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Cardenal advierte contra sacerdotes que afirman que sus Misas son más poderosas que otras

Cardenal advierte contra sacerdotes que afirman que sus Misas son más poderosas que otras

El Cardenal Onaiyekan durante su catequesis. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

No existen unas Misas más poderosas que otras, porque “toda Misa tiene un valor infinito ante Dios”. Así lo afirmó este jueves 9 de septiembre el Cardenal John Onaiyekan, Arzobispo Emérito de Abuja, Nigeria, en la catequesis que pronunció en el Congreso Eucarístico Internacional que se está celebrando en Budapest, Hungría.

El Cardenal advirtió que “en algunos lugares del mundo con frecuencia escuchamos que algunos sacerdotes afirman que poseen poderes especiales y que la Santa Misa que celebran son más poderosas que otras, con sus implicaciones monetarias para fieles devotos pero crédulos. Nada de esto tiene que ver con nuestra fe católica. Toda Misa tiene un valor infinito ante Dios”.

“Ese es el motivo por el que, con independencia de quién celebre la Misa, debe observar un mismo ritual, especialmente en lo que afecta a los elementos centrales de la Oración Eucarística”, explicó.

En es sentido, insistió en que “no importa quién sea el ministro. Si es el Papa, un Obispo o un sacerdote recién ordenado. Es Jesús el que está celebrando. Por lo tanto, debemos tener cuidado de no permitir ningún tipo de discriminación entre los sacerdotes como ministros de la Eucaristía”.

Asimismo, llamó a celebrar con respeto porque “la celebración de la Eucaristía es la recreación de lo que Jesús realizó en la Última Cena. Cuando nos reunimos en torno a la mesa de la celebración Eucarística, es Jesús el que está celebrando la Eucaristía”.

Destacó que “la liturgia católica no tiene espacio para extravagancias teatralizadas y representaciones creativas que a menuda rozan el entretenimiento vulgar que no es digno del culto cristiano”.

Recordó que “el sacerdote es un ministro humano que celebra en la persona de Cristo, siempre que esté adecuadamente ordenado y comisionado para hacerlo. Pero, junto con el sacerdote, toda la congregación se une también a la celebración de la Eucaristía, ya que la Eucaristía la celebra todo el cuerpo de Cristo, tanto su cabeza como sus miembros”.

“Es por ello por lo que el Concilio Vaticano II insiste en la participación activa de todos los que están presentes en la Misa. No acudimos a Misa para contemplar un espectáculo como espectadores. Vamos a Misa para participar en la acción sagrada en la que se recrea plena y completamente la comida eucarística de Jesús en la Última Cena”.

También enseñó que “es doctrina de la Iglesia que sólo un sacerdote válidamente ordenado puede consagrar la Sagrada Eucaristía, por lo que sólo un sacerdote válidamente ordenado puede actuar en la persona de Cristo, in persona Christi”.

“Esto significa que los ministros de las demás denominaciones cristianas, cuya ordenación sacerdotal no está reconocida por nuestra Iglesia, no pueden consagrar de forma válida la Sagrada Eucaristía, tampoco aunque siguieran correctamente todos los movimientos y rituales”, resaltó.

Todo comenzó en la Última Cena

En su catequesis, titulada “La Eucaristía, cumbre de nuestra vida cristiana y fuente de toda nuestra esperanza”, el Cardenal Onaiyekan señaló que “la Eucaristía es objeto de nuestra fe”, y aseguró que “sólo podemos llegar a saber algo sobre el Sacramento si estamos dispuestos a someter nuestra mente, nuestro corazón y voluntad a lo que la revelación de Dios nos ha dado a conocer sobre su acción de amor por nosotros en este sacramento”.

Recordó que “en la Eucaristía tenemos la presencia real de Dios entre nosotros. Por supuesto, Dios siempre está presente con nosotros todo el tiempo y en todo lugar. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la presencia física histórica de Dios en nuestro mundo. Esta es la base de la presencia real de Dios en Cristo en la Sagrada Eucaristía”.

