

Perdonó al asesino de su padre y lo visitaba cada día

Perdonó al asesino de su padre y lo visitaba cada día

MARIA TERESA GONZALEZ JUSTO

La inspiradora historia de María Teresa González Justo y su relación con el hombre que fusiló a su padre durante la guerra civil española

El perdón es una virtud que no todas las personas son capaces de ejercer. Perdonar pequeñas faltas puede resultar relativamente fácil; perdonar la muerte a sangre fría de un ser querido no es algo que todos podríamos hacer. Francisca lo tuvo claro. El amor de Dios le dio a esta joven muchacha castellana la fuerza no solo para perdonar a quien terminara con la vida de su padre sino que le regaló su tiempo y su consuelo.

Los hechos sucedieron el 25 de octubre de 1936, cuando ser cristiano en España se convirtió en algo muy peligroso. Las persecuciones religiosas provocaron la quema de iglesias y el asesinato de curas y monjas. La población civil no se libró de aquella terrible situación. Una de las víctimas fue Martiniano González, un hombre sencillo que vivía con su familia en la localidad toledana de Quintanar de la Orden. Francisca González Justo tenía entonces quince años. Había nacido el 11 de febrero de 1921. Era la mayor de las tres hijas de Martiniano y su esposa Isabel Justo. La suya era una vida de lo más normal en un pueblecito castellano a principios de siglo. Francisca, a la que todo el mundo conocía como Paquita, era una niña sencilla que gustaba ya de pequeña ayudar a los pobres y humildes de su pueblo.

El inicio de la Guerra Civil Española truncó la vida de muchas personas inocentes y cambió para siempre el devenir de la historia de España. Cuando Francisca supo que su padre había sido martirizado y ejecutado sintió un profundo dolor en su corazón por la pérdida. La oración y una enorme fe en Dios que su familia le había transmitido desde pequeña salvaron su alma del rencor y la venganza. Lejos de odiar al asesino de Martiniano, Francisca decidió perdonarlo. Cuando supo que había sido encarcelado, no dudó en visitarlo diariamente durante muchos meses, llevándole no solo alimentos, sino también, su más sincero perdón, un ejemplo claro de caridad cristiana.

Cuando terminó la guerra, Francisca decidió seguir haciendo el bien a los demás, como había hecho con los pobres de su pueblo y con el asesino de su padre. Su opción de vida se resumía en estas palabras escritas por ella misma: “Te entrego todo, Dios mío, y te ofrezco mi vida, gota a gota”. Para ello, escogió la vida religiosa. En 1941 tomó los hábitos de las Hermanas de la Consolación y asumió el nombre de María Teresa.

Desde entonces, y hasta el final de sus días, la hermana María Teresa trabajó sin descanso en distintos asilos y sanatorios en los que los enfermos de tuberculosis recibieron de ella una profunda entrega. No le importó estar en contacto con una enfermedad altamente contagiosa. Cuidó a decenas de tuberculosos, curando y consolando su dolor físico, curando y consolando su dolor espiritual. Nada parecía frenar la férrea voluntad de esta mujer que se enfrentó a una época, la de la posguerra, de falta de todo.

Un cáncer terminó con su vida muy pronto. Fallecía el 12 de octubre de 1967, cuando tenía apenas cuarenta y séis años. Pocos años después, en 1981, se inició la Causa de Beatificación y Canonización de sor María Teresa González Justo y en 1992 el Papa Juan Pablo II reconoció sus virtudes heroicas como venerable. Su proceso de beatificación continúa abierto.

(Fuente: Aleteia)

Hoy la Iglesia celebra a San Francisco y Santa Jacinta Marto, videntes de la Virgen de Fátima

Hoy la Iglesia celebra a San Francisco y Santa Jacinta Marto, videntes de la Virgen de Fátima

«Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas», este fue uno de los pedidos más importantes que la Virgen de Fátima hizo a Francisco, Jacinta y Lucía, los tres niños videntes de Fátima.

Francisco nació en 1908 y Jacinta dos años después. Desde pequeños aprendieron a cuidarse juntos y acompañar a su prima Lucía, quien solía hablarles de Jesús. Los tres cuidaban ovejas en los hermosos campos de su región natal. Como muchos niños de su edad, jugaban y rezaban juntos.

