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¿Qué es una audiencia general y de qué habla el Papa en ellas?

¿Qué es una audiencia general y de qué habla el Papa en ellas?

Papa Francisco. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Luego de un periodo de descanso, este miércoles 5 de agosto el Papa Francisco retoma las audiencias generales que, debido a la pandemia del coronavirus, se seguirán realizando en la Biblioteca del Palacio Apostólico. En esta nota te explicamos qué son y de qué habla en ellas el Santo Padre.

En agosto de 2019, el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano, publicó una nota en la que explica que “la audiencia general es un importante evento semanal (el miércoles) que, junto a los Ángelus (domingos) y las homilías de Santa Marta, además obviamente de las celebraciones del año litúrgico, representan el corazón espiritual del magisterio petrino”, es decir, del Papa.

En general y hasta antes de la pandemia del COVID-19, eran “encuentros con personas provenientes de todo el mundo, también no católicas, que dan ocasión al Papa de compartir una sencilla pero profunda catequesis sobre la fe cristiana” que pueden realizarse en la Plaza de San Pedro o en el Aula Pablo VI en el Vaticano.

Hasta agosto de 2019, las audiencias del Papa Francisco fueron 280. Desde entonces y en lo que va del año se calcula que se han realizado alrededor de 30 más, en las que el Santo Padre ha tocado distintos temas como la oración, las Bienaventuranzas y ha meditado sobre el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

El 11 de marzo de 2020, ante la pandemia del coronavirus que ha cobrado la vida de casi 700 mil personas en todo el mundo, se realizó la primera audiencia general sin público y desde la Biblioteca Apostólica del Palacio Vaticano, transmitiendo la catequesis del Pontífice a través de los medios de comunicación oficiales del Vaticano.

El Vaticano tomó esta decisión para evitar las aglomeraciones de público e impedir que se difunda el virus.

En los últimos años, el Papa también ha reflexionado sobre el Adviento, la Navidad, la Cuaresma, la Pascua, los sacramentos, la familia, la esperanza, la Iglesia, entre otros.

En su catequesis del 24 de junio, la última antes del periodo de vacaciones, el Papa Francisco reflexionó sobre la oración del Rey David, de quien dijo “es virtuoso y pecador, perseguido y perseguidor. David fue todo esto; pero hay un hilo conductor que une toda su vida, que es la oración. Puede ser una oración con tonos de júbilo o de lamento, pero siempre en diálogo con su Creador, que lo escucha”.

“David nunca estuvo solo, aunque físicamente lo estuviera, porque —en medio de las mil dificultades de su vida— fue capaz de entablar una auténtica relación de amistad con Dios, el verdadero compañero del viaje del hombre”, agregó.

El Santo Padre también ha hecho diversos llamados a la humanidad en las audiencias generales. Se calcula unos 130. Algunos temas recurrentes han sido el del diálogo, la paz y la solidaridad, especialmente en estos tiempos de crisis.

(Fuente: Aciprensa)

El Papa retoma la Audiencia General y recuerda a los difuntos por el coronavirus

El Papa retoma la Audiencia General y recuerda a los difuntos por el coronavirus

El Papa Francisco retomó este miércoles 5 de agosto la Audiencia General de los miércoles después de su período vacacional en el mes de julio. El Pontífice pronunció su catequesis desde la biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano debido a que las medidas para evitar un rebrote de la pandemia de coronavirus impiden celebrarla en la Plaza de San Pedro.

El Santo Padre comenzó su enseñanza recordando a los que sigue sufriendo el golpe de la COVID 19. “La pandemia continúa causando profundas heridas, desenmascarando nuestras vulnerabilidades”.

“Son muchos los difuntos, muchísimos los enfermos en todos los continentes. Muchas personas y muchas familias viven un tiempo de incertidumbre debido a los problemas socio-económicos que golpean especialmente a los más pobres”.

Ante esta situación, Francisco invió a “tener fija nuestra mirada en Jesús y, con esta fe, abrazar la esperanza del Reino de Dios que el mismo Jesús nos trae”.

Se trata, explicó el Papa, “de un Reino de curación y de salvación que ya está presente en medio de nosotros. Un reino de justicia y de paz que se manifiesta con las obras de caridad que, cada vez más, hacen crecer la esperanza y refuerzan la fe”.

El Pontífice pidió “un nuevo encuentro con el Evangelio de la fe, de la esperanza y del amor” que “nos invita a sumir un nuevo espíritu creativo y renovado”.