Explicó que “todo comenzó en la Última Cena, cuando Jesús tomó el pan, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: ‘Esto es mi cuerpo’. E hizo lo mismo cuando tomó el cáliz lleno de vino y dijo: ‘Esta es mi sangre’”.

“Debido a que Jesús está verdaderamente presente en los elementos eucarísticos, la Eucaristía no es sólo para ser comida, sino también para ser adorada”, detalló.

“Jesús está verdaderamente presente durante la celebración de la Santa Eucaristía. Pero la presencia real de Jesús no deja elementos eucarísticos después de la Misa. Mientras los materiales de los elementos estén ahí, también lo está todo el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

Además, hizo hincapié en que “la presencia real de Jesús en la Eucaristía tiene implicaciones no sólo para nosotros que creemos en ella y la celebramos. Lo que se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Cristo son los ‘frutos de la tierra y del trabajo del hombre’. De alguna manera, toda la creación se eleva por el hecho de que estos objetos creados, colocados sobre el altar, por invocación del Espíritu Santo, se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo”.

“Aunque ahora tenemos la celebración de la Eucaristía según una variedad de ritos, el corazón de la Eucaristía permanece igual. De la misma manera, todavía hoy, aun manteniendo el corazón de la celebración eucarística, la Iglesia fomenta la adaptación de la celebración según la diversidad de culturas y épocas. Así, la celebración de la Eucaristía se ha convertido en un objeto muy importante de la inculturación de la liturgia, de la que se ha hablado tanto”.

Sin embargo, advirtió contra los peligros de poner el acento en la inculturación: “No debemos olvidar que, con independencia de lo que hagamos con la inculturación, no debe ser una simple o primaria promoción de nuestra cultura, aunque eso también es importante. Más bien, el objetivo principal debe ser asegurar que el corazón del mensaje y el significado de la Eucaristía puedan transmitirse con mayor claridad a los pueblos de diferentes culturas y épocas”.

Por otro lado, indició que “en la Sagrada Eucaristía tenemos una unión íntima con Jesucristo, el hijo de Dios Padre, por medio de la acción del Espíritu Santo. En otras palabras, tenemos una unión íntima con la Santísima Trinidad. Por medio de la Sagrada Eucaristía, Dios no solo viene a nosotros, sino que Dios vive en nosotros y nosotros en Él”.

Asimismo, insistió en la necesidad de acudir a la comunión en un estado espiritual de gracia: “Forma parte de la doctrina católica que la Sagrada Eucaristía también es medicinal. Ya que nos limpia de los pecados veniales y nos protege contra los pecados mortales. Dicho esto, también forma parte de la doctrina de la Iglesia que nadie que sepa que se encuentra en estado de pecado grave que lo aleje del amor de Dios, debe acercarse a recibir la Sagrada Comunión. Primero debe acercarse al sacramento de la reconciliación con Dios por medio de la confesión. La doctrina de la Iglesia no ha cambiado en esto”.

Sin embargo, “desafortunadamente, lo que vemos es una corriente general de personas que acuden a comulgar en Misa sin preocuparse de si están en un correcto estado espiritual para recibirla”.

Por ello, “es deber de los pastores recordar a los fieles esto, sin introducir exageraciones innecesarias en el asunto. Es también deber de los pastores facilitar el acceso a los fieles a la confesión”.

“El caso más común es respecto al estado matrimonial”, reconoció. “Considerados por la ley de la Iglesia como irregulares y que, por lo tanto, deben mantenerse alejados de la Sagrada Comunión, son, por ejemplo, aquellos que viven juntos en concubinato abierto o secreto, sin el sacramento del matrimonios, y aquellos que se han casado, divorciado y vuelto a casar sin pasar por el proceso de nulidad canónica”.

