El Papa se dirigió a todos ellos resaltando que el nombre del centro significa “el esplendor del sol”: “Puedo imaginarme por qué los responsables eligieron este nombre. Porque vuestra casa parece un magnífico prado de flores al sol, y las flores de esta casa sois precisamente vosotros”.
Cada flor, continúa Francisco, “tiene su propia belleza, que es única. Cada uno de nosotros es también hermoso a los ojos de Dios, y Él nos ama”. Y esto “nos hace sentir la necesidad de decirle a Dios: ¡gracias! ”.
Para el Papa, decir “gracias” a Dios “es una hermosa oración” y a Él “le gusta esta forma de rezar”. Después, les indicó que podían añadir a la oración una petición, por ejemplo: “Buen Jesús, ¿podrías ayudar a mamá y papá en sus trabajos? ¿Podrías consolar un poco a la abuela que está enferma? ¿Podrías encargarte de los niños de todo el mundo que no tienen qué comer?”.
“O también: Jesús, por favor ayuda al Papa a guiar bien a la Iglesia. Si lo pedís con fe, el Señor seguramente os escucha”, añadió.
A continuación, sigue el discurso completo del Papa.
Discurso del Santo Padre
Queridos niños, queridos padres,
Sus Excelencias, señoras y señores:
Os doy la bienvenida aquí al Vaticano. Estoy contento de ver vuestras caras, y leo en vuestros ojos que vosotros también estáis contentos de pasar un rato conmigo.
Vuestra casa se llama Sonnenschein, es decir, “el esplendor del sol”. Puedo imaginarme por qué los responsables eligieron este nombre. Porque vuestra casa parece un magnífico prado de flores al sol, y las flores de esta casa sois precisamente vosotros. Dios creó el mundo con una gran variedad de flores de todos los colores. Cada flor tiene su propia belleza, que es única. Cada uno de nosotros es también hermoso a los ojos de Dios, y Él nos ama. Esto nos hace sentir la necesidad de decirle a Dios: ¡gracias! ¡Gracias por el regalo de la vida, gracias por todas las criaturas! ¡Gracias por mamá y papá! ¡Gracias por nuestras familias! ¡Y gracias también por nuestros amigos del Centro Sonnenschein!
Este decir “gracias” a Dios es una hermosa oración. A Dios le gusta esta forma de rezar. Después podéis añadir también una petición. Por ejemplo: Buen Jesús, ¿podrías ayudar a mamá y papá en sus trabajos? ¿Podrías consolar un poco a la abuela que está enferma? ¿Podría encargarte de los niños de todo el mundo que no tienen qué comer? O también: Jesús, por favor ayuda al Papa a guiar bien a la Iglesia. Si lo pedís con fe, el Señor seguramente os escucha.
Finalmente, expreso mi gratitud a vuestros padres, a las personas que os acompañan, a la señora presidenta de la Región y a todos los presentes. Gracias por esta bella iniciativa y por vuestro compromiso con los pequeños que os han sido confiados. ¡Todo lo que hicistéis a uno solo de estos pequeños, lo habéis hecho a Jesús!
Os recuerdo en mi oración. Que Jesús os bendiga siempre y que Nuestra Señora os proteja.
Und bitte vergesst nicht, für mich zu beten. Diese Arbeit ist nicht einfach. Betet für mich bitte. Dankeschön! (Y por favor no olvidéis rezar por mí. Este trabajo no es fácil. Por favor, rezad por mí. Gracias)
Papa Francisco: Es mejor una Iglesia accidentada en salida a una Iglesia enferma encerrada
En su reflexión de hoy antes del rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco afirmó que es mejor una Iglesia accidentada por anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma por estar encerrada.
Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre dijo que “la Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida. Y cuando la Iglesia no está en salida, se enferma de las muchas enfermedades que tenemos en la Iglesia”.
“¿Y por qué estas enfermedades en la Iglesia? Porque no está en salida. Es cierto que cuando uno sale está el peligro de un accidente. Pero es mejor una Iglesia accidentada por salir a anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma por estar encerrada”, dijo el Pontífice.
“Dios sale siempre, porque es Padre, porque ama. La Iglesia debe hacer lo mismo, siempre en salida”, aseguró.
El Papa Francisco explicó que “Dios llama a todos y llama siempre. A cualquier hora. Dios actúa así también hoy: nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar”.
“Él no está encerrado en su mundo, sino que ‘sale’ continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor”. “Dios siempre está en salida, buscándonos”.
Del mismo modo, “también nuestras comunidades están llamadas a salir de los varios tipos de ‘fronteras’ que pueden existir, para ofrecer a todos la palabra de salvación que Jesús vino a traer”.
“Se trata de abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales y aún no han experimentado, o han perdido, la fuerza y la luz del encuentro con Cristo”, subrayó el Papa.
Cardenal Zenari: en Siria la esperanza está muriendo
Imagen de archivo. Sirios desplazados a causa del conflicto que se extiende a más de 10 años.
La destrucción es enorme, falta de todo, no se olviden de nosotros. Este es el llamamiento del nuncio apostólico en Damasco que, tras reunirse con el Papa, llevará la cercanía de Francisco a la República Árabe. El cardenal subraya el compromiso sobre el terreno de «dar voz a los que no la tienen» y salir de la peor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.
Massimiliano Menichetti – Ciudad del Vaticano
Más de medio millón de muertos y unos 12 millones de desplazados internos y externos. Este es el balance, que se actualiza constantemente, del conflicto en Siria que dura ya diez años y que hoy en día también es testigo de la pesadilla de la codicia y el flagelo de la pobreza extrema y el hambre. El 15 de marzo de 2011, en medio de los levantamientos que han afectado al mundo árabe conocidos como la Primavera Árabe, comenzaron las manifestaciones contra el gobierno central, un año después de que estallara la guerra civil en todo el país. Los llamados «rebeldes de la primera hora», en una realidad de mayoría sunita, se oponen al presidente alauita que sigue en el poder, Bashar Hafiz al-Asad. La revuelta se degrada en muy poco tiempo y se convierte en un conflicto sin cuartel que ve la formación, la confrontación, el apoyo y la lucha: milicias locales, ramas de Al Qaeda, daesh, mercenarios, grupos terroristas autocéfalos.
