Ir al contenido principal

Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

La comunión diaria: ¿una gracia o una práctica excesiva?

La comunión diaria: ¿una gracia o una práctica excesiva?

Piotr Hukalo/EAST NEWS

Hoy en día, es del todo normal comulgar en cada misa. Sin embargo, si esta práctica se vuelve diaria, ¿no podría llevar a considerar la Eucaristía como una cosa banal? O al contrario, ¿podría ser un camino de santificación?

¿Es útil comulgar a menudo? Esta es una pregunta que nunca se planteó el rey san Luis de Francia. Él “escuchaba” dos misas al día, como se decía entonces, es decir, que asistía sucesivamente a dos “misas bajas” pero, como todos los hermanos menores y los dominicos de su siglo, solamente comulgaba siete veces al año, en las grandes celebraciones.

No se trataba de una falta de confianza en Dios, sino que lo hacían en virtud de un inmenso respeto hacia el cuerpo de Cristo recibido en la comunión: únicamente comulgaban después de haberse preparado mucho tiempo para ello.

Hoy en día, gracias a las enérgicas exhortaciones de León XIII y luego de san Pío X para regresar a la práctica primitiva de la Iglesia, a los cristianos les parece normal comulgar cada vez que van a misa.

Y como las reglas del ayuno eucarístico se han relajado considerablemente, apenas hay que realizar esfuerzos para comulgar sea cual sea la hora de la misa.

De manera que hoy muchos cristianos van a comulgar todos los domingos e incluso todos los días. ¡Y algunos no se confiesan casi nunca o rara vez rezan! ¿Qué podemos pensar de esto?

Comulgar lo más a menudo posible, con una condición

La comunión solamente da todo su fruto si, en las horas que la preceden, repetimos intensamente a Jesús que necesitamos de Él y Le suplicamos que inunde nuestro corazón.

Después comulgar, también hemos de dedicar tiempo a hablarle. Entonces, ese “cuerpo a cuerpo” eucarístico se ampliará a un auténtico “corazón a corazón” que se prolongará durante todo el día.

El santo Cura de Ars advertía a sus compañeros contra el hábito que tenían de precipitarse sobre el periódico en cuanto terminaba la misa, en vez de continuar el diálogo con Aquel a quien acababan de tener en las manos y entregar a los fieles.

Por su parte, la mística Marta Robin llegó a decir que la oración era más importante que la comunión diaria. Ciertamente, decía ella, la oración “exige mucho más esfuerzo. La comunión sacramental, además, puede no ser posible durante un largo intervalo debido a diferentes defectos que Dios envía a sus criaturas para ponerlas a prueba. La oración siempre es posible, aunque sólo sea durante unos minutos. La comunión no implica siempre virtud: podemos ser culpables y comulgar el cuerpo y la sangre del Señor. La oración de cada día tampoco quiere decir que seamos virtuosos, aunque sí es una prueba de que nos esforzamos seriamente para serlo”.

Así que, sigamos comulgando lo más a menudo posible, si tenemos ese buen hábito. Pero que esas comuniones sean la cumbre de nuestra jornada. Una cumbre para cuya ascensión nos preparamos y cuyo descenso “en las manos de Jesús” lo hacemos con el corazón lleno de alegría.

Por el Abad Pierre Descouvemont

(Fuente: Aleteia)

Sacerdote explica una enseñanza poco conocida sobre la Comunión Eucarística

Sacerdote explica una enseñanza poco conocida sobre la Comunión Eucarística

Foto referencial. Crédito: Pixabay.

Debido a la pandemia, algunas iglesias en Estados Unidos han dejado de dar a los fieles las dos especies del pan y el vino en la Comunión. Frente a ello, el P. John Cush, sacerdote de la Diócesis de Brooklyn, aclaró que el recibir una de las dos especies durante este sacramento basta para recibir todos los frutos de la gracia, pues Cristo está presente en su totalidad.

El también doctor en Teología Sagrada por la Pontificia Universidad Gregoriana y decano académico del Pontificio Colegio Americano del Norte en la Ciudad del Vaticano, relató a National Catholic Register que por el contexto de la pandemia, en su parroquia se ha dejado de dar a los fieles la Comunión bajo las dos especies.