Del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, la Virgen se les apareció en varias ocasiones en Cova de Iría, Portugal. Fueron meses llenos de gracia y de profunda presencia de Dios, pero también de prueba: soportaron con valentía calumnias, injurias, malas interpretaciones, persecuciones, e incluso prisión. Los pastorcitos repetían: “Si nos matan, no importa; vamos al cielo”.

Después de las apariciones, Jacinta y Francisco continuaron sus vidas sencillas. Lucía fue a la escuela, tal como se lo pidió la Virgen; lo mismo que Jacinta y Francisco. De camino pasaban por la Iglesia y saludaban a Jesús Eucaristía.

Francisco, sabiendo que no viviría mucho tiempo, le decía a Lucía: “Vayan ustedes al colegio, yo me quedaré aquí con Jesús Escondido”. A la salida del colegio, las niñas solían encontrarlo en el lugar más cercano al Tabernáculo, siempre en profundo recogimiento. De los tres, el pequeño Francisco era el más dado a la contemplación y quería, con sus oraciones, consolar a Dios, tan ofendido por los pecados de la humanidad. En una ocasión Lucía le preguntó: «Francisco, ¿qué prefieres más, consolar al Señor o convertir a los pecadores?» Él respondió: «Yo prefiero consolar al Señor”.

“¿No viste qué triste estaba Nuestra Señora cuando nos dijo que los hombres no deben ofender más al Señor, que está ya tan ofendido? A mí me gustaría consolar al Señor y después, convertir a los pecadores para que ellos no ofendan más al Señor.» Y siguió, «Pronto estaré en el cielo. Y cuando llegue, voy a consolar mucho a Nuestro Señor y a Nuestra Señora.»

Jacinta participaba diariamente de la Santa Misa para recibir la Comunión. Todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores y para reparar las ofensas hechas a Dios. Le atraía mucho estar con Jesús Sacramentado. «Cuánto amo el estar aquí, es tanto lo que le tengo que decir a Jesús», repetía.

En los meses de las apariciones, poco después de la cuarta, Jacinta encontró una cuerda y acordaron cortarla en tres y ceñírsela a la cintura, sobre la piel, como expresión de sacrificio y mortificación. Esto les causó mucho dolor, según contaría Lucía muchos años después. La Virgen les dijo que Jesús estaba muy contento con sus sacrificios, pero que no quería que durmieran con la cuerda. Y así lo hicieron.

A Jacinta se le concedió la visión de los sufrimientos del Sumo Pontífice. «Yo lo he visto en una casa muy grande, arrodillado, con el rostro entre las manos, y lloraba. Afuera había mucha gente; algunos tiraban piedras, otros decían imprecaciones y palabrotas», contó ella.

Por esto y otros hechos, los niños tenían presente al Papa y ofrecían tres avemarías por él después de cada Rosario. Su cercanía con la Madre de Dios había fortalecido inmensamente el poder de sus oraciones. Muchas familias acudían a ellos para que intercedieran por ellos ante la Virgen y se resuelvan sus problemas.

En una ocasión, una madre le rogó a Jacinta que rece por su hijo que se había de casa cual hijo pródigo. Días después, el joven regresó, pidió perdón y le contó a su familia que después de haber gastado todo lo que tenía, robado y estado en la cárcel, algo le tocó el corazón y decidió apartarse al bosque para pensar. Sintiéndose completamente perdido, habiendo arruinado su vida, se arrodilló llorando, y rezó. En eso, vio a Jacinta que lo tomó de la mano y lo condujo hasta un camino. Ese fue el inicio del regreso a casa de aquel muchacho. Cuando le preguntaron a Jacinta si se había encontrado con él, ella dijo que no, pero que sí había estado rogando mucho a la Virgen por él.

El 23 de diciembre de 1918, Francisco y Jacinta enfermaron gravemente de bronconeumonía. Por entonces una epidemia asolaba muchas partes de Europa. El buen Francisco se fue deteriorando poco a poco durante las siguientes semanas. Pidió recibir la Primera Comunión y para ello se preparó con ahínco. Se confesó y guardó incluso ayuno, estando enfermo.

