Mañana, el último Rosario de la Aurora de este año, a las 6: 00 am
Mañana, el último Rosario de la Aurora de este año, a las 6: 00 am

Este sábado 19 de diciembre, tendremos el último “Rosario de la Aurora” del 2020, a las seis de la mañana, con Adoración al Santísimo y Santa Misa.
Los esperamos!!
Oración a la Virgen de la Esperanza en tiempos difíciles
Oración a la Virgen de la Esperanza en tiempos difíciles

Es necesaria una esperanza ante la fragilidad, la violencia, la incertidumbre, y puedes encontrarla hoy en María, la madre de Jesús.
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La pandemia de coronavirus ha hecho del 2020 un año especialmente difícil. También ha habido guerras, desilusiones, malentendidos, rupturas, fracasos,… Es necesaria una esperanza ante la fragilidad, la violencia, la incertidumbre. Y puedes encontrarla hoy en María, la madre de Jesús. Te invitamos elevar esta oración tan poderosa como la fe con la que la reces Aquí
Nuestra Señora de la Esperanza, la Macarena, María de la O, Virgen de la Dulce Espera,… son algunos de los nombres que recibe la Madre de Dios cuando estaba embarazada.
Estas «advocaciones«, de gran tradición en distintos lugares del mundo, se celebran el 18 de diciembre, a pocos días de la Navidad. Lo que tienen en común es la esperanza en la venida de Jesús, una luz que basta.
(Fuente: Aleteia)
Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de la Paz 2021
Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de la Paz 2021

El Vaticano difundió este jueves 17 de diciembre el mensaje del Papa Francisco por la celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2021, que se celebrará el próximo 1 de enero de 2021, Solemnidad de Santa María Madre de Dios, con el lema “La cultura del cuidado como camino de paz”.
A continuación, el texto completo del mensaje del Papa Francisco:
La cultura del cuidado como camino de paz
1. En el umbral del Año Nuevo, deseo presentar mi más respetuoso saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad.
A todos les hago llegar mis mejores deseos para que la humanidad pueda progresar en este año por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados.
El año 2020 se caracterizó por la gran crisis sanitaria de COVID-19, que se ha convertido en un fenómeno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias.
Pienso en primer lugar en los que han perdido a un familiar o un ser querido, pero también en los que se han quedado sin trabajo. Recuerdo especialmente a los médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, que se han esforzado y siguen haciéndolo, con gran dedicación y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han fallecido procurando estar cerca de los enfermos, aliviar su sufrimiento o salvar sus vidas.
Al rendir homenaje a estas personas, renuevo mi llamamiento a los responsables políticos y al sector privado para que adopten las medidas adecuadas a fin de garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para prestar asistencia a los enfermos y a los más pobres y frágiles.
Es doloroso constatar que, lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción.
Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día.
2. Dios Creador, origen de la vocación humana al cuidado
En muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relación con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos.
En el relato bíblico de la creación, Dios confía el jardín “plantado en el Edén” (cf. Gn 2,8) a las manos de Adán con la tarea de “cultivarlo y cuidarlo” (cf. Gn 2,15). Esto significa, por un lado, hacer que la tierra sea productiva y, por otro, protegerla y hacer que mantenga su capacidad para sostener la vida. Los verbos “cultivar” y “cuidar” describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación.
El nacimiento de Caín y Abel dio origen a una historia de hermanos, cuya relación sería interpretada —negativamente— por Caín en términos de protección o custodia. Caín, después de matar a su hermano Abel, respondió así a la pregunta de Dios: «¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).
Sí, ciertamente. Caín era el “guardián” de su hermano. «En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás».
3. Dios Creador, modelo del cuidado
La Sagrada Escritura presenta a Dios no sólo como Creador, sino también como Aquel que cuida de sus criaturas, especialmente de Adán, de Eva y de sus hijos. El mismo Caín, aunque cayera sobre él el peso de la maldición por el crimen que cometió, recibió como don del Creador una señal de protección para que su vida fuera salvaguardada (cf. Gn 4,15).
