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Catequesis: «La Comunión de los Santos une a los creyentes en la tierra y en el Cielo»

Catequesis: "La Comunión de los Santos une a los creyentes en la tierra y en el Cielo"

En su catequesis de este miércoles 2 de febrero, Día en el que la Iglesia celebra la Vida Consagrada, Francisco reflexionó sobre el tema de la comunión de los santos, y recordó que gracias a ella, la relación de amistad que uno puede construir con las personas en la tierra, también puede ser establecida con aquellos que están en el Cielo. Asimismo, el Pontífice explicó que esta unión fundada en Cristo, es tan fuerte, que «no puede romperse ni siquiera por la muerte».

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

El miércoles 2 de febrero, Día de la Vida Consagrada, el Papa Francisco celebró su Audiencia General en el aula Pablo VI del Vaticano acompañado por fieles y peregrinos procedentes de Italia y de tantos países del mundo.

Tras haber concluido, la semana pasada, su ciclo de catequesis centrado en la figura de San José, en esta ocasión el Santo Padre reflexionó sobre la comunión de los santos, «una importante noticia que dan los Evangelios, y que la Iglesia a lo largo de los siglos ha podido evidenciar a través de la oración y la devoción».

Iglesia: comunidad de pecadores salvados

Para responder a la cuestión fundamental sobre qué es la comunión de los santos, el Papa señaló que el Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «La comunión de los santos es precisamente la Iglesia» (n. 946).

Esto -continuó explicando el Pontífice- no significa que la Iglesia está reservada a los perfectos, sino que es la comunidad de los pecadores salvados.

En este sentido, Francisco recordó que nuestra santidad «es el fruto del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo», el cual nos santifica amándonos en nuestra miseria y salvándonos de ella:

«Siempre gracias a Él nosotros formamos un solo cuerpo, dice San Pablo, en el que Jesús es la cabeza y nosotros los miembros (cfr 1 Cor 12,12). Esta imagen del cuerpo nos hace entender enseguida qué significa estar unidos los unos a los otros en comunión: «Si sufre un miembro – escribe San Pablo – todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Cor 12,26-27)».

Ni la muerte puede romper la Comunión de los Santos

Asimismo, el Papa subrayó que la alegría y el dolor «que tocan mi vida concierne a todos»; así como la alegría y el dolor «que tocan la vida del hermano y de la hermana junto a nosotros, me concierne a mí»:

De esta manera -añadió el Obispo de Roma- también el pecado de una única persona concierne siempre a todos, y el amor de cada persona concierne a todos. En virtud de la comunión de los santos, cada miembro de la Iglesia está unido a mí de forma profunda, y esta unión es tan fuerte que no puede romperse ni siquiera por la muerte. De hecho, la comunión de los santos no concierne solo a los hermanos y las hermanas que están junto a mí en este momento histórico, sino que concierne también a los que han concluido la peregrinación terrena y han cruzado el umbral de la muerte.

En Cristo, nadie puede separarnos de quienes amamos
Por otra parte, Francisco indicó que en «Cristo nadie puede nunca separarnos verdaderamente de aquellos que amamos», ya que tras la muerte, «cambia solo la forma de estar junto a ellos, pero nada ni nadie puede romper esta unión. La comunión de los santos mantiene unida la comunidad de los creyentes en la tierra y en el Cielo».

El Papa a los atletas paralímpicos: «La inclusión es la verdadera medalla de oro»
Profundizando aún más sobre la fuerte unión que se da en la Iglesia gracias a la Comunión de los Santos, el Papa destacó que la relación de amistad que puedo construir con un hermano o una hermana en la tierra, también puedo establecerla con un hermano o una hermana que están en el Cielo:

«Los santos son amigos con los que muy a menudo tejemos relaciones de amistad. Lo que nosotros llamamos devoción es en realidad una forma de expresar el amor a partir precisamente de este vínculo que nos une. Y todos nosotros sabemos que a un amigo podemos dirigirnos siempre, sobre todo cuando estamos en dificultad y necesitamos ayuda».

Contemos con los Santos, son nuestros amigos

Para el Pontífice, es siempre gracias a esta comunión «que sentimos cerca de nosotros a los santos y a las santas que son nuestros patronos», ya sea por el nombre que tenemos, por la Iglesia a la que pertenecemos, por el lugar donde vivimos, etc. Y esta es la confianza que debe animarnos siempre al dirigirnos a ellos en los momentos decisivos de nuestra vida.