“Pero debemos ser conscientes de que no sólo las cuestiones sobre el matrimonio irregular pueden hacer que un católico no sea apto para recibir la comunión. Cualquiera que se encuentre en una vida inmoral de forma estable debería decidir mantenerse alejado hasta que pueda cambiar su situación”.

También, “una situación reciente que ha generado gran debate es la de la responsabilidad de los políticos católicos de respetar las leyes de la Iglesia en sus decisiones políticas, especialmente en lo que respecta al pecado grave del aborto”.

Por desgracia, “por muy grave que sea el pecado de aborto, se ha legalizado de forma general y ha pasado a considerarse como algo normal en varios lugares, especialmente en las llamadas naciones ‘desarrolladas’”.

No obstante, “la posición de la Iglesia católica, que insiste de forma clara en que el aborto es ‘la matanza de niños inocentes no nacidos’, continúa manteniéndose. Cualquier católico que cometa un aborto o que coopere en la práctica de un aborto, debe saber que ha cometido un asesinato y debe mantenerse alejado de la Sagrada Comunión, a menos, y hasta, que haya acudido a la confesión”.

En el caso concreto de los católicos con responsabilidad política, “si votar una ley inmoral, incluso en un estado secular, equivale a convertirse en cómplice de un crimen, entonces estaríamos ante una decisión moral incompatible con recibir la sagrada comunión”.

“Pero, desde un punto de vista pastoral, no está tan claro que, si dicha persona se presenta a comulgar, debamos negarnos públicamente a darle la comunión, provocando así un gran alboroto y escándalo”, planteó.

(Fuente: Aciprensa)

¡Feliz aniversario padre Catalino!

¡Feliz aniversario padre Catalino!

Nuestra parroquia está gozoza, porque hoy celebramos el 21 aniversario de ordenación presbiteral de nuestro párroco, el Rvdo. P. Catalino Tejada Ramírez.

Pedimos a Dios que vuelva a inundar su alma con el Espíritu Santo, como en el día de su ordenación y que, cada día, amanezca con el mismo celo y la misma voluntad de servirle, sirviendo a los demás.

¡Feliz aniversario padre Catalino!

En este fecha tan especial, te compartimos el video Sacerdote, de nuestro hermano Noé Reyes, dedicado a nuestro pastor, el padre Catalino.

Si te gustó, dale like al video y dinos ¿a quién se lo dedicas tú?

Oficial de policía responde al llamado de Dios y se consagra sacerdote a los 41 años

Oficial de policía responde al llamado de Dios y se consagra sacerdote a los 41 años

Imagen referencial. Crédito: Unsplash.

El P. Antony Njoroge tenía todo lo que la vida podía dar, un trabajo bien remunerado como oficial de policía y unos hermanos que lo aman, pero nada lograba llenar el vacío de su corazón hasta que fue ordenado sacerdote a la edad de 41 años.

El P. Njoroge nació en una familia bastante acomodada, su padre tenía un puesto superior en el Gobierno de Kenia y su madre era una católica ferviente y miembro activo de varios grupos de oración en la Diócesis de Nyeri (Kenia).

P. Antony Njoroge. Créditos: P. Antony Njoroge

De joven, el P. Njoroge iba a sesiones de oración y servía en la Santa Misa, gracias a la devoción de su madre. Sin embargo, al estudiar en una escuela secundaria no católica, el futuro sacerdote se apartó de la fe, dejó de participar en las celebraciones litúrgicas y de realizar actos de piedad, que silenció el deseo de consagrar su vida a Dios.

Al terminar la escuela secundaria, se unió al servicio policial en la Escuela de Formación de la Policía de Kiganjo y rápidamente ascendió hasta llegar a un puesto bien remunerado en la comisaría de Shauri Moyo, en la capital de Kenia, Nairobi.

El sacerdote señaló a ACI África –agencia del Grupo ACI- que “siempre fui el raro entre mis compañeros”, y resaltó que mientras sus colegas salían a divertirse los viernes, el prefería quedarse solo en la casa.

“Como policía, siempre sentí que estaba en la profesión equivocada”, agregó.

