Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

«Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo.» (Mt. 5: 12)

"Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt. 5: 12)

Comentario del Evangelio de hoy

Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.

Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.

Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participando en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).

(Fuente: evangeli.net)

12 claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

12 claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad

 

Este domingo la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana. Aquí te presentamos 12 claves para adentrarnos un poco más en este dogma:

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”.

2. Fue utilizada por primera vez por Teófilo de Antioquía

El primer uso reconocido del término fue de Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: “Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría”. (Para Autólicus 2:15)

3. Trinidad significa un solo Dios y tres personas distintas

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: “La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. (CCIC, 48)

4. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CCIC, 44)

5. La Iglesia definió de forma infalible el dogma de la Santísima Trinidad

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Nicea se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser sobrenatural pero no Dios.

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6. La Trinidad se sustenta en la revelación divina dejada por Cristo

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

“Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios”. (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se puede demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7. La Biblia enseña que existe un solo Dios

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice:

«Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después”. (Is. 43:10)

“Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’. (Is. 44: 6).

8. El Padre es proclamado como Dios numerosas veces en el Nuevo Testamento

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)”. (II Cor. 1: 3).

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. (Ef. 4: 5-6)

9. La Biblia también demuestra que el Hijo es Dios

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad”. (Jn. 1: 1, 14)

También: “Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios’”. (Jn. 20: 27-28)

10. El Espíritu Santo es Dios y así lo afirman las Escrituras

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y que a la que no se le puede mentir:


“Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’”. (Hechos 13: 2)

“Pedro le dijo: ‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios’”. (Hechos 5: 3-4)

11. La distinción de tres Personas divinas se demuestra con la Biblia

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

“En aquella ocasión Jesús exclamó: ‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer”. (Mt. 11: 25-27).

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará “otro Paráclito», que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

“y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora con ustedes”. (Jn. 14: 16-17)

12. El Hijo procede del Padre y el Espíritu procede del Padre y del Hijo

“Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es “engendrado antes de todos los siglos». Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación” (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús:

“Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí”. (Jn. 15: 26)

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo («que yo os enviaré»). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

(Fuente: Aciprensa)

Cómo entronizar al Sagrado Corazón en tu casa (y tu corazón)

Cómo entronizar al Sagrado Corazón en tu casa (y tu corazón)

Shutterstock-Hana Stepanikova

Cuatro métodos diferentes para consagrar tu hogar a Jesús.

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Es tradición que el mes de junio se dedique al Sagrado Corazón de Jesús, debido principalmente al hecho de que la solemnidad del Sagrado Corazón (el viernes después del segundo domingo después de Pentecostés) se celebra en junio.

Según el Directorio sobre la Piedad Popular, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es “una de las expresiones más difundidas y amadas de la piedad eclesial”.

Es una práctica profundamente cristocéntrica que ha sido fomentada por numerosos santos a lo largo de los siglos.

Bajo “la luz de la sagrada Escritura, la expresión ‘Corazón de Cristo’ designa el misterio mismo de Cristo, la totalidad de su ser, su persona considerada en el núcleo más íntimo y esencial: Hijo de Dios, sabiduría increada, caridad infinita, principio de salvación y de santificación para toda la humanidad.

El ‘Corazón de Cristo’ es Cristo, Verbo encarnado y salvador, intrínsecamente ofrecido, en el Espíritu, con amor infinito divino-humano hacia el Padre y hacia los hombres sus hermanos”.

Shutterstock-Linda Bucklin

Entre las múltiples costumbres devotas relacionadas con el Sagrado Corazón está la tradicional ‘entronización’ o ‘consagración’ del hogar (y del corazón) a Jesús. En particular, Jesús prometió a santa Margarita María Alacoque:

“Bendeciré los hogares en los que se muestre y venere una imagen de Mi Corazón”.

A lo largo del tiempo, la Iglesia ha desarrollado varios tipos de entronizaciones que convierten la colocación de una imagen del Sagrado Corazón en un evento más formal y espiritual.