De esa manera, “estaremos preparados para transformar las raíces de nuestras enfermedades físicas, espirituales y sociales. Podremos curar profundamente las estructuras injustas y las prácticas destructivas que nos separan a unos de los otros, amenazando a la familia humana y a nuestro planeta”.

Asimismo, invitó a preguntarse: “¿De qué modo podemos ayudar a curar nuestro mundo de hoy?”. En ese sentido, recordó que la Iglesia, “aunque administra la gracia sanadora de Cristo mediante los Sacramentos, y aunque ofrece servicios sanitarios en las esquinas más remotas del planeta, no es experta en la prevención y en la gestión de la pandemia”.

Menos aún “da indicaciones socio-políticas específicas. Eso es competencia de los dirigentes políticas y sociales. En cambio, a lo largo de los siglos, y a la luz del Evangelio, la Iglesia ha desarrollado algunos principios sociales fundamentales, principios que nos pueden ayudar a avanzar y preparar el futuro que necesitamos”.

Algunos de esos principios son “la dignidad de las personas, el bien común, la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiaridad, el cuidado de la casa común”.

“Todos estos principios”, subrayó el Obispo de Roma, “expresan de modos diferentes las virtudes de la fe, de la esperanza y del amor”.

El Papa Francisco concluyó su catequesis anunciando que en las próximas semanas dedicará la catequesis de la Audiencia General de los miércoles a “afrontar juntos cuestiones importantes que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales”.

(Fuente: Aciprensa)

Dedicación de la Basílica de Santa María La Mayor

Dedicación de la Basílica de Santa María La Mayor

El camino de la Providencia siempre es insospechado. Nadie se imagina por dónde nos puede llevar el Señor para cumplir sus voluntad que siempre es para gloria suya y bien de nuestras vidas. Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de Santa María. Tras celebrarse el Concilio de Éfeso el año 431, en que se proclamó el Dogma de Santa María, Madre de Dios, el Papa Sixto III, levantó en el Monte Esquilino una Basílica en honor de la Virgen.

Con el tiempo, esta Iglesia, que es el Templo Mariano más grande en Occidente, se llamaría Santa María La Mayor. Cuenta precisamente la historia que, en tiempos del Papa Liberio, había una familia muy rica en la Ciudad Eterna, al tiempo que caritativa, por lo que nunca faltaba ayuda de su parte, a los necesitados.

No habían tenido hijos y en un supremo gesto de amor a la Virgen le pidieron cuál sería la mejor forma de emplear ese dinero, que ellos consideraban Don de Dios. Además, no lo podían invertir en herederos directos con los cual decidieron ponerlo mejor a disposición de la Iglesia como así se lo dijeron al Papa. Pronto encontraron la respuesta al tener por separado la visión donde la Reina de los Cielos les pedía que construyesen una Iglesia donde Ella les indicase.

Algo similar vio el propio Pontífice. Entonces el Papa organiza una Procesión -siguiendo las instrucciones de cómo debía hacerse- hacia el lugar señalado por la Señora, encontrándole nevado en pleno mes de agosto, en que por estación climatológica, era imposible este fenómeno meteorológico. En el tramo donde se ve la nevada es donde entienden que ha de levantarse el Sagrado Templo. Por ello, le ponen el Nombre de Nuestra Señora de las Nieves. En este Recinto Sacro, se conserva un trozo de la Cuna de Belén.

Fuente: Cope

Qué pensar cuando te esfuerzas y no hay resultado

Qué pensar cuando te esfuerzas y no hay resultado

Zohre Nemati/Unsplash | CC0

No te desanimes: el poder de Dios está ahí y siempre hay alguna semilla que da fruto

Nuestra vida es una historia, habla inevitablemente. Cuando alguien nos cuenta una, solemos identificarnos con algún personaje o con alguna situación.

Jesús también tuvo la suya y nos contó varias. Su forma de comunicarse fue básicamente contarnos relatos, participar de esas historias para que pudiéramos recordar. Así como vivimos de historias, también nos comunicamos con ellas.

Nuestra forma de comunicarnos dice mucho sobre cada uno. Existe una relación profunda entre las palabras que pronunciamos, o que evitamos decir, y las relaciones que construimos.

Hablamos con nuestros silencios, con nuestra apariencia, con nuestras decisiones y con nuestra indiferencia. Nuestra vida es una parábola, se muestra a los demás. Nos revelamos por lo que somos.