“Yo me voy al Paraíso; pero desde allí pediré mucho a Jesús y a la Virgen para que os lleve también pronto allá arriba”, le dijo a Lucía y Jacinta. Al día siguiente, el 4 de abril de 1919, partió a la casa del Padre.

Jacinta sufrió mucho por la muerte de su hermano. Lamentablemente su enfermedad se complicó aún más. Fue llevada al hospital de Vila Nova, pero regresó a casa con una llaga en el pecho. Luego le confiaría a su prima: «Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María».

Antes de ser llevada al hospital de Lisboa le dijo a Lucía: “Ya falta poco para irme al cielo… Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón, que Dios le confió a Ella”.

Jacinta tuvo que soportar una cirugía en la que le quitaron dos costillas del lado izquierdo y quedó una llaga ancha como de una mano. Los dolores eran espantosos, pero ella invocaba a la Virgen constantemente y seguía ofreciendo sus dolores por los pecadores. El 20 de febrero de 1920 pidió los últimos sacramentos, se confesó y rogó que le llevaran el Viático porque pronto moriría. Poco después murió, a los diez años de edad. Jacinta, antes de morir, alcanzó a decir algunas cosas que fueron escritas por su madrina, con quien vivía.

“Los pecados que llevan más almas al infierno son los de la carne.
Las guerras son consecuencia del pecado del mundo. Es preciso hacer penitencias para que se detengan.
No hablar mal de nadie y huir de quien habla mal.
Tener mucha paciencia porque la paciencia nos lleva al cielo”.

Los cuerpos de Francisco y Jacinta fueron trasladados al Santuario de Fátima. Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, vieron que el Rosario que le colocaron sobre su pecho estaba enredado entre los dedos de sus manos. Mientras que el cuerpo de Jacinta, 15 años después de su muerte, fue encontrado incorrupto.

«Contemplar como Francisco y amar como Jacinta», fue el lema con el que estos dos videntes de la Virgen de Fátima fueron beatificados por San Juan Pablo II, el 13 de mayo del año 2000.

El Papa Francisco los canonizó el 13 de mayo del 2017 en Fátima, dentro del marco de las celebraciones por el centésimo aniversario de las Apariciones de la Virgen.

(Fuente: Aciprensa)

Memoria de Santa Escolástica, virgen

Memoria de Santa Escolástica, virgen

La unión siempre hace la fuerza como dice el refrán. Y en el caso de la Fe mucho más. Incluso si se trata de hermanos de sangre con mucha más razón. Hoy celebramos a Santa Escolástica, que fue hermana de San Benito, Co-Patrono de Europa y el gran impulsor del Monacato en Occidente. Nace en Nursia el año 480. Pero no solamente les unieron los lazos de sangre, sino también los vínculos fraternos en el estilo de vida.

Y es que si Benito se dedicó por completo a la vida monástica con la fundación de Monte Casino, Escolástica impulsó otro convento de mujeres a los pies del citado lugar. El espíritu de piedad traducido en las mortificaciones que ambos hermanos realizaban, se traducía en las pocas visitas que se hacían. No obstante, cada encuentro que mantenían se alargaba porque hablaban de temas místicos y espirituales.

Pocos días antes de morir la Santa, acudió Benito a verla y ella le intentó retener en vano, porque él no quería. “¿Qué es lo que me pides hermana? -le dijo- no me está permitido permanecer mucho tiempo y menos al anochecer fuera del Convento”. Sin embargo las súplicas de ella, desencadenaron una tormenta que le impidió a Benito salir de allí, de tal forma que cuando le pidió explicaciones, Escolástica le contestó: “Tú te negaste, pero se lo pedí a Dios y Él escuchó mis ruegos”.

El Santo monje que no quería quedarse por voluntad propia, tuvo que hacerlo a la fuerza. Así pasaron la noche hablando nuevamente del Amor de Dios que tanto les inflamaba su corazón. A los tres días vio como una blanca paloma que subía al Cielo, comprendiendo que era el alma de su hermana, cuyos restos hizo sepultar en el lugar que tenía dispuesto para él.

Fuente: Cope

¿Cómo fue la relación de San José y Jesús? Obispo reflexiona sobre la ternura de un padre

¿Cómo fue la relación de San José y Jesús? Obispo reflexiona sobre la ternura de un padre

Este domingo 7 de febrero, el Obispo de San Sebastián (España), Mons. José Ignacio Munilla, compartió la segunda reflexión para su espacio “7 domingos de San José”, en la que se refirió a la ternura de Dios Padre expresada a Jesús a través del amor de San José.