En el conflicto también se registran intervenciones militares o de apoyo de muchas otras naciones, transformándolo en una guerra por poderes. El Papa Francisco, conmocionado por los conflictos en el mundo y, en particular, por la violencia en Siria, habla muchas veces de «la tercera guerra mundial a pedazos». Año tras año, Siria, entre armas químicas, bombas, minas, secuestros y fosas comunes, se convierte en un agujero negro que devora, sin interrupción, los intentos de acuerdos de paz y estabilidad. El noruego Geir Pedersen, actual Enviado Especial de las Naciones Unidas para la crisis de Siria, sigue incansablemente los pasos de sus predecesores (Kofi Annan, Lakhdar Brahimi y Staffan de Mistura) en la construcción de puentes y negociaciones entre las facciones y el gobierno. En Siria se está trabajando en una nueva Constitución que, según muchos, podría aumentar la confianza entre las partes, pero casi todas las noches los misiles siguen hiriendo el cielo y las bombas desgarran la tierra reducida a un «montón de escombros», como reitera el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Damasco. El cardenal, que guarda en su mirada rostros e imágenes de «una larga serie de atrocidades», no pierde la esperanza y ni el valor del testimonio.
Eminencia, ¿qué significa hablar de esperanza en una tierra como Siria?
Lo que, lamentablemente, está muriendo en Siria, en el corazón de diferentes personas, es la esperanza: muchas personas, después de 10 años de guerra, que ya no ven la recuperación económica, la reconstrucción, están perdiendo la esperanza, y esto duele mucho: perder la esperanza es realmente perder algo fundamental y esencial para la vida. Así que debemos tratar de restaurar la confianza, para devolver la esperanza a esta pobre gente.
Este año, en su discurso ante el Cuerpo Diplomático, el Papa habló de un velo de silencio que se extiende sobre Siria … [«Me refiero sobre todo al velo de silencio que corre el riesgo de cubrir la guerra que ha devastado a Siria en el curso de este decenio»).
Desafortunadamente, esto se está haciendo realidad. Era un poco predecible: como todos los conflictos que se prolongan durante mucho tiempo, en un momento dado se olvidan, la gente ya no tiene interés en escuchar esta noticia. Así que estamos en un punto muy, muy crítico. Además, la situación en Oriente Medio se ha complicado y, por lo tanto, cada vez se habla menos de Siria en un momento en que este país está sufriendo mucho. Y aquí también quisiera añadir: hay un escritor, un periodista sirio, que escribió hace unos meses: «Muchos sirios han muerto por diversos tipos de armas, desde todo tipos de bombas hasta misiles lanzados por todas partes, incluso por armas químicas. Pero – dice – lo más difícil de aceptar es morir sin que nadie hable de ello».
Es una guerra menos violenta por el momento, pero hay muchos otros dramas…
Afortunadamente, durante aproximadamente un año y medio, estas bombas han cesado en gran parte de Siria, excepto todavía en el noroeste, donde ha habido una tregua desde principios de marzo, que a veces sigue siendo una tregua frágil. Sin embargo, si antes había estas bombas, ahora existe lo que yo llamo la bomba de la pobreza: según las cifras de las Naciones Unidas, esta bomba está afectando a más del 80% de las personas, y eso es muy grave. Podemos ver los efectos del hambre, la desnutrición de los niños, sobre todo, y otras enfermedades …
¿Qué debería hacerse, a nivel internacional?
Es necesario que Siria empiece de nuevo, y para lograr eso mediante la reconstrucción y la recuperación económica se habla de varios miles de millones de dólares: se habla incluso de unos 400 mil millones de dólares, para «reiniciar Siria». Y los que pueden ofrecer esta ayuda están poniendo condiciones: también quieren ver una cierta dirección para las reformas, para las reformas democráticas, y esto todavía no es evidente. Asimismo, debo mencionar la incansable labor del Enviado Especial de las Naciones Unidas, Geir Pedersen, que está tratando por todos los medios de reanudar el diálogo; pero, lamentablemente, todavía estamos muy lejos de ver una reanudación del diálogo, una reanudación de la reconstrucción de Siria y una recuperación económica.
Diez años de conflicto, como ha recordado usted, el Covid, la pobreza y el hambre: un país -ha dicho usted varias veces- «reducido a escombros». En su opinión, lo que impide la construcción de la estabilidad ¿son también muchos intereses particulares?
Desafortunadamente. Ya no sé cómo comparar esta situación en Siria. Me viene a la mente el famoso poema que todos recordamos, de Giovanni Pascoli, que habla del roble caído – por supuesto, hay que hacer las distinciones necesarias – cuando dice: todos van a cortar la madera de este roble y por la noche todos se van a casa con su propia carga de madera cortada de este roble. Aquí no es ningún misterio, pero hay quienes se llevan el petróleo, quienes se llevan el gas, quienes aprovechan la guerra para enriquecerse, quienes aspiran a tomar algunas franjas de tierra… realmente da pena ver que mucha gente quiere «cortar madera de este roble» y llevárselo…
¿Cómo se puede detener esto?
Diría que necesitamos buena voluntad por parte de todas las facciones, necesitamos mostrar algo de buena voluntad, con la mediación de la comunidad internacional, y necesitamos desbloquear esta situación, empezando sobre todo por el aspecto humanitario, como la grave situación de los detenidos, los desaparecidos. Lamentablemente, en esta grave urgencia, lo que estamos viendo es que hay algún que otro intercambio de prisioneros, de gente que ha sido secuestrada, pero esto sucede con «cuentagotas». Necesitamos buena voluntad. Se calcula -según las Naciones Unidas- que hay unos 100.000 desaparecidos de los que no se sabe nada y, entre ellos, debo mencionar también a dos obispos, los metropolitanos ortodoxos de Alepo, y a tres sacerdotes, entre ellos también un italiano, el Padre Paolo (Dall’Oglio), de los que no se sabe nada desde hace siete años. Hay que empezar de nuevo a partir de estas personas desaparecidas, arrestadas, detenidas …
¿Son suficientes las donaciones que están llegando?