Destacó que su parroquia es la única multiétnica de la diócesis “con un pastor nacido en Pakistán, una Misa en urdu, comunidades haitianas e hispanas en crecimiento, y muchas otras personas, la mayoría residentes desde hace mucho tiempo en el área de Brooklyn” y que es “un oasis de bienvenida para mí, una verdadera familia y un lugar de descanso y oración”.

La comunidad católica “aprecia las homilías con historias sobre personas amables con los demás, “descrita por el Obispo Robert Barron como ‘catolicismo beige’ […] lo que más quieren es aprender sobre la fe, su contenido, sus prácticas y tradición y la mejor manera de vivir esta fe en el mundo de hoy”, añadió.

El P. Cush dijo que este verano, luego de sus labores como decano académico, regresó a la parroquia de Brooklyn a ofrecer la Misa de funeral de su madre y se sorprendió al notar que los fieles no sabían por qué recibir la Comunión bajo una especie estaba en la doctrina.

Como llegó durante la pandemia, el P. Cush fue testigo de los esfuerzos de la parroquia para establecer medidas contra la expansión del COVID-19. Además del uso de mascarillas, desinfectantes y la distancia social, dijo que suspendieron las procesiones, los momentos de encuentro al inicio y final de la Misa y el uso del agua bendita.

“También desapareció el signo de la paz durante la Misa. Quizás lo que más me llamó la atención fue la falta de lectores, un diácono, si está presente, hace las lecturas; si no, el celebrante lo hace”, dijo.

También, subrayó “la falta de ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión para distribuir el cáliz a los fieles” y dijo que “en todas las Misas, solo el sacerdote celebrante bebía del cáliz y él y solo él purificaba el cáliz”.

Al respecto, el P. Cush observó que “a nivel diocesano y parroquial, se explicó muy bien la justificación para no distribuir el cáliz”, pero “muy pocos feligreses conocían la doctrina de la concomitancia eucarística. Por eso decidí ofrecer en el transcurso de una homilía una breve explicación del mismo y pensé en compartirla con ustedes”, dijo.

La Iglesia Católica enseña que la “concomitancia”, en palabras de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Communis, en su obra Summa Theologiae, significa que: “Nada se pierde cuando el Cuerpo es recibido por el pueblo sin la Sangre: porque el sacerdote ofrece y recibe la Sangre en nombre de todos y todo Cristo está presente en ambas especies”.

Explicó que “cuando recibimos la Sagrada Comunión bajo la forma de la Hostia consagrada, recibimos el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Y que cuando recibimos la Sagrada Comunión bajo la forma de la Preciosa Sangre en el cáliz, recibimos el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

“Por lo tanto, si uno recibe la Sagrada Comunión bajo una especie -y, en la mayor parte de nuestra historia católica en Occidente, ofrecimos la Eucaristía solo bajo la forma de la Hostia-, nada falta en esa recepción”, precisó.

El sacerdote también se refirió al Catecismo de la Iglesia Católica, que enseña que: “Dado que Cristo está presente sacramentalmente bajo cada una de las especies, la comunión bajo solo la especie del pan permite recibir todos los frutos de la gracia eucarística. Por razones pastorales, esta forma de recibir la comunión se ha establecido legítimamente como la forma más común en el rito latino”.

No obstante, también recordó que el recibir ambas especies es la forma habitual de recibir la comunión en los ritos orientales, porque en el Catecismo también se indica que “el signo de la comunión es más completo cuando se da bajo ambos tipos, ya que en esa forma el signo de la comida eucarística aparece más claramente”.

Además se refirió al documento de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos “Normas para la distribución y recepción de la Sagrada Comunión bajo ambas clases en las Diócesis de los Estados Unidos de América”, que señala que “nunca debe interpretarse que la Comunión solo bajo la forma de pan o la Comunión solo bajo la forma de vino es de alguna manera un acto incompleto o que Cristo no está completamente presente para el comulgante”.

“La enseñanza inmutable de la Iglesia desde la época de los Padres a través de los siglos, especialmente en los concilios ecuménicos de Letrán IV, Constanza, Florencia, Trento y Vaticano II, ha sido testigo de una unidad constante de fe en la presencia de Cristo en ambos elementos”, se lee en el documento.

