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“No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure…” Juan 15, 16
Aviso suspensión de la misa presencial de este jueves, 30 de julio
Debido a la situación climatológica que afecta al país, anunciamos la suspensión de la misa presencial pautada para las cinco de la tarde de este jueves, 30 de julio, en nuestra Parroquia El Buen Pastor.
Pedimos excusas por los inconvenientes que esta disposición, tomada por el bienestar y la seguridad de nuestra feligresía, pueda causarles.
En lugar de la misa cancelada, estaremos transmitiendo otra celebración Eucarísticas a través de nuestro canal de Youtube, como de costumbre, a las seis de la tarde. ¡Dios los bendiga y proteja a todos!
Pandemia, Papa: dejémonos contagiar por el amor, no por el virus
Oración en la Plaza de San Pedro con Bendición Urbi et Orbi (Vatican Media)
Las raíces de nuestra vida están en Cristo, en Él está la fuerza para enfrentar los difíciles problemas que nos esperan después de la crisis, en Él está el modelo de cercanía, amor y servicio. Los pensamientos de Francisco sobre la era del Covid-19 se explican en el prefacio del libro «Comunión y esperanza» publicado por la Libreria Editora Vaticana (LEV) del Dicasterio para la Comunicación, redactado por el Cardenal Walter Kasper y el sacerdote alemán Gerge Augustin.
Un volumen rico en reflexiones teológicas que puede suscitar una «nueva esperanza y una nueva solidaridad», basadas en la certeza de que como ocurrió en los primeros difíciles meses de la propagación de la pandemia, también hoy, la presencia del Señor nos acompaña y nos alienta.
Es con este deseo que el Papa Francisco firma el Prefacio del libro titulado «Comunión y Esperanza» publicado por la Librería Editora Vaticana – Dicasterio para la Comunicación. Redactores del libro son el cardenal Walter Kasper, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el padre George Augustin, sacerdote alemán que fundó y dirige el Instituto que lleva el nombre de su compatriota cardenal.
Pandemia como «tiempo de prueba y elección»
En palabras del Papa, el pasado, el presente y el futuro de la humanidad. El coronavirus, como una tormenta -y me viene a la mente la solemne oración del 27 de marzo pasado en la Plaza de San Pedro- nos sorprendió a todos, cambiando la vida familiar, el trabajo y las actividades públicas y dejando a su paso muerte, penurias económicas y distancia de la Eucaristía y de los sacramentos.
Esta dramática situación, desenmascarando la vulnerabilidad del hombre, su inconsistencia y su necesidad de redención y que cuestionando tantas certezas en la base de nuestras vidas, nos ha colocado ante -escribe el Papa en el Prefacio- «interrogativos fundamentales sobre la felicidad» y «sobre el tesoro de nuestra fe cristiana».
¿Dónde están las raíces más profundas que nos sostienen a todos en la tormenta? ¿Qué es realmente importante y necesario? La «pandemia», escribe Francisco, «es una señal de alarma que nos lleva a reflexionar precisamente sobre esto. «Es un tiempo de prueba y elección para que podamos orientar nuestras vidas de una manera renovada a Dios, nuestro apoyo y nuestra meta.
Escuchar el grito de los pobres y del planeta
El Papa vuelve a llamar a todos a la «solidaridad» y al «servicio» contra la «injusticia global» y la indiferencia. De hecho, la emergencia nos hace comprender cuánto «dependemos de la solidaridad de los demás y nos empuja a servir a los que nos rodean de una manera nueva: «debemos ser sacudidos por la injusticia mundial», escribe, «para poder despertar y escuchar el grito de los pobres y de nuestro planeta tan gravemente enfermo».
El contagio del amor, no parálisis del miedo
El inicio de la pandemia coincidió con el tiempo de la Pascua, hace notar el Papa, y de ahí viene el mensaje que ilumina el presente y el futuro y evita la parálisis: es el mensaje de la victoria de la vida sobre la muerte. «La Pascua – escribe Francisco – nos da esperanza, confianza y valor, nos fortalece en la solidaridad» y en la fraternidad. «El peligro de contagio de un virus debe enseñarnos otro tipo de ‘contagio’, el del amor, que se transmite de corazón a corazón. Estoy agradecido por los muchos signos de disponibilidad a la ayuda espontánea y de compromiso heroico del personal sanitario, de los médicos y de los sacerdotes. En estas semanas hemos sentido la fuerza que provenía de la fe».
