Así es la Basílica romana donde se custodia la Cruz de Cristo encontrada por Santa Elena
Este 18 de agosto la Iglesia celebró la fiesta de Santa Elena, madre del emperador romano Constantino, que viajó a Jerusalén entre los años 327 y 328 donde encontró la Cruz de Cristo y trasladó sus restos a Roma.
Los fragmentos traídos por Santa Elena se conservan hoy en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén de Roma, muy cerca de la Basílica Pontificia de San Juan de Letrán. El hallazgo de la Santa Cruz no está exento de detalles sobrenaturales.
Según la tradición, Santa Elena localizó el Calvario gracias a los testimonios de los habitantes de Jerusalén, que habían guardado la memoria del punto exacto a pesar del intento de desvirtuar el lugar mediante la construcción de un templo pagano.
En ese lugar de Jerusalén se alza hoy la Basílica del Santo Sepulcro en cuyo interior se veneran el lugar de la crucifixión y el Santo Sepulcro. Esa iglesia se construyó, precisamente, por orden de Constantino, aunque fue posteriormente destruida por persas y árabes y, posteriormente, reconstruida por los cruzados.
En sus indagaciones, Santa Elena localizó numerosas cruces, ya que el Calvario era un punto habitual de ajusticiamiento. Para averiguar cuál era la verdadera Cruz de Cristo hizo colocar unos fragmentos junto a una mujer agonizante que, al tocarlos se recuperó de su enfermedad.
Esos fragmentos son los que se custodian en un relicario del año 1800 en una cripta bajo la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén de Roma.
La actual Basílica, del siglo XVIII y en estilo barroco-romano, se alza sobre una construcción anterior del siglo IV restaurada en los siglos VIII y XII.
El solar sobre el que se alza era, en su origen, el Palatium Sessorianum, un palacio imperial que incluía un circo y un anfiteatro castrense. El anfiteatro todavía se conserva en buen estado y es empleado como huerto de un monasterio fundado en el siglo X anexo a la Basílica.
Al trasladar la capital imperial desde Roma a Constantinopla, el emperador Constantino entregó la propiedad del palacio a su madre Santa Elena. Santa Elena construyó en el palacio la capilla donde guardó las reliquias de la Cruz.
En el siglo VIII, los Papas Gregorio II y Adriano I restauraron la capilla. En el siglo XII, el Papa Lucio II amplió la capilla en estilo románico mediante la construcción de tres naves, un campanario y un pórtico.
La estructura de aquella construcción es la que se conserva en la actualidad, aunque muy modificada por la reconstrucción barroca realizada en el siglo XVIII por el Papa Benedicto XVI.
La Basílica es una de las siete iglesias que los peregrinos que vienen a Roma deben visitar. Las siete iglesias son la Basílica de San Pedro del Vaticano, la Basílica de San Juan de Letrán, la Basílica de San Pablo Extramuros, la Basílica de Santa María la Mayor, la Basílica de San Lorenzo Extramuros, la Basílica de San Sebastián Extramuros y la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén.
Además de los fragmentos de la Santa Cruz, en la cripta de la Basílica se conserva la reliquia de la tabla con el mensaje, en hebreo, griego y latín, de “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”, ordenada colocar por Pilato en lo alto de la Cruz de Cristo.
La procedencia de la tabla no está clara, pero se piensa que fue trasladada a la Basílica en el siglo VI. La tabla custodiada en la cripta conserva la inscripción “I. NAZARINVS RE”.
Oraciones por Bielorrusia contra el sufrimiento inocente
Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk (C) Ayuda A La Iglesia Necesitada
Expresadas por Mons. Sviatoslav Shevchuk
“Oremos por el pueblo bielorruso, que lucha por sus derechos y su libertad, por el fin de la violencia y el restablecimiento de la justicia, por la paz y la armonía social…”. Estas son las oraciones solicitadas por su beatitud Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de Kiev-Galitzia y toda Rusia, en una carta al arzobispo de Minsk, Tadeusz Kondrusiewicz, presidente de la Conferencia Episcopal Bielorrusa, y al archimandrita Serhiy Hayek, visitante apostólico de los greco-católicos de Bielorrusia.
El prelado expresó su apoyo en la difícil situación a la Iglesia Católica de Bielorrusia y aseguró que su Iglesia cada noche, a las 9 pm, ofrece una oración especial por el pueblo de Bielorrusia.
Varias protestas callejeras han superado a Bielorrusia tras la reelección de Alexander Lukashenko a la presidencia, quien ha guiado a la nación ininterrumpidamente desde 1994.
En la carta, su beatitud Shevchuk subraya creer que “Dios, único Señor de la historia humana, puede estar invisiblemente presente en las calles y plazas de Bielorrusia para asegurar su cercanía y su salvación a estas personas que sufren”.
El pastor greco-católico dijo entonces que reza por “la protección de Bielorrusia de las fuerzas externas y enemigas, por la preservación de la unidad del pueblo bielorruso y por la independencia e integridad territorial de su Estado”.
Invitación a los niños
Dirigiéndose directamente a los niños de la Iglesia Católica Griega, monseñor Shevchuk los invitó a “rezar con fervor por el fin de la violencia contra los inocentes, por el restablecimiento del orden social y por la comprensión del pueblo bielorruso, por la paz y la preservación de la unidad e integridad del Estado bielorruso”.
Emitiendo una invitación, el jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana pidió una oración adicional para el pueblo bielorruso “todos los días a las 9 pm para rezar por la paz y la serenidad en Ucrania”.
Asimismo, el Papa Francisco hizo un llamamiento a favor de la situación de Bielorrusia después de que su ángelus del domingo 16 de agosto, y muchas Conferencias Episcopales de la Iglesia universal, han expresado su solidaridad.
Inicia Catequesis para niños de 3 a 13 años, por Zoom
La Parroquia El Buen Pastor avisa a toda su feligresía que, a partir del sábado 12 de septiembre, vamos a dar inicio a las catequesis virtuales para niños, de 3 a 13 años, a las 9:30 de la mañana.