Por ejemplo, la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) tiene su propio servicio de oración de consagración familiar y varios recursos para profundizar. Y también muchos otros, como El Observador.

Santa Margarita María Alacoque escribió una oración personal de consagración que puede usarse cuando uno mismo o una familia se consagra al Sagrado Corazón.

Me entrego y al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo, consagro sin reservas, mi persona, mi vida, mis obras, mis dolores y sufrimientos. Este es mi propósito inmutable: ser enteramente Suyo y hacer todas las cosas por Su amor. Al mismo tiempo renuncio de todo corazón a todo aquello que Le desagrade.

Sagrado Corazón de Jesús, quiero tenerte como único objeto de mi amor. Sé pues, mi protector en esta vida y garantía de la vida eterna. Sé fortaleza en mi debilidad e inconstancia. Sé propiciación y desagravio por todos los pecados de mi vida. Corazón lleno de bondad, sé para mí el refugio en la hora de mi muerte y mi intercesor ante Dios Padre. Desvía de mí el castigo de Su justa ira. Corazón de amor, en Ti pongo toda mi confianza. De mi maldad todo lo temo. Pero de Tu Amor todo lo espero. Erradica de mí, Señor, todo lo que Te disguste o me pueda apartar de Ti. Que Tu amor se imprima tan profundamente en mi corazón que jamás Te olvide yo y que jamás me separe de Ti.

Señor y Salvador mío, te ruego, por el amor que me tienes, que mi nombre esté profundamente grabado en tu Sagrado Corazón; que mi felicidad y mi gloria sean vivir y morir en Tu servicio. Amén.

Sea cual sea el método que uses para consagrar tu hogar al Sagrado Corazón, el énfasis debe recaer en la preparación espiritual. No es simplemente una actividad en la que colocas una imagen de Jesús en un lugar notorio de tu hogar.

Similar a la consagración al Inmaculado Corazón de María, se centra en unir el corazón al de Jesús para que sea uno con Él en todas las cosas.

(Fuente: Aleteia)

Cómo ser una madre espiritual que ayude a crecer a muchos

Cómo ser una madre espiritual que ayude a crecer a muchos

Jack Frog | Shutterstock

Se trata sobre todo de llevar a las personas en el corazón.

Para millones de madres, la maternidad espiritual es ante todo un “nacimiento a la vida adulta”. Después de haberle dado la vida o haberlo recibido en el hogar, hay que ayudar al niño a crecer y construirse para que un día pueda volar con sus propias alas. Ayudarle a lograr plenamente la talla de hombre o de mujer.

Más allá de eso, la cuestión es ayudar al niño a lograr aquello para lo que fue creado: amar a Dios, Padre, Hijo y Espíritu, y dejarse amar y transformar por Él hasta convertirse en la obra maestra única que Dios quiere hacer de él o ella.

Un auténtico nacimiento a la vida espiritual que se realiza a través del apego a Cristo, Camino, Verdad y Vida, a la Iglesia y a María, modelo de maternidad.

Más concretamente, “la madre espiritual ayuda a su hijo a crecer en la fe, la esperanza y la caridad, a través de la transmisión de las grandes verdades que enseña la Iglesia y del arraigamiento en la vida sacramental y la palabra de Dios”, explica el padre Roger Nicolas.

La primera formadora

En este ámbito, el ejemplo y el testimonio valen más que los discursos bonitos. “Si la fe es vital para la madre, lo será también para los hijos”, asegura el padre Nicolas.

Según la experiencia de Florence: “Yo vi a mi madre ir a misa todos los días de su vida con tal fervor que nunca necesitó sermonearme para que yo fuera cada domingo. Su ejemplo era suficiente”.

Esto no dispensa a la madre de una transmisión explícita de la fe por la palabra. ¿Cuántos santos o humildes cristianos no aprendieron las grandes oraciones o verdades de la vida cristiana sobre el regazo de su madre?

Celia Martin invitaba a sus hijas a “poner perlas en sus coronas”, es decir, a hacer buenas acciones o pequeños sacrificios para “convertir a un pecador” o “consolar a Jesús”.