En la Eucaristía la fuerza para superar las dificultades
Y a la fe en Cristo, se dedica el último pasaje del Prefacio. Francisco recuerda el «doloroso ayuno eucarístico» que muchos cristianos han experimentado debido al cese de las celebraciones públicas y la solución de emergencia de las transmisiones mediáticas, pero también subraya que ninguna «transmisión virtual puede sustituir la presencia real del Señor en la celebración eucarística». De aquí la alegría por la reanudación de la vida litúrgica normal porque, escribe, «la presencia del Señor Resucitado en su Palabra y en la celebración eucarística nos dará la fuerza necesaria para afrontar los difíciles problemas que nos esperan después de la crisis». Y a toda la humanidad como Jesús a los discípulos de Emaús repite, como signo de esperanza para el futuro: «¡No tengan miedo! Yo he vencido a la muerte».
Fray Gabriel Gutiérrez, protector de miles de colombianos en condición de calle, ha intensificado su ayuda y su llamado ante la indefensión y el olvido que sufren, especialmente en esta pandemia.
La situación de los habitantes de calle de Bogotá en medio de la pandemia la conoce, como pocos, Fray Ñero, un franciscano que se ha dedicado a evangelizar con los más pobres en las calles, el “gran altar donde está el Cristo vivo”.
Él no le huye a los que todos evaden por su aspecto, él no teme a los que son considerados delincuentes o a los que deambulan víctimas de la drogadicción. Por el contrario, los abraza, los consuela, los asiste al momento de la muerte y les lleva alimentos y palabras de consuelo para soportar el frío, la soledad y el rechazo de la sociedad y de sus propias familias.
Su mayor preocupación actualmente son las 15.000 personas que pasan la cuarentena del coronavirus en los fríos andenes de la capital colombiana:
“Hago un llamado a las autoridades, quiero saber cuál es el plan para atender a esos 15 mil seres humanos que viven en las calles mientras hay cuarentena obligatoria. Los centros del gobierno no tienen capacidad para todos ellos, muchos están enfermos y otros han muerto solos, es imposible pedirles que usen tapabocas o se laven las manos de 4 a 5 veces al día”.
Los leprosos de nuestro tiempo
Fray Gabriel Gutiérrez Ramírez, de 63 años, nació en un hogar de ocho hermanos, con muchas necesidades económicas. Hace 32 años se ordenó sacerdote y ha trabajado con la población en zonas afectadas por el narcotráfico, el conflicto armado y la pobreza.
Hoy vive con su comunidad en pleno centro de Bogotá, pero desde que descubrió su vocación se expandieron para él los límites de su convento y se dedica a trabajar en los barrios cercanos con las personas que se refugian en parques, caños o canales, atrios de iglesias y plazas, en condiciones de vulnerabilidad, explotación y pobreza.
Hasta allí llegan fray Ñero y los voluntarios de la Fundación Callejeros de la Misericordia, dedicada a apoyar pastoralmente diferentes fenómenos sociales de calle como vendedores informales, trabajadoras sexuales, migrantes, artistas callejeros, afrodescendientes, comunidad LGTBI y todos los seres humanos que se han visto obligados o que por decisión propia se han ido a vivir a las calles de ese sector de Bogotá.
El 30 de julio de este año se cumplen 4 años desde que el sacerdote descubriera este fenómeno social y el drama que encierra la vida en condición de calle.
“En 2016 bajé por primera vez a un caño y encontré a una multitud de rostros que reflejaban momentos crueles de la vida. Allí me empezaron a llamar Fray Ñero, que entre ellos significa compañero, lo que es un honor para mí como sacerdote y como franciscano”.
Sin embargo, en general ñero es un término despectivo para llamar a una persona que vive en la calle y hace daño, viste mal o huele mal.
El religioso empezó a llevarles alimentos y medicina y se fue ganando su confianza. Así empezó a estudiar y comprender este fenómeno y a dar respuesta desde el Evangelio y desde el pensamiento de San Francisco a la realidad que viven “los leprosos de nuestro tiempo”.
