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Santa Claus: ¿A favor o en contra?

Santa Claus: ¿A favor o en contra?

Kraken Images | Unsplash

Unas familias consideran que es una costumbre que alienta el consumismo. Otras van en Papá Noel una ocasión muy especial para educar en la fe a los niños

Un obispo católico italiano saltó a los titulares de todo el mundo a principios de este diciembre cuando dijo a los niños desde su púlpito que Santa Claus no existe.

El obispo Antonio Stagliano, mientras hablaba en el Día de San Nicolás, dijo sin rodeos a un grupo de jóvenes conmocionados que Santa Claus no es real. Llegó incluso a decir que “de hecho, añadiría que el rojo del traje que viste fue escogido por Coca Cola por motivos exclusivamente publicitarios”.

Los comentarios generaron tanta controversia que el portavoz de la diócesis de Noto se apresuró a escribir en Facebook una disculpa en nombre del obispo. Alexander Paolino manifestó: “Primero quisiera expresar, en nombre del obispo, disculpas por esta declaración que ha generado decepción en los niños, y deseo aclarar que las intenciones de Monseñor Staglianò eran bastante diferentes, a saber, el reflexionar con mayor conciencia sobre el significado de la Navidad y las hermosas tradiciones que la acompañan”.

Sin embargo, familias católicas de todo el mundo tienen una diferente perspectiva a la hora de gestionar la tradición de Santa Claus. Algunos padres están categóricamente en contra de la tradición, mientras que otros creen en la bondad de la costumbre. Aquí presentamos los dos lados de la discusión, según la perspectiva de Aleteia.

En contra de la tradición de Santa Claus

La tradición de Santa Claus dificulta que los padres mantengan el foco en Jesús y en la Natividad cuando hay tanto entusiasmo en torno a un hombre de rojo que llega con regalos (cosa que, en realidad, no hace).

Además, fomentar que los padres, otros adultos y los niños mayores digan que creen en Santa Claus o, si no, que difundan la historia de Santa Claus supone, de hecho, mentir a los niños.

Santa Claus puede hacer más difícil a los niños creer en un Dios invisible, cuando se les cuenta a lo largo de toda su infancia que otras figuras invisibles como Santa Claus (y el Conejito de Pascua, el Ratoncito Pérez, etc.) son reales.

La tradición de Santa Claus encamina a los niños hacia una gran decepción cuando descubren que Santa Claus no es real. Algunos niños se sienten traicionados y avergonzados cuando esto sucede. Bien podrían preguntarse qué otras fantasías les habrán hecho tragar sus padres.

El exceso de regalos con Santa Claus tiende a fomentar más el consumismo y el centrarse en los regalos en vez de en compartir con los demás, pasar tiempo en familia, las tradiciones y el significado espiritual.

La tradición de Santa Claus es una deslealtad a san Nicolás, la auténtica figura histórica. A lo peor, confunde la devoción católica a los santos, mezclando santos reales con héroes míticos.

Por último, muchos padres usan la tradición de Santa Claus como apoyo disciplinario. Al amenazar con la pérdida de los regalos mágicos, los padres abusan de los premios para alentar el buen comportamiento.

A favor de la tradición de Santa Claus

La tradición de Santa Claus anima a los niños a creer en algo que no es estrictamente tangible. Por tanto, fortalece la idea de creer en Dios (entre los niños más pequeños). Para cuando llega el momento en que los niños dejan de creer en Santa Claus, a menudo ya han recibido una educación religiosa que habrá fortalecido su fe y su capacidad para creer en Dios de todas formas.

Además, hay que tener en cuenta que Santa Claus es quizás la figura más generosa y bondadosa de culturas como la estadounidense y la de ciertos países europeos y que ayuda a reforzar lo especial que es la temporada navideña, ¡que termina con el regalo más precioso de todos!

Podemos enseñar a nuestros hijos que los Santa Claus que se ven por todas partes son representaciones del auténtico san Nicolás. Si a un niño le encanta Santa Claus y conoce la historia de san Nicolás, quizás se vea motivado a querer aún más a Jesús. (¡Después de todo, los niños tienen la costumbre de imitar!).

La emoción y la fascinación al ver una pila de regalos solamente enfatiza la felicidad que sentimos en el nacimiento de Jesús. Es un doble chute de alegría. Es una asociación positiva que durará en la memoria del niño de por vida.

La alegría que un niño siente al recibir regalos en Navidad es algo muy real para ellos, lo cual les facilita sentir empatía hacia quienes tienen menos o nada en absoluto. Esto puede motivarles a sentirse más caritativos y actuar en consonancia.