“El niño Jesús experimentó la ternura de Dios en José”, subrayó el obispo español en la segunda de siete reflexiones que culminarán el día de la fiesta de San José, el próximo 19 de marzo.

El prelado indicó que la lectura bíblica de Oseas 11: 3-4 puede describir cómo era la relación de San José con el niño Jesús: “Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer”.

“Dios siente ternura por nosotros, pero ¿cómo uno puede experimentar la ternura de Dios Padre? Pues esta es la cuestión, la experimenta a través de su padre más inmediato, y el padre más inmediato de Jesús era José, que, en esos primeros estadios de su vida, estaba haciendo un reflejo de la paternidad de Dios”, comentó el obispo español. 

Mons. Munilla dijo que hoy en día existe una crisis respecto la figura del padre, ya que, ante su ausencia, se genera lo que se denomina “la herida del padre”, que consiste en una situación “de carencia y vacío que puede perseguirnos toda la vida, aunque muchas veces uno no se dé cuento de lo está pasando”.

Recordó, además, que la figura paterna brinda “fuerza, autoridad, aprobación y comprensión” a un hijo. “Nos valida, nos afirma profundamente”, agregó.

Mons. Munilla también explicó que “los niños necesitan esa referencia paterna con mayor fuerza que las niñas, porque esa ternura del padre le ayuda hasta para la propia identificación, con su propia identidad sexual masculina”.

“Jesús creció con una profunda madurez humana por haber recibido la ternura de su padre y la ternura de su madre; por haber visto a dos padres que se amaban profundamente. Todos nosotros tenemos el deber de procurarle eso mismo a nuestros hijos”,

Mons. Munilla agregó que “tiene una gran actualidad” presentar a San José “como padre en la ternura, así como lo dice el Papa Francisco”.

(Fuente: Aciprensa)

Memoria de Santa Josefina Bakhita, virgen

Memoria de Santa Josefina Bakhita, virgen

En la Escritura se recoge el pasaje que anuncia “el fin de la esclavitud y de la vara del opresor”. Hoy hacemos memoria de Santa Josefina Bakhita que experimentó la esclavitud, al tiempo que tuvo una experiencia muy especial de liberación integral. Natural de Sudán, su nacimiento se sitúa en 1869. En el hogar son varios hermanos y viven con sencillez. Una de las cosas que más le marcará es la captura de una de sus hermanas lo cual advirtió ya que siempre alegará que su madre lloraba mucho al padecer la desgracia de quedarse sin una hija y de esa forma.

Pero ella ignoraba que su suerte no iba a ser mejor aunque siempre estaba la mano de Dios que escribe recto con renglones torcidos. A los 9 años advierte un día camino del bosque que cuando iba con una amiga suya algo más mayor, aparecieron dos extranjeros que le pidieron con amabilidad que le alcanzase unas frutas de uno de esos árboles.

A la otra chica le animaron a seguir el camino con el pretexto de que pronto se encontrarían. Sin embargo cuando estaba sola, Josefina fue capturada por dos hombres que le encadenaron y le llevaron al mercado sudanés para ser vendida como esclava. Fue comprada sucesivamente por varios amos y el cuarto le trató con bastante dureza hasta el punto de intentó en vano escaparse y no lo conseguía.

Quiso la Providencia que fuese comprada por otro amo italiano y cristiano. Su verdadero objetivo era liberar a Josefina de las cadenas y devolverle su dignidad, hasta el punto de tomarla como sirvienta en la casa. Allí conoce a Cristo y, por Él, a las canosianas, Instituto fundado por Santa Magdalena de Canossa. Bautizada, confirmada y hecha la Primera Comunión entra en el mencionado carisma. Vivió siempre atendiendo a necesitados hasta su muerte en el año 1947.

Fuente: Cope

El Papa pide celebrar juntos a los santos hermanos Marta, María y Lázaro

El Papa pide celebrar juntos a los santos hermanos Marta, María y Lázaro

Imagen referencial. El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco promulgó un decreto de la Congregación para el Culto Divino con el que estableció que el Calendario Romano General celebre juntos a los santos hermanos Marta, María y Lázaro.

