Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

7 hechos sobrenaturales de San José de Cupertino, conocido como el santo volador

7 hechos sobrenaturales de San José de Cupertino, conocido como el santo volador

El 18 de septiembre es la fiesta de San José de Cupertino, patrono de los estudiantes y conocido como el santo volador. El santo, que nació en 1603 y falleció en 1663, fue bendecido por Dios con muchos milagros que siempre atribuía a la intercesión de la Santísima Virgen María. Conoce siete sucesos sobrenaturales que ocurrieron durante su vida.

1.- Volaba por los aires

San José de Cupertino caía constantemente en éxtasis. Sus hermanos frailes y los fieles lo vieron “volar” en varias ocasiones.

Cierto día los religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen que estaba a tres metros y medio de altura y darle un beso al Niño Jesús. Luego rezó en el aire con intensa emoción.

El más famoso de estos sucesos se dio cuando diez obreros deseaban llevar una cruz pesada a una montaña alta, pero no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte.

2.- Exorcizaba con una frase obediente

Sus superiores lo eligieron para exorcizar demonios, pero el Santo se consideraba indigno de hacerlo. Por ello usaba la siguiente frase contra los malignos: “Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores”. Y los demonios salían.

3.- Podía estar en dos lugares a la vez

El don de estar en dos lugares al mismo tiempo se llama bilocación o ubicuidad. Cuentan que cuando San José se encontraba en Asís, su madre esta agonizando en el pueblo de Cupertino. Entonces se vio al fraile entrar con una gran luz al cuarto de su mamá, quien después de verlo partió a la Casa del Padre.

En Asís, sus superiores preguntaron a San José por qué estaba llorando amargamente y él les contestó que su madre acababa de fallecer. Más adelante fueron muchos los que atestiguaron que el santo acompañó a su madre en Cupertino.

4.- Curaba con la señal de la cruz

Cierta vez un hombre arrogante le dijo a San José: “impío, hipócrita, no por ti, pero por el hábito de religioso que llevas tengo que respetarte. Yo creería en todo lo que haces si con la señal de la cruz sobre mi llaga me sanas”.

El santo humildemente respondió que todo lo que decía de él era cierto y haciendo la señal de la cruz sobre la llaga, el hombre quedó curado.

Asimismo hizo recobrar la vista a un ciego poniéndole su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar el crucifijo que San José ponía ante ellos. Los enfermos de una plaga de fiebre altísima fueron curados cuando el Santo les hacía la señal de la cruz sobre su frente.

5.- Leía los corazones y convertía protestantes

El príncipe luterano John Federick a sus 25 años de edad fue a Asís con dos escoltas, uno católico y otro protestante. Ingresaron a la iglesia donde San José estaba celebrando Misa y en el momento de la consagración el Santo no pudo partir la Hostia Consagrada porque estaba dura como piedra y tuvo que devolverla a la patena.

El P. José empezó a llorar de dolor y se elevó a casi un metro de altura. Al bajar, logró partir la hostia con mucho esfuerzo. Sus superiores le preguntaron por qué había pasado eso y él respondió que se debió al corazón duro de la gente que asistió a la Misa.

Al día siguiente regresó el príncipe con los dos hombres y cuando el santo elevó la Hostia en la Misa, la cruz de la Sagrada Hostia se puso negra. Esto le causó un gran dolor y llorando levitó con la forma durante unos 15 minutos. Este milagro conmovió el corazón del príncipe por lo que él y su acompañante decidieron convertirse a la fe católica.

6.- Se comunicaba con los animales

Cuando pasaba por un campo y se ponía a rezar, las ovejas se reunían a su alrededor y escuchaban atentas sus oraciones. Las golondrinas volaban en bandadas alrededor de su cabeza y lo acompañaban por varias cuadras.

7.- Profetizó el futuro de los Papas

Cierta vez lo llevaron ante el Papa Urbano VIII, quien deseaba saber si eran ciertos los éxtasis y los episodios de levitación del fraile.

San José compareció ante el Pontífice y se elevó por los aires ante el asombro de los presentes. De este Papa y de Inocencio X, el Santo predijo el día y la hora de la muerte de ambos.

