Al día siguiente del Sagrado Corazón de Jesús y coincidendo con el sábado, día de la semana con especial dedicación a la Virgen, hoy la Iglesia celebra el Inmaculado Corazón de María. Tanto el Corazón de Jesús como el de su Madre son los dos modelos en nuestra vida para alcanzar la Salvación.
Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás.
El origen de esta Devoción fue iniciada y propagada en el siglo XVII por el santo francés Juan Eudes, quien forja las escuelas de espritualidad de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Ya en el siglo XX la Virgen se aparece en Fátima a los tres pastorcitos y a Lucía cuando le dice que sus primos irán pronto al Cielo. A ella le deja para que sea una fiel testigo del Corazón de María que aboga ante Dios y derrama sus gracias innumerables sobre nosotros, prometiendo asistencia especial a quienes se encomienden a su Inmaculado Corazón.
Pío XII, en plena Segunda Guerra Mundial, hizo el acto de consagración al Inmaculado Corazón de María como la Virgen le pidió a Sor Lucía. También San Juan Pablo II, en el año 2000, hizo la consagación del mundo al Corazón de María, en el Jubileo de los obispos en Roma. Previamente en 1984, Año Santo de la Redención, se había consagrado también al Inmaculado Corazón.
¡Padre celestial! Preparaste el Corazón de la Virgen María para ser morada de tu Espíritu Santo. Que por su intercesión nuestra alma llegue a ser templo más propio de tu gloria. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Animan a consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús desde los hogares
El Arzobispo de Villavicencio y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), Mons. Óscar Urbina Ortega, invitó a todos los fieles a consagrar sus familias, parroquias y al país al Sagrado Corazón de Jesús.
Mons. Urbina indicó que este viernes 19 de junio, día en que la Iglesia celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, es una oportunidad para acercarse con confianza a Cristo, quien llama a todos los que están cansados y agobiados, para darles alivio.
Es una oportunidad para “depositar en Él todo lo que sentimos que pesa sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre nuestra nación, sobre el mundo, en este momento de sufrimiento universal”, agregó.
El Prelado señaló que la confianza en el amor de Dios “nos anima, nos fortalece, nos llena de esperanza”, en estos momentos difíciles. Por lo que, invitó a todos los fieles a consagrarse al Corazón de Jesús desde sus casas.
“Hagan la consagración de la familia, de su comunidad parroquial, de su municipio y de la nación a Cristo que nos ama y está dispuesto a caminar con nosotros en nuestros sufrimientos”, pidió.
Para ello, el Departamento de Liturgia del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) brindó materiales para la celebración de la Solemnidad desde los hogares y realizar la consagración en familia.
Invitamos a pedir al Señor, “por intercesión del Corazón Amantísimo de su Hijo, la constante bendición para el Pueblo de Dios que peregrina en Colombia y que continúa confiando en su compañía y protección en todos los momentos de su historia”, señaló.
Encuentre el insumo pastoral “Celebremos en familia la consagración al Sagrado Corazón de Jesús”, para la consagración de los hogares AQUÍ.
Hoy la Iglesia celebra al Sagrado Corazón de Jesús
La Iglesia universal celebra hoy viernes la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a pedido explícito del mismo Cristo a Santa Margarita María de Alacoque.
San Juan Pablo II decía que “esta fiesta recuerda el misterio del Amor que Dios alberga por los hombres de todos los tiempos”.
“Te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares”, expresó el Señor a Santa Margarita en junio de 1675.
“También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute”, añadió.
Más adelante Santa Margarita con el jesuita San Claudio de la Colombiere, su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús.
Oh, Corazón de Jesús, Dios y Hombre verdadero, delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Ti confían; Tú nos dices amablemente: Vengan a Mí; y nos repites las palabras que dijiste al paralítico: Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados, y a la mujer enferma: Confía, hija, tu fe te ha salvado, y a los Apóstoles: Confíen, Yo Soy, no teman.
Animado con estas palabras acudo a Ti con el corazón lleno de confianza, para decirte sinceramente y desde lo más íntimo de mi alma: Corazón de Jesús en Ti confío.