Florence enseña a sus hijos a vivir la comunión de los santos:

“Mi hija de 11 años ha tenido una gran decepción en la escuela. Lo he pasado fatal por ella. Pero le he propuesto ofrecer junto a ella su pena por un niño japonés que lo había perdido todo por un tsunami”.

“Hay que enseñar a los niños a ofrecer las penas, pero también las alegrías”, insiste Olivia, que “no pierde oportunidad” de incitar a sus hijos a la alabanza y a la acción de gracias “por todos los regalos que nos hace Dios y que hay que saber reconocer”.

De este modo, ser madre espiritual de un hijo o una hija significa regocijarse y dar gracias con él o ella en la alegría. O compartir su sufrimiento y ayudarle a “sublimarlo”, ofreciéndolo con él o ella.

“Es una participación en la maternidad de María, cantando el Magnificat en casa de Isabel y sufriendo con su Hijo al pie de la cruz, ofreciéndose con Él al Padre para la salvación del mundo”, explica el padre Roger Nicolas.

La fuerza de la oración de las madres

También significa enseñarles a decir “sí”. En las pequeñas cosas, primero, a través de la obediencia al educador y la fidelidad al deber de estado (hacer bien sus deberes, poner la mesa), para que un día pueda hacerlo en las cosas más grandes.

De forma más amplia, implica enseñarles a cumplir la voluntad de Dios. La madre se entrega también en ello, como santa Mónica por su hijo Agustín, ofreciendo y rezando personalmente por su hijo. Es el sentido del movimiento de “La Oración de las Madres”, extendido por el mundo entero.

Pero el corazón de una madre es más grande que el templo de Jerusalén, es decir, que la maternidad espiritual de la madre sobrepasa el círculo de sus hijos.

Uniéndose a la de las contemplativas y, más ampliamente, a la de todos los bautizados, se ejercita en favor del prójimo, del vecino de rellano que comparte una confesión o del misionero del extremo del mundo de quien no conoce ni el nombre ni sus problemas concretos.

“Ser su madre espiritual”, explica el padre Roger Nicolas, “es llevarles en su corazón; confiarlos al Señor, con sus preocupaciones humanas y espirituales; no por pedir alguna gracia particular, porque no sabemos lo que quiere Dios, sino para que Él pueda realizar sus propósitos de amor sobre ellos”.

De forma más general, es ofrecer y rezar por las almas. Para su salvación y, mejor aún, su santificación. “Acercar las almas a Dios”, dice la Iglesia. En ello, la madre se une a la carmelita.

Maternidad espiritual es entrega

Pero la maternidad espiritual de la madre hacia el prójimo no se paga solamente con oraciones y ofrendas, sino que se vive a través de la entrega de sí misma, en una caridad muy concreta, materializada por verbos como ayudar, escuchar, visitar… Resumiendo: amar.

Para la madre, el prójimo más próximo es su esposo, el padre de sus hijos. Él necesita del corazón de madre tierno, generoso y comprensivo de su esposa.

“Tienes que amar a tu marido”: esta frase la recibió Florence en el confesionario y la marcó, y la repite una y otra vez “para mantener el rumbo de lo que va primero”.

“La madre ama con un corazón indulgente y compasivo, dispuesto a comprender, consolar y perdonar, a imagen del de María”, enfatiza el padre Roger Nicolas.

“La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo”, dice san Juan (16,21).

La maternidad espiritual está hecha a imagen de la maternidad según la carne: la cruz y la alegría se mezclan en ella.

Para vivirla con fecundidad, la ayuda de María es preciosa: “Ella es a la vez modelo, desde la Anunciación hasta el Calvario, y auxilio, tanto en la luz como en la noche”, concluye el sacerdote Roger Nicolas.