(Fuente: Aciprensa)

Este jueves honremos a Nuestra Señora de las Mercedes, con el Rosario de la Aurora

Honremos a Nuestra Señora de las Mercedes, con el Rosario de la Aurora

Vamos a celebrar la Solemnidad de Nuestra Señora de las Mercedes, el jueves 24 de septiembre, con el reinicio del Rosario de la Aurora, a las 7:30 de la mañana.

La actividad concluirá con el banquete de la Eucaristía, a las 9:00 a. m., y también habrá misa a las 11:30 a. m.

Con este Rosario de la Aurora nuestra parroquia El Buen Pastor retomará, a partir de octubre, este rezo el tercer sábado de cada mes.

¡Vamos a Jesús por María!

Francisco: contemplar para cuidar y custodiar la casa común

Francisco: contemplar para cuidar y custodiar la casa común

En la Audiencia General de este miércoles 16 de septiembre, Papa Francisco se refirió al Cuidado de la casa común y la actitud contemplativa, exhortando a “recuperar la dimensión contemplativa” porque “el mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación”.

“Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente” expresó el Papa Francisco en la Audiencia general de este miércoles 16 de septiembre en el Patio de San Dámaso, continuando con las catequesis sobre cómo sanar el mundo. El Santo Padre, comenzó destacando el papel esencial de los “cuidadores” en la sociedad, “aunque a menudo no reciban ni el reconocimiento ni la remuneración que merecen”. “El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza” afirmó.

En el marco del Jubileo de la Tierra, a la luz de la encíclica Laudato si’ subrayó que “este cuidado abraza también a nuestra casa común: a la tierra y a cada una de sus criaturas”, recordando que abusar de la creación es “un pecado grave que daña y enferma”. “La creación no es un mero ‘recurso’”, continua el Pontífice, sino que “las criaturas tienen un valor en sí y reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios”. Sin embargo, para descubrir ese valor y ese rayo de luz divina es necesario el silencio, la escucha y la contemplación, que también sana el alma.

“Sin contemplación es fácil caer en un antropocentrismo desviado y soberbio, el “yo” al centro de todo, que sobredimensiona nuestro papel de seres humanos y nos posiciona como dominadores absolutos de todas las criaturas.”

Este antropocentrismo desviado, puede hacernos creer que “estamos en el centro, pretendiendo que ocupamos el lugar de Dios; y así arruinamos la armonía de la creación, la armonía del plan d Dios”, convirtiéndonos “en depredadores, olvidando nuestra vocación de custodios de la vida”. “El trabajo no es sinónimo de explotación –afirma el Santo Padre-, sino que siempre va acompañado de cuidados: arar y proteger, trabajar y cuidar… esta es nuestra misión”.

“El mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación” subraya Papa Francisco, “es importante recuperar la dimensión contemplativa”. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad, descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios.

Como ejemplo de esta contemplación, el Santo Padre recuerda la invitación final en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola a la “Contemplación para alcanzar amor”. Un llamado “a considerar cómo Dios mira a sus criaturas y a regocijarse con ellas; a descubrir la presencia de Dios en sus criaturas y, con libertad y gracia, a amarlas y cuidarlas”.

“Aquellos que no pueden contemplar la naturaleza y la creación –subrayó el Santo Padre-, no pueden contemplar a la gente en su riqueza. Y quien vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos”.

“El que sabe contemplar, se pondrá más fácilmente manos a la obra para cambiar lo que produce degradación y daño a la salud. Se comprometerá a educar y a promover nuevos hábitos de producción y consumo, a contribuir a un nuevo modelo de crecimiento económico que garantice el respeto de la casa común y el respeto por las personas.”

La invitación del Papa es a ser contemplativos en la acción, ya que “tiende a convertirse en custodio del medio ambiente…, tratando de conjugar los conocimientos ancestrales de las culturas milenarias con los nuevos conocimientos técnicos, para que nuestro estilo de vida sea siempre sostenible”. Contemplar y cuidar son actitudes que muestran el camino para corregir y reequilibrar la relación como seres humanos con la creación, convirtiéndose en ‘custodios’ de la casa común, custodios de la vida y de la esperanza.