Sí, Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en tu bondad; y, por el Corazón de tu Madre, te pido que no desfallezca nunca esta confianza en Ti, a pesar de todas las contrariedades y de todas las pruebas que Tú quisieras enviarme, para que habiendo sido mi consuelo en vida, seas mi refugio en la hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad. Amén.
El Papa pide rezar por los sacerdotes para que Dios “los fortalezca en su vocación”
Fuente: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Al finalizar la Audiencia General de este miércoles 17 de junio, el Papa Francisco pidió a todos los católicos rezar por los sacerdotes “para que a través de su oración al Señor los fortalezca en su vocación” y los presbíteros sean siempre “ministros de la Alegría del Evangelio”.
El Santo Padre solicitó rezar por los presbíteros y recordó que el próximo viernes 19 de junio la Iglesia Católica universal celebrará la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que está vinculada a la “Jornada de la santificación sacerdotal”.
En esta línea, el Pontífice animó a rezar por los sacerdotes. En concreto, invitó a rezar “por su párroco, por aquellos que están cerca de ustedes y conocen…, para que a través de su oración el Señor los fortalezca en su vocación, los conforte en su ministerio y sean siempre ministros de la Alegría del Evangelio para todas las gentes”.
Sagrado Corazón de Jesús Además, el Santo Padre destacó a los fieles francófonos la próxima solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y les dijo: “No tengan miedo de presentarles todas las intenciones de nuestra humanidad sufriente, sus miedos, sus miserias”.
“¡Que este Corazón pueda, lleno de amor por los hombres, dar a todos esperanza y confianza!”, afirmó el Papa.
Por último, el Papa Francisco dijo a los fieles de lengua italiana que la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús “es una fiesta muy querida al pueblo cristiano” por lo que invitó a “descubrir las riquezas que se esconden en el Corazón de Jesús para aprender a amar el prójimo”.
“Dirijan la mirada al Corazón de Jesús y encontrarán la paz, el consuelo y la esperanza”, indicó el Santo Padre.
Fiesta del Sagrado Corazón en Roma
Debido a las medidas cautelares sanitarias actuales para evitar contagios del Covid-19 en Italia, la tradicional procesión del Sagrado Corazón que se realiza cada año por las calles del centro de Roma no se realizará en este 2020. Sin embargo, el próximo viernes sí se llevará a cabo una Celebración Eucarística al aire libre en el patio interior de la Basílica del Sagrado Corazón con más de cien personas, ya que en ese espacio sí se pueden garantizar las medidas sanitarias requeridas.
La Eucaristía será presidida por el Cardenal titular de tal Basílica romana, Cardenal Giuseppe Versaldi, actual prefecto de la Congregación para la Educación Católica.
Distracciones espirituales: Cómo sacar lo mejor de ellas
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¿Qué hacer con las distracciones en la oración? No darles demasiada importancia y percibirlas como una oportunidad para volver a elegir a Dios
Las distracciones afectan a todas las formas de oración (misa, oración comunitaria, rosario, adoración). Varían según el carácter de cada uno, su situación vital, sus circunstancias: el filósofo razona, los padres piensan en sus hijos, el rencoroso rumia, el ambicioso construye su futuro…
Su naturaleza informa al orante sobre sí mismo: sus inquietudes, afectos, pasiones, tentaciones.
¿Quién escapa a las distracciones en la oración? Nadie, ¡ni siquiera los santos!
Santa Teresa de Ávila habla de ello como una auténtica “imperfección”, tan dolorosa como incontrolable.
La santa cuenta que, a veces, “me hallo que tampoco cosa formada puedo pensar de Dios ni de bien que vaya con asiento, ni tener oración, aunque esté en soledad”, y que su espíritu parece “un loco furioso que nadie le puede atar”.
Confiesa que no piensa en ninguna “cosa mala, sino indiferentes”. De este modo se sorprendió un día contando las tachuelas del zapato de la religiosa que rezaba delante de ella.
Nada grave, considerando algunas distracciones mucho menos honrosas. Esta “imperfección”, ¿cómo la comprendemos?
Los 5 sentidos y la imaginación que nos impiden concentrarnos
Las distracciones espirituales son inherentes a nuestra condición de seres encarnados. Explicación: el ser humano no es solamente espíritu.