Por Elisabeth de Baudoüin

(Fuente: Aleteia)

Evangelio del domingo 7 de junio de 2020, Solemnidad de la Santísima Trinidad

Evangelio del domingo 7 de junio de 2020, Solemnidad de la Santísima Trinidad

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor

Por un encuentro personal, exorcista dedica su apostolado al Sagrado Corazón de Jesús

Por un encuentro personal, exorcista dedica su apostolado al Sagrado Corazón de Jesús

Crédito: Unsplash

Luego de un encuentro personal con Jesús, uno de los exorcistas más antiguos de Estados Unidos y ex director espiritual de Santa Teresa de Calcuta, Mons. John Esseff, dedicó su apostolado a promover la devoción y la entronización del Sagrado Corazón de Jesús.

En una entrevista a National Catholic Register, Mons. Esseff explicó que su devoción comenzó en 1959, poco tiempo después de la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en su rectoría.

Por esa fecha, Mons. Esseff decidió visitar las basílicas de Santa María la Mayor y la Archibasílica de San Juan de Letrán en Roma. Es en esta última que, mientras rezaba en la capilla del Santísimo Sacramento, el sacerdote sintió la experiencia de oración más impactante de toda su vida.

“Estaba abrumado por la presencia, la majestad, el asombro y el poder de Dios. Fue tan abrumador que no pude pararme”, indicó.

Mons. Esseff señaló que en un instante se postró en el suelo frente a Jesús Eucaristía, y en medio de la asombrosa presencia de Dios, le preguntó “¿Qué quieres, Señor?”.

“Escuché al Señor responder: ‘Caridad’”, comentó.

Al recobrar la orientación, Mons. Esseff se levantó y se acercó al altar, donde estaba el Santísimo Sacramento, y volvió a experimentar la presencia de Dios, a quién pregunto nuevamente qué quería de él.

“‘Amor’, fue la respuesta”, indicó.

Por última vez, mientras hacía oración postrado en el suelo, Mons. Esseff escuchó a Dios decir “enseña el amor de mi Sagrado Corazón” y “aprende más sobre el Papa enterrado en esta capilla”.

“Cuando me levanté de esta experiencia, sabía que haría lo que Dios quería de mí”, señaló.

En ese momento, el guía turístico de un grupo que pasaba cerca comentó que el Papa León XIII estaba enterrado en esa capilla.

“Sabía que el Papa León había abordado muchos problemas sociales relacionados con los pobres y las clases trabajadoras”, señaló. “Después de mi regreso a casa, investigué y aprendí que el último acto del papado del Papa León fue consagrar al mundo entero al Sagrado Corazón de Jesús”, agregó.

Mons. Esseff comentó que desde ese momento la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se convirtió en una de las partes importantes de su sacerdocio, y buscó darla a conocer a otras personas.

El sacerdote indicó que el entronizar la imagen de Jesús en un lugar de honor y proclamar públicamente la fe hacia Él, “es un símbolo en el que mostramos al mundo entero que este hogar está bajo el cuidado del corazón de Jesús”.

“Este reconocimiento del reinado del corazón de Cristo sobre nosotros no está reservado solo para las familias, sino que está abierto a individuos, parroquias, diócesis, comunidades e instituciones”, agregó.

Mons. Esseff señaló que el Corazón de Jesús enciende una llama de amor, el fuego del Espíritu Santo, en cada persona, por lo que toda institución necesita ser transformada, “toda la sociedad necesita experimentar la civilización del amor”.

“Todos somos uno con el otro en Cristo, y no hay ningún lugar al que él no pertenezca”, concluyó.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha sido parte de toda la historia de la Iglesia. En 1956, la encíclica Caritate Christi Compulsi de Pío XII sobre la teología del Sagrado Corazón, explicó que la devoción al amor de Dios se remonta al Antiguo Testamento.

La religiosa francesa Santa Margarita María Alacoque recibió, durante las apariciones de Jesús, doce promesas para las personas que honren y difundan la devoción a su Sagrado Corazón.

La novena promesa, “bendeciré el lugar donde esté expuesto mi corazón y sea honrado” inspiró al P. Mateo Crawley-Boevey, quien nació en Perú, a promover la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares, “para conquistar el mundo entero por el Corazón de Jesús, hogar tras hogar, familia tras familia”.