Agradezco sinceramente a todas las personas que nos ayudan, que también ayudan a los proyectos humanitarios, los proyectos realizados por las Iglesias. Veo en estos 10.000, 100.000 euros sobre todo el corazón y la bondad de esta gente: de verdad, me conmueve. Pero la magnitud de la necesidad es tan grande y grave que lamentablemente esta ayuda nuestra es comparable a un grifo de agua, cuando se necesitarían canales, grandes canales que traigan agua porque la destrucción es enorme y la recuperación y reconstrucción son enormes; y aquí se necesita la comunidad internacional que ofrezca estos «canales». También es necesario reconocer la labor de muchas ONG, además de las Iglesias, y también de las Naciones Unidas, que deben mantener a unos 11 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. En toda esta ayuda siempre veo al buen samaritano tratando de ayudar.
Si fueran tantos, estos grifos, y si fueran tantos, estos canales… Repito, se necesitan grandes canales de agua, de ayuda, procedentes de la comunidad internacional, especialmente de ciertos países. No me canso de señalar esto: para despertar la buena voluntad. Me reúno con representantes, embajadores de varios gobiernos, y señalo que esta situación debe ser desbloqueada. Por ejemplo, la guerra ha llevado a la destrucción de cerca de la mitad de los hospitales, y es algo muy serio, ahora que el Covid se presenta, tener estas instalaciones de salud devastadas. La guerra ha provocado la destrucción de uno de cada tres escuelas y cerca de dos millones y medio de niños en edad escolar no tienen dónde estudiar. Fábricas, barrios destruidos por la guerra… Y no me canso de señalar esto a los estados que pueden y deben ayudar. También debo mencionar las sanciones internacionales impuestas a Siria: tienen efectos bastante negativos…
En todo esto, Siria también ha sufrido la crisis del Líbano…
La crisis libanesa golpeó duramente a Siria, la crisis de los bancos libaneses desde donde pasaban las ayudas humanitarias: los proyectos humanitarios, incluso los de las Iglesias, generalmente pasaban por el Líbano. A esto se ha sumado en los últimos meses el cierre de las fronteras entre estos países, entre el Líbano y Siria, entre Jordania y Siria, y todo esto ha pesado. Y también todo lo que ha sucedido en las últimas semanas: el Oriente Medio es una tierra de fuegos, fuegos que vienen del mar – hemos visto lo que sucedió, las explosiones en el puerto de Beirut – fuegos que vienen del cielo, ataques aéreos, bombas, misiles … realmente el Oriente Medio es una tierra de fuegos, y debemos apagar estos incendios lo antes posible.
En este contexto, la Iglesia está en primera línea, junto con muchas personas de buena voluntad, en la ayuda a los pobres, en la construcción de hospitales, en el intento de proporcionar alimentos sin que haya ninguna distinción de religión u origen…
Yo diría que esta es la tarea de la Iglesia: ahora todas las Iglesias – católicas y ortodoxas – están comprometidas al máximo desde el punto de vista humanitario para aliviar estos sufrimientos, estas necesidades de la gente. Como Iglesia, como Santa Sede, no tenemos intereses militares, no tenemos intereses económicos, no tenemos estrategias geopolíticas: nosotros – la Iglesia, la Santa Sede, el Papa – estamos del lado del pueblo, del pueblo que sufre.
Queremos ser la voz de los que no tienen voz. Una de las muchas iniciativas – ¡de las tantas! – es también la de los «hospitales abiertos»: tres hospitales católicos presentes en Siria desde hace unos 120 años, una iniciativa abierta a los enfermos pobres. Aquí no miramos el nombre y el apellido. Y por lo que nos consta, va muy bien: a través de esta iniciativa de los hospitales abiertos – y de muchos otros que no tengo tiempo de mencionar ahora – intentamos curar los cuerpos pero también reparar el tejido social, porque son iniciativas abiertas también a los miembros de otras religiones. Y los musulmanes, que son la mayoría, tal vez han tenido un niño o un miembro de la familia atendido por nuestros hospitales católicos, son los más agradecidos y así se fortalecen las relaciones entre cristianos y musulmanes. Así que cosechamos dos frutos: el cuidado de los cuerpos y la mejora de las relaciones sociales. Este es nuestro objetivo.
¿Cómo y cuánta influencia tiene la diplomacia del Vaticano en este difícil proceso, en esta difícil situación?
Tenemos nuestro propio camino, no pertenecemos a ningún grupo. Incluso cuando vengo aquí a Roma, cuando me encuentro con el Santo Padre, cuando me encuentro con los superiores, tratamos de elaborar estrategias que están simplemente del lado de la gente. Como dije, no tenemos para compartir intereses económicos o militares o estrategias geopolíticas: nuestra estrategia es ser la voz de estas personas que sufren y hacer que esta voz esté presente.
¿Qué es lo que más duele, de todo este contexto?
Es difícil narrar esta profunda experiencia humana y espiritual. Me impresionó mucho, por ejemplo, el sufrimiento de los niños y las mujeres: son las primeras víctimas de esta guerra, los niños y las mujeres. Hace aproximadamente un mes, las Naciones Unidas también alzaron su voz sobre lo que ocurrió en un campamento de refugiados donde unos 8-10 niños fallecieron, una vez más, de desnutrición, deshidratación y otras enfermedades… El invierno pasado vimos morir a varios en la huida del noroeste de Siria hacia el norte: niños que murieron de frío en los brazos de sus padres, niños que murieron de desnutrición. Duele el corazón ver el sufrimiento de tantos niños y tantas mujeres, muchas de las cuales son viudas y a veces tienen que ocuparse de una familia numerosa, ocho, diez hijos… En realidad, es un sufrimiento que se siente muy fuertemente…
Un sufrimiento y un dolor que el Papa sigue muy de cerca: al volver al Vaticano, se encontró con el Papa, que ya había expresado el deseo de ir a Siria. Ahora los viajes están paralizados… ¿qué le dijo el Papa?