Y mientras que ese espíritu busca la unión con Dios, sus esfuerzos se ven contrariados por el peso de la “materia” que lo sobrecarga.
¿La “materia”? Para empezar están los cinco sentidos, que no cesan su actividad y que perciben, sin pretenderlo, “todo lo que pasa”: un ruido (el sonido del teléfono móvil que el vecino olvidó apagar), una imagen (el nuevo peinado de mi vecina), un olor…
Los sentidos, auténticos “impedimentos a la oración”, alimentan sin cesar a la mente con aquello que captan, impidiéndole así concentrarse en las verdades sobrenaturales que, sin embargo, intenta buscar.
Pero la acción de los sentidos no lo explica todo: con tapones para los oídos, una venda sobre los ojos y una pinza de la ropa en la nariz se siguen teniendo distracciones. ¿Por qué?
Respuesta de santa Teresa de Jesús: las “potencias”, es decir, “la memoria o imaginación” (la “loca de la casa”) y el “entendimiento” (facultad de razonar), que no dejan de vagabundear, y desvían a la voluntad de su objetivo: fijarse en Dios.
Frente a la experiencia a menudo dolorosa y desconcertante de las distracciones, podemos vernos tentados por el desánimo. En efecto, cuando tenemos demasiadas distracciones, podemos pensar que “esto de rezar no es lo mío”.
La tentación puede llevarnos entonces a abandonar del todo la oración. ¡Jamás hay que hacer esto! Si dejáramos de rezar porque tenemos distracciones, ¡no rezaríamos nunca!
Las distracciones solo afectan a la parte periférica del ser. Sin embargo, Dios se nos da en las profundidades del alma, allí donde las distracciones no entran, donde lo sensible no tiene acceso. Por tanto, las distracciones no impiden a Dios trabajar en el alma y transformarla.
Las distracciones, oportunidad de volver a elegir a Dios
Entonces, ¿qué deberíamos hacer? ¡Perseverar, por supuesto! Y no darle demasiada importancia a las distracciones, y menos aún dramatizarlas.
Sin embargo, tampoco hay que regodearse en ellas. La tentación sigue existiendo y es fuerte.
Mientras no permanezcamos dentro de ellas voluntariamente, las distracciones espirituales no son un pecado. “¡Son incluso una gracia!”, afirma alto y claro un sacerdote.
“Porque son la oportunidad de volver a elegir al Señor, que había quedado desatendido momentáneamente. Es una oportunidad de volver hacia Él en la forma de oración en la que estábamos. Abandonar una distracción que nos complace para volver a Cristo es realizar un acto de amor”.
Las distracciones] «nos acostumbran a vivir de pan seco y negro en la casa de Dios”, leemos también bajo la pluma del teólogo y obispo francés François Fénelon.
¿El interés de una pitanza tan exigua? Al dificultar la oración, las distracciones permiten a la persona buscar a Dios por Sí mismo y no por los sensibles consuelos que pueda dar.
De igual modo, a causa del esfuerzo que supone deshacerse de ellas, fortalecen la voluntad de encontrar y avivar el deseo de unirse a Él.
Una gracia más: nos aproximamos a nuestra pobreza. Sin embargo, “cuanto más pobre se es (…), se es más propio a las operaciones de este amor que todo lo consume y transforma”, escribe Teresa de Lisieux.
La joven doctora de la Iglesia plantea, no obstante, dos condiciones: consentir permanecer pobres y amar nuestra pobreza.
San Pablo sigue la misma línea: “Me gloriaré de mis debilidades para que el poder de Dios pueda habitar en mí”.
Consecuencia inesperada: vividas en la alabanza, la aceptación y la acción de gracias, las distracciones espirituales permiten a Dios establecer su reino en el corazón de la persona. Se convierten entonces en un camino, más que un obstáculo, para ir hacia Dios con humildad.
Nostra aetate y el Concilio abrieron el camino para el diálogo con las religiones
Jerusalén, 26 de mayo del 2014. Papa Francisco en el muro de los lamentos con el Rabino Abraham Skorka y el Imán Omar Abboud (Vatican Media)
En los últimos años se discutió sobre la interpretación de los textos, hoy en día los mismos documentos del Vaticano II están siendo cuestionados. Recordemos cómo surgió la declaración conciliar que marcó la historia de la Iglesia.