La forma en que nos comunicamos, por lo tanto, siempre deja una marca, no pasa sin dejar rastro en el terreno de la vida de los demás. La forma en que cruzamos esos campos también dice cómo amamos.

Una forma de amar

Esta dinámica está en la base de la imagen del sembrador usada por Jesús. De hecho, Dios también cruza el terreno de nuestra existencia, esparce en él la semilla y lo encuentra en diferentes condiciones.

melhijad | Shutterstock

Al escuchar esta parábola inevitablemente nos surge la pregunta: ¿qué tipo de terreno soy?

Hoy, sin embargo, me parece que esa pregunta es inapropiada. Pensándolo bien nos damos cuenta que la parábola no quiere condenar o recompensar nuestra situación.

La parábola quiere que comprendamos que, en cualquier condición en la que nos encontremos, Dios continúa comprometiéndose con nosotros.

Dios esparce su palabra, se comunica a sí mismo, pone su esperanza en cada uno y nos ama, sea cual sea la temporada que estemos pasando.

Como un campo vive diferentes estaciones, nuestra vida está marcada unas veces por la superficialidad o por la preocupación y el sufrimiento; y otras, por la disponibilidad y la fe.

A veces estamos como piedras, petrificados y cerrados por el dolor; otras, entusiasmados pero inconstantes; o quizás dispuestos, pero llenos de apegos; o, por último, nos encontraremos abiertos y receptivos, preparados para dar fruto.

Este sembrador representa no solo la forma en que Dios siembra su palabra en nuestras complicadas existencias, sino que también representa la forma en que Dios ama cada tierra.

El sembrador no espera a que el campo esté listo para recibir la semilla, sino que pone la semilla sobre cualquier tipo de suelo.

El sembrador no hace cálculos, no siembra solo donde planea cosechar más fruto, sino que corre el riesgo de invertir en cualquier tipo de terreno.

Parece que desperdicia su alimento, pero lo hace en la esperanza de que el mañana multiplique lo que hoy desparrama.

Así de débil y temblorosa es la esperanza. Dentro de su corazón se pregunta: si es la misma semilla la que reparte para todos, ¿por qué produce frutos tan diferentes? ¿por qué unos creen y otros no?

Al final todo será cuestión de tiempo: las semillas que tardaron en recibir acogida en los diferentes terrenos, terminarán germinando.

Perder para ganar

Kazoka | Shutterstock

La forma en que trabaja el sembrador habla del estilo en el que Dios ama: quien realmente lo hace, desperdicia, no hace cálculos, no espera que el otro sea perfecto para amarlo, no se compromete solo donde sabe que puede aprovecharlo o donde espera tener un retorno.

Eso no es amor y, sobre todo, no es el estilo de Dios.

Para el Evangelio, realmente amamos cuando arriesgamos, cuando desperdiciamos, cuando también estamos dispuestos a perder. De lo contrario, habríamos estado en lo correcto, pero no en el amor.

Y precisamente allí está el centro de la parábola: Jesús nos enseña a no desanimarnos, el poder de Dios actúa y siempre hay alguna semilla que da fruto.

Dios sabe eso y quiere depender de los terrenos que Él ha creado. Es el misterio de la libertad respetada por un Dios que pide que aceptemos sus dones, que nos invita a ser buena tierra, pero que nos acepta como somos y siembra sobre nuestra fecundidad o sobre nuestra dureza.

Nosotros vivimos con la esperanza de que cuando esa semilla caiga sobre nuestra fecundidad, dé buenos frutos que permanezcan. Frutos que nos mantengan abiertos a recibir siempre los dones del amoroso sembrador.

Aquí algunas inspiradoras frases de la Biblia para mantener la esperanza y perseverar.

(Fuente: Aleteia)

Música religiosa

“Alma de Cristo” fuente de indulgencias, ejercicio espiritual y música eucarística

Foto de Música. Fuente: Freepick

En la fiesta de San Ignacio de Loyola, 31 de julio, compartí la canción Alma de Cristo o Anima Christi. Sus letras son atribuidas al santo jesuita, repito “atribuidas”, debido a que él la recomendaba en sus ejercicios espirituales.

Lo cierto es que esta oración existe antes que San Ignacio, quien nació en 1491, y hasta fue fuente de indulgencias para aquellos que la rezaran, concedidas por el papa Juan XXII.