Cuando los niños descubren que Santa Claus no es real, no concluyen necesariamente que se les ha mentido. Muy posiblemente se detengan a considerar que sus queridos padres les dieron muchísimos regalos a lo largo de los años ¡y no se llevaron el mérito de haberlo hecho!

Por último, la tradición de Santa Claus no tiene por qué ser excesivamente consumista. Los padres pueden tomar decisiones responsables respecto a lo que compran a sus hijos. Algunos padres incluso hacen que Santa Claus traiga pequeños regalos como cepillos de dientes, cosas que realmente necesitan.

En definitiva, independientemente de si una familia decide vivir o no la tradición de Santa Claus y el acostumbrado intercambio de regalos, el mayor de los regalos ya se ha dado.

Según escribió el papa León el Magno: “Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo”.

(Fuente: Aleteia)

¿San Nicolás o Santa Claus? 6 diferencias entre el santo y el personaje de ficción

¿San Nicolás o Santa Claus? 6 diferencias entre el santo y el personaje de ficción

San Nicolás, Obispo de Myra / Santa Claus / Crédito: Flickr, Carlos (CC BY-NC 2.0)

 

Apropósito de que el 6 de diciembre se conmemora a San Nicolás, patrono de los niños, aquí unas aclaraciones sobre él y el personaje.

El personaje de Santa Claus ha ganado tanta fama en las últimas décadas y resulta tan eficaz para representar la diversión y los regalos que desplaza a la verdadera razón de la alegría: Jesús que nace en Belén.

Según varios historiadores, Santa Claus es la distorsión -primero literaria y luego comercial- de San Nicolás, el generoso Obispo de Myra, patrono de los niños, navegantes y cautivos.

Estas son sus principales diferencias según St. Nicholas Center, un centro virtual donde la gente puede aprender sobre San Nicolás.

1. Santa Claus se asocia a la infancia, en cambio, San Nicolás es un modelo de cristiano para toda la vida.

2. Santa Claus, como lo conocemos, surgió para aumentar las ventas y el mensaje comercial de la Navidad. En cambio, San Nicolás llevó el mensaje de Cristo y la paz, la bondad y el mensaje cristiano de esperanza.

3. Santa Claus alienta el consumo, mientras que San Nicolás promueve la compasión.

4. Santa Claus aparece cada año para «ser visto» por un periodo corto tiempo; en cambio, San Nicolás es parte de la comunión de los santos y nos acompaña por la oración y su testimonio.

5. Santa Claus «vuela» a través de los aires desde el Polo Norte, mientras que, San Nicolás caminó por la tierra preocupándose y atendiendo a los más necesitados.

6. Para algunos, Santa Claus sustituye al Niño de Belén, pero San Nicolás nos señala y conduce a todos al Niño de Belén.

De San Nicolás a Santa Claus

Hay varias teorías sobre el origen de Santa Claus. La más difundida es que fue la empresa Coca Cola que inventó el personaje para promover el consumo de su bebida en 1920.

Sin embargo, en el siglo XIX, escritores de Nueva York intentaron dar un sello nacional a las fiestas de Navidad llenas de tradiciones cristianas de los inmigrantes europeos. En poco tiempo, las celebraciones dejaron de lado el carácter santo de estas fechas y se popularizaron las fiestas desenfrenadas, con borracheras y desorden público.

En 1821 se publicó el libro de litografías para niños «Sante Claus, el amigo de los niños» en el que se presentaba a un personaje que llegaba del Norte en un trineo con un reno volador. Esa publicación hizo aparecer al personaje cada Nochebuena y no el 6 de diciembre, día de la fiesta del santo obispo. Un poema anónimo y las ilustraciones de esa publicación resultaron clave en la distorsión de San Nicolás.

Según los expertos de St. Nicholas Center, fue la élite de Nueva York la que logró nacionalizar la Navidad a través de Santa Claus y el apoyo de artistas y literatos como Washington Irving, John Pintard y Clement Clarke Moore.

En 1863, durante la Guerra Civil, el caricaturista político Thomas Nast comenzó a dibujar a Santa Claus con los rasgos que ahora le atribuyen: gorro rojo, abundante barba blanca y abultado vientre. Junto con los cambios de apariencia, el nombre del santo cambió a Santa Claus, una alteración fonética del «Sankt Niklaus» alemán.

Recién en 1920, Santa Claus apareció por primera vez en un anuncio de Coca Cola.

(Fuente: Aciprensa)