La declaración conciliar Nostra aetate aprobada por los padres del Vaticano II y promulgada por Pablo VI el 28 de octubre de 1965 marcó un punto de inflexión irreversible en las relaciones entre la Iglesia Católica y el judaísmo tras los pasos dados por Juan XXIII, y cambió significativamente el enfoque del catolicismo hacia las religiones no cristianas. Se considera un texto fundador para el diálogo con otras religiones, resultado de un largo trabajo de redacción.
La relación única entre el cristianismo y el judaísmo
La parte central del documento es la que se refiere al judaísmo: «Al escudriñar el misterio de la Iglesia, el sagrado Concilio recuerda el vínculo con el que el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido al linaje de Abraham… Dado que el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos es tan grande, este sagrado Concilio quiere promover y recomendar entre ellos el conocimiento y la estima mutua, que se obtienen sobre todo a través de los estudios bíblicos y teológicos y mediante el diálogo fraterno». Palabras que representan el reconocimiento de las raíces judías del cristianismo y la relación única que existe entre la fe cristiana y el judaísmo, como había subrayado Juan Pablo II en abril de 1986 cuando visitó la sinagoga de Roma. Un tema sobre el que Joseph Ratzinger también reflexionó como teólogo, quien, como Obispo de Roma, visitando la Sinagoga de la capital en enero de 2010, recordó cómo «la doctrina del Concilio Vaticano II» representaba «para los católicos un punto fijo al que referirse constantemente en su actitud y relaciones con el pueblo judío, marcando una nueva y significativa etapa». El acontecimiento conciliar dio un impulso decisivo al compromiso de seguir un camino irrevocable de diálogo, fraternidad y amistad».
La acusación de deicidio dirigida contra el pueblo judío termina
Otra declaración decisiva del documento se refiere a la condena del antisemitismo. Además de deplorar «el odio, la persecución y todas las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los judíos en todo momento y por cualquier persona», la declaración conciliar explica que la responsabilidad de la muerte de Jesús no debe atribuirse a todos los judíos. «Y si las autoridades judías y sus seguidores trabajaron por la muerte de Cristo, lo que se cometió durante su Pasión no puede ser culpado ni indiscriminadamente a todos los judíos de entonces, ni a los judíos de nuestro tiempo.
El rayo de la verdad que refleja otras religiones
En la parte inicial de Nostra Aetate se cita el hinduismo y el budismo y otras religiones en general, explicando que «se esfuerzan por superar, de diversas maneras, la inquietud del corazón humano proponiendo caminos, es decir, doctrinas, preceptos de vida y ritos sagrados». La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo en estas religiones. Considera con sincero respeto esas formas de actuar y de vivir, esos preceptos y doctrinas que, aunque en muchos puntos difieren de lo que ella misma cree y propone, sin embargo no pocas veces reflejan un rayo de esa verdad que ilumina a todos los hombres».
La estima por los creyentes del Islam
Un párrafo importante está dedicado a la fe musulmana. «La Iglesia también mira con estima a los musulmanes que adoran al único Dios, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y la tierra, que ha hablado a los hombres. Tratan de someterse con todo su corazón a los decretos de Dios, incluso a los ocultos, como Abraham también se sometió a ellos, a los que la fe islámica se refiere voluntariamente. Aunque no reconocen a Jesús como Dios, lo veneran como profeta; honran a su madre virgen, María, y a veces incluso la invocan con devoción. También esperan el día del juicio, cuando Dios pague a todos los hombres resucitados. También estiman la vida moral y adoran a Dios, especialmente a través de la oración, la limosna y el ayuno.