Finalmente, Papa Francisco recuerda a los pueblos indígenas, “con los que todos tenemos una deuda de gratitud, incluso de penitencia, para reparar el mal que les hemos hecho”, “aquellos movimientos, asociaciones y grupos populares, que se esfuerzan por proteger su territorio con sus valores naturales y culturales”, y que “no siempre son apreciados, a veces, se les obstaculiza, porque no producen dinero, pero en realidad, contribuyen a una revolución pacífica, podremos llamarla la ‘revolución del cuidado’”.

Concluye la catequesis el Santo Padre, recordando que este cuidado es tarea de todo ser humano: “Cada uno de nosotros puede y debe convertirse en un ‘custodio de la casa común’, capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplar las criaturas y protegerlas”.

(Fuente: Vatican News)

6 advertencias sobre el diablo del famoso exorcista Gabriele Amorth

6 advertencias sobre el diablo del famoso exorcista Gabriele Amorth

El reconocido exorcista italiano, P. Gabriele Amorth, quien falleció en 2016 a los 91 años, dejó un importante legado en el campo de la lucha contra el demonio, en el que destacan algunas frases claras sobre la acción del diablo en el mundo actual.

Aquí presentamos 6 lecciones que el sacerdote dejó en sus muchos años como exorcista.

1. “Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio”

En una entrevista de junio de 2004 realizada por el vaticanista italiano Sandro Magister, el P. Amorth habló sobre la situación del satanismo y la acción del demonio en la cultura actual.

“En términos generales Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio. Hace de todo para que el hombre peque y cada vez que se realiza el mal, él está detrás, dejando en claro que es el hombre quien decide libremente sus actos. Pero también existe una acción extraordinaria del maligno: y ésta es la posesión diabólica”, dijo en aquella ocasión.

2. “El mundo está bajo el poder del diablo”

En el libro “El último exorcista”, escrito junto al vaticanista Paolo Rodari, el P. Amorth aseguró que «el mundo está bajo el poder del diablo. Y junto con Satanás muchos de sus profetas. Personas que la Biblia llama los falsos profetas. Falsos porque llevan a la mentira y no a la verdad».

«Estas personas existen tanto fuera como dentro de la Iglesia. Son fácilmente reconocibles: dicen que hablan en nombre de la Iglesia pero hablan en nombre del mundo. Exigen de la Iglesia que asuma los roles del mundo, y hablando así confunden a los fieles y llevan a la Iglesia a aguas que no son las suyas. Son las aguas del Maligno”, agregó.

3. “Satanás ataca sobre todo al Papa”

También en su libro “El último exorcista”, el P. Amorth señaló que «Satanás ataca sobre todo al Papa. Su odio por el sucesor de Pedro es feroz. Lo he experimentado en mis exorcismos».

«Después del Papa, Satanás ataca a los cardenales, obispos y a todos los sacerdotes y religiosos. Es normal que sea así. Ninguno se debería escandalizar. Los sacerdotes, religiosos y religiosas, están llamados a una dura lucha espiritual».

4. “Invocar a Juan Pablo II es efectivo contra el diablo”

En mayo de 2011 el P. Amorth señaló a ACI Prensa que San Juan Pablo II se ha convertido, en los últimos años, “en un poderoso intercesor en la lucha contra el demonio”.

«Le he preguntado al demonio más de una vez: ‘¿Por qué te da tanto miedo Juan Pablo II?’ Y he tenido dos respuestas distintas, ambas interesantes. La primera, ‘por qué desarmó mis planes’. Y creo que con eso se refiere a la caída del comunismo en Rusia y en Europa del Este. El colapso del comunismo».

«Otra respuesta que el demonio me dio fue ‘porque arrebató a muchos jóvenes de mis manos’. Hay muchos jóvenes que, gracias a Juan Pablo II, se convirtieron. Tal vez algunos ya eran cristianos pero no practicantes, y luego con Juan Pablo II volvieron a la práctica», explicó.

