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Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

Estos 6 santos fueron amigos de los animales

Estos 6 santos fueron amigos de los animales

Uno de los santos que destacó por su amor a la creación y cercanía con los animales fue San Francisco de Asís, cuya fiesta se celebra este 4 de octubre. Al igual que él hay otros santos reconocidos en la Iglesia Católica que también demostraron su amor a los animales.

1. San Francisco de Asís

En la ciudad italiana de Gubbio, en Umbría, provincia de Perugia, había un lobo que atemorizaba a la población, ya que devoraba animales y personas. Frente a ello, San Francisco quiso ayudar y fue hasta el lugar donde se encontraba la bestia.

Cuando el animal se le acercó, el santo le hizo la señal de la Cruz en el hocico y le dijo: “¡Ven aquí, hermano lobo! Yo te mando de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí ni a nadie”.

Entonces el lobo se acercó mansamente y el santo le pidió que no vuelva a hacer daño a ningún hombre o animal y le prometió que a cambio los habitantes le darían alimento.

San Francisco le tendió una mano y el animal puso en ella una de sus patas delanteras a modo de “acuerdo”. Desde entonces el lobo recorría la ciudad sin hacer daño a nadie, e incluso la muerte del animal fue lamentada por el pueblo.

El santo también solía predicar a las aves que se reunían a su alrededor, y su amor a la naturaleza era tan grande que llegó a componer un cántico para agradecer y alabar a Dios por toda la creación.

2. San Pío de Pietrelcina

El P. Jean Marie Benjamin es un sacerdote francés que en los años 60 asistió a una Misa celebrada por San Pío de Pietrelcina en San Giovanni Rotondo, Italia.

Según relató el sacerdote a ACI Stampa, agencia en italiano del Grupo ACI, en el momento de la Misa cuando el santo pronunciaba las palabras para consagrar la hostia, los pájaros que estaban en las ventanas de la iglesia dejaban de cantar.

3. San José de Cupertino

Uno de los diversos dones sobrenaturales de San José de Cupertino , además de la levitación, fue el don de comunicarse con los animales. Por ejemplo, las ovejas lo escuchaban con atención cuando rezaba y las golondrinas lo seguían mientras caminaba.

La estadounidense Joan Carroll Cruz, escribió en su libro “Misterios, Maravillas y Milagros en las vidas de los Santos” la historia de un pájaro que solía acompañar con sus cantos a las religiosas de Santa Clara en la ciudad de Cupertino.

Según señala Carroll, un día dos novicias comenzaron a pelear y el ave se puso en medio. Frente al inesperado suceso, una de ellas lo atacó y el pájaro se alejó. Entonces, las religiosas le pidieron al santo que lo llamara de vuelta y el ave regresó.

En otro ocasión, el pájaro ingresó al área del coro y dejó que las religiosas lo acariciaran. De pronto, una de ellas le ató una campanita en la pata y el pájaro huyó. Al ver que no regresaba, las monjas volvieron a recurrir a San José de Cupertino.

El santo respondió al llamado y dijo que había enviado al ave para que cantara con ellas y no para que toque una campana; y luego, le pidió al pajarito que regresara y este se quedó con las monjas.

4. Don Bosco

En 1883, mientras caminaba por la ciudad italiana de Turín, San Juan Bosco notó que un perro grande lo seguía. El santo se acercó al animal para acariciarlo y debido a su color gris lo llamó “Grigio”.

Desde entonces, el perro lo seguía cuando caminaba solo en las noches. En una ocasión, un hombre disparó a Don Bosco y Grigio apareció inmediatamente para defenderlo.

En otra ocasión el perro atacó a un bandido que había atacado al santo por la espalda y le había colocado una bolsa sobre la cabeza.

Otro día, un desconocido quiso herir a San Juan Bosco con una estaca, pero él se defendió. Frente a su respuesta, el delincuente llamó a gritos a sus cómplices y de pronto apareció Grigio y comenzó a ladrarle.

Entonces, el hombre le pidió al santo que tranquilizara al perro y Don Bosco accedió a su pedido con la condición de que ni él ni sus compañeros volvieran a atacarlo.

5. San Antonio María Claret

San Antonio María Claret, fundador de la orden de los Misioneros Claretianos, narró en su autobiografía que cuando oía el canto de las aves durante sus viajes, se acercaba a estos pájaros y “les hablaba del cántico eterno y nuevo del cielo”.

Por su parte, la autora Joan Carroll Cruz también cuenta en su libro “Misterios, Maravillas y Milagros en las vidas de los Santos” que durante el funeral de San Antonio María Claret, apareció un pájaro y comenzó a cantar las melodías de los salmos que entonaban los asistentes.

6. San Francisco Javier

En una de las paredes de la basílica dedicada a San Francisco Javier en Navarra, España, está plasmado un suceso curioso que vivió el santo durante uno de sus viajes.

Un día mientras navegaba rumbo a las islas Molucas, en Indonesia, se desató una tormenta y lanzó su crucifijo al mar para calmar las aguas.

Cuando llegó a la playa, se sorprendió al ver a un cangrejo que sostenía entre sus pinzas el crucifijo.