Pablo VI y los «confesores de la fe musulmana»
Entre los pasos significativos adoptados en los años siguientes por los Papas en el diálogo con el mundo islámico figuran las palabras pronunciadas en julio de 1969 por Pablo VI en Uganda, cuando el Papa rindió homenaje a los primeros mártires cristianos africanos haciendo una comparación que también asoció a los creyentes musulmanes con el martirio sufrido por los soberanos de las tribus locales. «Estamos seguros de estar en comunión con ustedes”, dijo, dirigiéndose a los exponentes de la fe islámica en la nunciatura de Kampala, «cuando imploramos al Altísimo, que despierte en los corazones de todos los creyentes de África el deseo de reconciliación, de perdón tan a menudo recomendado en el Evangelio y el Corán». El Papa Montini añadió: «¿Y cómo no asociar al testimonio de piedad y fidelidad de los mártires católicos y protestantes la memoria de aquellos confesores de la fe musulmana, cuya historia nos recuerda que fueron los primeros, en 1848, en pagar con sus vidas el rechazo a transgredir las prescripciones de su religión?
«Descendientes de Abraham»
En noviembre de 1979, al reunirse con la pequeña comunidad católica de Ankara, Juan Pablo II reafirmó la estima de la Iglesia por el Islam y dijo que «la fe en Dios, profesada en común por los descendientes de Abraham, los cristianos, los musulmanes y los judíos, cuando se vive con sinceridad y llevada a la vida, es el fundamento seguro de la dignidad, la fraternidad y la libertad de los hombres y el principio de una conducta moral recta y de la convivencia social». Y hay más: como consecuencia de esta fe en Dios Creador y trascendente, el hombre se encuentra en la cima de la creación».
El discurso de Casablanca
Una piedra angular en este camino está representada por otro discurso de Juan Pablo II, pronunciado en agosto de 1985 en Casablanca, Marruecos, frente a jóvenes musulmanes. «Cristianos y musulmanes -dijo el Papa Wojtyla en aquella ocasión- tenemos muchas cosas en común, como creyentes y como hombres. Vivimos en el mismo mundo, surcado por muchos signos de esperanza, pero también por muchos signos de angustia. Abraham es para nosotros el mismo modelo de fe en Dios, de sumisión a su voluntad y de confianza en su bondad. Creemos en el mismo Dios, el único Dios, el Dios vivo, el Dios que crea los mundos y lleva a sus criaturas a su perfección». Juan Pablo II recordó que «el diálogo entre cristianos y musulmanes es hoy más necesario que nunca. Se deriva de nuestra fidelidad a Dios y supone que sabemos reconocer a Dios por medio de la fe y dar testimonio de él por medio de la palabra y la acción en un mundo cada vez más secularizado y, a veces, ateo».
En Asís con Juan Pablo II y Benedicto XVI
Al año siguiente, el 27 de octubre de 1986, el Pontífice convocó a los representantes de las religiones del mundo a Asís para rezar por la paz amenazada, un encuentro que se convirtió en un símbolo de diálogo y compromiso común entre creyentes de diferentes creencias. «Encontrarse tantos líderes religiosos para rezar juntos es en sí misma una invitación al mundo de hoy a tomar conciencia de que hay otra dimensión de la paz y otra forma de promoverla, que no es el resultado de negociaciones, compromisos políticos o negociaciones económicas. Sino más bien, el resultado de la oración, que, a pesar de la diversidad de religiones, expresa una relación con un poder supremo que sobrepasa nuestra capacidad humana». Celebrando en Asís el 25º aniversario de ese acontecimiento, Benedicto XVI advirtió de la amenaza que supone el abuso del nombre de Dios para justificar el odio y la violencia, citando a este respecto el uso de la violencia perpetrada por los cristianos a lo largo de la historia («lo reconocemos, llenos de vergüenza»), pero también observó que «el ‘no’ a Dios ha producido crueldad y violencia sin medida, lo cual fue posible sólo porque el hombre ya no reconocía ninguna norma y ningún juez por encima de él, sino que tomaba como norma sólo a él mismo». Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios».