Este hecho, si bien confirma la dignidad inviolable de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, también manifiesta el plan divino de preservar la armonía de la creación, porque «la paz y la violencia no pueden habitar juntas».
Precisamente el cuidado de la creación está en la base de la institución del Shabbat que, además de regular el culto divino, tenía como objetivo restablecer el orden social y el cuidado de los pobres (cf. Gn 1,1-3; Lv 25,4).
La celebración del Jubileo, con ocasión del séptimo año sabático, permitía una tregua a la tierra, a los esclavos y a los endeudados. En ese año de gracia, se protegía a los más débiles, ofreciéndoles una nueva perspectiva de la vida, para que no hubiera personas necesitadas en la comunidad (cf. Dt 15,4).
También es digna de mención la tradición profética, donde la cumbre de la comprensión bíblica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los más débiles que estaban en ella. Por eso Amós (2,6-8; 8) e Isaías (58), en particular, hacían oír continuamente su voz en favor de la justicia para los pobres, quienes, por su vulnerabilidad y falta de poder, eran escuchados sólo por Dios, que los cuidaba (cf. Sal 34,7; 113,7-8).
4. El cuidado en el ministerio de Jesús
La vida y el ministerio de Jesús encarnan el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3,16). En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió «para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18).
Estas acciones mesiánicas, típicas de los jubileos, constituyen el testimonio más elocuente de la misión que le confió el Padre. En su compasión, Cristo se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jesús era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas (cf. Jn 10,11-18; Ez 34,1-31); era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37).
En la cúspide de su misión, Jesús selló su cuidado hacia nosotros ofreciéndose a sí mismo en la cruz y liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. Así, con el don de su vida y su sacrificio, nos abrió el camino del amor y dice a cada uno: “Sígueme y haz lo mismo” (cf. Lc 10,37).
5. La cultura del cuidado en la vida de los seguidores de Jesús
Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generación compartían lo que tenían para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los más frágiles.
Así, se hizo costumbre realizar ofrendas voluntarias para dar de comer a los pobres, enterrar a los muertos y sustentar a los huérfanos, a los ancianos y a las víctimas de desastres, como los náufragos. Y cuando, en períodos posteriores, la generosidad de los cristianos perdió un poco de dinamismo, algunos Padres de la Iglesia insistieron en que la propiedad es querida por Dios para el bien común.
Ambrosio sostenía que «la naturaleza ha vertido todas las cosas para el bien común. […] Por lo tanto, la naturaleza ha producido un derecho común para todos, pero la codicia lo ha convertido en un derecho para unos pocos».
Habiendo superado las persecuciones de los primeros siglos, la Iglesia aprovechó la libertad para inspirar a la sociedad y su cultura. «Las necesidades de la época exigían nuevos compromisos al servicio de la caridad cristiana. Las crónicas de la historia reportan innumerables ejemplos de obras de misericordia. De esos esfuerzos concertados han surgido numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para niños, refugios para peregrinos, entre otras».
6. Los principios de la doctrina social de la Iglesia como fundamento de la cultura del cuidado
La diakonia de los orígenes, enriquecida por la reflexión de los Padres y animada, a lo largo de los siglos, por la caridad activa de tantos testigos elocuentes de la fe, se ha convertido en el corazón palpitante de la doctrina social de la Iglesia, ofreciéndose a todos los hombres de buena voluntad como un rico patrimonio de principios, criterios e indicaciones, del que extraer la “gramática” del cuidado: la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación.
* El cuidado como promoción de la dignidad y de los derechos de la persona.
«El concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, ayuda a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona significa siempre relación, no individualismo, afirma la inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación».
Cada persona humana es un fin en sí misma, nunca un simple instrumento que se aprecia sólo por su utilidad, y ha sido creada para convivir en la familia, en la comunidad, en la sociedad, donde todos los miembros tienen la misma dignidad. De esta dignidad derivan los derechos humanos, así como los deberes, que recuerdan, por ejemplo, la responsabilidad de acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cada uno de nuestros «prójimos, cercanos o lejanos en el tiempo o en el espacio».