Durante ese tiempo, el P. Njoroge volvió a la Iglesia y era miembro activo de la parroquia Mary Mother of God Embulbul en la Diócesis de Ngong. Con un trabajo estable, comenzó a pensar en establecer una familia y empezó a salir con una chica.

“Tenía novia, pero supongo que la aburrí por decirle constantemente que quería convertirme en sacerdote. Tenía veintitantos años y el deseo de entregar mi vida a Dios se estaba convirtiendo en una fuerza que no podía rechazar”, señaló.

Ceremonia de consagración sacerdotal del P. Antony Njoroge. Créditos: P. Antony Njoroge

El sacerdote indicó que amaba su trabajo, pero se sentía “vacío”, hasta que un día de 2009 se acercó al director de Vocaciones en la Diócesis de Ngong para pedirle consejo.

“Fui a ver al P. Francis Mwangi, entonces director de vocaciones en la diócesis, sabía que me diría que era demasiado mayor para comenzar a prepararme para el sacerdocio. Entonces tenía 30 años y la idea de unirme al seminario era demasiado descabellada”, recordó.

Sin embargo, el P. Mwangi le contó sobre “un sacerdote que había sido ordenado a los cincuenta. Me dijo que era lo suficientemente joven para unirme al seminario y así lo hice”.

En 2010, fue admitido en el Seminario Mayor St Mary en la Diócesis de Nakuru (Kenia).

“No fue fácil. A los 31, yo era el alumno mayor y me sentaba en clase con niños que había visto entrar a la escuela primaria cuando yo era oficial”, señaló.

Dijo que sus familiares y amigos se sorprendieron de su decisión y resaltó que, aunque hubo reacciones encontradas en su familia, sus hermanas lo apoyaron inmediatamente.

Además, indicó que tenía miedo de ser una carga económica para sus cinco hermanos, quienes ya tienen familias propias que mantener, pero subrayó que gracias a Dios “nunca me faltó nada durante la formación”.

El sacerdote estudió tres años de Filosofía en el Seminario Senior de St. Augustine en la Diócesis de Bungoma (Kenia) y otros cuatro años de Teología intensiva en el Seminario Senior St. Matthias Mulumba en la Diócesis de Eldoret en Kenia Occidental, durante los cuales pasó por muchos problemas de salud.

“Siempre estaba entrando y saliendo del hospital por una u otra dolencia. Mientras estudiaba Filosofía, me sometí a dos cirugías importantes para tratar un tumor maligno en la garganta”, señaló, y agregó que también fue tratado por una afección cardíaca mientras estudiaba Teología.

“Siempre estuve muy enfermo. Es por la gracia de Dios que no se me pidió que abandonara mi vocación”, resaltó.

El P. Njoroge se graduó con honores de primera clase del seminario y fue enviado a un año de experiencia pastoral en la iglesia St Mary de la Diócesis de Ngong. Fue ordenado diácono en mayo de 2019.

Mons. John Oballa Owaa lo ordenó sacerdote el 1 de octubre de este año en la parroquia de la Catedral St. Joseph the Worker de la Diócesis de Ngong.

El P. Njoroge indicó que su ordenación es un sueño hecho realidad y remarcó que su mayor deseo es servir a la Iglesia.

“El deseo siempre estuvo ahí y aunque me desvié por muchos años, todavía podía sentir el llamado dentro de mí para convertirme en sacerdote. Ahora me siento completo”, agregó.

“Quiero pasar el resto de mi vida sirviendo al pueblo de Dios lo mejor que pueda y con todas mis fuerzas. Quiero buscar la santidad, ser un pastor, un mentor para los jóvenes y nunca juzgarlos por las decisiones que tomaron en la vida”, señaló.

El P. Njoroge animó a los jóvenes que no deciden sobre su vocación y sienten el deseo de la vida consagrada en sus corazones a “concéntrese en Jesús, que nos llama de una manera especial”.

(Fuente: Aciprensa)