Será a través de la aplicación Zoom. Las inscripciones están abiertas desde ya, llenando los formularios disponibles aquí.
Papa Francisco extiende Jubileo en Santuario de Loreto hasta 2021
Papa Francisco reza ante la Virgen de Loreto. Foto: Vatican Media
El Papa Francisco prorrogó el Jubileo en el Santuario de la Virgen de Loreto hasta el 10 de diciembre de 2021.
Así lo anunció el arzobispo delegado Pontificio en Loreto, Mons. Fabio Dal Cin, al finalizar el rezo del Rosario de la vigilia de la Asunción.
El Jubileo Lauretano con ocasión de los 100 años de la proclamación de la Virgen de Loreto como Patrona de todos los aeronautas comenzó el 8 de diciembre de 2019 e iba concluir el 10 de diciembre de 2020.
Sin embargo, un decreto de la penitenciaría apostólica indicó que el Jubileo será extendido un año más debido a que el Año Jubilar no se ha podido celebrar plenamente por el COVID-19.
Por su parte, Mons. Fabio Dal Cin agradeció al Santo Padre y añadió que “en este tiempo difícil para la humanidad, la Santa Madre Iglesia nos dona otros doce meses para empezar de nuevo desde Cristo, dejándonos acompañar por María, signo de consuelo y esperanza segura para todos”.
Para más información sobre el Jubileo Lauretano, haga click AQUÍ
En medio de la crisis sanitaria por la pandemia, el Arzobispo de Bogotá (Colombia), Mons. Luis José Rueda Aparicio, escribió una carta pastoral a las familias para animarlas a fortalecer su esperanza en estos tiempos difíciles.
En la carta del 11 de agosto titulada “La esperanza nos da un nuevo ritmo”, Mons. Rueda invita a las familias a recordar la frase de San Agustín: “Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti”, como luz en el camino en medio del dolor causado por la pandemia del coronavirus.
Asimismo, les brinda ocho claves que les ayudarán a fortalecer la virtud de la esperanza ante la “tan sorpresiva y exigente” etapa que a la humanidad le toca vivir.
1. Reconocer que todos somos frágiles
El Prelado les reafirmó su preocupación, cercanía y solidaridad con todos los que sufren por las consecuencias de la pandemia y los invitó a reconocer la fragilidad compartida que el mundo experimenta hoy en día.
“Nos duele el sufrimiento de tantas familias que han vivido el drama del contagio, la incertidumbre provocada por las limitadas posibilidades de atención y la muerte de sus seres queridos sin posibilidad de despedirlos. Sufrimos con aquellos que viven solos y han tenido que afrontar esta cuarentena más aislados que antes”, señaló.
También se refirió a los que “han perdido el empleo y la de tantos sectores de la población que representan trabajos informales” y a los “sin techo, como son las personas en condición de calle, los migrantes y los desplazados a causa de los conflictos sociales”
“Nos solidarizamos con los médicos, las enfermeras y todo el personal sanitario, quienes atienden de manera directa el dolor de los enfermos”, dijo.
2. Reconocer que todos nos necesitamos
Luego, el Prelado, afirmó que en esta crisis “las personas corren el riesgo de sentirse solas y abandonadas en medio de la tragedia” y advirtió que “la peor de las fragilidades es aquella que nos hace indiferentes o egoístas aún en medio de tanto dolor”.
Por ello, llamó a las familias a que en la medida de sus posibilidades, hagan sentir acogidas, acompañadas, consoladas y atendidas a estas personas. Esto es “parte del ser comunidad de hermanos, capaces de compartirlo todo en el amor de Cristo”, señaló.
3. Poner nuestra esperanza en Dios nos da un nuevo ritmo
El Arzobispo recordó que si bien antes de la crisis se pensaba que con “nuestras capacidades podíamos instaurar un mundo perfecto en la economía, en la ciencia y en la política”, ahora en la prueba, se hizo necesario hallar una gran esperanza con hospitalidad, fraternidad, y solidaridad que no sea destruida por un virus o el miedo.
Benedicto XVI enseña que “esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar”, dijo.
4. Manifestar la esperanza con actitudes concretas
Para el Prelado, es tiempo de “un nuevo ritmo en la esperanza, capaz de movilizar todas las fuerzas humanas” y además, “es bueno que esa esperanza se manifieste, salga y se ponga en camino con pasos visibles y concretos: Misericordia, Encuentro, Diálogo y Austeridad”.
5. Hacer de la misericordia un estilo de vida
Mons. Rueda dijo que hoy Dios nos llama a recibir su “abrazo misericordioso […] para dejar que Él toque nuestra miseria y nos hospede nuevamente en su corazón” y así poder mostrar misericordia a los demás con obras diarias de amor, “hasta que ellas se conviertan en el estilo de vida personal y familiar”.
6. Promover el encuentro de los demás con Cristo
El Prelado dijo que es un “tiempo propicio” para promover por medio de las palabras y obras el “encuentro permanente” de los demás con Cristo en el Evangelio, oración y sacramentos.
“Quien se encuentra con Cristo se encuentra consigo mismo, con los otros, con la creación, y asume el riesgo de ayudar a construir un mundo de fe, esperanza y amor”, afirmó.
7. Ser misioneros del diálogo
El Prelado advirtió que “la ausencia de diálogo acrecienta en todos el miedo y la autodefensa agresiva” y hace caer en la tiranía, fanatismo y guerra.
Por ello, invitó a “promover la actitud del diálogo con verdad y respeto”, pues el diálogo reclama una “actitud de escucha” para percibir las diferencias, salir de la indiferencia, escuchar los clamores de los que sufren o se sienten “descartados” y así llevar a la “reconciliación social”.
“Hoy estamos llamados a ser misioneros del diálogo en la familia y en la sociedad, si logramos cultivar la actitud del diálogo, encontraremos la respuesta a muchos interrogantes de la vida y se acrecentará en nosotros la esperanza”, dijo.
8. Vivir con una austeridad sin amargura
Mons. Rueda señaló que “la sobriedad vivida con gratitud, sin amargura, nos permite valorar lo poco que tenemos” y evitar el desperdicio.