En un artículo que publicó catholic.net nos dice que su procedencia es de la época medieval. Sin embargo, no importan los siglos de su existencia, sigue siendo fuente de reflexión y ahora de melodías.

Si como yo conociste “Alma de Cristo” a través de la música o te encanta orar con cantos, también te comparto dos interpretaciones, diría que las más conocidas y usadas en nuestra parroquia.

¿Qué es el «Perdón de Asís»?

¿Qué es el «Perdón de Asís»?

© Georges Jansoone

San Francisco: «Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso»

“Te pido que todos los que, arrepentidos y confesados, vengan a visitar esta iglesia, obtengan amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todas las culpas”.

El corazón generoso de san Francisco no duda sobre la petición que le hizo a Cristo y a la Virgen, que se le aparecieron mientras estaba rezando en la Porciúncula.

Fue una noche del año 1216, y el Salvador y su Santísima Madre refulgieron en la luz que ilumina de repente el altar, rodeados por un coro de ángeles.

El pobrecillo de Asís, que se despoja de todo y se humilla en todo, no tiene dudas ante el papa Honorio III: Jesús mismo le pidió que se dirigiera a su vicario en la tierra, que en aquel momento se encontraba en Perugia.

“Lo que pides, oh fray Francisco, es grande – le había dicho el Señor en la visión de la Porciúncula – pero aún eres digno de cosas mayores y las tendrás. Acojo por tanto tu oración, con la condición de que tú pidas a mi vicario en la tierra, de mi parte, esta indulgencia”.

Ocho siglos de misericordia

A la pregunta del pontífice: “Francisco, ¿durante cuántos años quieres esta indulgencia?”, el santo respondió: “Padre Santo, no pido años, sino almas”.

Y feliz, el 2 agosto de 1216, junto a los obispos de Umbria, anuncia al pueblo reunido en la Porciúncula: “¡Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso!”.

El relato de las fuentes franciscanas ilustra, con una viveza que los siglos no han oscurecido, el origen del «Perdón de Asís «, una indulgencia plenaria que puede ser obtenida para uno mismo y para los difuntos, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto por los fieles que observen algunas condiciones visitando una iglesia: confesarse, comulgar, rezar por las intenciones del papa, recitar el Credo y el Padrenuestro.

La defensa de Teobaldo

Según las fuentes, Francisco, tras obtener la aprobación del pontífice –aunque sólo para un día al año– no perdió el tiempo en aplicarla.

El propio Papa, viéndolo irse sin dudar, le llamó de nuevo: «Oh simplón, ¿cómo te vas? ¿Qué te llevas contigo de esta indulgencia?».

Y el beato le respondió sin más: «Me es suficiente con vuestra palabra. Si es obra de Dios, Él debe manifestar su obra. De esto yo no quiero documento alguno; sino que la carta sean la bendita Virgen María, Cristo sea el notario, y los testigos, los ángeles”.

Un siglo después, el «Diploma de Teobaldo», fraile menor y obispo de Asís, el 10 de agosto de 1310 fijó formalmente los caracteres del complejo caso del «Perdón», empujado por la preocupación por las voces de sus detractores:

«Con motivo de la maledicencia de algunos detractores que, animados por el celo de la envidia o quizás de la ignorancia, hablan contra la indulgencia de Santa María de los Ángeles en Asís, nos vemos obligados a poner en conocimiento de todos los fieles con la presente carta los modos y características de la indulgencia, y en qué circunstancias el beato Francisco, mientras vivía, la obtuvo del papa Honorio «.

Durante muchos años, esta indulgencia particular podía lograrse sólo en la Porciúncula, pero con el paso del tiempo, la posibilidad se extendió a todas las iglesias franciscanas, y después a todas las iglesias parroquiales de Asís.

Igualmente, el privilegio de la Porciúncula se extendió a todos los días del año.

La disciplina actual fue fijada por Pablo VI en la Carta Apostólica Sacrosancta Porziuncolae Ecclesia del 14 de julio de 1966, enviada por el Vicario general de la orden de los Frailes menores, fr Costantino Koser, con ocasión del 750° aniversario de la concesión de la indulgencia de la Porciúncula.

Un flujo incesante de peregrinos

En Asís usualmente inicia el 29 de julio el triduo de oración en preparación de la celebración del «Perdón», presidido por el obispo local, y el 1-2 agosto suele haber varias celebraciones presididas por cardenales, obispos y ministros generales de la Orden Franciscana.