Otros de los puntos que observó Francisco en su alocución, fue el hecho de que todos necesitamos amigos:

«Todos necesitamos relaciones significativas que nos ayuden a afrontar la vida. También Jesús tenía a sus amigos, y a ellos se ha dirigido en los momentos más decisivos de su experiencia humana. En la historia de la Iglesia hay constantes que acompañan a la comunidad creyente: sobre todo el gran afecto y el vínculo fortísimo que la Iglesia siempre ha sentido en relación con María, Madre de Dios y Madre nuestra. Pero también el especial honor y afecto que ha rendido a San José. En el fondo, Dios le confía a él lo más valioso que tiene: su Hijo Jesús y la Virgen María».

La oración diaria del Papa a San José

Y precisamente invocando a San José, al cual está particularmente unido, el Papa concluyó su catequesis con una oración que le recita cada día desde hace muchos años:

«Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder.

Amén».

A continuación, compartimos la síntesis de la catequesis que el Santo Padre pronunció en español:

«Queridos hermanos y hermanas:

Hoy en la catequesis reflexionamos sobre la comunión de los santos. Esto nos evoca las veces en que les pedimos su ayuda en nuestras necesidades. Pero incluso cuando nos encomendamos a su intercesión, nuestra oración y nuestras devociones sólo encuentran valor si están unidas a Jesús. San Pablo nos ayuda a entender qué significa estar unidos los unos a los otros en comunión con la imagen del cuerpo: Cristo es la cabeza y nosotros los miembros. «La comunión de los santos es precisamente la Iglesia», que no es una comunidad de perfectos sino de pecadores salvados.

Nuestra alegría y dolor tocan también la vida de los demás, y esto pasa no sólo con quienes coinciden con nosotros en este momento histórico, sino también con la comunidad de creyentes que ya está en el Cielo, con quienes entablamos una amistad que nos une a ellos a través de la “devoción”. Ellos nos acompañan, sobre todo en los momentos de dificultad y sufrimiento».

(Fuente: Vatican News)

Memoria de san Juan Bosco, presbítero. Día Nacional de la Juventud

San Juan Bosco

Memoria de san Juan Bosco, presbítero. Día Nacional de la Juventud

San Juan Bosco

La Iglesia siempre ha buscado ser la sal que no se vuelva sosa, sino que dé sabor de Fe y esperanza en aquellos lugares y situaciones más problemáticos, para hacer presente a Dios. Hoy nos encontramos en el calendario, cerrando el mes de enero, a San Juan Bosco, que fue sal en las zonas más difíciles. De origen italiano, nace en Turín, junto a Castellnuovo, en el año 1815. Dentro de una niñez dura, vive durante mucho tiempo con una tía que asistía en casa de unos sacerdotes.

Así descubre su vocación, ingresando en el Seminario hasta ordenarse presbítero. Creyendo ser llamado a las misiones, San José Cafasso, al que la Providencia puso en el camino de Juan, le hizo ver que su apostolado estaba en los barrios más necesitados, poniéndole en contacto con ellos. Pronto Don Bosco advertiría la miseria de los jóvenes y adolescentes, comprendiendo que el Señor le impulsaba a dedicarse especialmente a ellos.

La incultura que sufrían, así como la mala costumbre de robar y hacer daño que habían adquirido, hace que trate de instruirles en la educación espiritual y humana. Es entonces cuando se fragua un nuevo camino de santificación que Cristo iba a abrir en la Iglesia a través de él: los salesianos. Dicho nombre viene por la devoción que profesaba Don Bosco hacia San Francisco de Sales por sus escritos y su rectitud de vida e intención.

El carisma de esta Congregación extendida por todo el mundo, trataría de trabajar desde la formación en la Fe y la vida de tantos chicos que andan sin rumbo, como ovejas sin pastor. En muchas ocasiones chocaría con las incomprensiones de los otros, algo así como el hermano mayor del Hijo Pródigo. Ante tantos problemas que agobian a la Iglesia de entonces, él ofrece luz para resolverlos desde sus escritos. San Juan Bosco muere en 1888.

Fuente: Cope

5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos

5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos

Dreamer Company | Shutterstock

Theresa Civantos Barber – publicado el 01/11/21

Hoy es la oportunidad perfecta para celebrar a los santos en el cielo y aprender a imitar sus inspiradoras vidas.

Hay algo exuberante y esperanzador en esta fiesta. El Día de Todos los Santos honra a los santos hombres y mujeres que están en el cielo, la mayoría de los cuales se han perdido en la historia y no están incluidos en las listas oficiales de santos canonizados. Esta fiesta es un recordatorio de que todos los católicos tenemos la misión de ser santos en el cielo algún día, incluso si no vamos a ser canonizados formalmente.