También, dijo que enseña el compartir fraterno y “un nuevo ritmo que nos da felicidad y nos libera del consumismo”, da la riqueza de la sabiduría y forja en la familia “un nuevo estilo de vida, sin pretensiones de acumulación indebida, buscando solo lo esencial, lo fundamental”.
“El estilo de vida en sobriedad nos hace más humanos, más solidarios y por tanto más cristianos. Sólo así podremos ofrecerle al mundo la fuerza renovadora de la humildad frente a la opulencia, y todos pasaremos del pesimismo a la esperanza”, agregó.
Oración para rezar en familia
Finalmente, Mons. Rueda ofreció su oración y la de toda la Arquidiócesis a las familias. “Con ustedes somos el Pueblo de Dios en camino, con el nuevo ritmo que nos da a todos la esperanza”, añadió.
Asimismo, les recordó que hoy más que nunca “resuenan en nuestra conciencia las palabras de Jesucristo el Señor: ‘Les he dicho esto para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir, pero tengan confianza, ¡yo he vencido al mundo!’”.
“Que San José, custodio de la vida en el hogar de Nazaret, nos acompañe con su amor fiel. Oremos a la Virgen Madre” con la siguiente oración:
Santa María, Madre de la esperanza:
Bendita Tú eres, entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre: Jesús.
Te consagramos nuestra familia y la humanidad entera, Madre de Cristo, consuelo de los afligidos, salud de los enfermos, que seamos contigo misioneros de la esperanza, ayúdanos a ser fraternos y solidarios, que nuestra casa sea santuario de la vida y templo de oración confiada.
Madre de Dios y Madre nuestra, Madre de la esperanza, Virgen María, ruega por nosotros y acompáñanos de noche y de día.
8 datos sobre la vida de Santa Elena, quien halló la Cruz de Jesús
Santa Elena / Foto: Jean-Pol GRANDMONT (CC BY 3.0)
El 18 de agosto se celebra la Fiesta de Santa Elena, la madre del emperador Constantino y conocida por hallar la que según la tradición sería la Cruz donde murió Jesucristo, además de otras reliquias relacionadas con el Señor.
Muchas de estas reliquias se encuentran en países como Italia, España y Alemania. Aquí presentamos ocho datos sobre la vida de esta reina que rescató un gran patrimonio para la Iglesia Católica.
1. Nació en una familia humilde
Flavia Julia Elena Augusta nació alrededor del año 250 en Bitinia (en el norte de Turquía y junto al Mar Negro) en el seno de una familia humilde.
Según la tradición, era muy bella y fue este atributo lo que atrajo al famoso general romano Constancio Cloro cuando la vio mientras recorría la zona.
2. Fue abandonada por su esposo
Constancio Cloro se enamoró de Elena y se casó con ella. Aproximadamente en el año 270 tuvieron un hijo al que llamaron Constantino.
Ambos llevaban años de matrimonio cuando el emperador Maximiliano le ofreció a Constancio Cloro la oportunidad de ser nombrado su más cercano colaborador, pero con la condición de que repudiara a Elena y se casara con su hija Flavia Maximiana Teodora.
Así, motivado por su ambición, él repudió a su esposa. Elena sufrió por este abandono durante 14 años, en los que se convirtió al cristianismo.
3. Influenció en el cese de la persecución a los cristianos en el Imperio Romano
Luego de la muerte de Constancio Cloro, Constantino fue proclamado emperador de Roma por el ejército. Aunque era pagano como su padre, el joven había sido instruido por su amada madre en los fundamentos del cristianismo.
Sin embargo, se convirtió cuando, antes de la batalla en la zona entre Saxa Rubra y el Puente Milvio, vio una Cruz en sus sueños con una leyenda que decía: “Con este signo vencerás”. Al día siguiente, el emperador llevó una Cruz al combate y exclamó: “Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena”.
Tras la victoria, Constantino decretó la libre profesión de la religión católica. Así terminaron tres siglos de sangrientas persecuciones contra los cristianos.
4. Fue nombrada Augusta o emperatriz
Constantino amaba muchísimo a su madre y alrededor del año 325 le otorgó el título de Augusta o emperatriz.
Además, mandó a hacer mandó hacer monedas con la figura de ella y le dio plenos poderes para que utilizara el dinero del gobierno en las obras buenas que quisiera.
5. Se mezclaba entre los pobres
San Ambrosio narró que a pesar de ostentar tan alta dignidad, Santa Elena se vestía con sencillez y se mezclaba entre los pobres para ayudarlos. También era conocida por su intensa vida de piedad.
6. Viajó a Tierra Santa para buscar las reliquias de Jesús
Con el apoyo de su hijo Constantino, Santa Elena viajó a Tierra Santa para buscar las reliquias relacionadas directamente con Jesucristo.
San Crisóstomo y San Ambrosio señalaron que, después de realizar muchas excavaciones en Jerusalén, se encontraron tres cruces.
Como no se podía distinguir cuál era la de Jesús, trajeron hasta el Monte Calvario a una mujer agonizante y al tocarla con dos de las cruces ella empeoró. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma se recuperó instantáneamente. Entonces Santa Elena, el entonces Obispo de Jerusalén Macario, y miles de fieles llevaron la cruz en procesión por las calles de la ciudad.
La emperatriz halló otras reliquias de Jesús: los clavos que perforaron sus las manos y pies, el “Titulus Crucis”, una parte de la túnica que utilizó antes de ser crucificado, un fragmento de la cuna donde Él reposó y la Escalera Santa.
También recuperó las reliquias de los Reyes Magos y descubrió el sepulcro donde fue enterrado Jesucristo.
En Tierra Santa mandó construir tres templos: uno en el Calvario, otro en el Huerto de los Olivos y el tercero en Belén.
7. Colocó un clavo de Jesús en el casco de Constantino
Dice la tradición que para proteger a su hijo Constantino en las batallas, Santa Elena colocó uno de los clavos de Jesús en su casco y otro en su caballo.