(Fuente: Aleteia)

Así fueron las últimas horas de vida del Padre Pío según un testigo directo

Así fueron las últimas horas de vida del Padre Pío según un testigo directo

Reliquias del Padre Pío de Pietrelcina. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Este jueves 23 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de San Pío de Pietrelcina, el Padre Pío, en el día en que se conmemora el aniversario de su fallecimiento el 23 de septiembre de 1968 en su celda del convento de los Frailes Menores Capuchinos de San Giovanni Rotondo.

¿Cómo fueron aquellas últimas horas del Santo de los Estigmas? Durante la vigilia celebrada en la iglesia de peregrinación de San Giovanni Rotondo en la noche de este jueves se leyó la descripción de aquellas horas escrita por quien le asistió en aquellos momentos, el fraile Pellegrino Funicelli.

El P. Funicelli dejó por escrito el 29 de septiembre de 1968, solo unos días después del fallecimiento del Padre Pío, la narración de las horas que vivió con el Padre Pío en la noche en que falleció.

“Después de las 21:00 de la noche del 22 de septiembre de 1968”, comienza su narración el P- Funicelli, “cuando el Padre Mariano se había alejado de la celda número 4 y había entrado yo, me llamó el Padre Pío por medio del telefonillo y me pidió que fuera a su habitación”.

El Padre Pío “estaba en la cama, postrado sobre el lado derecho, sólo me pidió que le dijera la hora que marcaba el despertador colocado sobre su mesa. De sus ojos enrojecidos surgió alguna pequeña lágrima. Yo regresé a la estancia número 4 pendiente del telefonillo siempre encendido”.

A lo largo de la noche, “el Padre me llamó otras cinco o seis veces, hasta medianoche, y tenía siempre los ojos enrojecidos por el llanto, pero de un llanto dulce, sereno”.


A medianoche, “como un niño asustado, me suplicó: ‘Quédate conmigo, hijo mío’ y comenzó a preguntarme con mucha frecuencia la hora. Me miraba con ojos llenos de imploración, apretándome fuerte las manos”.

“Luego, como si se hubiese olvidado de la hora que me preguntaba continuamente, me pidió: ‘Muchacho, ¿has dicho la Misa?’. Respondí sonriendo: ‘Padre Espiritual, es demasiado pronto para la Misa’. Y él replicó: ‘Bueno, esta mañana la dirás por mí’. Y yo: ‘Pero cada mañana la digo según sus intenciones’”.

Tras aquella conversación, el Padre Pío “quiso confesarse y, terminada su confesión sacramental, dijo: ‘Hijo mío, si el Señor me llama hoy, pide perdón en mi nombre a los hermanos por todas las molestias que les he dado, y pide a los hermanos y a mis hijos espirituales una oración por mi alma’”.

El P. Funicelli le respondió: “‘Padre Espiritual, estoy seguro de que el Señor le hará vivir todavía mucho tiempo, pero si tuviese razón, ¿le puedo pedir una última bendición para los hermanos, para todos sus hijos espirituales y para sus enfermos?’”.

El P. Pío contestó: “‘Sí, os bendigo a todos; pide también al Superior que imparta por mí esta última bendición’”. “Y a Pía, Ettoruccio y familia y a Sor Pía, ¿qué les digo?”, preguntó el P. Funicelli en referencia a los familiares del P. Pío. “‘Ellos saben cuánto los he amado’, me respondió lleno de lágrimas, ‘los bendigo a todos, los bendigo a todos’. Por último, me pidió renovar el acto de profesión religiosa”.

Después de esas palabras, “era la una cuando me pidió: ‘Escucha, hijo mío, yo aquí en la cama no respiro bien. Deja que me levante. En la silla respiraré mejor’”.

“A la una, a las dos, a las tres eran normalmente las horas en que solía levantarse para prepararse para la Santa Misa, y antes de sentarse en el sillón solía dar cuatro pasos por el pasillo. Aquella noche noté, maravillado, que caminaba derecho y rápido, como un joven, tanto que no era necesario sostenerlo”. Cuando llegó a la puerta de su celda “dijo: ‘Vamos un poco a la terraza’”.

Entonces, el P. Funicelli acompañó al Padre Pío a la terraza, “sujetándolo con la mano bajo el brazo”. Cuando llegaron, “él mismo encendió la luz y, al llegar junto al sillón, se sentó y miró a la terraza, con curiosidad, como si buscara algo con los ojos”.

“Después de cinco minutos quiso volver a la celda. Traté de levantarlo, pero me dijo: ‘No puedo’. En efecto, pesaba más: ‘Padre Espiritual, no se preocupe’, le dije animándolo y tomando rápidamente una silla de ruedas que estaba a dos pasos. Lo levanté del sillón por las axilas y lo senté en la silla. Él mismo levantó los pies del suelo y los puso en el apoyo”.

Ya de regreso en la celda, “cuando lo acomodé en el sillón, indicándome con la mano izquierda y con la mirada a la silla de ruedas, me dijo: ‘Sácala fuera’”.


EL P. Funicelli sacó la silla de ruedas de la estancia y, “de regreso en la celda noté que el Padre comenzaba a ponerse pálido. Sobre la frente tenía un sudor frío. Me asusté cuando vi que sus labios comenzaban a ponerse lívidos. Repetía continuamente: ‘¡Jesús, María!’, con voz cada vez más débil”.