Esta vez me impresionó. Mientras yo hablaba de esta situación, tomó un papel y comenzó a escribir notas para tenerlas aún más presentes y para mantener estos programas humanitarios en marcha. “Usted, ¿qué llevará esta vez a Siria?”
Llevaré de vuelta la solidaridad del Papa Francisco, la solidaridad de la Iglesia, la solidaridad de muchos cristianos para tratar de reavivar esta esperanza que, por desgracia, está muriendo en Siria. Por esta razón, debemos tratar de encender, al final del túnel, alguna pequeña esperanza: al menos la solidaridad, para decir » no están solos», «tratamos de ayudarlos» también con ayuda material, y tratar de hacer brillar un poco de luz al final del túnel…
Papa Francisco: Que la pandemia ayude “a no desperdiciar el tiempo que se nos ha regalado”
El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa Francisco expresó su deseo de que el período de confinamiento por la pandemia de coronavirus “nos ayude a comprender que es necesario no perder el tiempo que se nos ha dado”.
En un mensaje que envió a los participantes en la Jornada de sacerdotes ancianos y enfermos de Lombardía, que se está celebrando en el Santuario de Santa María del Fonte en Caravaggio, Italia, el Pontífice invitó a que este período “nos ayude a disfrutar de la belleza del encuentro con el otro, a curar el virus de la autosuficiencia”.
Subrayó que el confinamiento por la pandemia, con las restricciones de espacio, la imposibilidad de visitar a amigos y familiares, o el miedo al contagio, “con la gracia de Dios, puede ser una experiencia de purificación. También para nuestra vida sacerdotal la fragilidad puede ser como el fuego del fundidor y como el jabón de las lavanderas que, elevándonos hacia Dios, nos refina y santifica”.
“No tengamos miedo del sufrimiento”, invitó el Santo Padre. “El Señor carga la cruz con nosotros”.
Asimismo, el Papa Francisco se dirigió a los sacerdotes ancianos y enfermos que participan en la Jornada y les recordó que “sois sacerdotes que, en la oración, en la escucha, en el ofrecimiento del sufrimiento, realizáis un ministerio que no es secundario en vuestra Iglesia”.
Francisco: contemplar para cuidar y custodiar la casa común
En la Audiencia General de este miércoles 16 de septiembre, Papa Francisco se refirió al Cuidado de la casa común y la actitud contemplativa, exhortando a “recuperar la dimensión contemplativa” porque “el mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación”.
“Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente” expresó el Papa Francisco en la Audiencia general de este miércoles 16 de septiembre en el Patio de San Dámaso, continuando con las catequesis sobre cómo sanar el mundo. El Santo Padre, comenzó destacando el papel esencial de los “cuidadores” en la sociedad, “aunque a menudo no reciban ni el reconocimiento ni la remuneración que merecen”. “El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza” afirmó.
En el marco del Jubileo de la Tierra, a la luz de la encíclica Laudato si’ subrayó que “este cuidado abraza también a nuestra casa común: a la tierra y a cada una de sus criaturas”, recordando que abusar de la creación es “un pecado grave que daña y enferma”. “La creación no es un mero ‘recurso’”, continua el Pontífice, sino que “las criaturas tienen un valor en sí y reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios”. Sin embargo, para descubrir ese valor y ese rayo de luz divina es necesario el silencio, la escucha y la contemplación, que también sana el alma.
“Sin contemplación es fácil caer en un antropocentrismo desviado y soberbio, el “yo” al centro de todo, que sobredimensiona nuestro papel de seres humanos y nos posiciona como dominadores absolutos de todas las criaturas.”
Este antropocentrismo desviado, puede hacernos creer que “estamos en el centro, pretendiendo que ocupamos el lugar de Dios; y así arruinamos la armonía de la creación, la armonía del plan d Dios”, convirtiéndonos “en depredadores, olvidando nuestra vocación de custodios de la vida”. “El trabajo no es sinónimo de explotación –afirma el Santo Padre-, sino que siempre va acompañado de cuidados: arar y proteger, trabajar y cuidar… esta es nuestra misión”.
“El mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación” subraya Papa Francisco, “es importante recuperar la dimensión contemplativa”. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad, descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios.
Como ejemplo de esta contemplación, el Santo Padre recuerda la invitación final en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola a la “Contemplación para alcanzar amor”. Un llamado “a considerar cómo Dios mira a sus criaturas y a regocijarse con ellas; a descubrir la presencia de Dios en sus criaturas y, con libertad y gracia, a amarlas y cuidarlas”.
“Aquellos que no pueden contemplar la naturaleza y la creación –subrayó el Santo Padre-, no pueden contemplar a la gente en su riqueza. Y quien vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos”.
“El que sabe contemplar, se pondrá más fácilmente manos a la obra para cambiar lo que produce degradación y daño a la salud. Se comprometerá a educar y a promover nuevos hábitos de producción y consumo, a contribuir a un nuevo modelo de crecimiento económico que garantice el respeto de la casa común y el respeto por las personas.”
La invitación del Papa es a ser contemplativos en la acción, ya que “tiende a convertirse en custodio del medio ambiente…, tratando de conjugar los conocimientos ancestrales de las culturas milenarias con los nuevos conocimientos técnicos, para que nuestro estilo de vida sea siempre sostenible”. Contemplar y cuidar son actitudes que muestran el camino para corregir y reequilibrar la relación como seres humanos con la creación, convirtiéndose en ‘custodios’ de la casa común, custodios de la vida y de la esperanza.