Traducido y adaptado por Harumi Suzuki. Publicado originalmente en NCR.

(Fuente: Aciprensa)

Intimidad espiritual con la pareja: ¿hasta dónde?

Intimidad espiritual con la pareja: ¿hasta dónde?

¿La relación con Dios debe formar parte del “jardín secreto” o, por el contrario, hay que permitir que esposo y esposa entren en él?

Juana y Pablo, casados desde hace dieciséis años, desearían ir más lejos juntos en su relación matrimonial.

“Compartimos los temas relativos a los grandes ámbitos de nuestra vida pero, cuando se trata de nuestra vida espiritual, sufrimos de un mutismo que nos sorprende”, confiesan un poco decepcionados por una actitud que no comprenden, aunque aspiran a una intimidad más profunda.

Como les sucede a muchas parejas cristianas, Pablo y Juana tienen cada uno una relación personal fuerte y viva con el Señor.

Ambos desearían que poder compartir esta intimidad los anclara más sólidamente aún en la verdad y profundidad de su sacramento de matrimonio, así como en la relación conyugal en sí.

Una intimidad así, para la que no hay una regla universal, claramente necesita unos requisitos previos.

La aventura de una fe compartida
Para poder compartir su intimidad espiritual, la pareja debe ser estable, compartir cierto número de valores y actitudes -como la honestidad en la relación, la reciprocidad, la confianza mutua,…- y, por supuesto, el deseo de crecer juntos en la fe.

Sin embargo, hay preguntas que pueden surgir y frenar el impulso de entrar en esta aventura (¡porque realmente es una aventura!): “¿Dios no va a pedirnos más de lo que podamos hacer? ¿No sentiré vergüenza de hablar de mis dudas o mis debilidades con mi pareja? ¿No me volveré vulnerable?”.

A veces deseamos abrir solo al Señor las miserias que nos habitan a cada uno; siguen siendo un secreto bien guardado que es legítimo no querer divulgar: el Señor vendrá, en lo más íntimo de nuestro corazón, a aplicar su bálsamo divino.

Pero nuestro cónyuge es esa persona a la que hemos ligado nuestra vida. Hasta la muerte, dijimos el día de nuestra boda…

Y no solo tenemos lados oscuros para compartir. También encontramos a lo largo de nuestro camino espiritual, iluminado y enriquecido por la lectura de la palabra de Dios, descubrimientos, alegrías, esperanzas que nos atraviesan y nos hacen crecer.

Abrirnos a nuestro cónyuge sobre los que nos enseña Dios, sobre su presencia en nuestra vida, es abrir la flor y nata de nuestra alma a nuestro ser amado.

Además, fundamentalmente, ¡nuestro cónyuge no es un cualquiera! ¡Nuestro amado es nuestro amado! No busquemos otro en el cielo.

La vida espiritual no es una vida para la esquizofrenia. Si hemos meditado bien la bendición que el sacerdote pronunció en nuestra boda, sabemos que, desde que somos esposos, nos convertimos, por gracia, en “el uno para el otro el sacramento de la presencia de Cristo”.

Eso quiere decir que el mejor medio que tenemos de reunirnos con Cristo, de comunicarnos con Él, de decirle y demostrarle nuestro amor, es pasar uno a través del otro.

Lo que dice san Juan del amor de Dios (1 Jn 4,12) es más cierto aún para los esposos cristianos: el único medio que tienen para amar, de hecho y en verdad, a Dios, a quien nunca han visto, es amarse mutuamente.

Entonces sí, el amor de Dios alcanzará su perfección en la pareja (1 Jn 4,17).

Por Marie-Noël Florant

(Fuente: Aleteia)

Nace un “Netflix” católico con el auspicio del Vaticano

Nace un “Netflix” católico con el auspicio del Vaticano

Pascal Deloche I Godong

Se trata de un espaldarazo de la Iglesia Católica para distribuir películas y series de inspiración cristiana, sin embargo el Vaticano no tendrá el control editorial.