“Me movió para ir a llamar a un hermano, pero me detuvo diciéndome: ‘No despiertes a nadie’. Yo salí igualmente y, corriendo, me alejé pocos pasos de su celda, cuando me volvió a llamar. Y yo, pensando que me llamaba para decirme lo mismo, regresé. Pero cuando le escuché repetir, ‘no llames a nadie’, le dije con acto de imploración: ‘Padre Espiritual, ahora déjeme hacer’”.

“Y corriendo me dirigió a la celda del Padre Mariano, pero viendo abierta la puerta de Fray Guglielmo, entré, encendí la luz y lo sacudí: ‘¡Padre Pío está mal!’. En un momento, Fray Guglielmo llegó a la celda del Padre y yo corrí a telefonear al doctor Sala. Éste llegó alrededor de diez minutos después y, apenas vio al Padre, preparó lo necesario para administrarle una inyección”.

Cuando el doctor estaba preparado, “Fray Guglielmo y yo intentamos levantarlo, pero al no conseguirlo lo tuvimos que dejar en la cama. El doctor le puso la inyección y luego nos ayudó a ponerlo en el sillón mientras el Padre repetía siempre con voz cada vez más débil y con movimiento de labios cada vez más imperceptible: ‘¡Jesús, María!’”.

El P. Funicelli salió para llamar al Padre Guardiano, el Padre Mariano y a otros hermanos. Llamó también al doctor sala y luego al sobrino del Padre Pío, Mario Pennelli, al director sanitario de la Casa de Alivio, el doctor Gusso, y al doctor Giovanni Scarale.

“Mientras los médicos suministraban oxígeno, primero con la cánula y luego con la máscara, el Padre Paolo de San Giovanni Rotondo administró al Padre Espiritual el Sacramento de los Enfermos y los demás hermanos, arrodillados a su alrededor, rezaban”.

“A las 2:30 de la mañana, aproximadamente, con suavidad inclinó la cabeza sobre el pecho. Había expirado”, finaliza su narración el P. Pellegrino Funicelli.

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(Fuente: Aciprensa)

Novena a San Pío de Pietrelcina, el sacerdote de los estigmas

Hoy se inicia la novena a San Pío de Pietrelcina, el sacerdote de los estigmas

Este martes 14 de septiembre se inicia la novena al Santo Padre Pío de Pietrelcina, sacerdote franciscano que recibió los estigmas de Cristo y que tenía un especial don para la confesión.

Entre las muchas personas que se acercaron a confesarse con él, estuvo también el Papa San Juan Pablo II.

En septiembre de 2020, el Papa Francisco llamó al Padre Pío “dispensador incansable de la divina misericordia” y animó a los fieles a acercarse con confianza a la confesión, por lo que esta novena puede ser rezada por quienes no se confiesan hace mucho o tiene vergüenza de hacerlo.

“Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la tierra y el cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador”, decía el santo capuchino.

Cercanos a su fiesta que se celebra cada 23 de septiembre, aquí una novena de preparación y en su honor.

Primer día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Segundo día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Tercer día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Cuarto día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Quinto día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Sexto día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Séptimo día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Octavo día de la novena a San Pío de Pietrelcina
Noveno día de la novena a San Pío de Pietrelcina

(Fuentes: Aciprensa)

Un regalo de Dios para mí

Un regalo de Dios para mí

Viera Martínez, una hermana de nuestra parroquia El Buen Pastor, nos cuenta su testimonio sobre un sacramental que tanto deseaba. Tal vez te preguntes qué es un ‘sacramental’ y debes saberlo para poder entender la historia.

Los sacramentales son signos sagrados, muchas veces con materia y forma, por medio de los cuales se reciben efectos espirituales y que son actos públicos de culto y santificación. Pueden ser “cosas” o “acciones”, por la intercesión de la Iglesia (Cfr. CIC. no.1166). Algunos ejemplos son el agua bendita, objetos religiosos benditos y la señal de la Cruz.

Aquí la historia de Viera.

Hace aproximadamente tres años, el Señor me dio un gran regalo, un regalo que nunca pensé que iba a tener. Deseaba en mi corazón una reliquia de San Pío de Pietrelcina, deseaba un trocito de alguna ropa, de alguna prenda del Santo, pero me decía: «¿Y cómo?»

Los años pasaron y mi devoción por este santo crecía y siempre me decía: «Señor quisiera tanto una reliquia?» Pero cómo podría yo obtener alguna reliquia, eso es para gente muy especial del Señor.

Un día en un retiro, uno de los predicadores ofreció, a quien deseara, orar junto a las reliquias que él llevaba consigo de San Pío. El charlista es amigo de un anciano que era amigo del padre Pío y este señor le había regalado trozos de la sangre del santo, de su barba y de su ropa. Luego del retiro, le pedí que si podía rezar con esas reliquias y él amablemente me las prestó un ratito.

Días después me encontré con este chico y le manifesté que yo tenía un gran deseo de poder algún día tener alguna reliquia del Santo. Para mi sorpresa, me quedé estupefacta cuando él abrió su mochila, sacó un rosario que contenía una reliquia, UNA RELIQUIA DE PRIMER GRADO —según el hermano —, que también había reposado sobre el altar donde el santo padre ofrecía misas y sobre la tumba donde reposa su cuerpo incorrupto. Y me dijo: «El padre Pío tenía este regalo reservado para ti».