De este modo, la Iglesia Católica Universal celebrará cada año el 29 de julio la memoria de los tres hermanos de Betania juntos en un mismo día.

En el decreto firmado por el prefecto, Cardenal Robert Sarah, y por el secretario, Mons. Arturo Roche, se establece que “dicha memoria deberá aparecer con esta denominación en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas” y que “las variaciones y añadidos que han de ser adoptados en los textos litúrgicos, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, después de la confirmación de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales”. 

Además, se recuerda que “en la casa de Betania, el Señor Jesús experimentó el espíritu familiar y la amistad de Marta, María y Lázaro, y por eso el Evangelio de Juan afirma que los amaba”.

“Marta le ofreció generosamente hospitalidad, María escuchó atentamente sus palabras y Lázaro salió rápidamente del sepulcro por mandato de Aquél que ha humillado a la muerte”, describe el texto.

Sin embargo, el decreto vaticano reconoce que a lo largo de los años hubo una “tradicional incertidumbre de la Iglesia latina sobre la identidad de María – la Magdalena, a la que se le apareció Cristo tras su Resurrección, la hermana de Marta, la pecadora a la que el Señor perdonó sus pecados” por lo que se inscribió únicamente a Santa Marta el 29 de julio en el Calendario Romano.

Dicha cuestión, se resolvió “en estudios y tiempos recientes, como testimonia el actual Martirologio Romano, que también conmemora a María y Lázaro en ese mismo día” además de que “en algunos Calendarios particulares los tres hermanos se celebran juntos en ese día”.

Por ello, el Papa Francisco “considerando el importante testimonio evangélico que dieron al hospedar al Señor Jesús en su casa, al escucharlo atentamente, al creer que él es la Resurrección y la vida” y “acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro”.

Finalmente, el decreto indica que esta disposición se establece “sin que obste nada en contrario”.

(Fuente: Aciprensa)

Memoria de San Blas, obispo y mártir

Memoria de San Blas, obispo y mártir

Cada Santo es encargado para el Patronazgo de algún aspecto de la vida de los hombres. Hoy recordamos a uno de los Santos que goza de mayor popularidad en el calendario cristiano: San Blas. Oriundo de Sebaste, en Armenia, su vida transcurre en el año III. Hombre dedicado a la medicina, trató sobre todo males relacionados con la garganta.

Pero esto no era lo único que realizaba, puesto que el gran espíritu de fervor y de caridad, le impulsaba a ayudar a cambiar de vida a quienes vivían inmersos en el pecado. Todo esto sirvió para que la Providencia suscitase la aclamación del pueblo cristiano como Obispo, al estilo de entonces. El nuevo Prelado, al oír las atrocidades de Diocleciano en la persecución a los cristianos, oró y confortó a muchos, refugiándose en las montañas, hasta que él mismo fue descubierto por los perseguidores.

Conducido al Procurador, una innumerable multitud de cristianos y paganos, vitorean al Santo que les ha dado un ejemplo de Fe y valentía. Muchos son los milagros que había realizado, entre los que se encuentra la sanación de enfermos de la garganta. En cierta ocasión un niño se tragó una espina de pescado corriendo peligro de morir por infección y San Blas le curó. Todo esto molesta a las autoridades que decretan la muerte del Obispo armenio.

Al hacerle pasar por muchos suplicios cruentos antes de matarle, algunas mujeres recogen piadosamente restos de la sangre que ha derramado, motivo por el que son detenidas y decapitadas junto con Blas en el año 316. Por todo esto se le considera abogado en las enfermedades de garganta y en muchos pueblos las gentes pasan el pañuelo por su manos para que les bendiga las gargantas.

Fuente: Cope

Hoy celebramos a San Juan Bosco, padre y maestro de la juventud

Hoy celebramos a San Juan Bosco, padre y maestro de la juventud

“Uno solo es mi deseo: que sean felices en el tiempo y en la eternidad”. Estas fueron las palabras de despedida -antes de ir al Cielo- que San Juan Bosco dejó escritas a sus hijos espirituales, en especial a los jóvenes, miembros de la familia salesiana. Giovanni Melchiorre Bosco, más conocido como Don Bosco, fue el fundador de diversas comunidades, agrupaciones e iniciativas que componen lo que se conoce como la Familia Salesiana. Fue declarado “padre y maestro de la juventud” por el Papa San Juan Pablo II el 24 de mayo de 1989.