Del Consejo al documento de Abu Dhabi
La declaración conciliar Nostra Aetate concluye con un párrafo dedicado a la «Fraternidad Universal»: «No podemos invocar a Dios como Padre de todos los hombres si nos negamos a actuar como hermanos de algunos de los hombres que han sido creados a imagen de Dios. La actitud del hombre hacia Dios Padre y la actitud del hombre hacia otros hombres y mujeres están tan conectadas que la Escritura dice: «El que no ama no conoce a Dios». Por lo tanto, el fundamento se aleja de toda teoría o praxis que introduzca la discriminación entre el hombre y el hombre, entre pueblo y pueblo, discriminaciones en lo que respecta a la dignidad humana y los derechos que tienen». Se hace referencia a esta tradición en el documento sobre la Hermandad Humana firmado por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb, el 4 de febrero de 2019 en Abu Dhabi, escrito «En nombre de Dios, que creó a todos los seres humanos iguales en derechos, deberes y dignidad, y los llamó a vivir juntos como hermanos entre sí, a fin de poblar la tierra y difundir en ella los valores de la bondad, la caridad y la paz».
Escribía Jacques Leclerq, teólogo moralista belga (1891-1971): “Creo que un día, tu día, Dios mío, avanzaré hacia ti con pasos titubeantes, con todas mis lágrimas en la palma de la mano, pero también con este corazón maravilloso que nos has dado, este corazón demasiado grande para nosotros porque está hecho para ti”.
Y sí, el corazón del hombre es demasiado grande. En su interior se encuentra el deseo mismo de Dios, de buscar, encontrar y ver a Dios.
Jesús mismo llama a ese corazón, y Dios promete, por medio del profeta Ezequiel, renovar ese corazón, quitar el corazón de piedra y darnos un corazón nuevo, un corazón de carne.
Es precisamente este llamado a un nuevo corazón lo que nos brinda esperanza de poder cambiar, de abrirnos realmente para aquello a lo que estamos llamados: la verdad, la belleza, la justicia, el amor.
Es posible cambiar
Sin embargo, en la experiencia del día a día, pareciera que este deseo grande del corazón humano es poco realista e irrealizable.
Como si tuviéramos que simplemente “acomodarnos” o “resignarnos” a lo que en el mundo hay y lo que el mundo nos da.
Y lo que el mundo nos da y en lo que en el mundo hay, es un juicio y una condena constante del corazón humano. No puedes amar de manera pura, no puedes amar para siempre, etc, etc.
Esto es lo que Juan Pablo II ha llamado “los maestros de la sospecha”, y que identifica con las corrientes de pensamiento de Nietzsche, Freud y Marx.
En efecto, estas corrientes de pensamiento, o no creen, o no conocen, el poder transformador de la gracia de Dios y la promesa de un nuevo corazón.
Estos “maestros de la sospecha” proyectan sobre otros su prejuicio de que no se puede hacer, nada se puede cambiar, y que el corazón humano está destinado a ser dominado por sus deseos de lujuria, orgullo o soberbia de los ojos.
(Piensa por ejemplo en aquellos que niegan las llamadas terapias de recuperación a aquellos que lo solicitan, y piden ayuda para sanar las consecuencias de las heridas emocionales en sus vidas).
Estos “maestros” no ven esperanza de redención para el corazón del hombre.
La Sagrada Escritura nos abre a una nueva y esperanzadora imagen del hombre. El mensaje de Dios, la “Buena Nueva” de Jesús para el hombre, es que si hay redención y da posibilidades al hombre.
“La redención es una verdad, una realidad, en cuyo nombre debe sentirse llamado el hombre, y «llamado con eficacia»” (cfr. Juan Pablo II, Audiencia de Octubre 28 de 1980).
A esta redención a la cual se encuentra llamado todo hombre, sea la situación en la que se encuentra, los errores que haya cometido, las heridas que tenga, los santos ángeles son llamados a participar.
Santa Teresa de Ávila Precisamente, si tenemos en cuenta que los fenómenos místicos de los santos, sin que se repitan en los demás cristianos, vienen a ser una luz que se nos da para entender el camino de amistad y de unión con Dios; entonces podemos aludir al fenómeno de la transverberación de santa Teresa de Jesús.
Este fenómeno místico, que la misma santa narra en su autobiografia, consiste en ser traspasado el corazón, dejándole “toda abrasada en amor grande de Dios” ( Vida, 29,13).
Fue un ángel. La santa menciona que fue un querubín, el segundo coro de los ángeles. Sin embargo, parece ser, por la descripción que hace Teresa del fenómeno, que debió de ser un serafín.