¡Yo me quedé estupefacta, yo no lo podía creer! Me puse el rosario durante dos semanas, de verdad que sentía que flotaba. ¡Yo estaba tan feliz y tan agradecida con Dios!

Antes de que todo eso ocurriera, había sentido una palabra en mi corazón. Semanas antes de este retiro, Jesús me hizo sentir ir a orar por los enfermos al hospital, pero que antes de ello Él pondría algo en mi pecho —nunca me imaginé lo que sería—.

Cuando perdí la reliquia

Estuve en unos servicios cantando misa. Recuerdo ese domingo haber cantado misas y un retiro y luego tenía una reunión con una religiosa. En el camino, el rosario se me extravió. Yo me entristecí mucho porque había perdido algo tan preciado.

Por más que pregunté y busqué y traté de recuperarlo no pude lograrlo, pero dije: «Madre si tú quieres, aparecerá».

Decidí no sufrir más, porque de verdad que fue una pérdida grande, ya sabrán lo que es perder un regalo de tal magnitud.

Pero gracias a Dios, al final de la misa de la noche de la Pascua de Resurrección, la hermana Ugier se acercó a mí con el rosario que tenía la reliquia y me dijo: «Estaba esperando verla para entregársela». ¡HABÍA VUELTO A MÍ!

Ella me había dado una bola a una reunión que tenía. Cuando íbamos orando en el camino, se me quedó el rosario en su auto, durante 9 meses no estuvo conmigo, y esa noche de Pascua ella me dijo que imaginó que me vería en la misa, por eso lo llevó en sus manos. Le di un abrazo que no la quería soltar. ¡QUÉ FELICIDAD!

Hace tiempo sentía que debía darle un significado mayor y tratar las cosas santas con más delicadeza, entonces ahora tengo un relicario con un trozo de la ropa de mi amado padre Pío.

¡Qué bueno es Dios!

Grados de las reliquias

El director del ministerio Tesoros de la Iglesia, P. Martins, explicó a ACI Prensa que las reliquias se dividen en varios tipos, como las de “primera clase” o también llamadas de primer grado, que son “el cuerpo o los fragmentos del cuerpo de un santo, como carne o un hueso”.

Indicó que también que existen las reliquias de “segunda clase”, que son “algo que le perteneció al santo como una camisa o un libro (o los fragmentos de esos objetos)”, y finalmente están las de “tercera clase”, que son “los objetos que el santo tocó o que han sido tocados por una reliquia de primera, segunda u otra de tercera clase”.

Puedes ampliar estos datos aquí 

San Juan Pablo II contó cómo fue su confesión con Padre Pío y un milagro por su intercesión

San Juan Pablo II contó cómo fue su confesión con Padre Pío y un milagro por su intercesión

San Juan Pablo II y el Padre Pío

Entre los muchos penitentes que llegaron a confesarse con el Santo Padre Pío de Pietrelcina está el querido San Juan Pablo II, a quien también ayudó a rezar por una especial intención.

Se cuenta una “leyenda” según la cual el Padre Pío le dijo al santo polaco que sería Papa. Quienes la comparten dicen que el Santo de los estigmas le dijo “Vas a ser Papa y veo sangre”. Sin embargo, Karol Wojtyla lo negó en dos oportunidades en su pontificado

Lo que Juan Pablo II sí contó fue que, cuando era Obispo Auxiliar de Cracovia en 1962, le escribió una carta al Padre Pío, pidiéndole rezar por una madre enferma de cáncer.

“Venerable padre, le pido decir una oración por una mujer polaca de Cracovia de 40 años, madre de cuatro hijas, que durante la última guerra mundial estuvo recluida 5 años en los campos de concentración y que se encuentra ahora en un gravísimo peligro a causa de un cáncer. En Cristo”, escribió Mons. Karol Wojtyla.

Al recibir la carta, el Padre Pío dijo que “aquí no podemos decir que no. Debemos rezar para contentar a este santo sacerdote”.

El 28 de noviembre de ese mismo año, Karol Wojtyla envió una carta al Santo de los estigmas, esta vez de agradecimiento: “Venerable padre, la mujer polaca de Cracovia, madre de cuatro hijas, el 21 de noviembre, antes de la operación quirúrgica, ha recuperado de improviso la salud. Demos gracias a Dios. A ti, padre venerable, la gratitud viva del esposo y de toda la familia”.

ACI Stampa, agencia en italiano del Grupo ACI, informó que el 5 de abril de 2002, San Juan Pablo II escribió una carta sobre su encuentro con el Padre Pío. La misiva la envió a los frailes capuchinos de San Giovanni Rotondo para su archivo, pidiendo que no se publicara antes de su muerte. La carta fue publicada en el libro “El Papa y el fraile”.

En 1974, cuando visitó la tumba del Santo capuchino, el entonces Cardenal Karol Wojtyla dejó un registro en el libro de visitas del convento en San Giovanni Rotondo. El Padre Pío “tenía un simple y claro discernimiento y trataba al penitente con un gran amor”, escribió Juan Pablo II.