* El cuidado del bien común.
Cada aspecto de la vida social, política y económica encuentra su realización cuando está al servicio del bien común, es decir del «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección».
Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras.
La pandemia de Covid-19 nos muestra cuán cierto y actual es esto, puesto que «nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos», porque «nadie se salva solo» y ningún Estado nacional aislado puede asegurar el bien común de la propia población.
* El cuidado mediante la solidaridad.
La solidaridad expresa concretamente el amor por el otro, no como un sentimiento vago, sino como «determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos».
La solidaridad nos ayuda a ver al otro —entendido como persona o, en sentido más amplio, como pueblo o nación— no como una estadística, o un medio para ser explotado y luego desechado cuando ya no es útil, sino como nuestro prójimo, compañero de camino, llamado a participar, como nosotros, en el banquete de la vida al que todos están invitados igualmente por Dios.
* El cuidado y la protección de la creación.
La encíclica Laudato si’ constata plenamente la interconexión de toda la realidad creada y destaca la necesidad de escuchar al mismo tiempo el clamor de los necesitados y el de la creación. De esta escucha atenta y constante puede surgir un cuidado eficaz de la tierra, nuestra casa común, y de los pobres.
A este respecto, deseo reafirmar que «no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos». «Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo».
7. La brújula para un rumbo común
En una época dominada por la cultura del descarte, frente al agravamiento de las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas, quisiera por tanto invitar a los responsables de las organizaciones internacionales y de los gobiernos, del sector económico y del científico, de la comunicación social y de las instituciones educativas a tomar en mano la “brújula” de los principios anteriormente mencionados, para dar un rumbo común al proceso de globalización, «un rumbo realmente humano».
Esta permitiría apreciar el valor y la dignidad de cada persona, actuar juntos y en solidaridad por el bien común, aliviando a los que sufren a causa de la pobreza, la enfermedad, la esclavitud, la discriminación y los conflictos.
A través de esta brújula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto será posible sólo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales.
La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional. A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles.
También cabe mencionar el respeto del derecho humanitario, especialmente en este tiempo en que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupción. Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad.
Muchas ciudades se han convertido en epicentros de inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artillería y armas ligeras. Los niños no pueden estudiar.
Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para mantener a sus familias. La hambruna echa raíces donde antes era desconocida. Las personas se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares, sino también la historia familiar y las raíces culturales.
Las causas del conflicto son muchas, pero el resultado es siempre el mismo: destrucción y crisis humanitaria. Debemos detenernos y preguntarnos: ¿qué ha llevado a la normalización de los conflictos en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón y cambiar nuestra mentalidad para buscar verdaderamente la paz en solidaridad y fraternidad?
Cuánto derroche de recursos hay para las armas, en particular para las nucleares, recursos que podrían utilizarse para prioridades más importantes a fin de garantizar la seguridad de las personas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, la lucha contra la pobreza y la satisfacción de las necesidades de salud.
Además, esto se manifiesta a causa de los problemas mundiales como la actual pandemia de Covid-19 y el cambio climático. Qué valiente decisión sería «constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares “un Fondo mundial” para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres».
8. Para educar a la cultura del cuidado
La promoción de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo y la brújula de los principios sociales se plantea con esta finalidad, como un instrumento fiable para diferentes contextos relacionados entre sí. Me gustaría ofrecer algunos ejemplos al respecto.
– La educación para el cuidado nace en la familia, núcleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende a vivir en relación y en respeto mutuo. Sin embargo, es necesario poner a la familia en condiciones de cumplir esta tarea vital e indispensable.
– Siempre en colaboración con la familia, otros sujetos encargados de la educación son la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicación social. Dichos sujetos están llamados a transmitir un sistema de valores basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, de cada comunidad lingüística, étnica y religiosa, de cada pueblo y de los derechos fundamentales que derivan de estos. La educación constituye uno de los pilares más justos y solidarios de la sociedad.