El Día de Todos los Santos es una fiesta importante en el calendario litúrgico; por lo general, es un día sagrado de precepto. Es el día perfecto para aprender sobre la vida de los santos, por lo que es una festividad especialmente agradable para compartir con los niños.

Aquí hay 5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos, nietos, estudiantes o cualquier otro niño en su vida.

1 IR A MISA JUNTOS.

La misa es lo más cerca que podemos estar del cielo mientras estamos en esta tierra. Entonces, ¿qué mejor manera podría haber de celebrar a los santos en el cielo que unirse a ellos para adorar a Dios en la Santa Misa?

2 APRENDE SOBRE LOS SANTOS.

Hoy es una ocasión maravillosa para ver una película sobre un santo o leer un libro de historias sobre los santos. Es de esperar que estos atractivos cuentos inspiren a la próxima generación a imitar la heroica virtud de los santos.

3 HABLAD SOBRE CONVERTIRSE EN SANTOS.

¿Saben sus hijos que todos y cada uno de ellos pueden ser santos en ciernes? Comparta con ellos lo que significa ser un santo: alguien que intenta una y otra vez elegir lo que es correcto, que no se rinde, que busca la santidad heroicamente.

Luego, pide a los niños que compartan sus propias ideas sobre las formas en que pueden convertirse en santos. ¡Puede que te sorprendan gratamente sus ideas!

TENER UN DESFILE DEL DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

¡Esta es una forma clásica de celebrar el día en muchas escuelas católicas! Ayuda a los niños a vestirse como un santo favorito y luego marcha cantando: “When the saints go marching in…”

Si no tienes suficientes disfraces a mano, los niños también pueden sostener una estampa o una figurita de un santo. En caso de necesidad, puedes pedirles que hagan un dibujo de su santo favorito para que lo sostengan en alto.

5 PIDE LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS.

Una de las cosas más importantes que debes enfatizar a sus hijos es que los santos todavía están con nosotros, por la gracia de Dios, a pesar de que han muerto y se han ido al cielo. Anima a los niños a pedir las oraciones de estos amorosos amigos celestiales, que desean tanto animarnos en nuestro viaje para unirnos a ellos en el Cielo.

Una oración

Aquí hay una oración que podrían decir juntos para la ocasión. Al final, pida a cada niño que nombre a un santo que admiren, y luego todos los demás pueden responder: «¡Orad por nosotros!»

Querido Dios, gracias por el ejemplo de los santos. Deseo unirme a su compañía, adorándote por siempre en el Cielo. Ayúdame a seguir sus pasos y los tuyos, Jesucristo. Ayúdame, por favor, a conformarme a tu imagen, buscando en todo tu Voluntad, como hicieron los santos. Ayúdame a dedicarme a mí mismo y a todo lo que hago a tu gloria y al servicio de las personas de mi alrededor. Amén.

(Fuente: Aleteia)

Hoy es fiesta de Santa Faustina Kowalska, servidora de la Divina Misericordia

Hoy es fiesta de Santa Faustina Kowalska, servidora de la Divina Misericordia

«A las almas que propagan la devoción a mi misericordia, las protejo durante su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el juez, sino el Salvador Misericordioso” le dijo el Señor de la Divina Misericordia a su servidora, Santa Faustina Kowalska (1905-1938), cuya fiesta se celebra el 5 de octubre.

Santa Faustina nació en Lodz, Polonia, en 1905. Desde pequeña mostró una sensibilidad especial para la vida espiritual, que sus padres -piadosos y disciplinados- ayudaron a forjar. El día que recibió la Primera Comunión, Faustina estaba tan emocionada por el don recibido que expresó su gratitud besando las manos de sus progenitores, agradeciéndoles que la educaron en el amor a Cristo y pidiéndoles perdón por haberles ofendido.

Faustina era la tercera de ocho hermanos, así que aprendió rápido a ayudar en los quehaceres familiares. En casa, o estaba ayudando a su madre en la cocina o cuidaba de sus hermanos; en el establo, se ocupaba de ordeñar a las vacas. Asistió a la escuela, pero sólo pudo completar tres años de estudio porque la familia no tenía dinero suficiente y había que trabajar.

A los 15 años empezó a tener inquietudes por la vida religiosa. Sin embargo, sabía que no sería aceptada en un convento sin tener algo de dinero. Por eso, empezó a trabajar como empleada doméstica para ayudarse económicamente y, al mismo tiempo, seguir apoyando a su familia. Cuando le contó a sus padres que quería ser religiosa, ellos se opusieron. Eso la desanimó por un tiempo, hasta que un día, mientras rezaba, sintió que Jesús le pedía dejarlo todo e ir a Varsovia e ingresar en algún convento de la ciudad.