5. “El demonio quiere la muerte de la Iglesia porque ella es la madre de los santos”

El P. Amorth se refirió a la campaña difamatoria contra el entonces Papa Benedicto XVI, a quien algunos acusaban de encubrir abusos sexuales cometidos por miembros del clero cuando en realidad fue él quien estableció la política de tolerancia cero. El exorcista denunció en aquella ocasión que el demonio «usa» a los sacerdotes para culpar a toda la Iglesia.

«El demonio la tiene contra la Iglesia, quiere la muerte de la Iglesia porque ella es la madre de los santos. Combate a la Iglesia a través de los hombres de Iglesia, pero con la Iglesia no tiene nada que hacer», acotó.

El experimentado exorcista también manifestó que «el demonio tienta a los hombres de Iglesia y entonces no nos debe maravillar si también los sacerdotes, que tienen todos los auxilios divinos, de la oración y los sacramentos, caen en la tentación. También ellos viven en el mundo y pueden caer como hombres del mundo».

6. “El intercesor más efectivo de todos es la Virgen María”

En mayo de 2002, al ser preguntado sobre el intercesor más efectivo de todos, el P. Amorth dijo a ACI Prensa, que «por supuesto que la Virgen es la más efectiva. ¡Y cuando la invocas como María!»

«Una vez le pregunté a Satanás. ‘¿Pero por qué te asustas más cuando invoco a Nuestra Señora que cuando invoco a Jesucristo?’ Me contestó ‘porque me humilla más ser derrotado por una criatura humana que ser derrotado por Él».

(Fuente: Aciprensa)

¿Conoces la oración preferida de Dios?

¿Conoces la oración preferida de Dios?

Albert-cc

En el cristianismo, hay multitud de oraciones para dirigirse a Dios, pero hay una que Le complace de verdad.

“Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro…” (Mt 6,9). Por consiguiente, comenta san Cipriano en el siglo III, “¿qué oración más espiritual puede haber que la que nos fue dada por Cristo, por quien nos fue también enviado el Espíritu Santo (…)? De modo que orar de otra forma no es sólo ignorancia, sino culpa también”.

La pregunta entonces sería: ¿cómo rezar el Padre Nuestro como es debido, ya que, sin duda, es la oración que prefiere Dios y es quizás la única que pueda aceptar?

La cuestión es tal que Teresa de Ávila decía que las dos horas de oración cotidiana de las carmelitas no son sino una manera de rezar bien el Padrenuestro, de interiorizar todos sus componentes para “vestir a Cristo” en nuestra oración, porque eso es ser cristiano.

La oración que llama “Padre” a Dios 

San Francisco de Sales da la clave para “rezar bien”: en la oración, como en cualquier otro ámbito, “no es la grandeza de nuestras obras lo que hace que agrademos a Dios, sino el amor con el que las hacemos. [Por eso] la mejor oración es la que nos mantiene tan ocupados en Dios que no pensamos en nosotros mismos, ni en lo que hacemos” (Carta del 8 de junio de 1618).

Para ello, añade, “conviene andar simple y llanamente, sin arte, para estar cerca de Dios, para amarle, para unirse con Él”.

Respuesta decepcionante, sin duda, porque todos querríamos “triunfar” en nuestra oración. Pero todos los maestros nos dirían que la oración que más “triunfa” es la que menos lo intenta y que el mejor método es casi no tener ninguno.

“Hago como los niños que no saben leer, le digo a Dios simplemente lo que quiero decirle (…). La oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida hacia el cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría”, decía santa Teresa del Niño Jesús.

La buena oración, la oración que llega al corazón de Dios, la oración que Él prefiere, es la que llama “Padre” a Dios, de la manera más simple y más completa posible.

¿Qué hay de las demás oraciones?

¿No hay, a pesar de todo, oraciones que la Iglesia nos recomienda, oraciones que son aconsejables? Sí, sin duda; igual que la Iglesia recomienda ciertas peregrinaciones o igual que añade indulgencias a ciertas prácticas religiosas como la de llevar el escapulario del Carmelo o recibir la bendición del Papa.

