Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

¿Qué es el «Perdón de Asís»?

¿Qué es el «Perdón de Asís»?

© Georges Jansoone

San Francisco: «Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso»

“Te pido que todos los que, arrepentidos y confesados, vengan a visitar esta iglesia, obtengan amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todas las culpas”.

El corazón generoso de san Francisco no duda sobre la petición que le hizo a Cristo y a la Virgen, que se le aparecieron mientras estaba rezando en la Porciúncula.

Fue una noche del año 1216, y el Salvador y su Santísima Madre refulgieron en la luz que ilumina de repente el altar, rodeados por un coro de ángeles.

El pobrecillo de Asís, que se despoja de todo y se humilla en todo, no tiene dudas ante el papa Honorio III: Jesús mismo le pidió que se dirigiera a su vicario en la tierra, que en aquel momento se encontraba en Perugia.

“Lo que pides, oh fray Francisco, es grande – le había dicho el Señor en la visión de la Porciúncula – pero aún eres digno de cosas mayores y las tendrás. Acojo por tanto tu oración, con la condición de que tú pidas a mi vicario en la tierra, de mi parte, esta indulgencia”.

Ocho siglos de misericordia

A la pregunta del pontífice: “Francisco, ¿durante cuántos años quieres esta indulgencia?”, el santo respondió: “Padre Santo, no pido años, sino almas”.

Y feliz, el 2 agosto de 1216, junto a los obispos de Umbria, anuncia al pueblo reunido en la Porciúncula: “¡Hermanos, quiero enviaros a todos al Paraíso!”.

El relato de las fuentes franciscanas ilustra, con una viveza que los siglos no han oscurecido, el origen del «Perdón de Asís «, una indulgencia plenaria que puede ser obtenida para uno mismo y para los difuntos, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto por los fieles que observen algunas condiciones visitando una iglesia: confesarse, comulgar, rezar por las intenciones del papa, recitar el Credo y el Padrenuestro.

La defensa de Teobaldo

Según las fuentes, Francisco, tras obtener la aprobación del pontífice –aunque sólo para un día al año– no perdió el tiempo en aplicarla.

El propio Papa, viéndolo irse sin dudar, le llamó de nuevo: «Oh simplón, ¿cómo te vas? ¿Qué te llevas contigo de esta indulgencia?».

Y el beato le respondió sin más: «Me es suficiente con vuestra palabra. Si es obra de Dios, Él debe manifestar su obra. De esto yo no quiero documento alguno; sino que la carta sean la bendita Virgen María, Cristo sea el notario, y los testigos, los ángeles”.

Un siglo después, el «Diploma de Teobaldo», fraile menor y obispo de Asís, el 10 de agosto de 1310 fijó formalmente los caracteres del complejo caso del «Perdón», empujado por la preocupación por las voces de sus detractores:

«Con motivo de la maledicencia de algunos detractores que, animados por el celo de la envidia o quizás de la ignorancia, hablan contra la indulgencia de Santa María de los Ángeles en Asís, nos vemos obligados a poner en conocimiento de todos los fieles con la presente carta los modos y características de la indulgencia, y en qué circunstancias el beato Francisco, mientras vivía, la obtuvo del papa Honorio «.

Durante muchos años, esta indulgencia particular podía lograrse sólo en la Porciúncula, pero con el paso del tiempo, la posibilidad se extendió a todas las iglesias franciscanas, y después a todas las iglesias parroquiales de Asís.

Igualmente, el privilegio de la Porciúncula se extendió a todos los días del año.

La disciplina actual fue fijada por Pablo VI en la Carta Apostólica Sacrosancta Porziuncolae Ecclesia del 14 de julio de 1966, enviada por el Vicario general de la orden de los Frailes menores, fr Costantino Koser, con ocasión del 750° aniversario de la concesión de la indulgencia de la Porciúncula.

Un flujo incesante de peregrinos

En Asís usualmente inicia el 29 de julio el triduo de oración en preparación de la celebración del «Perdón», presidido por el obispo local, y el 1-2 agosto suele haber varias celebraciones presididas por cardenales, obispos y ministros generales de la Orden Franciscana.

También concluye ese día la tradicional Marcha Franciscana, una experiencia de camino y profundización espiritual, dirigida a jóvenes de entre 17 y 30 años.

Se renueva así una tradición de peregrinación a la Porciúncula el 1-2 de agosto que ya comenzó enseguida después del gozoso anuncio de Francisco.