La fundación les organiza jornadas de salud; les celebra la Navidad; los ayuda a contactar a sus familiares; les lleva comida, ropa y la palabra de Dios; los apoya en rehabilitación; los asiste en las más variadas necesidades y los ayuda a prepararse para la inclusión social.
Un ‘callejero’ incansable
Fray Ñero aclara que a las calles no se llega solamente por las drogas, la misma estructura social obliga a muchos a estar ahí; el desempleo, los problemas familiares, las enfermedades mentales, la pobreza lleva a muchas personas a la calle.
Es muy crítico de las políticas gubernamentales de gentrificación, que llevaron al gobierno de Bogotá a desalojar una gran “olla” conocida como el Bronx, el principal centro de expendio y consumo de drogas de la ciudad. “Recuperaron lugares pero no seres humanos. El Estado decidió acabar con ese lugar pero sin pensar en las personas, no se acercaron con ojos de misericordia o con una dimensión humanitaria y los desplazaron por toda la ciudad”, dijo hace algunas semanas al programa católico La Ventana.
A esos desplazados del Bronx fue a los que Fray Ñero encontró en un canal repleto de basura donde desembocan aguas negras y gracias a ellos empezó su labor en las calles, poco tiempo después de regresar de Mozambique, donde también hizo una gran labor social.
A ellos se agregan hoy los rostros de miles de migrantes que han llegado a Colombia en busca de mejores oportunidades y las familias indígenas embera chamí y embera katíos que llegan a Bogotá desplazadas por la violencia que aún persiste en algunas zonas.
Entre las más de dos mil personas las que asiste Fray Ñero regularmente también hay amas de casa, profesionales, vendedores, desempleados, artistas… Personas de todas las edades que han encontrado refugio en las calles, como el General Sandúa, un adorable anciano que vivía cerca a la iglesia de San Francisco y cuya muerte lloraron muchos el pasado mes de junio.
Su labor no se detiene, ni la muerte de su madre, hace menos de un mes, interrumpió sus recorridos por las frías calles llevando panes, bebidas calientes y tamales que donan los voluntarios que se unen a esta causa solidaria. Tampoco se detienen sus llamados a través de las redes sociales y los medios de comunicación para visibilizar a esta población y pedir para ellos un campamento humanitario donde reciban atención y se protejan de esta pandemia, para no aumentar drásticamente la cifra de 4.000 habitantes de calle asesinados y 27.000 afectados por lesiones personales en Colombia, durante los últimos diez años.
Con su sonrisa y su la calidez de su sonrisa, Fray Ñero seguirá siendo un ‘callejero’ de la fe y la misericordia porque está convencido de que “arrodillarnos delante del altar tiene sentido cuando hemos descubierto el altar del mundo, donde hay miles de seres humanos que necesitan ser acogidos ayudados y atendidos”.
Campaña del Papa Francisco: «Cada anciano es tu abuelo»
Shutterstock | UfaBizPhot
Es posible superar el aislamiento de las personas mayores, incluso observando rigurosamente las normas sanitarias en relación al Covid-19.
El papa Francisco ha lanzado la campaña: “Cada anciano es tu abuelo” en la que exhorta: «¡Usa la fantasía del amor: llámales por teléfono o por video, escúchales!«.
Así lo hizo durante el Ángelus del domingo y este lunes el dicasterio del Vaticano dedicado a los Laicos, la Familia y la Vida difundió el hashtag #sendyourhug y una serie de indicaciones para apoyar la iniciativa caritativa del pontífice a favor de los adultos mayores, especialmente para superar su aislamiento, incluso «observando rigurosamente las normas sanitarias en relación al Covid-19».
Francisco pide respetar las normas anti contagio pero sin condenar al aislamiento total a los abuelitos. «La pandemia ha afectado en modo particularmente duro a las personas mayores y ha interrumpido los ya débiles lazos entre las generaciones, pero respetar el distanciamiento no quiere decir aceptar un destino de soledad y abandono», se lee en una nota desde el Vaticano.
Así, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida lanzó la campaña “Cada anciano es tu abuelo” para invitar a los jóvenes de todo el mundo a hacer un gesto de ternura hacia las personas mayores que se sienten solas, porque “¡cada persona mayor sola es tu abuelo y tu abuela y te necesita!«.