Sin despedirse personalmente de sus padres, viajó a la capital polaca solo con el vestido que llevaba puesto. Allí habló con un sacerdote, quien le consiguió hospedaje en casa de una familia amiga. Para sostenerse volvió a trabajar como empleada doméstica. Aquél fue un tiempo de gran incertidumbre para ella, en el que fue probada en la confianza en el plan divino, dado que ninguna casa de religiosas parecía poder acogerla.

Finalmente, fue recibida en la Casa Madre de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Faustina estaba experimentando una gran alegría, pero que poco a poco se desvanecía. Solo unas pocas semanas después de haber sido aceptada, enfrentó la tentación de dejar el convento. De esos días data una de sus primeras visiones. Vio que Jesús se le aparecía con el rostro destrozado y cubierto de llagas. Ella le preguntó: «Jesús, ¿quién te ha herido tanto?». Y el Señor le contestó: «Este es el dolor que me causarías si te vas de este convento. Es aquí donde te he llamado y no a otro; y tengo preparadas para ti muchas gracias».

Faustina entendió entonces lo que Dios quería de ella. Se mantuvo firme y no dejó el convento, y más bien empezó a enamorarse de la vida que allí encontraba. Así, pasaron el noviciado, la recepción del hábito y los primeros votos. Más adelante vendría la consagración a perpetuidad. Fueron años vividos con sencillez, con gran vocación de servicio. Faustina pasó por varios cargos y realizó distintos oficios: cocinera, jardinera y portera.

A esta sencilla mujer -recogida y piadosa, alegre y caritativa- Dios la había escogido para revelarse de una manera muy particular: Jesús se le apareció en diversas ocasiones con la intención de mostrarle su amor misericordioso por la humanidad. De aquellas visiones místicas proviene la imagen de la Divina Misericordia que conocemos, en la que se ve a Jesús vestido de blanco, mirándonos fijamente, mostrando el corazón, desde el cual emanan rayos de luz blancos y rojos. Dicha imagen no es sino la representación pictórica del Señor, tal y como Santa Faustina lo vio, a la que posteriormente se añadió la expresión: “Jesús, en vos confío”, por pedido expreso del Señor.

Faustina recibió muchas otras gracias extraordinarias -los estigmas ocultos, el don de profecía y numerosas revelaciones particulares, como la Coronilla de la Divina Misericordia-, y siempre lo hizo con la consciencia de que aquellos favores eran inmerecidos: “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios… Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”.

El 5 de octubre de 1938, después de un período de sufrimientos soportados con virtud, la santa fue llamada a la Casa del Padre.

En el año 2000, Faustina fue canonizada por su compatriota, San Juan Pablo II, quien estableció que el segundo domingo de Pascua sea el “Domingo de la Misericordia Divina”; y su fiesta se celebre cada 5 de octubre, recordando el día de su tránsito final.

Más información Especial de la Fiesta de Santa Faustina Kowalska

(Fuente: Aciprensa)

Estos 6 santos fueron amigos de los animales

Estos 6 santos fueron amigos de los animales

Uno de los santos que destacó por su amor a la creación y cercanía con los animales fue San Francisco de Asís, cuya fiesta se celebra este 4 de octubre. Al igual que él hay otros santos reconocidos en la Iglesia Católica que también demostraron su amor a los animales.

1. San Francisco de Asís

En la ciudad italiana de Gubbio, en Umbría, provincia de Perugia, había un lobo que atemorizaba a la población, ya que devoraba animales y personas. Frente a ello, San Francisco quiso ayudar y fue hasta el lugar donde se encontraba la bestia.

Cuando el animal se le acercó, el santo le hizo la señal de la Cruz en el hocico y le dijo: “¡Ven aquí, hermano lobo! Yo te mando de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí ni a nadie”.

Entonces el lobo se acercó mansamente y el santo le pidió que no vuelva a hacer daño a ningún hombre o animal y le prometió que a cambio los habitantes le darían alimento.

San Francisco le tendió una mano y el animal puso en ella una de sus patas delanteras a modo de “acuerdo”. Desde entonces el lobo recorría la ciudad sin hacer daño a nadie, e incluso la muerte del animal fue lamentada por el pueblo.

El santo también solía predicar a las aves que se reunían a su alrededor, y su amor a la naturaleza era tan grande que llegó a componer un cántico para agradecer y alabar a Dios por toda la creación.