– Las religiones en general, y los líderes religiosos en particular, pueden desempeñar un papel insustituible en la transmisión a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas más frágiles. A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Pablo VI dirigidas al Parlamento ugandés en 1969: «No temáis a la Iglesia. Ella os honra, os forma ciudadanos honrados y leales, no fomenta rivalidades ni divisiones, trata de promover la sana libertad, la justicia social, la paz; si tiene alguna preferencia es para los pobres, para la educación de los pequeños y del pueblo, para la asistencia a los abandonados y a cuantos sufren».
– A todos los que están comprometidos al servicio de las poblaciones, en las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, que desempeñan una misión educativa, y a todos los que, de diversas maneras, trabajan en el campo de la educación y la investigación, los animo nuevamente, para que se logre el objetivo de una educación «más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión». Espero que esta invitación, hecha en el contexto del Pacto educativo global, reciba un amplio y renovado apoyo.
9. No hay paz sin la cultura del cuidado
La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz.
«En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia».
En este tiempo, en el que la barca de la humanidad, sacudida por la tempestad de la crisis, avanza con dificultad en busca de un horizonte más tranquilo y sereno, el timón de la dignidad de la persona humana y la “brújula” de los principios sociales fundamentales pueden permitirnos navegar con un rumbo seguro y común.
Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida.
No cedamos a la tentación de desinteresarnos de los demás, especialmente de los más débiles; no nos acostumbremos a desviar la mirada, sino comprometámonos cada día concretamente para «formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros».
Vaticano, 8 de diciembre de 2020
FRANCISCO
(Fuente: Aciprensa)
Francisco: 84 años con el mundo en su corazón
Francisco: 84 años con el mundo en su corazón
Vatican News comparte un video elaborado para homenajear al Santo Padre con motivo de su 84° cumpleaños: una vida dedicada a la acogida, el cuidado y la inclusión. Para felicitar al Pontífice, a través de la Limosnería Apostólica, un grupo de pobres le ha enviado un arreglo de girasoles que el Papa luego depositó ante el Santísimo de la Capilla de Santa Marta. Asimismo, en su día especial, Francisco envió a Venezuela 4 ventiladores pulmonares.
Ciudad del Vaticano
En la mañana del jueves 17 de diciembre se multiplicaron los deseos y muestras de cariño dirigidos al Papa al cumplir 84 años. Un «mural de afecto» que llega al Pontífice en el dramático y «estático» año de la pandemia.
Un video elaborado por Vatican News presenta los momentos más bellos e intensos de su Pontificado como si de un álbum de fotos se tratara: se ven las sonrisas, los abrazos y la cercanía de un tiempo que ahora parece lejano, y que el mundo espera volver a revivir lo antes posible.
El Papa cumple años «con gratitud y sencillez»
Y con motivo del cumpleaños del Santo Padre, Vatican News ha preguntado al director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, cómo está pasando el Papa su día especial, quien responde que el Pontífice lo está celebrando «con gratitud y sencillez», como en los años anteriores, en la oración y junto a otras personas con las que comparte su vida diaria en la Residencia en Casa Santa Marta.
Asimismo, a través de la Limosnería Apostólica, un grupo de pobres ha enviado al Pontífice un ramo de girasoles, que ahora adornan la Capilla y el Santísimo de Casa Santa Marta, y «recuerdan la necesidad de orientar la vida siempre hacia el Señor, presente en los más débiles».
Igualmente, coincidiendo con el día de su cumpleaños, el Pontífice envió 4 ventiladores pulmonares a Venezuela, dirigidos a los niños que padecen patologías pulmonares.
(Fuente: Vatican News)
Alimentemos la esperanza
Alimentemos la esperanza

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Nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte
Nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte

Demos gracias al Señor por los nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte.
Su llamado tiene como referencia en el Evangelio del domingo 12 de diciembre que nos muestra la abundancia, la bendición y el don de Dios con todos nosotros, como lo ha sido con nuestra Madre María, ejemplo que nos guía y nos instruye ser instrumentos de Señor para la evangelización en el mundo.