También concluye ese día la tradicional Marcha Franciscana, una experiencia de camino y profundización espiritual, dirigida a jóvenes de entre 17 y 30 años.

Se renueva así una tradición de peregrinación a la Porciúncula el 1-2 de agosto que ya comenzó enseguida después del gozoso anuncio de Francisco.

Apenas setenta años después de la extraordinaria concesión a san Francisco, a pesar de la cautela para no encender envidias, se difundió en seguida, atrayendo a la Porciúncula muchedumbres cada vez más numerosas y desde lugares cada vez más alejados.

San Egidio, compañero de san Francisco, solía decir que “si el mundo supiera las gracias que se obtienen en este lugar, no sólo vendría gente de los alrededores, sino también desde los confines de la tierra; y no sólo los fieles, también los infieles”.

(Fuente: Aleteia)

Un paseo por Betania, el pueblo de los amigos de Jesús

Un paseo por Betania, el pueblo de los amigos de Jesús

Marion Doss | CC BY-SA 2.0

Muchas otras cosas hizo allí Jesús, además de resucitar a Lázaro

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El evangelista Juan evoca con mucha precisión la ciudad bíblica de Betania: «muy cerca de Jerusalén, a una distancia de quince estadios (es decir, aproximadamente media hora de caminata)» (Jn 11, 18). Hoy ese camino directo es impracticable, a causa del muro que rodea los territorios palestinos, y para acceder hay que dar una vuelta más larga.

Según el relato evangélico, parece sobre todo que Betania era la aldea de los amigos de Jesús, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María. Probablemente se trataba de una familia judía acomodada, propietaria de terrenos y bien considerada en Jerusalén.

No hay duda de que Jesús había tejido profundos lazos de amistad con ellos y que sin duda le gustaba descansar allí, especialmente en la noche del famoso Domingo de Ramos, cuando Jesús fue recibido triunfalmente en Jerusalén: «Entonces los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania, donde pasó la noche ”, agrega Juan.

La resurrección de Lázaro

Es en Betania también tiene lugar la famosa comida con Simón el leproso y la unción de María. 

Betania resulta ser una ciudad bíblica relevante en más de un sentido. El «descanso del guerrero» para Jesús y sus discípulos.

Pero probablemente el evento más conmovedor que tuvo lugar en Betania fue sin duda la resurrección de Lázaro, cuyos detalles la Biblia nos recuerda con emoción.

El lugar del milagroso hecho se puede visitar en la actualidad: la que la tradición afirma que es la Tumba de Lázaro, venerada desde el siglo IV. La antigüedad del culto en este lugar está atestiguada por los restos de un enorme complejo bizantino, del que habla la peregrina Egeria en sus crónicas.

Sobre los restos bizantinos y otros posteriores de la época cruzada, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa hicieron construir un santuario, llamado de la Amistad, en 1954. En él pueden admirarse bellos frescos sobre los acontecimientos evangélicos que tuvieron lugar en esta zona.

Una galería de 24 escalones conduce al recinto mortuorio, pues el acceso original de la tumba quedó clausurado en terreno musulmán. Impacta entrar en la gruta excavada bajo tierra, y divivida en dos cámaras: una interior, donde habría sido depositado el cuerpo, y otra más grande exterior, desde donde Jesús habría gritado su potente «¡Lázaro, sal fuera!».

Una experiencia que ningún peregrino a Tierra Santa debería perderse…

(Con información de la Custodia de Tierra Santa)

(Fuente: Aleteia)

Así puedes participar virtualmente en ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

Así puedes participar virtualmente en ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola

Desde este viernes 31 de julio, a través de la red social de oración cristiana Hozana, más de 6.000 participantes en todo el mundo participan gratuitamente en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

Según explican los organizadores, serán “7 días para para la activación y despertar espiritual desde la óptica de los Ejercicios Espirituales”.

Además, destacaron que lo más importante para participar en esta edición virtual de los ejercicios espirituales “es reservar un tiempo diario para ejercitarse en la oración personal, siguiendo las fechas del itinerario”.

“Los materiales de apoyo para la oración están disponibles cada día: una lección por día, una lección cada día”, señalaron.

Hozana destacó que “estos ejercicios son ideales para quienes tienen una agenda muy ocupada”, pues “se pueden vivir en casa. También son ideales para quienes desean tomar un ‘respiro’ y experimentar el gozo y la paz”.

Para más información e inscribirse a los ejercicios espirituales en línea, puede ingresar AQUÍ.