Apenas setenta años después de la extraordinaria concesión a san Francisco, a pesar de la cautela para no encender envidias, se difundió en seguida, atrayendo a la Porciúncula muchedumbres cada vez más numerosas y desde lugares cada vez más alejados.

San Egidio, compañero de san Francisco, solía decir que “si el mundo supiera las gracias que se obtienen en este lugar, no sólo vendría gente de los alrededores, sino también desde los confines de la tierra; y no sólo los fieles, también los infieles”.

(Fuente: Aleteia)

Evangelio del domingo 2 de agosto de 2020

Evangelio del domingo 2 de agosto de 2020

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor

Un paseo por Betania, el pueblo de los amigos de Jesús

Un paseo por Betania, el pueblo de los amigos de Jesús

Marion Doss | CC BY-SA 2.0

Muchas otras cosas hizo allí Jesús, además de resucitar a Lázaro

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico.

El evangelista Juan evoca con mucha precisión la ciudad bíblica de Betania: «muy cerca de Jerusalén, a una distancia de quince estadios (es decir, aproximadamente media hora de caminata)» (Jn 11, 18). Hoy ese camino directo es impracticable, a causa del muro que rodea los territorios palestinos, y para acceder hay que dar una vuelta más larga.

Según el relato evangélico, parece sobre todo que Betania era la aldea de los amigos de Jesús, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María. Probablemente se trataba de una familia judía acomodada, propietaria de terrenos y bien considerada en Jerusalén.

No hay duda de que Jesús había tejido profundos lazos de amistad con ellos y que sin duda le gustaba descansar allí, especialmente en la noche del famoso Domingo de Ramos, cuando Jesús fue recibido triunfalmente en Jerusalén: «Entonces los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania, donde pasó la noche ”, agrega Juan.

La resurrección de Lázaro

Es en Betania también tiene lugar la famosa comida con Simón el leproso y la unción de María. 

Betania resulta ser una ciudad bíblica relevante en más de un sentido. El «descanso del guerrero» para Jesús y sus discípulos.

Pero probablemente el evento más conmovedor que tuvo lugar en Betania fue sin duda la resurrección de Lázaro, cuyos detalles la Biblia nos recuerda con emoción.

El lugar del milagroso hecho se puede visitar en la actualidad: la que la tradición afirma que es la Tumba de Lázaro, venerada desde el siglo IV. La antigüedad del culto en este lugar está atestiguada por los restos de un enorme complejo bizantino, del que habla la peregrina Egeria en sus crónicas.

Sobre los restos bizantinos y otros posteriores de la época cruzada, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa hicieron construir un santuario, llamado de la Amistad, en 1954. En él pueden admirarse bellos frescos sobre los acontecimientos evangélicos que tuvieron lugar en esta zona.

Una galería de 24 escalones conduce al recinto mortuorio, pues el acceso original de la tumba quedó clausurado en terreno musulmán. Impacta entrar en la gruta excavada bajo tierra, y divivida en dos cámaras: una interior, donde habría sido depositado el cuerpo, y otra más grande exterior, desde donde Jesús habría gritado su potente «¡Lázaro, sal fuera!».

Una experiencia que ningún peregrino a Tierra Santa debería perderse…

(Con información de la Custodia de Tierra Santa)

(Fuente: Aleteia)

Así puedes participar virtualmente en ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

Así puedes participar virtualmente en ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola

Desde este viernes 31 de julio, a través de la red social de oración cristiana Hozana, más de 6.000 participantes en todo el mundo participan gratuitamente en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

Según explican los organizadores, serán “7 días para para la activación y despertar espiritual desde la óptica de los Ejercicios Espirituales”.

Además, destacaron que lo más importante para participar en esta edición virtual de los ejercicios espirituales “es reservar un tiempo diario para ejercitarse en la oración personal, siguiendo las fechas del itinerario”.

“Los materiales de apoyo para la oración están disponibles cada día: una lección por día, una lección cada día”, señalaron.

Hozana destacó que “estos ejercicios son ideales para quienes tienen una agenda muy ocupada”, pues “se pueden vivir en casa. También son ideales para quienes desean tomar un ‘respiro’ y experimentar el gozo y la paz”.

Para más información e inscribirse a los ejercicios espirituales en línea, puede ingresar AQUÍ.

Ejercicios Espirituales ignacianos en Hozana

Hozana también está disponible como aplicación para dispositivos Apple y Android.

(Fuente: Aciprensa)

Una oración preciosa para rezar por los amigos

Una oración preciosa para rezar por los amigos

© William Perugini

Perfecta para Día Internacional de la Amistad, el 30 de julio, y para cada día.

“Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor” (Sir 6,14).

Los amigos de verdad tienen la capacidad de comprenderte desde la distancia, sin palabras, gracias a un simple gesto o una fugaz mirada. Se preocupan por ti y te respaldan. No son indiferentes a tus emociones, problemas, éxitos, victorias y fracasos.

Son ellos los que siempre te echarán una mano en caso de preocupación y estarán a tu lado para enjugar tus lágrimas. Con ellos, siempre puedes reír y hablar de todo… ser tú mismo.

Y la mejor manera de cuidar de esas personas es rezar por ellas. Recita esta hermosa oración por tus amigos:

Señor, Te doy gracias
por todos los amigos que me rodean.
Gracias por ponerlos en mi camino.

Haz que mis amistades crezcan
en la verdad y la transparencia bajo tu mirada.
Que los caminos de mis amigos y el mío
me enriquezcan y me ayuden
a progresar en mi vida de todos los días.

Enséñame a servir mutuamente,
a dar sin llevar la cuenta y a tener tiempo para ellos.
Ayúdame a no esperar del otro
que haga lo que yo debo hacer por él.

Guárdame de toda envidia.
Enséñame a ser misericordioso
y justo con los demás.
Concédeme el permanecer fiel
a pesar de los distanciamientos que ocasiona la vida.

Señor, te doy gracias
por esos momentos compartidos, por esa ayuda recíproca.
Gracias, Señor, por esta alegría
que me procuras en cada encuentro.

Ayúdame a saber encenderte en el corazón
de mis amistades familiares y a volverme hacia Ti.
Dame bastante sencillez y humildad
como para pedir a mis amigos que recen por mí,
y para yo prometerles rezar siempre por ellos.

Amén.

(Fuente: Aleteia)

Memoria de San Ignacio de Loyola, religioso

Noticias Importantes

Ha habido momentos de la historia en los cuales, frente a las dificultades que se presentaban, Dios suscita el carisma oportuno para bien de la Iglesia. Hoy celebramos a San Ignacio de Loyola, uno de los pilares de la Iglesia de transición entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Iñigo de Loyola (no tomaría el nombre de ‘Ignacio’ hasta después de sus estudios en París) provenía de una familia noble y antigua del País Vasco.

Ignacio era conflictivo, violento y vivía una sexualidad irresponsable. En 1519, a los 28 años, Ignacio exigió que su pequeño grupo de soldados luchara contra una fuerza invencible de 12.000 tropas francesas en Pamplona, ​​España. Su valor (u obstinación) le valió una bala de cañón en las piernas, que destrozó una y dañó gravemente la otra.

Los valores de caballero que poseía eran tan elevados, que dieron como resultado un largo período de convalecencia en la casa familiar Loyola. Este período cambió su vida, y el mundo, para siempre.

Mientras convalecía leyó textos sobre la vida de Cristo y los santos y decidió imitarlos. Una noche se le apareció la Virgen María con su Hijo y desde entonces se propuso servir al Rey del Cielo.

Cuando sale de Loyola hacia Jerusalén, se detiene un tiempo en Montserrat donde se consagra a la Virgen. Posteriormente se alojará en las Cuevas de Manresa donde empieza a poner por escrito sus experiencias de Fe, en unos escritos reflexivos que invitan a la oración y al cambio. Son los Ejercicios Espirituales. A su vuelta, pasa por las universidades de Alcalá, Salamanca, haciendo el Doctorado en filosofía en París.

Ignacio pasó sus últimos años en Roma constituyendo la Compañía de Jesús y murió el 31 de julio de 1556 viendo cumplidos grandes deseos: la Iglesia había aprobado su libro de Ejercicios Espirituales, la Compañía de Jesús y sus Constituciones y, el que había nacido como un grupo de diez compañeros, al momento de su muerte contaba con más de mil jesuitas repartidos por los cinco continentes.

El 12 de marzo de 1622 la Iglesia lo declaró santo, el mismo día que a su amigo y compañero Francisco Javier.

(Fuente: Jesuitas.cl)

Casas de reunión

Casas de reunión

¿Quieres encontrarte con el Señor y formar comunidad?, hazlo desde casa.

Si quieres tener un encuentro con el Señor y formar comunidad, este y todos los jueves, únete a nosotros, de manera virtual, desde tu hogar, a las 8:00 de la noche, por la Aplicación Zoom. Dirigido a matrimonios y adultos mixtos. 