Además se indica que “incluso en los primeros días de la vida de la Iglesia, cuando la comunión bajo ambas especies era la norma, siempre había casos en que la Eucaristía se recibía únicamente en forma de pan o vino. […] Así, la Iglesia siempre ha enseñado la doctrina de la concomitancia, por la que sabemos que bajo cada especie está toda la persona de Cristo sacramentalmente presente y que recibimos todo el fruto de la gracia eucarística”.

“Oramos por el fin de la pandemia mundial y por la reanudación de las actividades parroquiales diarias y las liturgias reverentes. Sin embargo […] ¡Recuerde la doctrina de la concomitancia!”, concluyó el P. Cush.

(Fuente: Aciprensa)

Monseñor Felipe Arizmendi: “Comunión en la mano”

Monseñor Felipe Arizmendi: “Comunión en la mano”

“Lo importante es comulgar con Él sacramentalmente”

Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, reflexiona este miércoles, 5 de agosto de 2020, sobre el acto de comulgar en la mano, a raíz de la indicación por parte de la Iglesia, en varios países, de dar la comunión sólo en la mano y no en la boca pare evitar los contagios de COVID-19.

VER

Siendo obispo en mi anterior diócesis, la mayoría de los fieles recibía la comunión de pie y en la boca, pero en la celebración dominical en catedral, dos o tres personas de la ciudad se ponían de rodillas y sólo la aceptaban en la boca; consideraban una irreverencia recibirla en la mano y de pie. Tienen derecho a hacerlo así y nunca les negué la comunión, ni les llamé la atención por ello. Los fieles merecen todo nuestro respeto.

En contraste, en casi todas las comunidades indígenas habían recibido la catequesis adecuada para recibirla de pie y en la mano, y nunca tuvimos problemas por ello. Un ejemplo del gran respeto que les merece la Eucaristía, es lo que viví en una ranchería muy alejada de la selva: Al momento de la comunión, los indígenas hicieron dos filas, y antes de recibirla en la mano, había ministros con agua y toalla para que todos, antes de comulgar, se lavaran las manos. ¡Qué respeto hacia la Eucaristía! ¡Un ejemplo para varios de nosotros! Nunca pusieron objeción para recibir la comunión en la mano, y no porque ignoraran o menospreciaran el gran misterio, sino porque habían recibido la debida preparación de parte de sacerdotes y catequistas.

Ahora, por la pandemia del SARS-CoV-2, el episcopado mexicano indicó que, para cuidar la salud de los fieles, se diera la comunión sólo en la mano y no en la boca. La inmensa mayoría lo ha comprendido y aceptado sin problema; pero no falta quien se resista a ello y lo considere un sacrilegio. Nada de eso. Los textos bíblicos y la historia de la Iglesia nos indican que la comunión en la boca es una costumbre muy tardía.

PENSAR

Los evangelios sinópticos relatan la institución de la Eucaristía (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-23; Lc 22, 19-20) y San Pablo la confirma como una práctica de la primera comunidad cristiana (1 Cor 11, 23-25), pero ninguno de ellos menciona que se distribuyera la comunión en la boca; lo normal era en la mano. Así lo hizo Jesús.

Los testimonios patrísticos de los siglos II y III hablan claramente de las celebraciones eucarísticas, como lo narran en forma preciosa San Ignacio de Antioquía, San Justino y Tertuliano, y nunca mencionan que la comunión se recibiera en la boca. En el siglo IV, San Cirilo de Jerusalén, en su quinta catequesis mistagógica, dice: “Al acercarte no vayas con las palmas de las manos extendidas, ni con los dedos separados, sino haz con la mano izquierda un trono para la derecha, como que estás a punto de recibir al Rey; y recibe el cuerpo de Cristo en el hueco de la mano, diciendo amén”. Y agrega: “Al sentir el contacto del Cuerpo santo, recíbelo seguro con cuidado de no perder nada del mismo. Pues, si se te cayera algo, está claro que es como si hubieras sufrido la pérdida de un miembro tuyo. Y dime: Si alguien te diera unos residuos de oro, ¿no las guardarías con todo esmero, decidido a no perder nada de ellos y tener que soportar la pérdida? ¿Y no habrá que poner mucho más empeño en que no se caiga ni una migaja, que es más valiosa que el oro y las piedras preciosas?”. Concluye diciendo: “Mantengan puras estas tradiciones, y guárdense de ustedes mismos sin dar un traspié”.