“Este encuentro con él todavía vivo y estigmatizado en San Giovanni Rotondo, lo considero como el más importante y agradezco de modo particular a la Providencia por esto”, agregó.

El 23 de mayo de 1987 San Juan Pablo II, ya convertido en Papa, rezó ante la tumba del Santo de Pietrelcina y ese día, ante los religiosos franciscanos, dijo: “Grande es mi alegría por este encuentro y lo es por varios motivos. Como saben, estos lugares están ligados a recuerdos personales, es decir a mis visitas hechas al Padre Pío durante su vida terrena, o ya espiritualmente luego de su muerte, ante su tumba”.

En la Misa de canonización el 16 de junio de 2002 en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, San Juan Pablo II afirmó que “el Padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia”.

“También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de San Giovanni Rotondo”.

El Papa peregrino destacó que “aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, estos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental”.

“Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante también hoy, como reafirmé en la Carta a los sacerdotes con ocasión del pasado Jueves santo”, subrayó.

(Fuente: Aciprensa)

Así es como los ángeles ayudan a cambiar el corazón

Así es como los ángeles ayudan a cambiar el corazón

Pixabay | Pexels

Claro que es posible una transformación interior de la persona, mira cómo estos seres espirituales han ayudado en la de santa Teresa y el Padre Pío

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Escribía Jacques Leclerq, teólogo moralista belga (1891-1971):
“Creo que un día, tu día, Dios mío, avanzaré hacia ti con pasos titubeantes, con todas mis lágrimas en la palma de la mano, pero también con este corazón maravilloso que nos has dado, este corazón demasiado grande para nosotros porque está hecho para ti”.

Y sí, el corazón del hombre es demasiado grande. En su interior se encuentra el deseo mismo de Dios, de buscar, encontrar y ver a Dios.

Jesús mismo llama a ese corazón, y Dios promete, por medio del profeta Ezequiel, renovar ese corazón, quitar el corazón de piedra y darnos un corazón nuevo, un corazón de carne.

Es precisamente este llamado a un nuevo corazón lo que nos brinda esperanza de poder cambiar, de abrirnos realmente para aquello a lo que estamos llamados: la verdad, la belleza, la justicia, el amor.

Es posible cambiar

Sin embargo, en la experiencia del día a día, pareciera que este deseo grande del corazón humano es poco realista e irrealizable.

Como si tuviéramos que simplemente “acomodarnos” o “resignarnos” a lo que en el mundo hay y lo que el mundo nos da.

Y lo que el mundo nos da y en lo que en el mundo hay, es un juicio y una condena constante del corazón humano. No puedes amar de manera pura, no puedes amar para siempre, etc, etc.

Esto es lo que Juan Pablo II ha llamado “los maestros de la sospecha”, y que identifica con las corrientes de pensamiento de Nietzsche, Freud y Marx.

En efecto, estas corrientes de pensamiento, o no creen, o no conocen, el poder transformador de la gracia de Dios y la promesa de un nuevo corazón.

Estos “maestros de la sospecha” proyectan sobre otros su prejuicio de que no se puede hacer, nada se puede cambiar, y que el corazón humano está destinado a ser dominado por sus deseos de lujuria, orgullo o soberbia de los ojos.

(Piensa por ejemplo en aquellos que niegan las llamadas terapias de recuperación a aquellos que lo solicitan, y piden ayuda para sanar las consecuencias de las heridas emocionales en sus vidas).

Estos “maestros” no ven esperanza de redención para el corazón del hombre.

La Sagrada Escritura nos abre a una nueva y esperanzadora imagen del hombre. El mensaje de Dios, la “Buena Nueva” de Jesús para el hombre, es que si hay redención y da posibilidades al hombre.

“La redención es una verdad, una realidad, en cuyo nombre debe sentirse llamado el hombre, y «llamado con eficacia»” (cfr. Juan Pablo II, Audiencia de Octubre 28 de 1980).

A esta redención a la cual se encuentra llamado todo hombre, sea la situación en la que se encuentra, los errores que haya cometido, las heridas que tenga, los santos ángeles son llamados a participar.

Santa Teresa de Ávila
Precisamente, si tenemos en cuenta que los fenómenos místicos de los santos, sin que se repitan en los demás cristianos, vienen a ser una luz que se nos da para entender el camino de amistad y de unión con Dios; entonces podemos aludir al fenómeno de la transverberación de santa Teresa de Jesús.

Este fenómeno místico, que la misma santa narra en su autobiografia, consiste en ser traspasado el corazón, dejándole “toda abrasada en amor grande de Dios” ( Vida, 29,13).

Fue un ángel. La santa menciona que fue un querubín, el segundo coro de los ángeles. Sin embargo, parece ser, por la descripción que hace Teresa del fenómeno, que debió de ser un serafín.

Para estos efectos, no importa el coro que haya sido. Lo que llama la atención es que se inflama el corazón de una mujer, de una persona, con el fuego del amor y la deja toda abrasada en amor.

Ya no es el amor lujurioso, codicioso, que pregonan los “maestros de la sospecha”. Es un corazón abrasado de un amor puro por Dios y el prójimo.