Puedes inscribirte llenando el formulario disponible a través del enlace https://forms.gle/s2msYE3m9yMYLifm7 y nos pondremos en contacto contigo. 

Si tienes alguna inquietud adicional, contacta al 829 603-9999.

“No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure…” Juan 15, 16

Aviso suspensión de la misa presencial de este jueves, 30 de julio

Aviso suspensión de la misa presencial de este jueves, 30 de julio

Debido a la situación climatológica que afecta al país, anunciamos la suspensión de la misa presencial pautada para las cinco de la tarde de este jueves, 30 de julio, en nuestra Parroquia El Buen Pastor. 

Pedimos excusas por los inconvenientes que esta disposición, tomada por el bienestar y la seguridad de nuestra feligresía, pueda causarles.

En lugar de la misa cancelada, estaremos transmitiendo otra celebración Eucarísticas a través de nuestro canal de Youtube, como de costumbre, a las seis de la tarde. ¡Dios los bendiga y proteja a todos!

Pandemia, Papa: dejémonos contagiar por el amor, no por el virus

Pandemia, Papa: dejémonos contagiar por el amor, no por el virus

Oración en la Plaza de San Pedro con Bendición Urbi et Orbi (Vatican Media)

Las raíces de nuestra vida están en Cristo, en Él está la fuerza para enfrentar los difíciles problemas que nos esperan después de la crisis, en Él está el modelo de cercanía, amor y servicio. Los pensamientos de Francisco sobre la era del Covid-19 se explican en el prefacio del libro «Comunión y esperanza» publicado por la Libreria Editora Vaticana (LEV) del Dicasterio para la Comunicación, redactado por el Cardenal Walter Kasper y el sacerdote alemán Gerge Augustin.

Un volumen rico en reflexiones teológicas que puede suscitar una «nueva esperanza y una nueva solidaridad», basadas en la certeza de que como ocurrió en los primeros difíciles meses de la propagación de la pandemia, también hoy, la presencia del Señor nos acompaña y nos alienta.

Es con este deseo que el Papa Francisco firma el Prefacio del libro titulado «Comunión y Esperanza» publicado por la Librería Editora Vaticana – Dicasterio para la Comunicación. Redactores del libro son el cardenal Walter Kasper, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el padre George Augustin, sacerdote alemán que fundó y dirige el Instituto que lleva el nombre de su compatriota cardenal.

Pandemia como «tiempo de prueba y elección»

En palabras del Papa, el pasado, el presente y el futuro de la humanidad. El coronavirus, como una tormenta -y me viene a la mente la solemne oración del 27 de marzo pasado en la Plaza de San Pedro- nos sorprendió a todos, cambiando la vida familiar, el trabajo y las actividades públicas y dejando a su paso muerte, penurias económicas y distancia de la Eucaristía y de los sacramentos.

Esta dramática situación, desenmascarando la vulnerabilidad del hombre, su inconsistencia y su necesidad de redención y que cuestionando tantas certezas en la base de nuestras vidas, nos ha colocado ante -escribe el Papa en el Prefacio- «interrogativos fundamentales sobre la felicidad» y «sobre el tesoro de nuestra fe cristiana».

¿Dónde están las raíces más profundas que nos sostienen a todos en la tormenta? ¿Qué es realmente importante y necesario? La «pandemia», escribe Francisco, «es una señal de alarma que nos lleva a reflexionar precisamente sobre esto. «Es un tiempo de prueba y elección para que podamos orientar nuestras vidas de una manera renovada a Dios, nuestro apoyo y nuestra meta.

Escuchar el grito de los pobres y del planeta

El Papa vuelve a llamar a todos a la «solidaridad» y al «servicio» contra la «injusticia global» y la indiferencia. De hecho, la emergencia nos hace comprender cuánto «dependemos de la solidaridad de los demás y nos empuja a servir a los que nos rodean de una manera nueva: «debemos ser sacudidos por la injusticia mundial», escribe, «para poder despertar y escuchar el grito de los pobres y de nuestro planeta tan gravemente enfermo».

El contagio del amor, no parálisis del miedo

El inicio de la pandemia coincidió con el tiempo de la Pascua, hace notar el Papa, y de ahí viene el mensaje que ilumina el presente y el futuro y evita la parálisis: es el mensaje de la victoria de la vida sobre la muerte. «La Pascua – escribe Francisco – nos da esperanza, confianza y valor, nos fortalece en la solidaridad» y en la fraternidad. «El peligro de contagio de un virus debe enseñarnos otro tipo de ‘contagio’, el del amor, que se transmite de corazón a corazón. Estoy agradecido por los muchos signos de disponibilidad a la ayuda espontánea y de compromiso heroico del personal sanitario, de los médicos y de los sacerdotes. En estas semanas hemos sentido la fuerza que provenía de la fe».