“El objetivo es difundir la cultura, el arte y la fe en modo ‘on-demand’ a través de películas, series de televisión y documentales inspirados en el mensaje cristiano”, explicó Luca Tomassini, presidente de VatiVision, durante una videoconferencia de prensa. 

El canal VatiVision, es una plataforma de distribución en streaming de películas, series y documentales, al estilo de la popular plataforma Netflix, que seguirá una línea editorial católica, sin que el Vaticano intervenga directamente censurando o guiando el programa.

El público podrá ver desde documentales sobre el arte cristiano y la historia de la Iglesia hasta películas sobre santos y los papas. La inauguración será el próximo lunes 8 de junio en vativision.com.

En la plataforma realizada por Vetrya, Oficina de Comunicación, se estrenará “Lourdes” de los directores Thierry Demaizière y Alban Teurlai, el primer documental sobre el santuario francés. El público potencial son los más de mil millones de católicos del mundo y no solo.

“Acogemos con satisfacción esta iniciativa de católicos, cristianos y expertos audiovisuales, que tienen su responsabilidad en la evaluación de lo que hay que elegir y ofrecerlo como cualquier editor”, explicó Paolo Ruffini, Prefecto del Departamento de Comunicación del Vaticano.

VatiVision se distribuirá en todo el mundo a través de Internet. Ahora comenzará en Italia, pero pronto llegará a los Estados Unidos, México, Argentina, Filipinas, España, Polonia y otros países. También habrá producciones originales, además de las de la plataforma. No habrá una suscripción, los usuarios pueden simplemente adquirir el producto que les interesa. Habrá métodos de pago seguros y muy sencillos.

(Fuente: Aleteia)

 

Cómo tomar buenas decisiones en la vida

Cómo tomar buenas decisiones en la vida

Nathan Dumlao/Unsplash | CC0

Discernir para decidir

En la vida, todos los días hay decisiones que tomar. Y en ciertos casos, no es fácil ver en seguida la dirección que tomar. Entre las decisiones que tenemos que tomar, algunas no tienen grandes consecuencias, pero otras pueden cambiar el curso de nuestra existencia y la vida de toda nuestra familia: la compra de una casa, la elección del colegio para nuestros hijos, un nuevo compromiso…

En cuanto se presenta una situación inesperada, estamos obligados a discernir, es decir, a ejercer nuestro juicio para escoger lo mejor. ¿Cómo lo hacemos?

El primer paso es saber qué podemos elegir. Nuestro corazón se divide ante las posibilidades, así que depende de nosotros limitar el número que se abre ante nosotros. A veces, es necesario pararse a formularlas para no perder el tiempo entre muchísimas opciones.

Según explica el padre Bernard Mendiboure: “Es importante plantearse la pregunta en forma de alternativa: o bien esto o bien lo otro”.

El segundo punto de atención es que, evidentemente, el discernimiento será correcto si se plantea bajo el prisma del amor.

Para eso, es crucial que Dios ilumine nuestras decisiones con su mirada paternal. Si le confías tu vida, ten todavía más confianza en los momentos decisivos de tu vida.

Para ello, averigua “cuál es Su voluntad, ya que sabemos que nos hará felices y más libres”, insiste el padre Bernard Mendiboure. Ten la certeza de que Dios nunca pide nada imposible, aunque a veces el paso sea difícil de dar.

Para que descubrir poco a poco la dirección que tomar, dedica tiempo al silencio y a la oración. Aprovecha para iluminarte con la Biblia, la palabra de Dios para “salir así de la pura subjetividad”, aconseja este sacerdote.

Así lo hizo Grégoire que, según cuenta, “el día en que decidimos prometernos nos fuimos los dos de retiro. Creo que cuando la elección a tomar es tan importante, hay que retirarse del mundo y descender hasta lo más profundo”.