2. San Pío de Pietrelcina

El P. Jean Marie Benjamin es un sacerdote francés que en los años 60 asistió a una Misa celebrada por San Pío de Pietrelcina en San Giovanni Rotondo, Italia.

Según relató el sacerdote a ACI Stampa, agencia en italiano del Grupo ACI, en el momento de la Misa cuando el santo pronunciaba las palabras para consagrar la hostia, los pájaros que estaban en las ventanas de la iglesia dejaban de cantar.

3. San José de Cupertino

Uno de los diversos dones sobrenaturales de San José de Cupertino , además de la levitación, fue el don de comunicarse con los animales. Por ejemplo, las ovejas lo escuchaban con atención cuando rezaba y las golondrinas lo seguían mientras caminaba.

La estadounidense Joan Carroll Cruz, escribió en su libro “Misterios, Maravillas y Milagros en las vidas de los Santos” la historia de un pájaro que solía acompañar con sus cantos a las religiosas de Santa Clara en la ciudad de Cupertino.

Según señala Carroll, un día dos novicias comenzaron a pelear y el ave se puso en medio. Frente al inesperado suceso, una de ellas lo atacó y el pájaro se alejó. Entonces, las religiosas le pidieron al santo que lo llamara de vuelta y el ave regresó.

En otro ocasión, el pájaro ingresó al área del coro y dejó que las religiosas lo acariciaran. De pronto, una de ellas le ató una campanita en la pata y el pájaro huyó. Al ver que no regresaba, las monjas volvieron a recurrir a San José de Cupertino.

El santo respondió al llamado y dijo que había enviado al ave para que cantara con ellas y no para que toque una campana; y luego, le pidió al pajarito que regresara y este se quedó con las monjas.

4. Don Bosco

En 1883, mientras caminaba por la ciudad italiana de Turín, San Juan Bosco notó que un perro grande lo seguía. El santo se acercó al animal para acariciarlo y debido a su color gris lo llamó “Grigio”.

Desde entonces, el perro lo seguía cuando caminaba solo en las noches. En una ocasión, un hombre disparó a Don Bosco y Grigio apareció inmediatamente para defenderlo.

En otra ocasión el perro atacó a un bandido que había atacado al santo por la espalda y le había colocado una bolsa sobre la cabeza.

Otro día, un desconocido quiso herir a San Juan Bosco con una estaca, pero él se defendió. Frente a su respuesta, el delincuente llamó a gritos a sus cómplices y de pronto apareció Grigio y comenzó a ladrarle.

Entonces, el hombre le pidió al santo que tranquilizara al perro y Don Bosco accedió a su pedido con la condición de que ni él ni sus compañeros volvieran a atacarlo.

5. San Antonio María Claret

San Antonio María Claret, fundador de la orden de los Misioneros Claretianos, narró en su autobiografía que cuando oía el canto de las aves durante sus viajes, se acercaba a estos pájaros y “les hablaba del cántico eterno y nuevo del cielo”.

Por su parte, la autora Joan Carroll Cruz también cuenta en su libro “Misterios, Maravillas y Milagros en las vidas de los Santos” que durante el funeral de San Antonio María Claret, apareció un pájaro y comenzó a cantar las melodías de los salmos que entonaban los asistentes.

6. San Francisco Javier

En una de las paredes de la basílica dedicada a San Francisco Javier en Navarra, España, está plasmado un suceso curioso que vivió el santo durante uno de sus viajes.

Un día mientras navegaba rumbo a las islas Molucas, en Indonesia, se desató una tormenta y lanzó su crucifijo al mar para calmar las aguas.

Cuando llegó a la playa, se sorprendió al ver a un cangrejo que sostenía entre sus pinzas el crucifijo.

(Fuente: Aleteia)

Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Iniciamos el mes de octubre con la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús. Nacida en Alençon (Francia) el año 1873, siente desde muy joven la llamada del Señor a la vida contemplativa. Ella misma dice que cuando meditaba el capítulo 13 de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, donde el Apóstol recuerda que en la Iglesia hay multitud de servicios, no se ubicaba en ninguno de ellos. Su lugar propiamente lo encuentra en el Amor y servicio a Cristo.

Tal y como señala el propio Apóstol, la caridad nunca pasa. Así entra en el Convento de las Carmelitas de Lisieux, con no pocas dificultades ya que dada su tempra edad no veían factible los superiores que una joven salida prácticamente de la adolescencia llevase ese ritmo de vida tan austero sin un tiempo de prueba rigurosa para ver si era apta. Sin embargo la Providencia tenía sus planes y Teresita entró.