Los hermanos bendecidos por el Señor son Víctor Amparo Nolazco, Dionisio Vásquez, Francisco Osoria, Luís Sandy Cabrera, Rafael Muñoz, por la Vicaria de Santo Domingo Norte; y Ramón Regalado y Carlos Antonio Hernández por el Distrinto Nacional.
La Solemne Ordenación Diaconal fue presidida por S.E.R. monseñor José Amable Durán, obispo auxiliar de Santo Domingo y vicario Episcopal Territorial de Santo Domingo Norte.
(Fuente: Diario Católico)
Misa de Nochebuena será a las 4:00 de la tarde
Misa de Nochebuena será a las 4:00 de la tarde

Debido a los cambios en el Toque de Queda, y para mayor comodidad de nuestra feligresía, los horarios de misa, en la tarde, de Navidad y Año Nuevo, han variado.
Los jueves 24 y 31 de diciembre tendremos misa a las 6:30 a. m, y, por la tarde, horario especial a las 4 p. m.
Los viernes 25 de diciembre y 1ero de enero, Eucaristía a las 9:00 y a las 11:30 de la mañana.
Horario misas regulares se mantienen: de lunes a viernes, 6:30 a. m. y 6:00 de la tarde; los sábados, a las 6:30 a. m. y 5:00 p. m.; domingos, a las 7:00, 9:00 y 11:00 de la mañana y a la 1:00 de la tarde.
¡Los Esperamos!
El Papa a los niños: déjense atraer por la ternura del Niño Jesús
El Papa a los niños: déjense atraer por la ternura del Niño Jesús
Este domingo 13 de diciembre, como es tradición, los niños de la Diócesis de Roma habrían llevado sus estatuillas del Niño Dios para que se los bendijera el Papa, este año debido a la situación sanitaria, no estuvieron presentes muchos de ellos, pero desde los oratorios de sus parroquias pudieron seguir el rezo mariano del Ángelus, y recibir desde los medios de comunicación la bendición apostólica. El Papa les pidió a los chicos que cuando recen en “casa frente al pesebre con sus familiares” se dejen “atraer por la ternura del Niño Jesús”.
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
En sus saludos, el Papa Francisco saludó de manera especial al grupo de niños que estaba presente en la Plaza de San Pedro, representando a los demás chicos de la Diócesis de Roma.
“Saludo al grupo que ha venido a representar a las familias y niños de Roma con motivo de la Bendición de los Bambinelli, un evento organizado por el Centro Oratori Romani”.
El Papa manifestó a los presentes en la Plaza, que por la pandemia, este año hay pocos chicos:
“Pero sé que muchos niños y jóvenes están reunidos en los oratorios y en sus casas y nos siguen a través de los medios de comunicación. A cada uno dirijo mi saludo y bendigo las estatuillas de Jesús que serán colocadas en el pesebre, un signo de esperanza y alegría. En silencio, bendigamos a las estatuillas”.
Una recomendación a los chicos:
El Papa les pidió a los chicos que cuando recen en “casa frente al pesebre con sus familiares” se dejen “atraer por la ternura del Niño Jesús”, nacido pobre y frágil entre nosotros, para darnos su amor.
Y recordó a todos de no olvidar nunca la alegría. Los cristianos, dijo, están alegres en sus corazones, incluso en las pruebas; están alegres porque están cerca de Jesús, en referencia a su alocución previa al rezo mariano.
(Fuente: Vatican News)
¿En qué consistirá la vida eterna y qué haremos todo el tiempo en el cielo?
¿En qué consistirá la vida eterna y qué haremos todo el tiempo en el cielo?

La reflexión sobre la eternidad del cardenal Raniero Cantalamessa. Segunda predicación de Adviento en la presencia del Papa.
El «anuncio de la vida eterna», ha sido el tema desarrollado por el cardenal Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap en la segunda predicación de Adviento. Tuvo lugar este viernes, 11 de diciembre, en el Aula Pablo VI del Vaticano, con la debida distancia entre los participantes por la covid-19.