Precisamente, muchas conferencias episcopales, asociaciones y fieles, con “la fantasía del amor”, han encontrado el modo de llevar a las personas mayores solas la cercanía de las comunidades eclesiales.
La campaña está asociada con el hashtag #sendyourhug para difundir la iniciativa. Los post más significativos se divulgarán en las redes sociales del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida @laityfamilylife.
El 27 de julio inicia la campaña "¡Amazonízate!" promovida por los obispos
Brasil (AFP or licensors)
La Conferencia Episcopal de Brasil lanzó la campaña a favor de la Amazonia con el objetivo de sensibilizar sobre la violencia contra los pueblos tradicionales amazónicos, agravada por la pandemia del Covid-19, entre otros.
«¡Amazonízate!» es el título de la campaña a favor de la Amazonia que la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) lanzó el lunes, 27 de julio, a las 16.00 horas, hora local. La presentación se transmitió en directo por la web y contó con la colaboración de diversos organismos eclesiales y civiles.
La campaña -dice el sitio web de la CNBB- «busca sensibilizar en el contexto actual, en el que la violencia contra los pueblos tradicionales amazónicos se ve agravada por la pandemia del Covid-19» y en el que hay «deforestación, incendios, intensificación de las actividades mineras», que son otros factores de contagio del coronavirus «entre las comunidades indígenas».
«El llamado a ‘Amazonizarse’ – continúa la nota – propone la participación activa de todos los pueblos en la defensa de la Amazonía, su bioma y sus habitantes amenazados en sus territorios». La CNBB recuerda, en efecto, «una realidad de tantas vidas ofendidas, expulsadas de sus tierras, torturadas y asesinadas en conflictos agrarios y socioambientales, víctimas de una política impulsada por las empresas y de grandes proyectos de desarrollo económico que no respetan los límites de la naturaleza y su protección». Por lo tanto, siguiendo el camino emprendido por el Sínodo Especial para la Amazonia, celebrado en el Vaticano en octubre de 2019, la campaña quiere situar en el centro de la reflexión la cuestión amazónica y los riesgos que conlleva, incluido el de la «destrucción de la identidad cultural».
Concretamente, en el marco del lanzamiento de la campaña se presentó una colección de estudios sobre la realidad amazónica, así como una serie de vídeos con testimonios de pueblos indígenas y personalidades nacionales e internacionales. También una lista de medidas concretas que se adoptarán, solas o en grupo, para «Amazonizar».
La iniciativa se articula en la lucha contra tres grandes problemas: «Vulnerabilidad de los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales al contagio del coronavirus, con especial atención a las deficiencias de las instalaciones de salud pública de la región; aceleración de la destrucción del bioma amazónico debido al aumento incontrolado de la deforestación, los incendios, la invasión de los territorios indígenas y las comunidades tradicionales por las empresas multinacionales y los efectos de las represas hidroeléctricas en las poblaciones fluviales; violación sistemática de la legislación de protección del medio ambiente y desmantelamiento de los organismos gubernamentales» para ampliar ilegalmente la minería, la deforestación y la ganadería intensiva.
Hay que recordar que el neologismo «amazonizar» fue utilizado por primera vez en 1986, en una carta pastoral del entonces obispo de Río Branco, Monseñor Moacyr Grechi, que invitó a los fieles a abrazar la causa de la Amazonia y la defensa de sus pueblos.
Ahora, la campaña lanzada por la CNBB quiere no sólo retomar ese neologismo, sino también hacer un llamamiento para que «todos hagan una expresión personal de ello para convertirse, a su vez, en amazonizadores».
Monseñor Jesús Castro tomó posesión canónica de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey
La Eucaristía se realizó sin la participación de fieles para prevenir la propagación del COVID-19
Monseñor Jesús Castro Marte tomó posesión canónica de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, en una Eucaristía celebrada sin la participación de fieles y transmitida por diversos medios de comunicación, el martes 28 en la Basílica Catedral de la referida Diócesis.
“Visto que gozas de buena estima y que estás adornado de dotes espirituales y humanos, eres apto para ejercer plenamente este oficio”, explica el decreto del Papa Francisco en referencia a Monseñor Castro, leído por el canciller de la Diócesis, padre Jorge Hernández Ortíz.