8. Su sarcófago se encuentra en los Museos Vaticanos
Santa Elena falleció entre los años 330 y 335. Fue enterrada a las afueras de Roma y su sarcófago fue trasladado en 1777 al Vaticano y restaurado.
El sarcófago tiene grabadas escenas de batallas de los romanos contra los bárbaros y un par de leones. Puede visitarse en el Museo Pío Clementino, dentro de los Museos Vaticanos.
Brasil: Carta del Papa para la Semana de la Vida Religiosa Consagrada
Procesión De Personas Consagradas (C) Conferencia De Religiosos De Brasil
La gracia de Dios, “protagonista de la vida”
Con motivo de la Semana de la Vida Religiosa Consagrada, promovida por la Conferencia de Religiosos de Brasil, que tendrá lugar del 16 al 22 de agosto de 2020, el Papa Francisco escribió una carta a las personas consagradas de Brasil el pasado 5 de agosto.
En el mensaje, el Pontífice recuerda que el camino vocacional “tiene su origen en la experiencia de saberse amado por Dios: la vida misma es ya fruto de una llamada de Dios; nos ha llamado a la vida porque nos ama y ha predispuesto todo para que cada uno de nosotros sea único”.
“¿Es Jesús verdaderamente el primer y único amor, como propusimos al profesar nuestros votos?” les pregunta el Santo Padre a los religiosos brasileños, con el objetivo de hacerles buscar una “mayor promoción y renovación de la vida y misión”.
“Sólo si lo hacemos –explica– seremos capaces de cumplir con nuestro deber: amar verdadera y misericordiosamente a cada persona que encontremos en nuestro camino, porque habremos aprendido de él lo que es el amor y cómo amar: sabremos cómo amar, porque tendremos su propio corazón”.
Sigue el texto completa de la carta del Papa Francisco dirigida a los consagrados de Brasil.
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Carta del Papa Francisco
Con gran alegría me uno en espíritu a las oraciones e iniciativas promovidas por la Conferencia de Religiosos de Brasil con motivo de la Semana de la Vida Religiosa Consagrada del 16 al 22 de agosto, que tiene como objetivo promover y renovar la misión de cada uno de ustedes en la tierra de la Santa Cruz. En este sentido, vale la pena recordar que el camino vocacional tiene su origen en la experiencia de saberse amado por Dios: la vida misma es ya fruto de una llamada de Dios; nos ha llamado a la vida porque nos ama y ha predispuesto todo para que cada uno de nosotros sea único, acompañándonos a lo largo de los polvorientos caminos de nuestra vida y, conociendo nuestra conmovedora nostalgia de amor y felicidad, nos llama a la alegría, que se encuentra sólo en el don de sí mismo a los demás (cf. Mensaje para la 55ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 22/2/2018).
Por otra parte, ante los desafíos que impone la sociedad actual, que vive un cambio de época, es necesario estar atentos para evitar la tentación de tener una visión mundana, que nos impide ver la gracia de Dios como protagonista de la vida y nos lleva a salir en busca de cualquier sustituto (cf. Homilía en la 24ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 1/2/2020). El mejor antídoto contra la tentación es dar prioridad a la oración en medio de todas nuestras actividades, con la certeza de que la persona que mantiene la mirada fija en Jesús aprende a vivir para servir, porque experimenta lo que dijo el profeta Isaías: “Eres precioso a mis ojos… te amo” (43,4).
Por lo tanto, para buscar una mayor promoción y renovación de la vida y misión de las personas consagradas en Brasil, les invito de nuevo a formular la pregunta que había propuesto en la Carta Apostólica a las Personas Consagradas en 2014: “¿Es Jesús verdaderamente el primer y único amor, como propusimos al profesar nuestros votos? Sólo si lo hacemos, seremos capaces de cumplir con nuestro deber: amar verdadera y misericordiosamente a cada persona que encontremos en nuestro camino, porque habremos aprendido de él lo que es el amor y cómo amar: sabremos cómo amar, porque tendremos su propio corazón”.
Queridos consagrados y consagradas de Brasil, deseando confirmar estas intenciones y pidiendo la intercesión de Nuestra Señora Aparecida para que esta Semana de la Vida Religiosa Consagrada sea muy fecunda, os envío a todos la Bendición Apostólica, pidiéndoos que no dejéis de rezar por mí.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.
Encarceladas mamá e hija tras salvar a bebé de morir en aborto
Gentileza
Claudia Castillo comparte la pesadilla que vivió ella y su mamá al ser acusadas falsamente de robar a un bebé, y cómo esa pesadilla se prolongó al ser detenidas y presentadas en los principales noticiarios de la televisión, hasta el ser recluidas en una cárcel mexicana.
Siempre he pensado que entrar a un reclusorio o cárcel en México es como bajar auténticamente al infierno, es vivir el infierno en vida. La situación en las cárceles de México es vivir auténticamente en el terror.
En las cárceles de México, ya sea para hombres o mujeres, se cometen los actos más atroces y perversos. Hay relatos de cómo las noches son eternas, por los gritos desesperados de los internos que son masacrados o a golpes o picados con armas punzo cortantes, o violados tumultuariamente. Todo por no pagar las famosas cuotas.
Duermen y viven hacinados en una celda por decenas. Duermen literalmente de pie amarrados a las rejas, pues no hay espacio para dormir acostados por la cantidad de reclusos que meten en cada celda.
Todo esto está comprobado por las declaraciones de internos y recabadas en carpetas ante derechos humanos. Ciertamente ocultado y maquillado por las autoridades.
Hoy Claudia Castillo nos comparte la pesadilla que vivió ella y su mamá al ser acusadas falsamente de robar a un bebé, y cómo esa pesadilla se prolongó al ser detenidas y presentadas en los principales noticiarios de la televisión, hasta ser recluidas en una cárcel mexicana.
Esta es la historia de Claudia y su mamá, que pasaron del infierno en la tierra a la redención. Es la historia de dos mujeres que pasaron de vivir una pesadilla en vida, a vivir la esperanza en vida de la mano de la misericordia infinita de Dios.