Para estos efectos, no importa el coro que haya sido. Lo que llama la atención es que se inflama el corazón de una mujer, de una persona, con el fuego del amor y la deja toda abrasada en amor.
Ya no es el amor lujurioso, codicioso, que pregonan los “maestros de la sospecha”. Es un corazón abrasado de un amor puro por Dios y el prójimo.
Esta experiencia de Teresa de Jesús da testimonio, como las de otros muchos santos, de que el corazón del hombre puede ser trasformado, redimido por la gracia de Dios.
La amistad con el ángel nos lleva a ser heridos de amor, de amor divino. No de la misma manera que lo fue Teresa de Ávila pero sí con el mismo fin, que es que el deseo que llevamos en nuestro corazón se realice, esto es la búsqueda y la unión con Dios.
Y es que nada -oye bien-, nada de lo que afecta a los hombres deja indiferentes a los ángeles. Ellos se interesan por el corazón del hombre. La amistad con los santos ángeles nos lleva a encender nuestro corazón de amor.
Santo Tomás nos dice que “el solo contacto del ángel es suficiente para hacernos mejores. Así como el fuego irradia y extiende a su alrededor el calor; así como el contacto con una persona virtuosa nos hace mejores, del mismo modo si nos acercamos a los ángeles que irradian luz, calor, virtud, amor, recibiremos algo de ellos que nos comunican sus cualidades y perfecciones«.
Hay que notar que el ángel hiere el corazón de santa Teresa, y el corazón es el centro de nuestros afectos, sentimientos, pensamientos, deseos.
Los ángeles tocan todo esto para formar nuestro corazón. No es necesario que los veamos; el hecho de no verlos no significa que no tengan esa influencia.
Cuando el ojo ve un árbol no ve sus raíces, pero no por ello el árbol carece de las mismas, nadie se atrevería a decir que las raíces no existen o que son una invención de los agrónomos.
La experiencia de santa Teresa nos da cuenta de que los ángeles se acercan al corazón del hombre.
Padre Pío Otro de los santos con experiencias con los ángeles, san Pío de Pietrelcina, solía decir que cuando se tenga alguna necesidad del corazón, hay que dirigirse al ángel custodio.
Esa cercanía de los ángeles al corazón del hombre es lo que también hace posible que en momentos difíciles con alguien, ya sea por malos entendidos o por cualquier otra razón, las personas se vean aligeradas al acudir a estos buenos compañeros espirituales.
Fue el consejo que el papa Pío XI trasmitió al Cardenal Roncalli, futuro Juan XXIII.
Igualmente, los santos ángeles nos indican la fuente de este amor: Dios.
Ahora bien, ¿qué debemos hacer para aceptar esta ayuda y cercanía, para permitir que el ángel trasforme nuestro corazón y lo haga arder con el fuego de amor de Dios?
Considero que la respuesta es disponer nuestra alma a recibir con gratitud y humildad la presencia y ayuda de este amigo fiel.
Esta disposición se manifiesta en una oración fervorosa, que busque alcanzar la ayuda y auxilio de los ángeles; y en una honra aquí en la tierra mediante la confianza y incondicional a aquellos enviados por Dios para guiarnos en nuestros caminos.
Acerquémonos, pues a estos compañeros y encendamos nuestro corazón con un amor de Dios, un amor divino.
Te comparto la poesía que santa Teresa escribió que narra de manera bella la experiencia que tuvo con el ángel que la hirió de amor:
“Al Corazón de Jesús le agradan mucho los servicios de los pequeños y humildes de corazón, y paga con bendiciones sus trabajos”, decía la santa. Puede conocer más sobre su vida AQUÍ.
Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús son:
A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
Daré la paz a las familias.
Las consolaré en todas sus aflicciones.
Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte.
Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.
Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
Las almas tibias se harán fervorosas.
Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.
Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos.
Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.
Condiciones para obtener las gracias prometidas por el Sagrado Corazón de Jesús:
Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.
Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.
Oración al Sagrado Corazón de Jesús
Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
Cursillos Prebautismales virtuales para padres y padrinos
El Consejo de Formación de la Parroquia El Buen Pastor informa que ya están abiertas las inscripciones para los Cursillos Prebautismales virtuales dirigidos a padres y padrinos vía la aplicación Skype.