Pero todo eso, en realidad, sigue siendo una pedagogía para decir bien –y, sobre todo, vivir bien– el Padrenuestro. Y la variedad de esas oraciones y esas prácticas corresponde a la variedad de las vocaciones en la Iglesia, estando cada una invitada a encontrar en la escuela de los santos el camino que le permitirá entrar en esta oración que resume todas las demás:

“La oración del Señor o dominical es, en verdad el resumen de todo el Evangelio (…). Cuando el Señor hubo legado esta fórmula de oración, añadió: ‘Pedid y se os dará’ (Lc 11,9). Por tanto, cada uno puede dirigir al cielo diversas oraciones según sus necesidades, pero comenzando siempre por la oración del Señor que sigue siendo la oración fundamental” (Tertuliano, † 220, De oratione, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica).

 

Por el padre Max Huot de Longchamp

(Fuente: Aleteia)

Santos que lucharon contra pensamientos suicidas

Santos que lucharon contra pensamientos suicidas

Tener una enfermedad mental no implica falta de santidad, como pueden atestiguar las ricas vidas de estos santos.

El estigma de las enfermedades mentales viene de antiguo, en particular entre ciertos cristianos que insisten en que la depresión es señal de falta de fe, en vez del resultado de una enfermedad mental, problemas fisiológicos o un trauma pasado. Algunos han considerado el suicidio en particular como irremediablemente pecaminoso, un acto final de desesperación.

Dichas creencias son tan inciertas como peligrosas y hacen que quienes sufren rechacen los tratamientos necesarios (como terapia o medicación) e incluso oculten sus problemas, avergonzados por su supuesta debilidad.

El Catecismo de la Iglesia Católica, aunque reitera que nuestras vidas no son nuestras para disponer de ellas y que el suicidio es “gravemente contrario al justo amor de sí mismo”, también declara que: “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (párrafo 2282) y continúa explicando que la Iglesia reza por quienes se han quitado la vida, sabiendo que la misericordia de Dios no tiene límites.

Para enfatizar la verdad de que una enfermedad mental no es indicio de debilidad espiritual, la Iglesia tiene santos que vivieron con enfermedades mentales, santos que iban a terapia y tomaban medicación e incluso santos que lucharon contra ideaciones suicidas.

Algunos (como santa Isabel Ana Seton) sintieron la tentación del suicidio mucho antes de su conversión y después encontraron curación. Otros (como san Ignacio de Loyola) encontraron que su salud mental empeoró después de su conversión. En el caso de Ignacio, las dudas le convencieron de que era un caso perdido y sin esperanza, solamente el miedo de ofender a Dios le impedía tirarse por la ventana.

Otros santos (como santa María Magdalena de Pazzi) lucharon durante años contra el deseo de poner fin a su vida. Estos santos nos recuerdan que las enfermedades mentales no son el resultado de una vida de oración deficiente o una falta de confianza en Dios y que la desesperación no es un pecado cuando es el resultado de una enfermedad mental (o cuando es una tentación contra la que luchamos poderosamente).

El venerable Francisco María Pablo Libermann (1804-1852) se crio en una familia judía ortodoxa y se esperaba que siguiera los pasos de su padre como gran rabino de Saverne, Francia. Cuando Francisco se hizo católico de joven adulto, su padre lo lloró como si hubiera muerto. Tímido y sensible desde su juventud, al Francisco adulto lo carcomía la ansiedad, en especial debido a la epilepsia que le impidió ordenarse durante 15 años.

Lo peor de todo eran sus ideaciones suicidas, que convertían cada cruce de un puente en un calvario terrible, ya que luchaba contra la inclinación de tirarse al vacío (un impulso que a menudo experimentan las personas con trastorno obsesivo compulsivo, además de los que sufren depresión).

Francisco continuó aferrándose a Jesús pero, aunque su epilepsia terminó por curarse, el suicidio seguía tentándole, incluso como sacerdote, fundador de una orden religiosa y reclamado director espiritual cuyo sufrimiento lo convertía en profundamente empático.

Los puentes eran una fuente de preocupación constante y nunca mantenía un cuchillo cerca, temeroso de que en los momentos de mayor abatimiento no tuviera la fuerza suficiente para resistir. Con todo, Dios lo hizo santo, un hombre capaz de aferrarse a la esperanza a pesar de su constante tentación de caer en la desesperación.