– Estimada Claudia, muchas gracias por concedernos esta entrevista para Aleteia. ¿Puedes decirnos tu nombre completo, cuántos años tienes, a qué te dedicas y si tienes alguna profesión?
Mi nombre es Claudia Castillo, tengo 37 años y radico en el Estado de México. Soy licenciada en turismo, pero desde hace varios años trabajo para una asociación civil que se dedica a brindar ayuda a mujeres que están pasando por un embarazo en crisis.
– Platícame de tu afinidad pro-vida y de la labor social que has realizado durante tu juventud. ¿Cómo ha sido tu vocación, tu misión en este sentido?
Hace más de 20 años que trabajo como voluntaria en esa asociación civil, que se dedica a la defensa de la vida y, sobre todo, al acompañamiento de mujeres que están pasando por situaciones muy difíciles durante su embarazo.
Muchas veces no saben cuál es la solución a todos esos problemas, y lo primero que piensan es en el aborto ante lo que están viviendo, sin darse cuenta de que el aborto es lo único que no necesitan en sus vidas; lo que necesitan es una mano amiga que les diga: “No estás sola”.
Y, bueno, comencé en este camino tan hermoso de la defensa de la dignidad humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural cuando tenía 15 años.
Me enamoré de esta causa, a la que yo llamo apostolado, en una conferencia a la que asistí y en la que se hablaba de la tragedia del aborto, que cobra más vidas que la misma guerra o las pandemias como la que padecemos hoy día.
De allí comenzó un camino en donde hacía, junto con mis grandes maestras y hoy grandes amigas, muchos eventos para crear cultura de vida: charlas, talleres, organizar congresos, y “Días por la Vida” en parroquias.
Ahí enseñábamos a las personas la maravilla que es la vida y el desarrollo gestacional, y a tomar conciencia de que existe un ser humano desde el momento de la concepción. Dábamos cursos de bioética, conferencias sobre el aborto y sexualidad para jóvenes.
Participé en la creación de la “Marcha Pasos por la Vida” y fui vocera del primer año de la marcha, y también participé en la organización en Ciudad de México de la primera campaña de “40 Días por la Vida”.
Hoy veo cómo han crecido y me siento muy feliz y muy orgullosa de haber podido ser pionera en estos grandes movimientos a favor de la vida en mi país.
– Hace algunos años, escuchando las noticias en los principales medios de comunicación mexicanos, supimos que viviste un momento sumamente difícil en tu vida. ¿Puedes hablarnos de ello?
En noviembre del 2012 fuimos detenidas mi mamá y yo por el presunto robo de un bebé; mi mamá fue detenida saliendo de su trabajo, y a mí me detuvieron en el Ministerio Público cuando fui a pedir informes sobre mi mamá.
Me detuvieron sin decirme que yo era sospechosa, me crearon una declaración falsa, la cual no firmé, y me pasaron a los separos junto a mi mamá.
Así empieza nuestro viacrucis. Mi mamá es trabajadora social y además una mujer que siempre está ayudando al más indefenso.
En su trabajo una señora llega queriendo abortar a su hijo; mi madre le da orientación para que tenga a su bebé, pero después de que nace la acusa de que ella le había robado al niño, lo cual es falso, tan falso que cuando citan a esa mujer para confirmar su acusación no va y tiene que ir el Ministerio Público por ella para obligarla a ratificar esa acusación.
Y como es un delito que se persigue de oficio, el Ministerio Público sigue con la detención hasta que nos investiguen más.
Así que pasamos tres días en el búnker, completamente incomunicadas, siendo amedrentadas por el fiscal y los judiciales para que nos declaráramos culpables.
Como no pueden hacer nada, piden a una juez que nos dé una orden de arraigo de 30 días para poder conseguir pruebas en nuestra contra.
Nos trasladan de noche al arraigo, sin avisar a los familiares, sin derecho a una llamada; nosotras completamente asustadas sin saber qué está pasando.
En el arraigo pasamos 30 días en una habitación pequeña. Gracias a Dios las dos estábamos juntas. No podemos traer zapatos, ni ligas en el cabello, ni estar vestidas con pants blancos.
La habitación tiene un vidrio al frente por donde somos vigiladas las 24 horas de los 7 días de la semana: tenemos un policía enfrente todo el tiempo, observando cómo nos comportamos.
La regadera al final de la habitación tiene una pequeña barda que llega a la cintura, por lo que mientras nos bañamos somos vigiladas por la policía.
Todos los días es la misma rutina: nos levantan como a las 7:00 a.m., nos piden que nos bañemos, nos cambiamos de ropa, traen el desayuno.
A medio día hay sólo una hora de visitas: 30 minutos recibimos a un familiar, y 30 minutos a otro; tenemos que salir de la habitación con las manos en las espalda, no podemos abrazar a nuestros familiares, sólo tocarnos de las manos, y todo el tiempo está el policía escuchando nuestra conversación, no hay privacidad.
Después de que se va la visita pasamos a la habitación, comemos y nos sacan a caminar diario una hora, en una habitación grande que tiene las ventanas de espejo y sólo se puede ver la calle si te pegas mucho al espejo; miras a la calle y si ves a alguien pasar, se te hizo el día.
Los lunes tenemos una sesión de una hora con un psicólogo, y lo único que hace es un análisis criminalístico de ti y decirte que ya te declares culpable.
Perdón que sea tan específica en todo esto del arraigo, pero me gustaría concienciar y denunciar que eso es tortura y es legal en México.
Además concienciar a las personas que miran en las noticias a presuntos culpables y los juzgan duramente sin saber por el tormento que han pasado, y con toda la corrupción del país es muy probable que sean inocentes.
Ahí pasamos Navidad mi mami y yo solitas; bueno, la verdad es que estábamos más cerca que nunca de Jesús, y tengo que contarles que tuve una experiencia muy sensible, hablando de los sentidos físicos: percibí cómo Jesús fue a abrazarme en Navidad.
Nunca antes había vivido algo como eso y no lo he vuelto a vivir, pero ha sido la experiencia más real y cercana que he tenido con Jesús.