Don Bosco nació el 16 de agosto de 1815 en I Becchi, Castelnuovo, Piemonte (Italia). Cuando tenía tan solo dos años, su padre murió, y fue su madre, la Sierva de Dios Margarita Occhiena, la que tendría que encargarse de él y sus hermanos.

A los nueve años, el pequeño Juan tuvo un sueño en el que vio una multitud de niños que peleaban entre ellos y blasfemaban. Él trató de hacerlos callar a golpes, pero de pronto apareció Jesús y le dijo que debía ganarse la confianza de los muchachos con mansedumbre y caridad. A continuación, el mismo Cristo le mostró a quien sería su maestra en esa tarea: la Virgen María. Entonces, la Madre de Dios -María Auxiliadora- le indicó que mire hacia donde estaban los muchachos. Lo que vio esta vez fue a un grupo de animales salvajes que empezaron a transformarse en mansos corderos. En ese momento, la Virgen le susurró estas palabras: “A su tiempo lo comprenderás todo”.

Poco a poco fue creciendo en Juan un gran interés por los estudios, así como el deseo de ser sacerdote. Juan soñaba con ayudar a esos niños abandonados que no iban a la escuela.

En la medida en que el joven Juan crecía en la vida espiritual, en esa medida aumentaba el deseo de aprender cosas para aconsejar a los pequeños. No obstante, para lograr realizar sus sueños, tuvo que pasar por momentos difíciles. A veces se veía obligado a estar lejos de casa por algún trabajo temporal, o a pasar largas horas desempeñando algún oficio. Sin embargo, eso que por momentos parecía penoso o duro, empezó a transformarse ante sus ojos. Juan estaba aprendiendo muchas cosas a través del trabajo. Sin saberlo, estaba aprendiendo las cosas que enseñaría en el futuro a sus muchachos, esas que ayudarían a que cada uno gane su sustento.

Inicialmente, Juan se sintió atraído por la vida de los franciscanos pero finalmente decidió ingresar al seminario diocesano de Chieri. En ese lugar conoció a San José Cafasso, quien le mostró las prisiones y los barrios pobres donde había muchos jóvenes necesitados.

Juan recibió el Orden Sacerdotal en 1841 y poco después abrió un oratorio para niños de la calle, bajo el patronazgo de San Francisco de Sales. El oratorio fue un éxito: se convirtió en lugar de encuentro, juego y oración para cientos de niños. Al principio, esta obra no contaba con un lugar propio y estable, hasta que Don Bosco encontró uno en el barrio periférico de Valdocco. Ese sería el inicio de una hermosa aventura: la del trabajo permanente por acompañar en la fe y formar humanamente a la niñez y la juventud. Don Bosco trabajó incansablemente en ese propósito, y no hubo enfermedad o cansancio que lo detuviese por mucho tiempo. Don Bosco había prometido dar hasta el último aliento por los jóvenes y eso fue lo que hizo.

Con el transcurso de los años, San Juan Bosco se entregó de lleno a consolidar y extender su obra. Brindó alojamiento a chicos abandonados, ofreció talleres de aprendizaje y, a pesar de sus limitaciones económicas, construyó una iglesia en honor a San Francisco de Sales, el santo de la amabilidad.

En 1859 fundó la Congregación Salesiana con un grupo de jóvenes entusiasmados con la misión que la Virgen le había trazado a Don Bosco, y que habían crecido inspirados por su carisma y fortaleza. Más adelante fundaría a las Hijas de María Auxiliadora junto a Santa María Mazzarello. Luego vendrían los Salesianos Cooperadores y otras organizaciones con las que compondría la gran Familia Salesiana. Con las donaciones de sus cooperadores, logró financiar la construcción de la Basílica de María Auxiliadora de Turín y la Basílica del Sagrado Corazón en la ciudad de Roma.