El beato Bartolo Longo (1841-1926) se crio rezando el Rosario, pero estaba deseoso de experimentar al completo la vida universitaria, lo que por entonces significaba anticlericalismo, ateísmo y, en última instancia, lo oculto. No tardó en “ordenarse” sacerdote de Satán. A través de la intercesión de su difunto padre, Bartolo por fin regresó a Dios.

Aun así, se sentía indigno de misericordia, seguro de que su pecado lo había arruinado para siempre, que seguía consagrado a Satán y que estaba condenado al infierno. Más tarde, al volver la vista atrás sobre esta época, escribió: “Mientras reflexionaba sobre mi condición, experimenté un profundo sentimiento de desesperación y casi cometo suicidio”.

En aquel momento, Bartolo sintió que Nuestra Señora le decía que su camino al paraíso pasaba por enseñar a otros a rezar el Rosario. Esta misión le dio esperanzas en un momento de desesperación. Durante más de 50 años, Bartolo rezó el Rosario, fundó escuelas para pobres y estableció orfanatos para hijos de criminales.

La beata Benedetta Bianchi Porro (1936-1964) empezó a perder audición siendo estudiante de medicina, pero los médicos creían que era psicosomático. Fue la misma Benedetta quien se diagnosticó a sí misma la enfermedad de Von Recklinghausen, una enfermedad neurológica que terminaría arrebatándole los cinco sentidos y dejándola paralizada, capaz de mover únicamente una mano.

Su sufrimiento amenazaba con sumergirla en la desesperación, llevando a Benedetta a escribirle a una amiga (de su apartamento de siete pisos): “Hay momentos en que me gustaría tirarme por la ventana”. Sin embargo, recibía el apoyo de una comunidad que conocía el valor de su vida y se vio fortalecida por el amor de Jesús. Al final, Benedetta fue capaz de escribir: “No me falta esperanza. Sé que, al final del camino, Jesús me está esperando. (…) Mis días no son fáciles. Son duros. Pero son dulces porque Jesús está conmigo”.

La sierva de Dios Dorothy Day (1897-1980) fue una madre soltera cuyo “sí” radical a Dios cambió las vidas (y las eternidades) de miles de personas. En su autobiografía, Dorothy insinúa que, en su juventud, su serie de compañías sexuales, su aborto y sus intentos de suicidio eran pruebas del anhelo de Dios que tenía su corazón.

Tras el nacimiento de su hija, Dorothy empezó a asistir a misa y decidió bautizar a su hija, unas decisiones que acabaron conduciendo a la separación de su marido de hecho. Dorothy empezó a ver su servicio a los pobres como un servicio a Cristo. Con Peter Maurin, fundó el Movimiento del Trabajador Católico, publicó un periódico, luchó por los derechos de los trabajadores y vivió en comunidad con los pobres. Una poderosa activista que fue arrestada varias veces e incluso recibió un disparo por su obra contra la guerra y la opresión. Dorothy encontraba fuerzas en la misa diaria y en el compromiso con la oración contemplativa.

(Fuente: Aleteia)

 

Mons. José Amable Durán Tineo es ordenado obispo auxiliar de Santo Domingo

Mons. José Amable Durán Tineo es ordenado obispo auxiliar de Santo Domingo

La Eucaristía fue transmitida por diversas plataformas de comunicación

Santo Domingo, R.D. Monseñor José Amable Durán Tineo fue ordenado obispo auxiliar de Santo Domingo, en una Eucaristía presidida por Monseñor Francisco Ozoria, arzobispo de Santo Domingo, el sábado 12 de septiembre en la Catedral Primada de América.

Durante la homilía, Monseñor Ozoria recordó la misión del obispo como pastor, profeta, testigo, servidor de la esperanza, maestro de la fe y la verdad, al tiempo que resaltó su “llamado a santificarse y a santificar sobre todo en su ministerio”.