Su principal motor para seguir este camino lo encontró en la tierna confianza en Dios, la sencillez y la humildad. Y como el verdadero testimonio se conoce desde las obras, trató de infundir todo esto en el corazón de las novicias. Tras una grave dolencia, muere con tan sólo 24 años, ofreciendo su vida por la Iglesia y la extensión del Evangelio. Destaca también su profundidad mística.

No en vano, ante los primeros síntomas de la enfermedad, asegurará: “Es el Esposo que llega”. Es Patrona de las Misiones, junto con San Francisco Javier. Curiosamente ella no estuvo en tierra misioneras, pero el Santo navarro sí. No obstante desde las celdas de Lisieux tuvo noticias y correspondencia con misioneros situados en Japón a los que acogió y alentó. Por ello se le otorgó tal Patronazgo.

Fuente: Cope

Memoria de San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

Memoria de San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

Gracias a muchos escritos de la antigüedad que han tenido una dimensión de catequesis, hemos conocido más a fondo la Palabra de Dios y su Misterio de Salvación. En este último día de septiembre, hacemos memoria de San Jerónimo, Presbítero y Doctor de la Iglesia quien fue un artífice de que el pueblo fiel conciese en profundidad el Núcleo de la Fe. Nace en Dalmacia en torno al año 340.

Roma será la ciudad que le vea estudiar, pero también allí se hará bautizar, abrazando la Fe cristiana, ya que se crió en la infancia en un ambiente pagano y alejado de Dios. Así vive en una situación de total obediencia a la voluntad divina, que le guiará hacia Oriente, donde entrará en el silencio la vida monacal, ordenándose sacerdote.

Posteriormente, el Papa San Dámaso reparó en él, trayéndole de regreso a la Ciudad Eterna para nombrarle secretario y, dado su conocimiento de las lenguas clásicas -el latín y el griego-, le encomendó una importante tarea: Traducir la Escritura del hebreo al latín, labor que realizó con gran acierto. Su anterior vida monacal, le impulsa a colaborar en la difusión del monacato en Occidente que tanta impronta le dio San Benito de Nursia.

Una cosa le quedaba por entonces pendiente: terminar la traducción de la Sagrada Escritura al latín, asignatura que desea terminar fiel a su palabra de cristiano. Para ello, se retira a la ciudad de Belén, donde empezará una vida de austeridad y penitencia, como la mejor forma de meterse en el silencio para reflexionar e interpretar debidamente los versículos bíblicos en orden a una buena traducción. Durante este periodo dejará grandes escritos de gran reflexión en torno a la Palabra de Dios, además de otros de gran profundidad científica y teológica. Muere el año 420.

Fuente: Cope

San Vicente de Paul

San Vicente de Paul

San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, recuerda que el carisma más excelente en la vida del cristiano es la vivencia del amor. Hoy celebramos a San Vicente de Paúl, que así lo hizo. Nacido en Francia, cerca de los Pirineos, en 1581, formó parte de una familia pobre, que tuvo que sacar adelante seis hijos.

Tras cuidar de un pequeño rebaño, para ayudar a sus padres, marcha a estudiar a los Franciscanos, siendo ordenado sacerdote cuando contaba con 19 años. Así tuvo ocasión de encontrarse con personas pertenecientes a diversos ámbitos, pero sería con un cristiano que había renunciado a su Fe y al que él convirtió, con quien iría a la Ciudad Eterna, donde le encomendaron un despacho para Enrique IV.

Su experiencia ministerial hace que grandes hombres de la cultura y las letras le pidan consejo y le tomen como director espiritual dada su profundidad mostrada en el trato con los demás hombres. De él escribirá Bossuet: “¡Qué bueno ha de ser Dios cuando ha hecho tan bueno a Vicente!”. Pronto buscaría una parroquia más sencilla en Chatillón, aunque poco después volvió a París, donde organizó cofradías y asociaciones cristianas, logrando una legislación más humana.

Su celo por el clero le lleva a fundar los Sacerdotes de la Misión –también llamados Padres Paúles-, con la idea de reformar el Clero. Posteriormente promoverá con Santa Luisa de Marillac las Hijas de la Caridad, cuyo carisma se extiende hoy por todo el mundo. En ese aroma de caridad siempre sentia aquello de que cuando un pobre llama a la puerta es el mismo Señor por lo que siempre decía si estaba rezando: “He dejado a Dios para atender a Dios”. Muere en 1660.