San Juan Bosco partió a la Casa del Padre el 31 de enero de 1888, día en que la Iglesia celebra su fiesta. Su vida fue una entrega total a Jesús y a la Virgen a través de sus queridos jóvenes. Y fue la demostración, en los hechos, de aquellas palabras que alguna vez dijo al más querido de sus alumnos, el pequeño Santo Domingo Savio: “Aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”.

(Fuente: Aciprensa)

Memoria de Santo Tomás de Aquino, obispo y doctor de la Iglesia

Memoria de Santo Tomás de Aquino, obispo y doctor de la Iglesia

Santo erudito en la Edad Media como pocos, dedicado a reflexionar sobre las verdades de nuestra Salvación. Nace en torno al año 1225 en el seno de una familia noble, originaria de Nápoles.

Dios le llama a santificarse en la Orden de Predicadores, vocación que seguirá, con no pocas dificultades, puesto que en su casa se oponen. Pronto repararon sus hermanos dominicos en sus dotes intelectuales. El gran talento, unido a la humildad que desprendía en los quehaceres cotidianos, hace que le envíen a estudiar a París, completando conocimientos en Colonia.

Entre los profesores que tiene se encuentra San Alberto Magno, quien, al observar el silencio y la reflexión interior de Tomás, le pondrá de sobrenombre “el buey mudo”, pero añadiendo que “cuando hable, sus mugidos (en alusión figurada a sus palabras) se dejarán sentir en todo el orbe”. Después del periodo de formación, aplicó todo lo que había aprendido, legando una gran producción filosófica y teológica, avalada por la Iglesia como una forma válida de explicar el Misterio Divino y todas las verdades de Fe.

Pero esto no le apartó de la vida espiritual, ya que siempre pasaba grandes ratos en oración, diciendo que aprendía más de rodillas ante el Sagrario, que con los libros. El Doctor Angélico, como se le conoce, muere cerca de Terracina, en 1274, en la plenitud de su producción científica. Su obra más conocida es la “Suma Teológica”, a al que se añade “La Suma contra los Gentiles”.

Fuente: Cope

Memoria de Santa Ángela de Mérici, virgen

Memoria de Santa Ángela de Mérici, virgen

“Galilea de los gentiles, al otro lado del Jordán, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una Luz Grande”. Es Cristo, Luz de los pueblos cuyo alumbramiento en la Navidad es una prolongación que alcanzará su culmen en La Presentación del Señor. Y de esa Luz se hacen acopio para darla, los Santos. Nos encontramos hoy en el calendario con una de ellas: con Santa Ángela de Mérici.

Nacida en Italia en 1470, lleva una infancia muy sufrida, lo que le hace tremendamente compasiva con las niñas pobres de la época. Pronto se hará Terciaria Franciscana, extendiéndose su fama de santidad entre muchos nobles y personajes importantes que le piden consejo para resolver muchos asuntos.

En pleno Renacimiento, cuando se está elaborando un mundo nuevo, en el momento en que la herejía de Lutero empieza sus estragos, esta humilde creyente, sin letras, comprende que la ignorancia es la gran plaga de la Iglesia, y organiza para la educación de las niñas lo que San Ignacio de Loyola en favor de los jóvenes.

No solamente no saben leer ni escribir, sino que viven en la más absoluta ignorancia en lo referente a la temática religiosa. Nadie les enseña los pilares de la Fe, y ella se ve en la necesidad de ayudarles. Incluso observaba que todo el mundo estaba empeñado en organizar la vida como si Dios no existiera. Así funda las ursulinas, en honor de Santa Úrsula, a la que Ángela profesaba gran devoción.

Una de sus tareas prioritaria fue preparar unas asociaciones en cada barrio donde se enseñase el catecismo. Su carácter dinámico y alegre, hizo que la Congregación que se inició en Brescia, se propagase por todo el orbe.

Por otra parte, la fundadora determina que, dócil a la autoridad eclesiástica, el Instituto se adapte a los tiempos y lugares. «A estas dos Compañías de Ursulinas y Jesuitas, deben principalmente muchas naciones de Europa haber conservado la verdadera doctrina católica».

Las ursulinas surgen en 1535, y a los cinco años muere la fundadora, San Ángela de Mérici, siendo canonizada el año 1807. Su amor a Cristo, se puso de manifiesto en sus últimas palabras antes de morir, musitando sus labios el santo nombre de Jesús.

Fuente: Cope