Dos días antes de que terminara el arraigo fuimos expuestas a los medio de comunicación en una conferencia de prensa, sin previo aviso ni a nuestro abogado, ni a nuestros familiares y mucho menos a nosotras.
Salimos en las noticias internacionales, en los noticieros más importantes de la televisión y en las primeras planas de los periódicos del día siguiente como miembros de una supuesta banda de secuestradores de bebés.
La verdad, ser expuestas de esa forma siendo inocentes de lo que nos acusaban ha sido para mí, y sobre todo para mi mamá, el acto de humillación más grande que hayamos podido experimentar.
Tratadas como lo peor de la sociedad, con miradas de odio y asco sobre nosotras, y de juicio. En esos momentos fue cuando entendí la incomprensión que sintió Jesús ante Poncio Pilatos y la asamblea donde no encontró ni una mirada de compasión.
No hay palabras que puedan decirse en ese momento. No hay expresión alguna que describa el dolor tan profundo que siente tu corazón ante un mundo que juzga sin saber la realidad y que además se cree con el valor moral para emitir ese juicio y condenar a alguien del que no conoce nada y tampoco está seguro que hizo mal.
Bueno, terminan los 30 días del arraigo, de hecho 29 días, porque nos vuelven a sacar a escondidas y sin avisar a nuestros familiares.
El traslado es al Reclusorio de Santa Marta Acatitla y, como era de esperar, la juez expide un auto de formal prisión. Creo que el momento de más miedo que he tenido en la vida es al ingresar al reclusorio, y más porque teníamos la esperanza de salir libres del arraigo.
Desde que entras te tratan mal, a gritos, como lo peor de la sociedad; te asustan diciendo que de ahí no sales por lo menos en 3 meses, y que te prepares para aprender a vivir ahí dentro.
La verdad es que me acuerdo de ese momento y mis ojos se llenan de lágrimas y mi cuerpo tiembla de miedo; jamás en mi vida sentí tanto miedo, y le pido a Dios no volver a sentirlo de esa manera.
Como fuimos expuestas a los medios de comunicación y las reclusas tienen acceso a la televisión, pues ya éramos famosas en el reclusorio y nos esperaban ya para darnos la “bienvenida”.
Por eso desde que ingresamos fuimos custodiadas y nos llevaron a un área restringida llamada “Seguridad”, donde nos instalaron en nuestra celda, que yo prefiero llamar habitación.
De ahí comenzó una nueva aventura que duró 3 meses, donde conocimos una realidad que para muchísima gente es desconocida: cómo es la vida en los reclusorios, si todos los detenidos son culpables o no, si las personas que están ahí de verdad son tan malas como se cuenta…
En fin, para mí fue una manera muy pedagógica por parte de Dios de quitarme una venda de los ojos y mostrarme una realidad que no conocía y que la verdad no quería conocer por miedo a lo que iba a encontrarme ahí.
¿Y qué encontré? Gente buena, la mayoría inocente; mujeres heridas profundamente por una realidad cruel que les tocó vivir; ávidas de una palabra de esperanza, de fe; con una necesidad profunda de una mirada de amor y comprensión, de que alguien les regrese la dignidad que les fue arrebatada y les diga: “Vales porque eres hija de Dios, y Dios es el Dios de las mil oportunidades, Él jamás se cansa de esperar por tu corazón contrito, que quiere volver a empezar desde el amor”.
– ¿Hay un antes y un después en Claudia Castillo? ¿Hay aún una herida por eso que pasaste? ¿A quién te encomendabas, a quién clamabas en estos momentos tan complicados, tan oscuros, al estar en una celda y al ser humillada y presentada por las autoridades como una secuestradora? ¿Y tu mamá cómo lo vivió?
Por supuesto que hubo un antes y un después en mi manera de ver la vida y de vivirla; estar ahí y haber tenido que pasar por todo lo que pasamos fue una experiencia de mucho miedo y dolor, pero llena de gracia y regalos que jamás me imaginé experimentar.
Para mí fue como un gran retiro espiritual, lleno de experiencias místicas, en donde tuve la certeza de que Dios estaba con nosotras.
Vi muchos actos llenos de bondad por parte de las chicas con las que convivíamos, de las policías que nos cuidaban, de mis abogados que siempre llevaban esperanza en las audiencias y nos decían: “Mucha gente está rezando por ustedes”.
Sentíamos el respaldo de la oración de nuestra familia, que oraba sin cesar, de nuestros amigos y de muchísima gente que no nos conocía y que, sabiendo nuestra historia, se unió en oración por nuestra libertad.
La verdad es que salimos libres gracias al poder de la oración de intercesión, y desde ahí comprendí la importancia y la fuerza que existe cuando oramos unos por otros.
Mi mami y yo también hacíamos mucha oración e invitamos a nuestras compañeras a rezar; nos uníamos en el rezo del Rosario, y en la lectura de la liturgia diaria, donde Dios siempre nos hablaba con mucha claridad y nos hacía saber que estábamos en sus manos y no había nada que temer.
A mí me gustan mucho las novenas. Se me hace una manera muy linda de tener unión con los santos y conocer más sobre ellos y mirarlos como amigos que interceden por nosotros con mucho amor.
Pero uno de mis santos preferidos es san José porque, como dice santa Teresa: “Que lo pruebe quien no me crea y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción”.
La primera vez que yo hice una novena a san José por recomendación de mi abuela fue cuando no conseguía trabajo después de 6 meses de buscar saliendo de la universidad.
Y es tan detallista que el día en que yo firmé contrato en aquel trabajo era precisamente 19 de marzo, día de san José. Así que mi confianza en él siempre ha sido grande.
Obviamente también le pedíamos a la Virgen Santísima de Guadalupe que nos cuidara, que nos diera fuerza y que le pidiera a su Hijo por nosotras.
San Juan Pablo II también era uno de nuestros intercesores; yo siempre le decía: “Tú que siempre fuiste defensor de la vida humana y que sabes que todo lo que estamos viviendo ha sido a causa de la defensa de la vida de un bebé, danos la fuerza para perseverar en esta gran prueba a la que hemos sido llamadas”.