Fue hasta el siglo XVII cuando un obispo belga, Jansenio, insistió tanto en la sublimidad del sacramento y en la indignidad nuestra, que mucha gente se alejó de la comunión y su devoción consistía en sólo mirar la Eucaristía. A partir de entonces, se fue difundiendo recibir la comunión en la boca. Es muy tardía, pues, esta costumbre.

La tercera edición típica del Misal Romano, aprobada el 20 de abril del año 2000 y vigente para toda la Iglesia, ratifica lo establecido tiempo atrás: “Si la Comunión se efectúa sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la hostia un poco elevada, se la muestra a cada uno diciéndole: El Cuerpo de Cristo. El que va a comulgar responde: Amén, y recibe el Sacramento en la boca, o en los lugares donde está concedido, en la mano, según su elección. El que comulga, inmediatamente después de recibir la hostia la consume íntegramente” (No. 161). El episcopado mexicano aprobó, desde hace muchos años, poder recibir la comunión en la mano, y para este tiempo de pandemia ha insistido en que sea la única forma de distribuirla, para proteger la salud de los fieles. Cuando pase esta situación, los fieles tienen la libertad de recibirla en la mano o en la boca, siempre con la debida devoción y evitando todo tipo de abusos y faltas de respeto.

ACTUAR

La Eucaristía es el sacramento más sublime. Recibir a Cristo en la comunión es la gracia más ansiada. Es relativamente secundario recibirla en la boca o en la mano; lo importante es comulgar con Él sacramentalmente en la Eucaristía, para luego comulgar con Él también sacramentalmente en el amor al prójimo, sobre todo a los que sufren.

(Fuente: Zenit)

10 consejos de los santos para amar la Eucaristía

10 consejos de los santos para amar la Eucaristía

La Iglesia siempre ha destacado la presencia real del Señor en el Sacramento de la Eucaristía y durante siglos ha animado a amar este gran milagro del amor de Dios.

A continuación, 10 consejos de los santos sobre la Eucaristía:

1. San Francisco de Asís

«Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa”.

2. San Alfonso María de Ligorio

«Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día”.


3. San Francisco de Sales

«La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado».

4. San Luis María Griñón de Monfort

«Antes de la Comunión… suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones”.

5. Santa Teresa de Jesús (o de Ávila)

«Acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma, y miraros al corazón”.

6.- El Cura de Ars, San Juan María Vianney

“Si supiéramos el valor del santo sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella”.

7. Santa Teresita de Lisieux


“Recordé haber oído decir que el día de la primera comunión se alcanzaba todo lo que se pedía. Aquel pensamiento me consoló y, aunque todavía no tenía más que seis años, me dije para mí: ‘el día de mi primera comunión rezaré por mi pobre’”.

8. San Juan Pablo II

“Queridos hermanos y hermanas: debemos sentirnos interpelados por las necesidades de tantos hermanos. No podemos cerrar el corazón a sus peticiones de ayuda. Y tampoco podemos olvidar que ‘no solo de pan vive el hombre’. Necesitamos el ‘pan vivo bajado del cielo’. Este pan es Jesús. Alimentarnos de él significa recibir la vida misma de Dios, abriéndonos a la lógica del amor y del compartir”.

9. Santa Catalina de Siena

“¡Oh Caridad inestimable! Te quedaste con nosotros como alimento, mientras somos peregrinos en esta tierra, para que no desfallezcamos por el cansancio, sino que fortalecidos por ti, alimento celestial, sigamos el camino”.

10. Don Bosco (San Juan Bosco)

“Queridos jóvenes, ¿queremos estar contentos y alegres? Amemos con todo el corazón a Jesús Sacramentado».

(Fuentes: Aciprensa)