En la Eucaristía la fuerza para superar las dificultades

Y a la fe en Cristo, se dedica el último pasaje del Prefacio. Francisco recuerda el «doloroso ayuno eucarístico» que muchos cristianos han experimentado debido al cese de las celebraciones públicas y la solución de emergencia de las transmisiones mediáticas, pero también subraya que ninguna «transmisión virtual puede sustituir la presencia real del Señor en la celebración eucarística». De aquí la alegría por la reanudación de la vida litúrgica normal porque, escribe, «la presencia del Señor Resucitado en su Palabra y en la celebración eucarística nos dará la fuerza necesaria para afrontar los difíciles problemas que nos esperan después de la crisis». Y a toda la humanidad como Jesús a los discípulos de Emaús repite, como signo de esperanza para el futuro: «¡No tengan miedo! Yo he vencido a la muerte».

(Fuente: Vatican News)

Ángelus. El Papa: activos y disponibles para construir el Reino de los cielos

Ángelus. El Papa: activos y disponibles para construir el Reino de los cielos

El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios: el Papa Francisco, a la hora del Ángelus, indicó que es Jesús quien nos llama a ser “buscadores sanamente inquietos del Reino de los Cielos”, pues para su construcción, es necesaria no sólo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre.

“La construcción del Reino exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre”: así el Papa Francisco, en el domingo 26 de julio, fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, exhortó, tras el ejemplo de las parábolas en el Evangelio de este día (Mt 13, 44-52) a ser también nosotros “buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos”. Se trata – dijo el Papa – de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.

El Santo Padre comenzó su catequesis precisando que se detendría en las dos primeras parábolas del Evangelio del día, a saber, la del tesoro escondido y la de la perla preciosa, con las que “el Reino de los cielos es comparado con dos realidades diferentes ‘preciosas’”.

La gracia lo hace todo, pero conlleva «mi» responsabilidad

La reacción del que encuentra la perla o el tesoro – dijo – es prácticamente igual: el hombre y el mercader venden todo para comprar lo que más les importa, abandonando sus seguridades materiales.

Con estas dos similitudes, Jesús se propone involucrarnos en la construcción del Reino de los cielos, presentando una característica esencia de la vida cristiana, de la vida del Reino de los cielos: se adhieren completamente al Reino aquellos que están dispuestos a jugarse todo, (quienes) son valientes. […]La construcción del Reino de los cielos exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre.

“¡Todo lo hace la gracia, todo! De nosotros tan sólo la voluntad de recibirla, no la resistencia a la gracia: la gracia lo hace todo, pero conlleva «mi» responsabilidad, «mi» disponibilidad.”

Llamados a ser buscadores “sanamente inquietos” del Reino

Los gestos del mercader y del hombre que se privan de los propios bienes para comprar “realidades más preciosas”, son “decisivos y radicales”, afirmó el Santo Padre: “son sólo de ida, y no de ida y vuelta”. Y nosotros, pues, “estamos llamados a asumir la actitud de estos dos personajes evangélicos, convirtiéndonos también nosotros en buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos”.

Se trata de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.

Un tesoro que renueva y expande la vida cada día

Seguidamente, el Papa Francisco observó que hoy en día, para algunos, la vida puede resultar mediocre y apagada, y explicó que esto sucede porque “probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro”: se han “conformado”, dijo, “con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes, pero «ilusorios» porque después dejan en la oscuridad. Y ejemplificó: la luz del Reino no es un fuego artificial, ¡es luz! Los fuegos artificiales duran sólo un instante, la luz del Reino acompaña a toda la vida.

El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite, sino que inventa, rastreando y recorriendo calles nuevas, que nos llevan a amar a Dios y a amar a los demás, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos.

El «signo» de quienes recorren el camino del Reino

Es Jesús, concluyó, “el tesoro escondido y la perla de gran valor”, quien “no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo”:

La alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad.

El Santo Padre concluyó rezando a la Virgen Santa, para que “nos ayude a buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos, para que en nuestras palabras y en nuestros gestos se manifieste el amor que Dios nos ha donado mediante Jesús”.

(Fuente: Vatican News)