Igualmente invocamos a san Miguel Arcángel en cada audiencia, cuando sentíamos mucho miedo de ser agredidas o ante cualquier situación de peligro.
Y, por supuesto, también al Señor de la Misericordia, confiando en las promesas que le reveló sor Faustina, prometiendo que derramaría un caudal de gracias sobre las almas que recen la Coronilla.
Tengo que decir que soy testigo de que esta promesa se cumplió en nosotras, porque ahora somos libres de nuevo.
La verdad es que si yo platicara todos los momentos en que sentí la presencia de todos ellos a los que me encomendé, este testimonio sería más largo de lo que ya es.
Pero compartiendo algunos de estos momentos, puedo decir que mis visitas siempre llegaban exactamente a las 12 del día.
Sabíamos que la Virgen había entrado con mi hermana y mi abuelita que, casi siempre, por ser ministro extraordinario de la Comunión, podía traernos el Cuerpo de Cristo; entonces esa parte de “a Jesús por María” fue tangible para mí.
Cada que había una audiencia o llegaba alguna notificación para nosotras era un miércoles o un día 19, días dedicados a san José, que siempre trae consigo buenas noticias.
Y cuando entramos al reclusorio había una policía que se llamaba Angélica, alta, robusta, de cabello largo, rizado y rubio, que fue la que nos protegió de sufrir agresiones y nos custodió hasta dejarnos en nuestra celda al entrar.
La verdad que cuando yo la veía podía ver en ella a san Miguel, y de hecho ella fue la que nos custodió y nos acompañó hasta la salida el día que obtuvimos nuestra libertad.
Y lo más sorprendente de todo, y en donde no cabe duda de que fue un milagro y que la misericordia de Dios fue derramada sobre nosotras, fue la manera en que fuimos liberadas.
Comenzamos un Viernes Santo a rezar, con unas amigas que hicimos allá adentro, la novena del Señor de la Misericordia.
Y me acuerdo mucho que yo les dije a todas: “Ahora sí van a ver los verdaderos milagros, les aseguro que con esta novena nos vamos a ir libres”.
Y así fue: antes de terminar la novena mi mamá y yo salimos libres y sin ningún cargo; así es Dios de fiel, y pude ver con claridad ese día que todas mis oraciones habían sido escuchadas.
San Miguel Arcángel había ido por nosotras para sacarnos de ese lugar, en la Semana de la Misericordia; el martes 2 de abril del 2013 nos dieron nuestras actas de libertad, día del aniversario de la partida de san Juan Pablo II a la casa del Padre, y me acuerdo que exactamente antes de salir miré el reloj y eran las 12am, hora del Ángelus, y era ya día miércoles, dedicado a san José.
Para muchos podrán ser coincidencias de la vida, para mí es la respuesta clara del poder de la oración y de la fidelidad de Dios, que no sólo cumple sus promesas sino que lo hace de una manera tan detallada y romántica que te hace saber que son regalos planeados con amor por parte de un Dios locamente enamorado de ti.
– Claudia, ¿cómo transformar el dolor y las heridas en amor y en perdón? ¿Cómo has vivido estos últimos años? ¿Te ha causado pesadillas el hecho de recordar esos días, esos momentos en que pasaste en el reclusorio?
Me preguntas cómo transformar el dolor en amor, y pues la verdad es que no sé qué contestar.
Es cierto que pasé momentos muy difíciles y de muchísimo dolor; y también después, cuando tuvimos que empezar a reconstruir esa vida que se quedó como en pausa.
Pero cuando a ese dolor le das un sentido más profundo, cuando lo ofreces por algo más, el dolor pierde fuerza, y vale la pena lo que te toca vivir porque sabes que los frutos serán grandes.
Me acuerdo mucho que un tío mío me dijo: “Esto que estás viviendo, si tú lo ofreces por tantas necesidades que existen en el mundo, derramará grandes gracias, porque cuando la ofrenda va acompañada de sacrifico, es una de las ofrendas más agradables para Dios y no sólo se convierte en bendiciones para el mundo, sino que la carga se vuelve ligera”.
Y eso que parecía insoportable no voy a decir que pasa desapercibido, pero definitivamente es más fácil vivirlo.
En cuanto al perdón, pues yo ya perdoné a esta mujer por sus injurias. Entiendo que es una mujer muy herida, con una historia difícil, adicta a las drogas, viviendo en la indigencia, dispuesta a todo con tal de conseguir dinero; en fin, cosas que me hacen comprender el porqué de sus acciones.
@Cristina Castillo
Copia del acta exculpatoria a Cristina Castillo y su madre, por falta de pruebas
Y pues la verdad es que, viéndolo desde un ámbito más espiritual, le tengo que dar las gracias porque lo que ella hizo me permitió experimentar todo esto tan maravilloso que viví con Dios, esta renovación de mi fe, este encuentro cara a cara con Jesús preso, a quien nunca había ido a visitar, a quien en realidad no conocía.
Me enseñó la humildad, porque muchas veces basamos nuestra seguridad y nos definimos por lo que tenemos, por nuestro trabajo, por lo que hayamos estudiado o por la reputación que te has formado.
Pero cuando pierdes todo eso y en donde estás nada de eso importa, es cuando vuelves la mirada a tu esencia real.
Y descubres que lo que eres es lo que das a los otros, y que en la vida todo es gracia, todo es regalo; y que no todo puedes controlarlo siempre, pero que sí hay alguien en quien puedes confiar, que cuidará siempre de ti y velará tu sueño, porque Él sí es Todopoderoso, es el guardián que no duerme.
La verdad es que al vivir de esa manera en la confianza en Dios, sabiendo que todo lo que permite que te pase es para tu mayor bien, vives en paz.
Y para mí eso es vivir desde los lentes de la fe. Son de esas cosas que te pasan que nunca quieres que te pasen, porque son experiencias muy duras: pero, si te pasan, dices: “¡Qué suerte que me pasó, porque lo que me dejó es algo extraordinario!”.
Son experiencias que te hacen crecer de una manera increíble y aprender qué es lo realmente importante en la vida.