Esta experiencia de Teresa de Jesús da testimonio, como las de otros muchos santos, de que el corazón del hombre puede ser trasformado, redimido por la gracia de Dios.

La amistad con el ángel nos lleva a ser heridos de amor, de amor divino. No de la misma manera que lo fue Teresa de Ávila pero sí con el mismo fin, que es que el deseo que llevamos en nuestro corazón se realice, esto es la búsqueda y la unión con Dios.

Y es que nada -oye bien-, nada de lo que afecta a los hombres deja indiferentes a los ángeles. Ellos se interesan por el corazón del hombre. La amistad con los santos ángeles nos lleva a encender nuestro corazón de amor.

Santo Tomás nos dice que “el solo contacto del ángel es suficiente para hacernos mejores. Así como el fuego irradia y extiende a su alrededor el calor; así como el contacto con una persona virtuosa nos hace mejores, del mismo modo si nos acercamos a los ángeles que irradian luz, calor, virtud, amor, recibiremos algo de ellos que nos comunican sus cualidades y perfecciones«.

Hay que notar que el ángel hiere el corazón de santa Teresa, y el corazón es el centro de nuestros afectos, sentimientos, pensamientos, deseos.

Los ángeles tocan todo esto para formar nuestro corazón. No es necesario que los veamos; el hecho de no verlos no significa que no tengan esa influencia.

Cuando el ojo ve un árbol no ve sus raíces, pero no por ello el árbol carece de las mismas, nadie se atrevería a decir que las raíces no existen o que son una invención de los agrónomos.

La experiencia de santa Teresa nos da cuenta de que los ángeles se acercan al corazón del hombre.

Padre Pío
Otro de los santos con experiencias con los ángeles, san Pío de Pietrelcina, solía decir que cuando se tenga alguna necesidad del corazón, hay que dirigirse al ángel custodio.

Esa cercanía de los ángeles al corazón del hombre es lo que también hace posible que en momentos difíciles con alguien, ya sea por malos entendidos o por cualquier otra razón, las personas se vean aligeradas al acudir a estos buenos compañeros espirituales.

Fue el consejo que el papa Pío XI trasmitió al Cardenal Roncalli, futuro Juan XXIII.

Igualmente, los santos ángeles nos indican la fuente de este amor: Dios.

Ahora bien, ¿qué debemos hacer para aceptar esta ayuda y cercanía, para permitir que el ángel trasforme nuestro corazón y lo haga arder con el fuego de amor de Dios?

Considero que la respuesta es disponer nuestra alma a recibir con gratitud y humildad la presencia y ayuda de este amigo fiel.

Esta disposición se manifiesta en una oración fervorosa, que busque alcanzar la ayuda y auxilio de los ángeles; y en una honra aquí en la tierra mediante la confianza y incondicional a aquellos enviados por Dios para guiarnos en nuestros caminos.

Acerquémonos, pues a estos compañeros y encendamos nuestro corazón con un amor de Dios, un amor divino.

Te comparto la poesía que santa Teresa escribió que narra de manera bella la experiencia que tuvo con el ángel que la hirió de amor:

Cuando el dulce Cazador

me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor

mi alma quedó caída,

y cobrando nueva vida

de tal manera he trocado,

que es mi Amado para mi,

y yo soy para mi Amado.

Hirió con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador;

ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mi, 

y yo soy para mi amado.

 

(Fuente: Aleteia)

Festival Internacional de Cine Católico: Estreno de ‘El Misterio del Padre Pío’

Festival Internacional de Cine Católico: Estreno de ‘El Misterio del Padre Pío’

Fuente: European Dreams Factory

12 de junio en 19 países, entre estos está República Dominicana.

Hoy viernes, 12 de junio de 2020, se estrena en 19 países la película El Misterio del Padre Pío, dirigida por José María Zavala, de la mano del Festival Internacional de Cine Católico Digital en la modalidad on demand, es decir, que cualquier persona –de los países donde se estrena– la podrá rentar.

Los países que podrán verla a partir del 12 de junio son: Estados Unidos, Canadá, México, Costa Rica, Panamá, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Perú, Ecuador, Colombia, Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay, República Dominicana y Puerto Rico.

“Es una película que durante mucho tiempo, muchos países la han pedido, la han querido ver”, asegura en exclusiva para zenit Gaby Jacoba, directora del Festival Internacional de Cine Católico. Los usuarios podrán rentar la película a partir del 12 de junio en la plataforma del sitio web del festival.

“Desde que comenzó la pandemia de COVID-19 en América, tuvimos miles y miles de peticiones de que pudiéramos pasar a un esquema digital con el que la gente pudiera rentar las películas en su casa”. Así fue como la iniciativa internacional se transformó y pasó a llamarse “Festival Internacional de Cine Católico Digital”, explica Jacoba.

El misterio del Padre Pío

Al Padre Pío, uno de los más grandes santos de la historia, canonizado por Juan Pablo II, le colocaron micrófonos en el confesionario y le acusaron de mantener relaciones sexuales con sus hijas espirituales. Sufrió una persecución implacable por parte de algunos hombres de Iglesia.