Finalmente, Papa Francisco recuerda a los pueblos indígenas, “con los que todos tenemos una deuda de gratitud, incluso de penitencia, para reparar el mal que les hemos hecho”, “aquellos movimientos, asociaciones y grupos populares, que se esfuerzan por proteger su territorio con sus valores naturales y culturales”, y que “no siempre son apreciados, a veces, se les obstaculiza, porque no producen dinero, pero en realidad, contribuyen a una revolución pacífica, podremos llamarla la ‘revolución del cuidado’”.
Concluye la catequesis el Santo Padre, recordando que este cuidado es tarea de todo ser humano: “Cada uno de nosotros puede y debe convertirse en un ‘custodio de la casa común’, capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplar las criaturas y protegerlas”.
Hermanos como "don", la experiencia de Francisco de Asís
San Francisco de Asís y el Sultán de Egipto
En San Francisco, la fraternidad no es una teoría abstracta, sino un don concreto de Dios para todos y cada uno. El Pobrecillo de Asís nos recuerda, aún hoy, que no podemos ser verdaderos hermanos si no nos reconocemos como hijos de un único Padre.
Francisco de Asís vuelve a inspirar al Papa que, primero en la historia, asumió su nombre. Si hace cinco años fue la alabanza a Dios por la Creación, el Cántico de las Criaturas, la que dio un alma a la Encíclica Laudato si’, esta vez es la fraternidad (y la amistad social) el centro de atención del nuevo documento del magisterio que, precisamente en la tierra del Pobrecillo, firmará el próximo 3 de octubre. ¿Pero qué son, o, mejor dicho, quiénes son los «hermanos» para San Francisco? Una respuesta íntima y reveladora se encuentra en el inicio de su Testamento, donde, tras relatar el encuentro con los leprosos -a los que Cristo le condujo, porque él sentía disgusto- afirma: «Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debería hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio».
Los frailes, los hermanos, se presentan a Francisco en primer lugar como un don de Dios. Un regalo inesperado y, a decir verdad, no indoloro porque traen una nueva situación que lo «obliga» a pedir ayuda al Señor, porque nadie sabe cómo decirle qué hacer. No son nuestra «conquista», los hermanos, ni son como nosotros los desearíamos. Son la obra viva del Creador ofrecida libremente a cada uno de nosotros. Son donados, precisamente, y por lo tanto no podemos elegirlos ni poseerlos, sino sólo acogerlos y amarlos tal como son, con sus debilidades y diferencias. Esas diferencias (y a veces disonancias) que en definitiva sólo el Señor puede recomponer porque, como diría el Papa, la armonía no la hacemos nosotros, sino el Espíritu Santo.
Lo que emerge claramente en Francisco de Asís, y que encuentra confirmación en este escrito fundamental en la parábola conclusiva de su vida terrenal, es que la fraternidad para él no es una idea, una teoría abstracta, sino un hecho concreto, una experiencia que cambia la vida. Junto a ese hecho concreto, y más relevante aún porque es la fuente, descubrimos que para Francisco no hay fraternidad si no reconocemos (y aceptamos) la filiación común de nuestro Padre celestial. Todos somos hermanos porque todos somos hijos del mismo Padre. Por lo tanto, nadie es más extranjero para el otro. Una revolución de la perspectiva que, en la vida de Francisco, llevará a elecciones sorprendentes recapituladas en la célebre visita al Sultán de Egipto. Aquí está el núcleo de la conversión del Santo de Asís y con él podríamos decir de cada mujer y hombre que ha encontrado auténticamente a Jesucristo. De hecho, si no reconocemos el plan común de amor del Padre para nosotros, no será suficiente con ser hermanas o hermanos. Ni siquiera biológicamente. Es un hermano de sangre, de hecho, el que mató a Abel. Y lo mata porque el odio ha cerrado los ojos de Caín que, al no ver ya el amor del Padre, ni siquiera reconoce a su hermano como tal.
Para Francisco de Asís, sin embargo, la fraternidad no es un don «estático», un fin en sí mismo. Se alimenta y crece nutriéndose con la caridad. Y siempre trae la paz. La relación con los hermanos traza un camino, inicia un proceso que se desarrolla en una dimensión de comunión. Es después del encuentro con sus hermanos, de hecho, que el Señor le revela que debe vivir el Evangelio sine glossa, más aún: que debe conformarse a él, tomar la forma misma del » Santo Evangelio «. Hacerlo, por lo tanto, de una manera radical, «sin calmantes» para retomar una imagen efectiva del Papa Francisco.
Para el Patrono de Italia, cuidar a los demás como a uno mismo se convierte en el camino y el espacio privilegiado para la evangelización. Por lo tanto, no puede existir un fraile que se retire en una condición aislada. Sería un contra sentido, un contra testimonio. Para el Santo, de hecho, el amor al Padre crece tanto como el amor al hermano en cuyo rostro se encuentran los rasgos del Creador. Un amor que en Francisco se expande hasta convertirse en cósmico porque la fraternidad se convierte en un abrazo hacia toda criatura: incluso el Sol se llama hermano y la Luna hermana. Ocho siglos después, a pesar del incremento del egoísmo y el levantamiento de barreras de todo tipo, el mundo sigue sediento de hermandad y paternidad. Está en constante búsqueda. El testimonio del Pobrecillo de Asís, que quiso convertirse en «hermano de todos los hombres», es de gran actualidad y nos exhorta, junto con otro Francisco, a recorrer el camino de la fraternidad.
El Papa: no podemos pretender el perdón de Dios, si no perdonamos al prójimo
Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas, tal como nos lo pide Jesús: lo dijo el Papa a la hora del Ángelus de este domingo, al reflexionar sobre la parábola del rey misericordioso. “Si no nos esforzamos por perdonar y amar, – afirmó el Santo Padre – tampoco seremos perdonados ni amados”.
“Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados”: fue la conclusión a la que llegó el Papa Francisco en su Ángelus de hoy, al reflexionar sobre la parábola del rey misericordioso. El Santo Padre se asomó, como cada domingo, a la ventana del Palacio Apostólico, para rezar junto con los fieles la oración mariana del Ángelus dominical, en este XXIV domingo del Tiempo Ordinario.