En ese orden, en las palabras de agradecimiento Monseñor Amable expresó que “en estrecha comunión con la Conferencia del Episcopado Dominicano y muy especialmente, con Mons. Francisco Ozoria a quien agradezco su acogida y cercanía, unido a todos los demás obispos presentes, vengo a caminar y trabajar en espíritu de fraternidad, corresponsabilidad y participación”.

A la misa, que fue transmitida por diversas plataformas de comunicación, participaron obispos, sacerdotes, religiosas y laicos con el debido protocolo de distanciamiento e higiene para evitar la propagación del coronavirus (COVID-19).

(Fuente: CED)

El valor de la señal de la cruz

El valor de la señal de la cruz

Marko Vombergar | ALETEIA

Si supieras la importancia de esta oración, te garantizo que la pondrías más en práctica

Por la señal de la Santa Cruz
de nuestros enemigos,
líbranos Señor, Dios nuestro
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

¿Cuando te despiertas, te haces la “señal de la Cruz”? ¿Y antes de comer? ¿Y cuando te vas a dormir? ¿Al menos una vez al día? Si supieras la importancia de esta oración, te garantizo que la pondrías más en práctica.

Muchas personas, al no entender la importancia de esa oración, la hacen de forma displicente, haciendo apenas el gesto, sin la efectiva invocación a la Santísima Trinidad.

La “señal de la Cruz” no es un gesto ritualista, sino una verdadera y poderosa oración. Es la señal de los cristianos. Por medio de ella muchos santos invocaban la protección del Altísimo, a través de ella pedimos a Dios que, por los méritos de la Santa Cruz de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Él nos libre de nuestros enemigos, y de todas las trampas del mal, que atentan contra nuestra salud física y espiritual.

Pero ¿sabes hacer “la señal de la Cruz”?

De forma solemne, sin prisa, y con la mayor devoción y respeto:

Por la señal de la Santa Cruz (en la cabeza): pedimos a Dios que nos dé buenos pensamientos, nobles y puros. Y que Él aleje de nosotros los pensamientos malos, que sólo nos causan mal.

De nuestros enemigos (sobre la boca): pedimos a Dios que de nuestros labios sólo salgan alabanzas. Que nuestro hablar sea siempre para la edificación del Reino de Dios y para el bienestar del prójimo.

Líbranos Señor, Dios nuestro (sobre el corazón): para que en nuestro corazón sólo reine el amor a la ley del Señor, alejándonos de todos los malos sentimientos, como el odio, la avaricia, la lujuria… Haciéndonos verdaderos adoradores.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén – Es el acto liberador y debe ser realizado con la mayor reverencia, consciencia, fe y amor, pues expresa nuestra fe en el Misterio de la Santísima Trinidad, núcleo de nuestra fe cristiana, Dios en sí mismo. Debe hacerse con la mano derecha, llevándola de la cabeza a la barriga, y del hombro izquierdo al derecho.

Ahora que sabes la importancia de la “señal de la Cruz”, hazla antes de salir de casa, antes de cualquier trabajo, en los momentos difíciles y en los momentos de alegría también.

Hazla sobre ti y, siempre que sea posible, en la cabeza de tu hijo, de tu esposo, de tu esposa, de tu hermano, de tu sobrino,…

Pide a Dios, siempre, que Él te libre y a los tuyos, de todos los males, con el objetivo de hacerlo todo -despertar, comer, estudiar, trabajar, dormir, viajar…- en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.

Por Juventude OA

(Fuente: Aleteia)

Hermanos como «don», la experiencia de Francisco de Asís

Hermanos como "don", la experiencia de Francisco de Asís

San Francisco de Asís y el Sultán de Egipto

En San Francisco, la fraternidad no es una teoría abstracta, sino un don concreto de Dios para todos y cada uno. El Pobrecillo de Asís nos recuerda, aún hoy, que no podemos ser verdaderos hermanos si no nos reconocemos como hijos de un único Padre.