Sophie, madre de familia, confiesa también que “como padres, estamos muy implicados y es difícil saber lo que es bueno para nuestros hijos. Un día comprendí que debía distinguir la voluntad de Dios de mi deseo personal y confiar en Él. Él permite algunas cosas que, finalmente, resultan ser beneficiosas”.

Después de muchas dudas, Marion y Thibault decidieron que sus hijos se fueran a estudiar a otro país. “De hecho, su elección demostró ser muy positiva y, extrañamente, nuestros vínculos se han reforzado”, confiesan los padres.

Un combate
Cuando tomamos una decisión, hemos de operar con precisión de cirujano para separar el bien del mal, para escoger los buenos motivo y ¡descartar los falsos!. A veces, este ejercicio da miedo.

Pierre, ingeniero, duda sobre un puesto de trabajo que le han ofrecido. La cuestión se plantea en estos términos: ¿debe o no firmar ese contrato de trabajo? Pierre revisará lo referente a sus gustos, su carácter, sus competencias. Luego, reunirá toda la información objetiva sobre la empresa, examinará los diversos argumentos presentes, la parte de riesgo que asume, haciendo una lista de ventajas e inconvenientes para ambos casos.

Santo Tomás de Aquino nos tranquiliza al afirmar que la conciencia tiene una intuición sobre aquello que es bueno. En la oración, Pierre estará atento a lo que Ignacio de Loyola llama las mociones, es decir, las sensaciones del alma.

Algunas ideas, pensamientos o proyectos, poco ajustados, dan un placer temporal, pero seguido de tristeza. Al contrario, a veces las decisiones menos atractivas nos dan un alivio duradero.

En toda decisión es fundamental prestar atención a los hechos: “Cuando debimos marcharnos por motivos profesionales al extranjero, tuvimos en cuenta las necesidades de nuestros hijos”, cuenta Alphonse. “Convocamos un consejo familiar en el que nuestros tres hijos dieron su opinión. Rezamos, pedimos consejo a nuestros amigos y familiares, y escogimos una ciudad fronteriza con nuestro país”. Una decisión parental puede trastornar la vida de los hijos. Por eso, los padres deben estar atentos a lo que sienten sus hijos, pero sin pedirles que asuman el papel de los adultos.

En busca de luz
Como el corazón del ser humano es complejo, como allí se mezclan sentimientos, historia personal, educación, etc., es necesario clasificar para saber cuál es la prioridad. A solas, podemos confundir nuestras ilusiones con la voluntad de Dios. Tampoco sirve de nada preguntar su opinión a todos los que nos crucemos.

“Los consejos solo se piden a uno entre mil”, decía Ben Sirá el Sabio. También es muy importante dialogar con nuestra pareja antes de decidir. Paola pide consejo a su marido para conocer su opinión, pero también consulta a dos o tres amigos: “A las personas que valoro, cuya opinión es valiosa para mí debido a su coherencia de vida”.

El tiempo también es necesario. La Tradición nos dice que, si Dios nos llama, insiste en el tiempo, que Su invitación no es fugitiva. “Las cosas se descubren con el tiempo”, señala Agnès, madre de cinco hijos. “No podemos tomar una decisión en un pispás. El tiempo permite comunicarse de verdad, incluir al Señor en el asunto y mantenernos lejos de las sensaciones superficiales”.

Cuando, después de tres hijos, Véronique abordó con su marido la posibilidad de un cuarto, recibió un no categórico. “A Philippe le paralizaba el aspecto financiero. Al cabo de dos años de recorrido, por fin nos pusimos de acuerdo”.

La decisión
Luego viene el momento de la decisión. A menudo, cuando hemos hecho esta labor de discernimiento, incluso de distanciamiento en relación a nuestros sueños, una certidumbre serena emerge y se impone. Agnès y Vianney discuten sobre los temas pero, para ciertos ámbitos, es uno de los dos el que termina resolviendo.

“Ejercer el discernimiento determina el paso a la edad adulta”, remarca Agnès. “Es útil saber por qué se toma una decisión y qué frutos esperar de ella”.