El Evangelio propone en este día la parábola del rey misericordioso, en donde “encontramos – dijo Francisco – dos veces esta súplica: ‘ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
La primera vez la pronuncia el siervo que le debe a su amo diez mil talentos, una suma enorme. Hoy serían millones y millones de euros. La segunda vez la repite otro criado del mismo amo. Él también tiene deudas, no con su amo, sino con el siervo que tiene esa enorme deuda. Y su deuda es muy pequeña comparada con la de su compañero, tal vez como el salario de una semana.
La infinita misericordia de Dios
Tal como explicó el Papa, el centro de la parábola es la indulgencia que el amo muestra hacia el siervo más endeudado.
El evangelista subraya que «el señor tuvo compasión de aquel servidor, – no olviden jamás esta palabra que es propia de Jesús: «tuvo compasión», Jesús siempre tuvo compasión – le dejó marchar y le perdonó la deuda». ¡Una deuda enorme, por tanto, una condonación enorme! Pero ese criado, inmediatamente después, se muestra despiadado con su compañero, que le debe una modesta suma. No lo escucha, le insulta y lo hace encarcelar, hasta que haya pagado la deuda, aquella pequeña deuda. El amo se entera de esto y, enojado, llama al siervo malvado y lo hace condenar. ¿Pero yo te he perdonado tanto y tú eres incapaz de perdonar tan poco?
Aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones
Son dos las actitudes que demuestra la parábola: la de Dios, que, representado por el rey, muestra una justicia “impregnada de misericordia”. Y la del hombre, que “se limita a la justicia”. Jesús, en cambio, nos exhorta a “abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia”. Da cuenta de ello la respuesta que le da a Pedro, antes de la parábola, cuando le pregunta: «Señor ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?». A lo que Jesús le responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». En el lenguaje simbólico de la Biblia, – explicó el Papa – esto significa que estamos llamados a perdonar siempre.
¡Cuánto sufrimiento, cuántas divisiones, cuántas guerras podrían evitarse, si el perdón y la misericordia fueran el estilo de nuestra vida! Incluso en la familia, también en la familia. Cuántas familias desunidas que no saben perdonarse, cuántos hermanos y hermanas que tienen este rencor dentro. Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia y también en la sociedad y la política.
Deja de odiar, el rencor es como una mosca en el verano
El Papa Francisco se detuvo en la meditación, para contar una primera reflexión que tuvo en la mañana, durante la misa, leyendo una frase el libro de Sirácides. La frase que dice: «Acuérdate de tu fin y déjate de odiar». Y exhortó:
¡Piensa en el final! Piensa que estarás en un ataúd y llevarás el odio allí. Piensa en el final, ¡deja de odiar! Deja el rencor. Piensa en esta conmovedora frase: «Acuérdate de tu fin y déjate de odiar». No es fácil perdonar, porque en los momentos tranquilos uno dice: «sí, pero éstos o éste me han hecho todo tipo de cosas»… pero yo también he hecho muchas. Mejor perdonar para ser perdonado. Pero luego, el rencor vuelve, como una molesta mosca en el verano que vuelve y vuelve y vuelve… Perdonar no es sólo algo momentáneo, es algo continuo contra este rencor, este odio que vuelve. Pensemos en el final, dejemos de odiar.
“Es una condición: piensa en el final, en el perdón de Dios y deja de odiar, ahuyenta el rencor, esa molesta mosca que vuelve y vuelve y vuelve.”
Perdonar para ser perdonados
La frase que recitamos en la oración del Padre nuestro: «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores», cobran su pleno significado gracias a esta parábola, puesto que contienen, continuó diciendo el Papa, una “verdad decisiva”:
No podemos pretender para nosotros el perdón de Dios, si nosotros, a nuestra vez, no concedemos el perdón a nuestro prójimo. Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados.
Por todo ello, al concluir su reflexión, el Papa alentó a encomendarse a la maternal intercesión de la Madre de Dios, para que Ella “nos ayude a darnos cuenta de cuánto estamos en deuda con Dios, y a recordarlo siempre, para tener el corazón abierto a la misericordia y a la bondad”.
El Papa: no hay ecología sin equidad, luchemos contra el descarte y el desperdicio
Foto de archivo (AFP or licensors)
El hombre no puede separarse del entorno en el que vive, y «es evidente”, también, que el cambio climático no sólo altera el equilibrio de la naturaleza, sino que causa pobreza y hambre. «El descuido de la creación y las injusticias sociales se influyen mutuamente», dijo el Papa a las Comunidades Laudato si’, recibidas la mañana del sábado en audiencia. El Pontífice afirmó que «no hay ecología sin equidad y no hay equidad sin ecología» y que nuestro desafío hoy es «cómo será la vida de la próxima generación».
“Ayudémonos mutuamente a luchar contra el descarte y el desperdicio, exijamos opciones políticas que combinen progreso y equidad, desarrollo y sostenibilidad para todos, de modo que nadie se vea privado de la tierra que habita, del buen aire que respira, del agua que tiene derecho a beber y del alimento que tiene derecho a comer”: fueron palabras del Papa, al recibir en el Aula Pablo VI a los participantes en el Encuentro de las Comunidades Laudato si’.
En su discurso Francisco advirtió que no puede haber ecología sin equidad, por eso hay que vencer la indiferencia: el «no me concierne», «no depende de mí», «no estoy involucrado”, se vence con «la compasión», la mejor vacuna contra la epidemia de la indiferencia.
Fueron cerca de doscientos cincuenta los participantes en el encuentro, en representación de los miembros de las Comunidades Laudato si’ en Italia y en el mundo, que encontraron al Santo Padre al mediodía. Motivados en el cuidado de los últimos y de la creación, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, el Papa los recibió con calidez, y les dejó dos palabras claves de la ecología integral para la reflexión: contemplación y compasión.