Las reuniones se llevarán a cabo los miércoles de 7:30 a 9:00 de la noche. Los interesados pueden inscribirse a través del correo de nuestra parroquia elbuenpastorsd@gmail.com, y por teléfono 809 549-3916.
La fecha de inicio será comunicada a los solicitantes cuando se complete la cantida de personas requeridas por cursillo.
Cómo la Cruz de Malta ayudó a los refugiados durante la Segunda Guerra Mundial
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Los malteses pintaban cruces de malta en las fachadas de sus casas con un propósito.
Hay muchas fotos de la época de la Segunda Guerra Mundial que muestran cruces de Malta pintadas en las fachadas de las casas en la isla de Malta. La Cruz de Malta se ha asociado durante mucho tiempo con los Caballeros de Malta, ya que fue utilizada ya en el siglo XVI por los Caballeros Hospitalarios durante las Cruzadas, y el símbolo se mantuvo intacto cuando pasaron a ser la Soberana Orden Militar de Malta. Pero, ¿qué llevó a tantas personas a poner la imagen en las fachadas que dan a la calle?
La Cruz de Malta está tan impregnada de simbolismo como de historia. La figura es reconocible por la forma en que cada punto de la cruz está en ángulo hacia afuera, formando ocho puntas. Malta Uncovered señala que estos ocho puntos simbolizan tres cosas: en primer lugar, forman parte del símbolo de un «guerrero cristiano», representan las ocho obligaciones o aspiraciones de los caballeros, que son:
«Vivir en la verdad, tener fe, arrepentirse de los pecados, dar prueba de humildad, amar la justicia, ser misericordioso, honesto y sincero, y soportar la persecución».
Los ocho puntos también representan a las ocho naciones cuyos compatriotas eran admitidos en la orden. Malta Uncovered explica que estos incluyen «Auvernia, Provenza, Francia, Aragón, Castilla y Portugal, Italia, Baviera (Alemania) e Inglaterra (con Escocia e Irlanda)». El sitio señala que la enseñanza moderna sostiene que los puntos también simbolizan las ocho «bienaventuranzas» o «bendiciones» de la orden:
«Un buen socorrista al servicio de la Orden de San Juan [Caballeros de Malta] es observador, tiene tacto, es ingenioso, hábil, sin doblez, sabe discernir, es perseverante y comprensivo”.
Ahora que conocemos el simbolismo detrás de la Cruz de Malta, es comprensible que los ciudadanos de Malta pintaran cruces en sus casas como un signo de solidaridad con sus protectores. Después de todo, la Cruz de Malta es el símbolo guía de sus caballeros, arraigados en la cultura maltesa durante cientos de años. Si bien esta práctica podía ser una muestra obvia de apoyo, sin embargo, también fue durante cierto tiempo un código.
Un informe de Television Malta (TVM) revela que pintar las cruces maltesas en la fachada de la casa de una persona era una forma de anunciar a la comunidad que el hogar tenía espacio para alojar refugiados. La práctica comenzó en 1940, cuando comenzaron a caer bombas sobre Malta. Como los ataques se dirigieron a sus tres ciudades más pobladas, se estimó que un tercio de sus 85.000 habitantes fueron desplazados.
Con el fin de proteger a la ciudadanía, y mantener a los refugiados lejos del camino de los militares, los desplazados fueron enviados a las ciudades y pueblos más rurales del interior, donde estaban más seguros frente a los ataques. Sin embargo, dado que había muy pocos refugios, la gente de estos pequeños pueblos acogió a las familias desplazadas para pasar el momento más difícil de la guerra.
Estas casas privadas que dieron la bienvenida a los refugiados comenzaron a pintar cruces maltesas en sus casas para mostrar a cuántas personas se estaban dando refugio. Las cruces también facilitaron a los funcionarios del gobierno ver dónde podría haber espacio suficiente para otra familia de refugiados. Al mismo tiempo, mostraban la generosidad de cada granja, mientras mostraban que tenían más para dar, si había alguien más en necesidad.