“50 años después de su muerte, sale a relucir la verdad” es el lema del documental, que ofrece, en clave de thriller, testimonios y documentos jamás divulgados sobre el complot urdido contra su protagonista, que tuvo los estigmas de Jesucristo en manos, pies y costado durante 50 años consecutivos; leía el alma de la gente en cualquier idioma; y se “paseaba” por el mundo gracias al don de la ‘bilocación’ (la posibilidad de estar en dos sitios distintos al mismo tiempo).

Ejemplo de lucha para tiempo de crisis

“En estos tiempos necesitamos mucho estos ejemplos de amor, de fe, de esperanza, incluso de lucha y de abrazarnos a Cristo y a la fe, en momentos de dificultad como lo que ahorita muchos estamos pasando”. Yo creo que este estreno digital va a “darnos fortaleza y también a identificarnos y a conocer este gran intercesor que podemos conocer en nuestra vida, que es el padre Pío”.

El padre Pío es un santo “muy, muy querido”, narra. “Nos ha tocado vivir muchas experiencias con la misma gente que nos escribe y nos habla de todas esas experiencias que por intercesión de san padre Pío han tenido milagros o situaciones espiritualmente de conversión”.

La directora del Festival anima a ver la película para “conocer, reconocer y darnos cuenta de  la vida de este gran santo”. Incluso “no solo durante su vida, sino después también, porque vamos a poder hasta su canonización”, indica Jacoba.

Wojtyla: La Investigación

Del mismo director se estrenó el pasado 8 de mayo de 2020 la película Wojtyla: La Investigación, en el marco del Centenario del nacimiento del Papa polaco, san Juan Pablo II. El estreno se hizo –que estaba previsto para el 15 de mayo en España, Polonia, Estados Unidos, México y Brasil en cines—finalmente fue exclusivamente online, debido a la pandemia del coronavirus.

La cinta también por Zavala que sí llegó a estrenarse en 140 cines en México antes de la llegada del virus al país fue Renacidos, un documental sobre el padre Pío que se convirtió en tan sólo una semana en el documental más visto en España durante 2019.

(Fuente: Zenit)

 