La naturaleza está siendo «devorada»
Hoy en día, – dijo Santo Padre – la naturaleza que nos rodea ya no es admirada, sino «devorada». Nos hemos vuelto voraces, dependientes de los beneficios y resultados inmediatos y a toda costa. La mirada sobre la realidad es cada vez más rápida, distraída, superficial, mientras que en poco tiempo las noticias y los bosques se queman. Enfermos de consumismo, nos afanamos por la última «app», pero ya no conocemos los nombres de nuestros vecinos, y mucho menos sabemos cómo distinguir un árbol de otro. Y lo que es más grave, con este modo de vida se pierden las raíces, se pierde la gratitud por lo que hay y por quien nos lo ha dado.
Necesario volver a la contemplación
Para «no olvidar», el Papa Francisco propone “volver a la contemplación”: para no distraerse con mil cosas inútiles, hay que encontrar el silencio; para que el corazón no se enferme, hay que detenerse. Una tarea no fácil, constató el Papa, señalando como necesario, a modo de ejemplo, liberarse “del aprisionamiento del teléfono celular, mirar a los ojos de los que están a nuestro lado y la creación que se nos ha donado”.
Esta «contemplación», sin embargo, no es pasiva, puesto que, según el Pontífice, “quien sabe contemplar no se queda de brazos cruzados, sino que se activa concretamente”. De ahí la correlación con la segunda palabra “clave”: la compasión, que es “fruto e la contemplación”.
¿Como se entiende que uno es contemplativo, que ha asimilado la mirada de Dios? Si tiene compasión por los demás, si va más allá de excusas y teorías, para ver en los demás hermanos y hermanas a los que hay que custodiar.
La mejor vacuna contra la epidemia de la indiferencia
La compasión es «lo opuesto a nuestra indiferencia», aseguró el Pontífice, significa «padecer con», y es “la mejor vacuna contra la epidemia de la indiferencia”: “No me concierne», «no depende de mí», «no estoy involucrado» – dijo – son los «síntomas de la indiferencia». En cambio, quien tiene compasión, pasa del «de ti no me importa» al «eres importante para mí».
La compasión, continuó Francisco, “no es un sentimiento bonito, no es pietismo”, sino que “es crear un nuevo vínculo con el otro”, es «hacerse cargo» como el buen samaritano que, movido por la compasión, se ocupa del desventurado que ni siquiera conoce.
Y es que el mundo «necesita esta caridad creativa y activa», de «personas que no se paren frente a una pantalla para hacer comentarios, sino que se ensucien las manos para remover la degradación y restaurar la dignidad». Tener compasión es «elegir no tener enemigos, para ver en cada uno a mi prójimo», explicó Francisco, señalando que esto no significa “volverse blando”, sino, por el contrario: quienes tienen compasión, “entran en una dura lucha diaria contra el descarte y el desperdicio, el descarte de los demás y el desperdicio de las cosas”.
Hace daño pensar en cuánta gente se descarta sin compasión: ancianos, niños, trabajadores, personas con discapacidades… Pero el desperdicio de cosas también es escandaloso.
Mil millones de toneladas de alimentos se tiran cada año
De hecho, Francisco hace referencia a los más de mil millones de toneladas de alimentos comestibles que se tiran en los países industrializados cada año, y pide luchar, en ayuda recíproca, «contra el descarte y el desperdicio», exigiendo “opciones políticas que combinen progreso y equidad, desarrollo y sostenibilidad para todos, de modo que nadie se vea privado de la tierra que habita, del buen aire que respira, del agua que tiene derecho a beber y del alimento que tiene derecho a comer”.
Hay que mirar lejos, la historia no perdonará
“Salvaguardar nuestra casa común”, fue el nuevo llamamiento del Papa, una tarea que concierne “a todos”, en especial a los responsables de las naciones y las actividades productivas. Nuestro desafío hoy, – afirmó el Papa – no es «cómo nos arreglamos, cómo salimos de esto”: nuestro verdadero desafío es «cómo será la vida de la próxima generación».
“Tenemos que mirar lejos, de lo contrario la historia no perdonará.”
En su saludo final el Obispo de Roma deseó a cada uno que alimente “la contemplación y la compasión”, ambas “ingredientes indispensables”, dijo, de «la ecología integral».
El Papa: Garantizar ambientes seguros para la formación de los jóvenes
En el Día en que se celebra la “Primera Jornada Internacional para la protección de la educación de ataques, en el ámbito de los conflictos armados”, el Santo Padre ha pedido “que no falte el esfuerzo para garantizarles ambientes seguros para la formación, sobre todo en situaciones de emergencia humanitaria”.
“Exhorto a la comunidad internacional a trabajar para que se respeten los edificios que deberían proteger a los jóvenes estudiantes. Que no falte el esfuerzo para garantizarles ambientes seguros para la formación, sobre todo en situaciones de emergencia humanitaria”, es el llamamiento que hizo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 9 de septiembre de 2020, desde el Patio de San Dámaso del Vaticano.
Los jóvenes tienen derecho a la educación
Al concluir su catequesis y en sus saludos en lengua italiana, el Santo Padre ha recordado que, “hoy se celebra el primer Día Internacional para la protección de la educación de ataques, en el ámbito de los conflictos armados”, día que fue establecido por decisión unánime de la Asamblea General de la ONU en el mes de mayo pasado. Además, el Pontífice invitó “a rezar por los estudiantes que son privados tan gravemente del derecho a la educación, a causa de guerras y terrorismo”.
El Primer Día para la protección de la educación de ataques
Esta Jornada es una iniciativa de las Naciones Unidas que busca sensibilizar a la opinión pública sobre la situación crítica de millones de niños que viven en países afectados por conflictos. La resolución de la Asamblea General afirma que los gobiernos tienen la responsabilidad fundamental de proporcionar protección y asegurar una educación de calidad, inclusiva y equitativa a todos los estudiantes, especialmente a los que se encuentran en situaciones vulnerables. Además, destaca la necesidad de incrementar los esfuerzos y aumentar la financiación para promover entornos escolares seguros que sirvan de protección en las emergencias humanitarias. Incluye también que se deben adoptar todas las medidas posibles para proteger las escuelas, los alumnos y el personal docente de ataques, evitar las acciones que impidan el acceso de los niños a una educación y facilitar el acceso a la educación en situaciones de conflicto armado.