Fuente: Cope

Novena a San Francisco de Asís

Novena a San Francisco de Asís

“Ninguna otra cosa hemos de hacer sino ser solícitos en seguir la voluntad de Dios y en agradarle en todas las cosas”, decía San Francisco de Asís, que recibió el don de los estigmas y que fue declarado “Patrono de los cultivadores de la ecología” por San Juan Pablo II en 1979.

El Papa Francisco, que tomó su nombre por este santo y que ha publicado su encíclica Laudato Si’ sobre la ecología, destacó en su visita a Asís en 2013 que San Francisco “da testimonio del respeto hacia todo lo que Dios ha creado y como Él lo ha creado, sin experimentar con la creación para destruirla”.

Si bien de San Francisco de Asís se suele destacar su amor y cercanía por la naturaleza, y su amor y gran compasión para con los pobres, el santo de Asís fue también un gran místico que llegó a recibir los estigmas de Cristo, las mismas llagas de la pasión.

A él puede dirigirse cualquier persona, en especial quienes trabajan por los pobres, los que buscan cambiar de vida, los que pasan penurias materiales o espirituales, y quienes quieren dejarlo todo para seguir al Señor.

Cercanos a la Fiesta de San Francisco de Asís, que se celebra cada 4 de octubre, aquí una novena en su honor para pedir su intercesión:

Primer Día de la Novena a San Francisco de Asís
Segundo Día de la Novena a San Francisco de Asís
Tercer Día de la Novena a San Francisco de Asís
Cuarto Día de la Novena a San Francisco de Asís
Quinto Día de la Novena a San Francisco de Asís
Sexto Día de la Novena a San Francisco de Asís
Séptimo Día de la Novena a San Francisco de Asís
Octavo Día de la Novena a San Francisco de Asís
Noveno Día de la Novena a San Francisco de Asís

(Fuente: Aci Prensa)

Así fueron las últimas horas de vida del Padre Pío según un testigo directo

Así fueron las últimas horas de vida del Padre Pío según un testigo directo

Reliquias del Padre Pío de Pietrelcina. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Este jueves 23 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de San Pío de Pietrelcina, el Padre Pío, en el día en que se conmemora el aniversario de su fallecimiento el 23 de septiembre de 1968 en su celda del convento de los Frailes Menores Capuchinos de San Giovanni Rotondo.

¿Cómo fueron aquellas últimas horas del Santo de los Estigmas? Durante la vigilia celebrada en la iglesia de peregrinación de San Giovanni Rotondo en la noche de este jueves se leyó la descripción de aquellas horas escrita por quien le asistió en aquellos momentos, el fraile Pellegrino Funicelli.

El P. Funicelli dejó por escrito el 29 de septiembre de 1968, solo unos días después del fallecimiento del Padre Pío, la narración de las horas que vivió con el Padre Pío en la noche en que falleció.

“Después de las 21:00 de la noche del 22 de septiembre de 1968”, comienza su narración el P- Funicelli, “cuando el Padre Mariano se había alejado de la celda número 4 y había entrado yo, me llamó el Padre Pío por medio del telefonillo y me pidió que fuera a su habitación”.

El Padre Pío “estaba en la cama, postrado sobre el lado derecho, sólo me pidió que le dijera la hora que marcaba el despertador colocado sobre su mesa. De sus ojos enrojecidos surgió alguna pequeña lágrima. Yo regresé a la estancia número 4 pendiente del telefonillo siempre encendido”.

A lo largo de la noche, “el Padre me llamó otras cinco o seis veces, hasta medianoche, y tenía siempre los ojos enrojecidos por el llanto, pero de un llanto dulce, sereno”.


A medianoche, “como un niño asustado, me suplicó: ‘Quédate conmigo, hijo mío’ y comenzó a preguntarme con mucha frecuencia la hora. Me miraba con ojos llenos de imploración, apretándome fuerte las manos”.

“Luego, como si se hubiese olvidado de la hora que me preguntaba continuamente, me pidió: ‘Muchacho, ¿has dicho la Misa?’. Respondí sonriendo: ‘Padre Espiritual, es demasiado pronto para la Misa’. Y él replicó: ‘Bueno, esta mañana la dirás por mí’. Y yo: ‘Pero cada mañana la digo según sus intenciones’”.

Tras aquella conversación, el Padre Pío “quiso confesarse y, terminada su confesión sacramental, dijo: ‘Hijo mío, si el Señor me llama hoy, pide perdón en mi nombre a los hermanos por todas las molestias que les he dado, y pide a los hermanos y a mis hijos espirituales una oración por mi alma’”.