Los 50 consejos del Padre Pío para una vida en gracia

Los 50 consejos del Padre Pío para una vida en gracia

Pequeñas “florecillas” del más famoso franciscano del siglo XX

  1. El tiempo mejor invertido es el que se gasta en la santificación del alma de los demás.
  2. El tiempo gastado para la gloria de Dios y para la salud del alma, nunca es malgastado.
  3. ¡Qué bello es el rostro de nuestro dulcísimo Esposo Jesús! ¡Qué dulces son sus ojos! ¡Qué felicidad estar cerca de Él en el monte de su gloria! Allí debemos poner nuestros deseos, nuestros afectos, no en las criaturas, en las que no hay belleza o, si la hay, viene de lo alto.
  4. No te canses en torno a cosas que generan preocupación, perturbaciones y afanes. Una sola cosa es necesaria: elevar el espíritu y amar a Dios.
  5. Dios es caridad – amor –, gracia, Providencia. El culmen de la perfección es la caridad: el que vive la caridad vive en Dios, porque Dios es caridad, como dijo el Apóstol.
  6. Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de su ojo. ¿Qué hay más delicado que la pupila del ojo?
  7. Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza.
  8. El que ofende a la caridad ofende la pupila del ojo de Dios.
  9. La caridad que no tiene por base la verdad y la justicia, es caridad culpable.
  10. La Divina Bondad no solo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que sale en busca de las obstinadas.
  11. El Corazón del Divino Maestro no tiene ley más amable que la de la dulzura, de la humildad y la caridad…
  12. Pon a menudo tu confianza en la Divina Providencia, y estate seguro de que pasarán antes el cielo o la tierra, que tu Señor deje de protegerte.
  13. La caridad es la reina de las virtudes. Como las perlas se mantienen unidas por el hilo, así las virtudes por la caridad. E igual que si se rompe el hilo las perlas caen, así, si falta la caridad, las virtudes se desperdigan.
  14. La beneficencia, venga de donde venga, es siempre hija de la misma madre, es decir, la providencia.
  15. ¿Nos bastamos a nosotros mismos para formar un deseo santo sin la gracia? Por supuesto que no. Esto lo enseña la fe.
  16. Si en un alma no hubiera otra cosa que el ansia de amar a Dios, ya lo tiene todo. Porque Dios no está donde no hay deseo de su amor.
  17. Yo sé que ningún alma puede amar dignamente a su Dios. Pero cuando hace lo posible por su parte y confía en la Divina Misericordia, ¿por qué Jesús le va a rechazar? ¿No nos ha mandado amar a Dios con todas nuestras fuerzas? Así que si has dado todo a Dios, ¿por qué temer? ¿Quizás porque no puedes hacer más? ¡Pero Jesús no pide, no quiere imposibles! Pide al buen Dios que haga Él mismo lo que tu no puedes hacer.
  18. Te afanas por buscar el sumo bien: pero en verdad está dentro de ti y te tiene extendido en la Cruz, respirando para soportar el martirio insoportable y, más aún, para amar amargamente al Amor.
  19. Los males son hijos de la culpa, de la traición que el hombre ha perpetrado contra Dios … Pero la misericordia de Dios es grande… Un solo acto de amor del hombre hacia Dios tiene tanto valor a sus ojos que a Él no le importaría devolverlo regalando toda la creación…El amor no es otra cosa que la chispa de Dios en los hombres… la esencia misma de Dios personificada en el Espíritu Santo… Nosotros pobres criaturas deberíamos dedicar a Dios todo el amor de que somos capaces… Nuestro amor, para ser adecuado a Dios, debería ser infinito, pero por desgracia sólo Dios es infinito…
  20. Debemos empeñar todas nuestras energías en el amor, para que el Señor un día pueda decirnos: Tenía sed y me has saciado, tenía hambre y me has dado de comer, sufría y me has consolado…
  21. Dios puede rechazar todo en una criatura concebida en pecado y que lleva la marca indeleble heredada de Adán, pero no puede en absoluto rechazar el sincero deseo de amarle.
  22. La humildad y la caridad van al paso. Una glorifica y la otra santifica. La humildad y la caridad son las cuerdas maestras, todas las demás dependen de ellas: una es la más baja, la otra la más alta. La conservación de todo el edificio depende de la cimentación y del tejado.
  23. Si se tiene el corazón ejercitado en humildad u caridad, no habrá dificultades con las demás. Estas son las madres de las virtudes, aquellas le siguen como hacen las crías con sus madres.
  24. Di tu también siempre al dulcísimo Señor: quiero vivir muriendo, para que de la muerte venga la vida que no muere y ayude a la vida a resucitar a los muertos.
  25. Debes humillarte ante Dios antes que abatir tu ánimo, si Él te reserva los sufrimientos de Su Hijo y quiere hacerte experimentar tu debilidad: debes elevar a Él la oración de la resignación y de la esperanza, aunque caigas por fragilidad, y darle las gracias por tantos beneficios de que te está enriqueciendo.
  26. Besa a menudo con afecto a Jesús y le compensarás por el beso sacrílego del apóstol Judas.
  27. Procura avanzar en la caridad: ensancha tu corazón con confianza a los divinos carismas que el Espíritu Santo quiere derramar en él…
  28. Si queremos recoger es necesario no tanto sembrar mucho, como esparcir la semilla en buen campo, y cuando esta semilla se vuelva planta, vela para que la cizaña no sofoque las plantas tiernas.
  29.  ¿Amas desde hace tiempo al Señor? ¿Le amas ahora? ¿No ansías amarlo para siempre?
  30. No tengas ningún miedo.
  31. Aunque hayas cometido todos los pecados de este mundo, Jesús te repite: te perdono muchos pecados porque mucho has amado.
  32. Sufres, es verdad, pero con resignación y no temas porque Dios está contigo; tu no le ofendes, sino que le amas: sufres, pero crees que el mismo Jesús sufre en ti y por ti.
  33. Jesús no te ha abandonado cuando huías de Él; mucho menos te abandonará ahora que quieres amarlo.
  34. La humildad y la pureza de costumbres son alas que elevan hasta Dios y casi le divinizan. Recuérdalo: está más cerca de Dios el malhechor que se avergüenza de hacer el mal que el hombre honrado que enrojece por hacer el bien.
  35. Debes tener siempre prudencia y amor. La prudencia tiene los ojos, el amor las piernas. El amor, que tiene piernas, quisiera correr a Dios, pero su impulso de abalanzarse hacia él es ciego, y a veces podría tropezar si no le guiara la prudencia que tiene los ojos.
  36. La prudencia, cuando ve que el amor podría ser desenfrenado, le presta los ojos. Así el amor se calma y, guiado por la prudencia, actúa como debe y no como querría.
  37. El grado sublime de la humildad es no sólo reconocer la propia abyección, sino amarla. He elegido, dice el profeta, ser abyecto en la casa de Dios, antes que vivir en los tabernáculos de los pecadores.
  38. En el mucho hablar no falta el pecado.
  39. Hay que saber confiar: existen el temor de Dios y el temor de Judas.
  40. El miedo excesivo nos hace actuar sin amor, y el exceso de confianza no nos deja ver el peligro que debemos superar. Uno y otro deben ir de la mano y proceder como hermanos.
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  41. Nadie sea juez en causa propia.
    En el tumulto de las pasiones y en las circunstancias adversas nos sostenga la esperanza de su inagotable misericordia: corramos confiados a la penitencia,
  42. Donde Él con ansia de Padre nos espera cada instante, y aún conscientes de nuestra insolvencia ante Él, no dudemos del perdón solemnemente pronunciado sobre nuestros errores. Pongamos sobre ellos, como lo hizo el Señor, un piedra sepulcral.
  43. Las puertas del Paraíso están abiertas para todas las criaturas: acuérdate de María Magdalena.
  44. La misericordia del Señor, hijo, es infinitamente más grande que tu malicia.
  45. Quien dice que ama a Dios y no sabe frenar su lengua, su religión es vana.
  46. Dios no hace prodigios si no hay fe.
  47. Sacudámonos, porque la indolencia devora todo, la indolencia devora completamente todo.
  48. Buscar, sí, la soledad, pero no faltar a la caridad con el prójimo.
  49. A Dios se sirve solo cuando se le sirve como Él quiere.
  50. Debéis esforzaros en dar gusto a Dios solo, y contento Él, contentos todos.

Fuente: Aleteia