Ejercicios Espirituales ignacianos en Hozana

Hozana también está disponible como aplicación para dispositivos Apple y Android.

(Fuente: Aciprensa)

Una oración preciosa para rezar por los amigos

Una oración preciosa para rezar por los amigos

© William Perugini

Perfecta para Día Internacional de la Amistad, el 30 de julio, y para cada día.

“Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor” (Sir 6,14).

Los amigos de verdad tienen la capacidad de comprenderte desde la distancia, sin palabras, gracias a un simple gesto o una fugaz mirada. Se preocupan por ti y te respaldan. No son indiferentes a tus emociones, problemas, éxitos, victorias y fracasos.

Son ellos los que siempre te echarán una mano en caso de preocupación y estarán a tu lado para enjugar tus lágrimas. Con ellos, siempre puedes reír y hablar de todo… ser tú mismo.

Y la mejor manera de cuidar de esas personas es rezar por ellas. Recita esta hermosa oración por tus amigos:

Señor, Te doy gracias
por todos los amigos que me rodean.
Gracias por ponerlos en mi camino.

Haz que mis amistades crezcan
en la verdad y la transparencia bajo tu mirada.
Que los caminos de mis amigos y el mío
me enriquezcan y me ayuden
a progresar en mi vida de todos los días.

Enséñame a servir mutuamente,
a dar sin llevar la cuenta y a tener tiempo para ellos.
Ayúdame a no esperar del otro
que haga lo que yo debo hacer por él.

Guárdame de toda envidia.
Enséñame a ser misericordioso
y justo con los demás.
Concédeme el permanecer fiel
a pesar de los distanciamientos que ocasiona la vida.

Señor, te doy gracias
por esos momentos compartidos, por esa ayuda recíproca.
Gracias, Señor, por esta alegría
que me procuras en cada encuentro.

Ayúdame a saber encenderte en el corazón
de mis amistades familiares y a volverme hacia Ti.
Dame bastante sencillez y humildad
como para pedir a mis amigos que recen por mí,
y para yo prometerles rezar siempre por ellos.

Amén.

(Fuente: Aleteia)

Memoria de San Ignacio de Loyola, religioso

Noticias Importantes

Ha habido momentos de la historia en los cuales, frente a las dificultades que se presentaban, Dios suscita el carisma oportuno para bien de la Iglesia. Hoy celebramos a San Ignacio de Loyola, uno de los pilares de la Iglesia de transición entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Iñigo de Loyola (no tomaría el nombre de ‘Ignacio’ hasta después de sus estudios en París) provenía de una familia noble y antigua del País Vasco.

Ignacio era conflictivo, violento y vivía una sexualidad irresponsable. En 1519, a los 28 años, Ignacio exigió que su pequeño grupo de soldados luchara contra una fuerza invencible de 12.000 tropas francesas en Pamplona, ​​España. Su valor (u obstinación) le valió una bala de cañón en las piernas, que destrozó una y dañó gravemente la otra.

Los valores de caballero que poseía eran tan elevados, que dieron como resultado un largo período de convalecencia en la casa familiar Loyola. Este período cambió su vida, y el mundo, para siempre.

Mientras convalecía leyó textos sobre la vida de Cristo y los santos y decidió imitarlos. Una noche se le apareció la Virgen María con su Hijo y desde entonces se propuso servir al Rey del Cielo.

Cuando sale de Loyola hacia Jerusalén, se detiene un tiempo en Montserrat donde se consagra a la Virgen. Posteriormente se alojará en las Cuevas de Manresa donde empieza a poner por escrito sus experiencias de Fe, en unos escritos reflexivos que invitan a la oración y al cambio. Son los Ejercicios Espirituales. A su vuelta, pasa por las universidades de Alcalá, Salamanca, haciendo el Doctorado en filosofía en París.

Ignacio pasó sus últimos años en Roma constituyendo la Compañía de Jesús y murió el 31 de julio de 1556 viendo cumplidos grandes deseos: la Iglesia había aprobado su libro de Ejercicios Espirituales, la Compañía de Jesús y sus Constituciones y, el que había nacido como un grupo de diez compañeros, al momento de su muerte contaba con más de mil jesuitas repartidos por los cinco continentes.

El 12 de marzo de 1622 la Iglesia lo declaró santo, el mismo día que a su amigo y compañero Francisco Javier.

(Fuente: Jesuitas.cl)