El P. Funicelli le respondió: “‘Padre Espiritual, estoy seguro de que el Señor le hará vivir todavía mucho tiempo, pero si tuviese razón, ¿le puedo pedir una última bendición para los hermanos, para todos sus hijos espirituales y para sus enfermos?’”.

El P. Pío contestó: “‘Sí, os bendigo a todos; pide también al Superior que imparta por mí esta última bendición’”. “Y a Pía, Ettoruccio y familia y a Sor Pía, ¿qué les digo?”, preguntó el P. Funicelli en referencia a los familiares del P. Pío. “‘Ellos saben cuánto los he amado’, me respondió lleno de lágrimas, ‘los bendigo a todos, los bendigo a todos’. Por último, me pidió renovar el acto de profesión religiosa”.

Después de esas palabras, “era la una cuando me pidió: ‘Escucha, hijo mío, yo aquí en la cama no respiro bien. Deja que me levante. En la silla respiraré mejor’”.

“A la una, a las dos, a las tres eran normalmente las horas en que solía levantarse para prepararse para la Santa Misa, y antes de sentarse en el sillón solía dar cuatro pasos por el pasillo. Aquella noche noté, maravillado, que caminaba derecho y rápido, como un joven, tanto que no era necesario sostenerlo”. Cuando llegó a la puerta de su celda “dijo: ‘Vamos un poco a la terraza’”.

Entonces, el P. Funicelli acompañó al Padre Pío a la terraza, “sujetándolo con la mano bajo el brazo”. Cuando llegaron, “él mismo encendió la luz y, al llegar junto al sillón, se sentó y miró a la terraza, con curiosidad, como si buscara algo con los ojos”.

“Después de cinco minutos quiso volver a la celda. Traté de levantarlo, pero me dijo: ‘No puedo’. En efecto, pesaba más: ‘Padre Espiritual, no se preocupe’, le dije animándolo y tomando rápidamente una silla de ruedas que estaba a dos pasos. Lo levanté del sillón por las axilas y lo senté en la silla. Él mismo levantó los pies del suelo y los puso en el apoyo”.

Ya de regreso en la celda, “cuando lo acomodé en el sillón, indicándome con la mano izquierda y con la mirada a la silla de ruedas, me dijo: ‘Sácala fuera’”.


EL P. Funicelli sacó la silla de ruedas de la estancia y, “de regreso en la celda noté que el Padre comenzaba a ponerse pálido. Sobre la frente tenía un sudor frío. Me asusté cuando vi que sus labios comenzaban a ponerse lívidos. Repetía continuamente: ‘¡Jesús, María!’, con voz cada vez más débil”.

“Me movió para ir a llamar a un hermano, pero me detuvo diciéndome: ‘No despiertes a nadie’. Yo salí igualmente y, corriendo, me alejé pocos pasos de su celda, cuando me volvió a llamar. Y yo, pensando que me llamaba para decirme lo mismo, regresé. Pero cuando le escuché repetir, ‘no llames a nadie’, le dije con acto de imploración: ‘Padre Espiritual, ahora déjeme hacer’”.

“Y corriendo me dirigió a la celda del Padre Mariano, pero viendo abierta la puerta de Fray Guglielmo, entré, encendí la luz y lo sacudí: ‘¡Padre Pío está mal!’. En un momento, Fray Guglielmo llegó a la celda del Padre y yo corrí a telefonear al doctor Sala. Éste llegó alrededor de diez minutos después y, apenas vio al Padre, preparó lo necesario para administrarle una inyección”.

Cuando el doctor estaba preparado, “Fray Guglielmo y yo intentamos levantarlo, pero al no conseguirlo lo tuvimos que dejar en la cama. El doctor le puso la inyección y luego nos ayudó a ponerlo en el sillón mientras el Padre repetía siempre con voz cada vez más débil y con movimiento de labios cada vez más imperceptible: ‘¡Jesús, María!’”.

El P. Funicelli salió para llamar al Padre Guardiano, el Padre Mariano y a otros hermanos. Llamó también al doctor sala y luego al sobrino del Padre Pío, Mario Pennelli, al director sanitario de la Casa de Alivio, el doctor Gusso, y al doctor Giovanni Scarale.

“Mientras los médicos suministraban oxígeno, primero con la cánula y luego con la máscara, el Padre Paolo de San Giovanni Rotondo administró al Padre Espiritual el Sacramento de los Enfermos y los demás hermanos, arrodillados a su alrededor, rezaban”.

“A las 2:30 de la mañana, aproximadamente, con suavidad inclinó la cabeza sobre el pecho. Había expirado”, finaliza su narración el P. Pellegrino Funicelli.

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(Fuente: Aciprensa)