En sus palabras de agradecimiento, Monseñor Castro, además de recordar a sus predecesores de quienes resaltó sus legados históricos, señaló los desafíos que debe enfrentar en la Diócesis integrada por 36 parroquias, 22 sacerdotes diocesanos, 16 presbíteros consagrados, 20 diáconos, 16 congregaciones y laicos.
“Desde hoy quiero asumir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y sufrimientos de este Pueblo de Dios y ser con ustedes higüeyano, romanense y seibano para promover y extender el Reino de Dios en estos pueblos bendecidos por Dios y la querida Virgen de la Altagracia”, afirmó Monseñor Castro, quien también indicó que tiene el reto de trabajar un proyecto de evangelización que supere “la indiferencia religiosa y una fe sin compromiso con la realidad social”.
En ese mismo orden, Monseñor Ghaleb Bader, nuncio apostólico en República Dominicana, agradeció el servicio episcopal de Monseñor Gregorio Nicanor Peña, quien fuera obispo de Nuestra Señora de la Altagracia por 16 años, al tiempo que invitó a la feligresía a “acoger con alegría y gratitud al pastor que la Iglesia le envía” y a los sacerdotes, ser “colaboradores sinceros al servicio de la Diócesis”.
A la toma de posesión asistieron Mons. Francisco Ozoria, arzobispo de Santo Domingo; Mons. José Grullón, obispo de San Juan de la Maguana; Mons. Santiago Rodríguez, obispo de San Pedro de Macorís; Mons. Napoleón Romero, obispo de Barahona; Mons. Ramón Benito Ángeles Fernández, Mons. Faustino Burgos y Mons. Amable Durán, obispos auxiliares de Santo Domingo; así como sacerdotes y consagradas.
Ángelus. El Papa: activos y disponibles para construir el Reino de los cielos
El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios: el Papa Francisco, a la hora del Ángelus, indicó que es Jesús quien nos llama a ser “buscadores sanamente inquietos del Reino de los Cielos”, pues para su construcción, es necesaria no sólo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre.
“La construcción del Reino exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre”: así el Papa Francisco, en el domingo 26 de julio, fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, exhortó, tras el ejemplo de las parábolas en el Evangelio de este día (Mt 13, 44-52) a ser también nosotros “buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos”. Se trata – dijo el Papa – de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.
El Santo Padre comenzó su catequesis precisando que se detendría en las dos primeras parábolas del Evangelio del día, a saber, la del tesoro escondido y la de la perla preciosa, con las que “el Reino de los cielos es comparado con dos realidades diferentes ‘preciosas’”.
La gracia lo hace todo, pero conlleva «mi» responsabilidad
La reacción del que encuentra la perla o el tesoro – dijo – es prácticamente igual: el hombre y el mercader venden todo para comprar lo que más les importa, abandonando sus seguridades materiales.
Con estas dos similitudes, Jesús se propone involucrarnos en la construcción del Reino de los cielos, presentando una característica esencia de la vida cristiana, de la vida del Reino de los cielos: se adhieren completamente al Reino aquellos que están dispuestos a jugarse todo, (quienes) son valientes. […]La construcción del Reino de los cielos exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre.
“¡Todo lo hace la gracia, todo! De nosotros tan sólo la voluntad de recibirla, no la resistencia a la gracia: la gracia lo hace todo, pero conlleva «mi» responsabilidad, «mi» disponibilidad.”
Llamados a ser buscadores “sanamente inquietos” del Reino
Los gestos del mercader y del hombre que se privan de los propios bienes para comprar “realidades más preciosas”, son “decisivos y radicales”, afirmó el Santo Padre: “son sólo de ida, y no de ida y vuelta”. Y nosotros, pues, “estamos llamados a asumir la actitud de estos dos personajes evangélicos, convirtiéndonos también nosotros en buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos”.
Se trata de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.
Un tesoro que renueva y expande la vida cada día
Seguidamente, el Papa Francisco observó que hoy en día, para algunos, la vida puede resultar mediocre y apagada, y explicó que esto sucede porque “probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro”: se han “conformado”, dijo, “con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes, pero «ilusorios» porque después dejan en la oscuridad. Y ejemplificó: la luz del Reino no es un fuego artificial, ¡es luz! Los fuegos artificiales duran sólo un instante, la luz del Reino acompaña a toda la vida.