– Después de todo lo que les ocurrió, ¿todavía te dedicas a la causa pro-vida? ¿Cómo viven ahora tú y tu mamá?
En cuanto a mi apostolado pro-vida, ¡claro que sigo ahí! Más que nunca esta experiencia me hizo conocer el valor de una vida humana.
Es como si yo hubiera vivido un calvario, una muerte y una resurrección que valía la vida de ese bebé. Y no sólo yo, mi mamá también.
Dios me dejó sentir un poco de su cruz y de lo que padeció por la vida de cada uno de nosotros, y nosotras pudimos palparlo por la vida de uno solo de ellos.
Ahí me di cuenta de que es verdad que la lucha por la vida es una batalla espiritual entre el bien y el mal, y que el aborto es un acto diabólico que condena a la madre a una vida de sufrimiento y dolor que es difícil de sanar pero no imposible.
Por eso ahora participo en “Proyecto Guadalupe”, en donde damos acompañamiento a personas, hombres y mujeres, que han pasado por la herida del aborto, sin juzgar sus razones sino desde el amor, mirando las heridas que los llevaron a esa decisión desesperada, y encaminándolas a la reconciliación con ellas mismas, con su bebé y con Dios.
La verdad, es el regalo más grande que me ha hecho Dios en estos últimos años, en que puedo ver cómo resucitan del estado de muerte en que se encuentran, y Dios cumple su promesa haciéndolas nuevas.
Dios no se queda con nada, y a través de este hermoso ministerio me ha sanado a mí también y me ha devuelto en alegrías todas las tristezas que puede haber pasado, y muchísimo más.
Mi mami sigue en su trabajo haciendo el bien, ayudando a los que más puede, como siempre generosa y amable, dada al prójimo más desvalido.
Ya está a punto de jubilarse, y cuando esto pase quiere hacerse voluntaria de la defensa de la vida.
Por último, te quiero compartir que hace como 3 años regresé al reclusorio; no de las mujeres pero sí de los jóvenes, como misionera carcelaria, y ha sido la experiencia más bonita y sanadora que me puede haber regalado Dios.
Fue difícil para mí volver a entrar en ese lugar que me trae recuerdos difíciles; pero el poder estar con esos chicos y compartirles mi testimonio y mirar en sus rostros la esperanza de poder salir de ese lugar, me llenó por completo.
Después de vivir eso supe por qué Dios me mandó a mí a vivir la experiencia de la cárcel, porque necesitaba que yo llevara ese mensaje de esperanza y de fe a muchos más que tanto lo necesitan.
– Claudia, te agradecemos mucho que hayas compartido con Aleteia este testimonio de un momento tan crudo, tan difícil de tu vida. ¿Quieres agregar algún mensaje final para quien lea esta entrevista?
Yo sé que estamos pasando por momentos muy difíciles, unos más que otros, encerrados en casa con miedo a esta pandemia tan terrible y escuchando o viviendo de cerca la muerte de un ser querido o un amigo, pasando hambre tal vez, perdiendo trabajos.
Quizá estés sufriendo una enfermedad, o un momento de grandes pérdidas y de gran incertidumbre. Sé que probablemente estés pasando por mucho dolor; pero hoy quiero decirte: NO PIERDAS LA ESPERANZA, CONFÍA.
Dios es fiel, te lo prometo; mira mi historia, un caso terrible con una posible condena de más de 20 años de prisión.
Fui víctima de la corrupción, cambiando de abogados 3 veces; y yo salí de prisión a los 4 meses y sin ningún cargo, sin ningún rasguño más que gritos y maltratos psicológico, mientras que a otras mujeres las golpean, las pican y las violan.
Jamás fui separada de mi madre, a pesar de que eso es lo primero que hacen. Lo que quiero que mires es a un Dios poderoso, fiel y bueno, que siempre te tiene en el pensamiento. Escóndete en su mano y todo pasará; todo va a estar bien.
Quiero recomendarte la letra de una canción que me hace sentirme segura, protegida y con paz en momentos difíciles en mi vida, es de la hermana Glenda y está basada en el Salmo 120.
Espero que sea de consuelo para ti. Te agradezco a ti, que lees esto, y le pido a Dios te bendiga y te acompañe siempre.
Solemnidad de la Asunción: ¿La Virgen María murió? Responde el Padre Fortea
Imagen esculpida en piedra de la Virgen de Guadalupe. Crédito: David Ramos / ACI Prensa.
En el marco de la celebración de la Solemnidad de la Asunción, muchos fieles se preguntan si Santa María falleció o no antes de ser llevada al Cielo. El famoso teólogo español José Antonio Fortea responde a esta inquietud.
En su constitución apostólica Munificentissimus Deus (“Benevolísimo Dios”), el Papa Pío XII definió ex cathedra el dogma de la Asunción de Santa María.
En ese documento, el Papa aseguró que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.
“Si alguno, lo que Dios no quiera, osase negar o poner en duda voluntariamente lo que por Nos ha sido definido, sepa que ha caído de la fe divina y católica”, añadió.
Sin embargo, el documento pontificio no especifica si Santa María falleció.
En declaraciones para ACI Prensa hace un tiempo, el P. Fortea explicó que la ambigüedad en la constitución apostólica “no fue casualidad, fue expresamente querida”.
El dogma de fe, subrayó, “solo es la Asunción”.
El sacerdote español, doctor en Teología, recordó que en la historia de la Iglesia “había fundamentalmente dos tradiciones” respecto al final de los días de Santa María en la tierra.
Por un lado, dijo, los cristianos orientales “hablaban de la dormición de la Virgen. En Occidente no había al principio tanto esa tradición. Algunos afirmaban que se había producido la dormición. Otros no, decían que había muerto”.
“Como no había unanimidad en ese campo y los dogmas lo que expresan es la fe”, dijo, al final “se optó por dejarlo de forma ambigua”.
“La Iglesia no se ha opuesto ni a los que decían una cosa ni a los que decían otra, sin llegar nunca a dilucidar el asunto”, subrayó.
El Papa Pío XII, ante la disputa teológica, “optó por usar un término ambiguo”.