El discernimiento es una escuela de libertad. “Al administrar este combate del discernimiento en todo lo que sentimos dividido en nosotros”, precisa el padre Bernard Mendiboure, “al salir de nosotros mismos, encontramos nuestra libertad espiritual”.

Los frutos de un buen discernimiento los cita san Pablo (Ga 5): “Amor, alegría y paz”. “Estos signos son mucho más que un alivio temporal. Una buena elección extiende sus frutos a largo plazo”, concluye el padre Bernard Mendiboure.

Florence Brière-Loth

(Fuente: Aleteia)

 

El video del Papa: recemos por los que sufren, una misión de compasión por el mundo

El video del Papa: recemos por los que sufren, una misión de compasión por el mundo

El video del Papa del corriente mes de junio llama a transitar un camino lleno de compasión que pueda transformar nuestra vida y la de nuestro prójimo, con la esperanza de acercarnos más al Corazón de Jesús.

Es por las personas que sufren la intención de oración del Papa Francisco para este mes de junio, quien nos pide que recemos para que aquellos que sufren “encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús”. Estas sus palabras:

“Muchas personas sufren por las graves dificultades que padecen. Nosotros podemos ayudarlas acompañándolas por un camino lleno de compasión que transforma la vida de las personas y los acerca al Corazón de Cristo que nos acoge a todos en la revolución de la ternura. Recemos para que aquellos que sufren encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús.”

Un camino para conectar con el Corazón de Jesús

En el comunicado de prensa que acompaña la divulgación de la intención de oración, la Red Mundial de Oración del Papa subraya cómo el Santo Padre “no olvida de los que pasan todo tipo de dificultades”, mientras la pandemia sigue presente en muchas partes del mundo.

Allí donde hay dolor, donde hay sufrimiento, donde hay dificultad, está siempre antes el Corazón de Jesús. Nadie está solo. El mensaje del Papa Francisco apunta a recordar que hay un camino que ayuda a todo aquel que lo necesita. Un camino para conectar con este Corazón de Jesús, con su estilo y con sus gestos, y que puede llevar a las personas a encarnar en su vida una misión de compasión por el mundo. Nos exhorta a acercarnos a este camino del corazón porque es capaz de acoger “a todos en la revolución de la ternura”.

El Corazón de Cristo es el centro de la misericordia

Además, en el comunicado se recuerda la larga historia de la devoción al Corazón de Jesús:

Desde el «corazón traspasado de Jesús» en el Evangelio de san Juan —interpretado en la mística medieval como herida que manifiesta la profundidad de su amor—, pasando por las revelaciones a santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII y el culto posterior al Sagrado Corazón en el siglo XIX, hasta la Divina Misericordia con santa Faustina Kowalska a principios del siglo XX. Incluso el Papa Pío XII llegó a escribir una encíclica sobre el Sagrado Corazón, Haurietes aquas (1956). A lo largo de la historia ha habido diversas inculturaciones de esta devoción, con diversas formas y lenguajes, pero siempre para que el Padre nos revelara en toda su profundidad el misterio de su Amor a través de un símbolo privilegiado: el corazón vivo de su Hijo resucitado. Pues “el Corazón de Cristo es el centro de la misericordia”, dice Francisco.

Una misión de compasión por el mundo

El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, subraya que la devoción al Corazón de Jesús dispone a una misión de compasión por el mundo y es el fundamento de toda misión:

“El discípulo a quien Jesús más amaba, el que mejor conocía el Corazón de Jesús, recostado junto a él (Jn 13,23) fue también el primero en reconocer a Jesús Resucitado a la orilla del lago de Galilea (Jn 21, 7). Cuanto más cerca uno está del Corazón de Jesús, más percibe sus alegrías y sus sufrimientos por los hombres, mujeres y niños de este mundo; y reconoce su presencia hoy como ayer, obrando en el mundo. Cuanto más cercanos estamos del Corazón de Jesús, menos indiferentes somos a lo que nos rodea, deseando comprometernos con Jesucristo en este mundo, al servicio de su misión de compasión”.

(Fuente: Vatican News