El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite, sino que inventa, rastreando y recorriendo calles nuevas, que nos llevan a amar a Dios y a amar a los demás, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos.
El «signo» de quienes recorren el camino del Reino
Es Jesús, concluyó, “el tesoro escondido y la perla de gran valor”, quien “no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo”:
La alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad.
El Santo Padre concluyó rezando a la Virgen Santa, para que “nos ayude a buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos, para que en nuestras palabras y en nuestros gestos se manifieste el amor que Dios nos ha donado mediante Jesús”.
Los Santos Joaquín y Ana, su oración es un manantial que lleva a María
Los Santos Joaquín y Ana
El 26 de julio la Iglesia recuerda a los padres de la Santísima Virgen, los abuelos de Jesús. Los ancianos, como el Papa nos ha recordado repetidamente, son un regalo para la Iglesia.
Los abuelos son la memoria de un pueblo y los ancianos son como árboles que siguen dando frutos. El Papa Francisco, durante su pontificado, subrayó esto varias veces, recordando también las enseñanzas de una mujer que imprimió una preciosa huella en su camino de fe. “Fue sobre todo mi abuela, la mamá de mi padre, quien marcó mi camino de fe”, dijo el Pontífice en la Vigilia de Pentecostés el 18 de mayo de 2013. Era una mujer que nos explicaba, nos hablaba de Jesús, nos enseñaba el Catecismo». «Era una mujer – añadió el Papa en aquella ocasión – que nos explicaba, nos hablaba de Jesús, nos enseñaba el Catecismo. Recuerdo siempre que el Viernes Santo nos llevaba, por la tarde, a la procesión de las antorchas, y al final de esta procesión llegaba el «Cristo yacente», y la abuela nos hacía —a nosotros, niños— arrodillarnos y nos decía: «Miren, está muerto, pero mañana resucita». Recibí el primer anuncio cristiano precisamente de esta mujer, ¡de mi abuela!”
La oración de los abuelos es un don
Los abuelos son a menudo la fuerza motriz de la transmisión de la fe. Gracias a ellos, este regalo se transmite de generación en generación y en el amor de la familia. San Pablo, dirigiéndose a Timoteo, escribió: «Porque tengo presente la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice» (1 Tim 1:5). Las palabras y enseñanzas de los abuelos son también formas privilegiadas de proclamar la Palabra de Dios en todas partes: “La oración de los abuelos y los ancianos es un gran don para la Iglesia – subrayó el Papa Francisco en la Audiencia General del 11 de marzo de 2015 -. La oración de los ancianos y los abuelos es don para la Iglesia, es una riqueza. Una gran inyección de sabiduría también para toda la sociedad humana: sobre todo para la que está demasiado atareada, demasiado ocupada, demasiado distraída”.
“Las palabras de los abuelos tienen algo especial para los jóvenes. Y ellos lo saben. Las palabras que mi abuela me entregó por escrito el día de mi ordenación sacerdotal aún las llevo conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo y me hace bien”. (Papa Francisco)
Joaquín y Ana
Los padres de María, los santos Joaquín y Ana, son una fuente de reflexión para una mirada renovada sobre la vocación de la vejez. Las noticias sobre sus vidas son tomadas de textos apócrifos como el del Protoevangelio de Santiago. Joaquín y Ana no tuvieron hijos durante más de 20 años. Ana dedica días a la oración pidiendo a Dios la gracia de la maternidad. Un ángel se le aparece y le anuncia: “Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo”. Ana da a luz a María. La niña es criada entre el cuidado afectuoso de su padre y las amorosas atenciones de su madre. Cuando María cumple 3 años, para dar gracias a Dios, Joaquín y Ana la presentan en el Templo.
Hoy, damos gracias a Dios por todos los padres, en especial, por los de nuestra Parroquia El Buen Pastor, sobre quienes pedimos que derrame Su bendición y Su protección. Que Él los guíe en esa importante misión que les ha encomendado y les regale ser ejemplo de amor, fe y responsabilidad en sus familias.
En este día, en que muchos padres no podrán recibir el abrazo de sus hijos, les abrazamos, en Cristo Jesús, con inmenso amor.
Aunque no todas sus fotos caben aquí, sí todos ustedes caben en nuestros corazones. Debajo una bendición especial. ¡Felicidades, padres queridos!