Guterres: Asegurarnos que los niños tengan un entorno seguro
Por su parte, António Guterres, Secretario General de la ONU ha afirmado que, “mientras el mundo está luchando para contener la pandemia de Covid-19, los niños y los jóvenes que viven en zonas de conflicto son los más vulnerables a los efectos devastadores de la pandemia. Debemos asegurarnos de que nuestros niños tengan un entorno seguro en el que adquirir los conocimientos y competencias que necesitarán en el futuro”. Al proclamar el Día Internacional para la Protección de la Educación de Ataques, la ONU envía un claro mensaje sobre la importancia de que las escuelas sean lugares protegidos y seguros para estudiantes y maestros, y que es necesario que la educación siga siendo una prioridad en la agenda de políticas públicas. Esto debe seguir siendo una prioridad incluso mientras los gobiernos prosiguen la lucha contra la pandemia de Covid-19 que ha llevado al cierre de escuelas y afectado a más del 90% de los estudiantes del mundo.
10 enseñanzas del Papa Francisco sobre su devoción a Santa Teresita del Niño Jesús
El Papa Francisco y Santa Teresita del Niño Jesús. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Durante su visita a África en 2019, el Papa Francisco reveló su devoción a Santa Teresita del Niño Jesús (Santa Teresita de Lisieux) quien aseguró lo acompaña y lo ha acompañado en cada paso de su vida.
“Esta Teresa, ahora, acompaña a un anciano. Y quiero dar testimonio de esto, quiero dar testimonio porque ella me ha acompañado, en cada paso me acompaña. Me ha enseñado a dar los pasos”, confió el Santo Padre durante una predicación espontánea de más de media hora que impartió a casi 100 religiosas de clausura.
Se trató de la visita que el Papa Francisco realizó al Monasterio de clausura de monjas carmelitas en Antananaribo (capital de Madagascar) en el que rezó con casi 100 religiosas contemplativas procedentes de los diferentes monasterios de todo el país quienes, por excepción, salieron de sus claustros para encontrar al Pontífice.
El Santo Padre abrió su corazón a las religiosas para relatarles en forma espontánea su devoción a Santa Teresita del Niño Jesús y las enseñanzas de la santa en su vida.
Santa Teresita es “una amiga fiel, por eso, no he querido hablarles de teorías, he querido hablarles de mi experiencia con una Santa, y decirles qué es capaz de hacer una santa y cuál es el camino para ser santas”, dijo el Papa quien las animó a ir hacia adelante con valentía.
A su llegada, el Pontífice fue recibido por la priora del monasterio, sor María Magdalena de la Anunciación, quien saludó en francés a nombre de todos los presentes para darle la bienvenida al Papa.
El Papa Francisco rezó junto a las religiosas y al finalizar, les entregó la homilía escrita que había preparado para ellas “para que la pudieran leer, meditar tranquilas”, y señaló que quería decirles “algo del corazón” porque para “seguir al Señor se requiere valentía”.
“Es verdad que el trabajo más pesado lo realiza Él, pero si requiere valentía para dejarlo actuar”, afirmó.
Tras contarles la historia de dos monjas, una anciana y una joven, el Pontífice explicó que “esta no es una fábula, es una historia verdadera” y que la joven se llamaba sor Teresa del Niño Jesús y destacó diversas enseñanzas:
1. “La caridad en las pequeñas y en las grandes cosas. El camino de la perfección se encuentra en estos pequeños pasos en el camino de la obediencia”.
2. “La valentía de hacer los pequeños pasos, la valentía de creer que, a través de mi pequeñez, Dios es feliz y cumple la salvación el mundo”.
3. “Si tú quieres cambiar no solo el monasterio, no sólo la vida religiosa, cambiar y salvar con Jesús, salvar el mundo, comienza con estos pequeños actos de amor, de renuncia a ti mismo, que encarcelan a Dios”.
4. “La mundanidad no es una monja de clausura, más bien, es una cabra que va por sus caminos, que lleva afuera de la clausura”.
5. “Cuando te lleguen pensamientos de mundanidad, cierra la puerta y piensa en los pequeños actos de amor: estos salvan el mundo”.
6. “Los diablos ‘educados’ suenan la campana… El tentador no quiere ser descubierto, por eso viene disfrazado de persona noble, educada”.
7. “Este consejo les doy: hablen inmediatamente, hablen a tiempo, cuando hay algo que les quita la tranquilidad, no digo la paz, sino todavía antes, la tranquilidad, después la paz”.
8. “Siempre la transparencia del corazón. Hablando siempre se vence. Es verdad, se necesita reconocer que no todas las prioras son el premio Nobel de la simpatía”.
9. “Para la tentación, para la lucha espiritual, el ejercicio de la caridad no va en jubilación: hasta el final deberás luchar. Hasta el final. También en la obscuridad… En esta lucha -cruel pero bella- cuando es verdadera, no se pierde la paz”.
10. “¡Ojalá todas fueran niñas en el espíritu, ojalá! Con aquella dimensión de infancia el Señor ama tanto”.
Por último, el Papa Francisco destacó que al final de la vida, Santa Teresita se enfermó y “poco a poco, le parecía haber perdido la fe” y subrayó que eso le ocurrió a Santa Teresita quien “en su vida había sabido apartar los diablos educados”.
Por ello, el Papa concluyó que “se requiere la caridad, la oración. La caridad de pedir un consejo a tiempo, de escuchar… Y la oración con el Señor, la oración: ¿Señor, es verdad que esto que estoy sintiendo, esto que me dice la serpiente, es verdad?”.