El predicador de la Casa Pontificia inició su reflexión sobre “la precariedad y la transitoriedad de todas las cosas”. También mencionó el contexto actual de la pandemia que pesa sobre lo etéreo. Y propuso el pensamiento de la vida eterna como “el anuncio más consolador que nos ofrece la fe en Cristo”.
El predicador citó al Papa Francisco:
“La tormenta desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja descubiertas esas seguridades falsas y superficiales con las que hemos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, nuestras costumbres y prioridades” (bendición “urbi et orbi” del 27 de marzo).
“Cuando perdemos la medida de todo lo que es la eternidad: las cosas y los sufrimientos terrenales arrojan fácilmente nuestra alma a tierra. Todo nos parece demasiado pesado, excesivo”.
Vida eterna
¿En qué consistirá la vida eterna y qué haremos todo el tiempo en el cielo?», cuestionó el cardenal Cantalamessa. Lo hizo en presencia del Papa, además de cardenales, arzobispos, obispos, prelados de la Familia Pontificia, empleados de la Curia Romana y del Vicariato de Roma, entre otros.
«La respuesta, sostuvo, está en las palabras apofáticas del Apóstol» Pablo: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”. (1 Co 9).
En su meditación, explicó que para el creyente, «la eternidad no es sólo una promesa y una esperanza, o, como pensaba Karl Marx, un volcar en el cielo las expectativas decepcionadas de la tierra».
“Una fe renovada en la eternidad no nos sirve sólo para la evangelización, […] Su primer fruto es hacernos libres, no apegarnos a las cosas que pasan: aumentar el propio patrimonio o el propio prestigio”.
Anhelo de plenitud
«Es también una presencia y una experiencia. En Cristo «la vida eterna que estaba junto al Padre se hizo visible». Nosotros —dice Juan—, la hemos oído y visto con nuestros propios ojos, contemplado y tocado (cf. 1 Jn 1,1-3)».
Cantalamessa afirmó que esta presencia de la eternidad en el tiempo se llama Espíritu Santo, pues «se le define como «las arras de nuestra herencia» (Ef 1,14; 2 Cor 5,5), y se nos ha dado porque, habiendo recibido las primicias, anhelamos la plenitud».
Negar la vida eterna y vivir la expectativa de la eternidad también distraen del compromiso con la tierra y el cuidado de las relaciones con los demás y con la creación misma, explicó.
El cardenal recuerda que:
“Antes de que las sociedades modernas asumieran la tarea de promover la salud y la cultura, de mejorar el cultivo de la tierra y las condiciones de vida del pueblo, ¿quién ha llevado a cabo estas tareas más y mejor que ellos —los monjes en primera línea— que vivían de fe en la vida eterna?”.
«El deseo natural de vivir siempre, distorsionado, se convierte en deseo, o frenesí, de vivir bien, es decir, placenteramente, incluso a expensas de los demás» (…)»
Pensar en la eternidad infunde valor para compartir en los momentos difíciles
Cantalamessa cita el Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís, que lejos de alejar a los seres humanos de su acción y compromiso en el mundo, lo confirma. Y dice del santo fundador:
“El pensamiento de la vida eterna no le había inspirado despreciar este mundo y las criaturas, sino un entusiasmo y gratitud aún mayores por ellos y había hecho que el dolor actual fuera más llevadero para él».
Pensar en la eternidad – sostuvo – «ciertamente no nos exime de experimentar con todos los demás habitantes de la tierra la dureza de la prueba que estamos experimentando. Sin embargo, al menos debería ayudarnos a los creyentes a no sentirnos abrumados por ella; y a ser capaces de infundir valor y esperanza incluso en aquellos que no tienen el consuelo de la fe”, concluyó el predicador.
Asimismo, invitó a orar:
«Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo: Concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes. Para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se afirmen allí donde están los gozos verdaderos».
(Fuente: Aleteia)