Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Ha habido momentos de la historia en los cuales, frente a las dificultades que se presentaban, Dios suscita el carisma oportuno para bien de la Iglesia. Hoy celebramos a San Ignacio de Loyola, uno de los pilares de la Iglesia de transición entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Iñigo de Loyola (no tomaría el nombre de ‘Ignacio’ hasta después de sus estudios en París) provenía de una familia noble y antigua del País Vasco.
Ignacio era conflictivo, violento y vivía una sexualidad irresponsable. En 1519, a los 28 años, Ignacio exigió que su pequeño grupo de soldados luchara contra una fuerza invencible de 12.000 tropas francesas en Pamplona, España. Su valor (u obstinación) le valió una bala de cañón en las piernas, que destrozó una y dañó gravemente la otra.
Los valores de caballero que poseía eran tan elevados, que dieron como resultado un largo período de convalecencia en la casa familiar Loyola. Este período cambió su vida, y el mundo, para siempre.
Mientras convalecía leyó textos sobre la vida de Cristo y los santos y decidió imitarlos. Una noche se le apareció la Virgen María con su Hijo y desde entonces se propuso servir al Rey del Cielo.
Cuando sale de Loyola hacia Jerusalén, se detiene un tiempo en Montserrat donde se consagra a la Virgen. Posteriormente se alojará en las Cuevas de Manresa donde empieza a poner por escrito sus experiencias de Fe, en unos escritos reflexivos que invitan a la oración y al cambio. Son los Ejercicios Espirituales. A su vuelta, pasa por las universidades de Alcalá, Salamanca, haciendo el Doctorado en filosofía en París.
Ignacio pasó sus últimos años en Roma constituyendo la Compañía de Jesús y murió el 31 de julio de 1556 viendo cumplidos grandes deseos: la Iglesia había aprobado su libro de Ejercicios Espirituales, la Compañía de Jesús y sus Constituciones y, el que había nacido como un grupo de diez compañeros, al momento de su muerte contaba con más de mil jesuitas repartidos por los cinco continentes.
El 12 de marzo de 1622 la Iglesia lo declaró santo, el mismo día que a su amigo y compañero Francisco Javier.
(Fuente: Jesuitas.cl)