Francisco de Asís vuelve a inspirar al Papa que, primero en la historia, asumió su nombre. Si hace cinco años fue la alabanza a Dios por la Creación, el Cántico de las Criaturas, la que dio un alma a la Encíclica Laudato si’, esta vez es la fraternidad (y la amistad social) el centro de atención del nuevo documento del magisterio que, precisamente en la tierra del Pobrecillo, firmará el próximo 3 de octubre. ¿Pero qué son, o, mejor dicho, quiénes son los «hermanos» para San Francisco? Una respuesta íntima y reveladora se encuentra en el inicio de su Testamento, donde, tras relatar el encuentro con los leprosos -a los que Cristo le condujo, porque él sentía disgusto- afirma: «Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debería hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio».

Los frailes, los hermanos, se presentan a Francisco en primer lugar como un don de Dios. Un regalo inesperado y, a decir verdad, no indoloro porque traen una nueva situación que lo «obliga» a pedir ayuda al Señor, porque nadie sabe cómo decirle qué hacer. No son nuestra «conquista», los hermanos, ni son como nosotros los desearíamos. Son la obra viva del Creador ofrecida libremente a cada uno de nosotros. Son donados, precisamente, y por lo tanto no podemos elegirlos ni poseerlos, sino sólo acogerlos y amarlos tal como son, con sus debilidades y diferencias. Esas diferencias (y a veces disonancias) que en definitiva sólo el Señor puede recomponer porque, como diría el Papa, la armonía no la hacemos nosotros, sino el Espíritu Santo.

Lo que emerge claramente en Francisco de Asís, y que encuentra confirmación en este escrito fundamental en la parábola conclusiva de su vida terrenal, es que la fraternidad para él no es una idea, una teoría abstracta, sino un hecho concreto, una experiencia que cambia la vida. Junto a ese hecho concreto, y más relevante aún porque es la fuente, descubrimos que para Francisco no hay fraternidad si no reconocemos (y aceptamos) la filiación común de nuestro Padre celestial. Todos somos hermanos porque todos somos hijos del mismo Padre. Por lo tanto, nadie es más extranjero para el otro. Una revolución de la perspectiva que, en la vida de Francisco, llevará a elecciones sorprendentes recapituladas en la célebre visita al Sultán de Egipto. Aquí está el núcleo de la conversión del Santo de Asís y con él podríamos decir de cada mujer y hombre que ha encontrado auténticamente a Jesucristo. De hecho, si no reconocemos el plan común de amor del Padre para nosotros, no será suficiente con ser hermanas o hermanos. Ni siquiera biológicamente. Es un hermano de sangre, de hecho, el que mató a Abel. Y lo mata porque el odio ha cerrado los ojos de Caín que, al no ver ya el amor del Padre, ni siquiera reconoce a su hermano como tal.

Para Francisco de Asís, sin embargo, la fraternidad no es un don «estático», un fin en sí mismo. Se alimenta y crece nutriéndose con la caridad. Y siempre trae la paz. La relación con los hermanos traza un camino, inicia un proceso que se desarrolla en una dimensión de comunión. Es después del encuentro con sus hermanos, de hecho, que el Señor le revela que debe vivir el Evangelio sine glossa, más aún: que debe conformarse a él, tomar la forma misma del » Santo Evangelio «. Hacerlo, por lo tanto, de una manera radical, «sin calmantes» para retomar una imagen efectiva del Papa Francisco.

Para el Patrono de Italia, cuidar a los demás como a uno mismo se convierte en el camino y el espacio privilegiado para la evangelización. Por lo tanto, no puede existir un fraile que se retire en una condición aislada. Sería un contra sentido, un contra testimonio. Para el Santo, de hecho, el amor al Padre crece tanto como el amor al hermano en cuyo rostro se encuentran los rasgos del Creador. Un amor que en Francisco se expande hasta convertirse en cósmico porque la fraternidad se convierte en un abrazo hacia toda criatura: incluso el Sol se llama hermano y la Luna hermana. Ocho siglos después, a pesar del incremento del egoísmo y el levantamiento de barreras de todo tipo, el mundo sigue sediento de hermandad y paternidad. Está en constante búsqueda. El testimonio del Pobrecillo de Asís, que quiso convertirse en «hermano de todos los hombres», es de gran actualidad y nos exhorta, junto con otro Francisco, a recorrer el camino de la fraternidad.

(Fuente: Vatican News)