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El Papa invita a obispos del mundo a unirse a él en la consagración de Rusia y Ucrania a María

El Papa invita a obispos del mundo a unirse a él en la consagración de Rusia y Ucrania a María

Imagen de Vatican News

La oración de consagración al Corazón Inmaculado de la Virgen será pronunciada por el Papa en la tarde del viernes 25 de marzo en la Basílica de San Pedro. El acto se realizará en comunión con las Iglesias de todos los continentes.

VATICAN NEWS

«El Papa Francisco ha invitado a los obispos de todo el mundo y a sus presbíteros a unirse a él en la oración por la paz y en la consagración y encomienda de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María.» Así lo confirmó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, respondiendo a las preguntas de los periodistas.
El Papa pronunciará la oración en la tarde del viernes 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, en la Basílica de San Pedro, durante la celebración de la Penitencia prevista para las 17 horas. El mismo acto, en el mismo día, será realizado por todos los obispos del mundo. El cardenal Konrad Krajewski, limosnero pontificio, lo realizará en Fátima como enviado del Papa.

Ya en el Ángelus del pasado 13 de marzo, el Papa había invitado a toda la Iglesia a rezar: «Pido a todas las comunidades diocesanas y religiosas que aumenten los momentos de oración por la paz». En la audiencia general del 23 de febrero convocó una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania el Miércoles de Ceniza, afirmando: «Que la Reina de la Paz preserve al mundo de la locura de la guerra».

En la aparición del 13 de julio de 1917 en Fátima, la Virgen había pedido la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, afirmando que si no se concedía esta petición, Rusia extendería «sus errores por todo el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia». «Los buenos – había añadido – serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas».
Después de las apariciones de Fátima hubo varios actos de consagración al Corazón Inmaculado de María: Pío XII, el 31 de octubre de 1942, consagró el mundo entero y el 7 de julio de 1952 consagró específicamente Rusia al Corazón Inmaculado de María con la Carta Apostólica Sacro vergente anno, ante la difícil situación de los cristianos obligados a vivir en un régimen ateo.

Pablo VI en 1964 y Juan Pablo II en 1981, 1982 y 1984 renovaron esta consagración para todo el género humano. El Papa Wojtyla, refiriéndose a la petición de la Virgen en Fátima, el 25 de marzo de 1984, en la Plaza de San Pedro, en unión espiritual con todos los obispos del mundo, encomendó al Corazón Inmaculado de María a todos los pueblos y de modo especial a los hombres y naciones que tienen especial necesidad de esta encomienda y consagración.

En junio de 2000, cuando la Santa Sede reveló la tercera parte del secreto de Fátima, el entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Tarcisio Bertone, subrayó que Sor Lucía había confirmado personalmente que el acto de consagración realizado por Juan Pablo II en 1984 correspondía a lo que la Virgen había pedido.

Ahora, el próximo 25 de marzo, el Papa Francisco consagrará a Rusia junto con Ucrania al Inmaculado Corazón de María en comunión con los obispos de todo el mundo.

(Fuente: Vatican News)

El Papa invita a una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania

El Papa invita a una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania

Al final de la audiencia general Francisco hizo un llamamiento a creyentes y no creyentes a unirse en oración por la paz en Ucrania el primer día de Cuaresma y exhortó a todas las partes implicadas en la crisis a que «hagan un examen de conciencia ante Dios» y se «abstengan de acciones que provoquen más sufrimiento a las poblaciones y desacrediten el derecho internacional»

Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“Tengo un gran dolor en mi corazón por el empeoramiento de la situación en Ucrania. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de las últimas semanas, se están abriendo escenarios cada vez más alarmantes”. Lo afirma el Papa al final de la audiencia general del último miércoles de febrero en el Aula Pablo VI. “Como yo, tanta gente de todo el mundo siente angustia y preocupación”, observa el Pontífice, constatando con amargura que “una vez más la paz de todos se ve amenazada por intereses partidistas”. De ahí su apremiante exhortación a los líderes políticos:

“Quisiera hacer un llamamiento a los responsables políticos para que hagan un serio examen de conciencia ante Dios, que es Dios de la paz y no de la guerra; que es el Padre de todos, no sólo de algunos, que quiere que seamos hermanos y no enemigos. Ruego a todas las partes implicadas que se abstengan de llevar a cabo cualquier acción que pueda causar aún más sufrimiento a las poblaciones, desestabilizando la convivencia entre las naciones y desprestigiando el derecho internacional.”

Unidos en oración por la paz

A continuación el Santo Padre extiende su llamado a todos, “creyentes y no creyentes” invitándolos para que se unan en una jornada de oración conjunta por la paz:

“Jesús nos enseñó que a la insensatez diabólica de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno. Invito a todos a que el próximo 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, hagan una Jornada de ayuno por la paz. Animo de manera especial a los creyentes para que ese día se dediquen intensamente a la oración y al ayuno. Que la Reina de la Paz preserve al mundo de la locura de la guerra.”

(Fuente: Vatican News)

Conoce la impactante historia de perdón de un catequista de Sudán del Sur

Conoce la impactante historia de perdón de un catequista de Sudán del Sur

Imagen referencial. Crédito: Pixabay

El Papa Francisco publicó recientemente el Motu Proprio «Antiquum ministerium”, con el que el instituyó el ministerio laical del catequista. La directora de proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), Regina Lynch, asegura que ha supuesto “una gran alegría” para esta fundación pontificia.

Lynch asegura que “los catequistas que dirigen la labor pastoral en las regiones donde no hay sacerdotes, a veces pagan su valor y dedicación incluso con la muerte”. Y recordó el ejemplo “especialmente conmovedor» de Philippe Yarga, de la diócesis de Dori, en Burkina Faso.

Yarga era responsable de la coordinación pastoral en el este de Burkina Faso, en la frontera con Níger. Fue asesinado por terroristas el 16 de febrero de 2020. Dejó siete hijos, de los cuales el más joven nació seis semanas después de su muerte.

«Los catequistas de Burkina Faso y otros países de la zona del Sahel se enfrentan a amenazas terroristas y a veces tienen que huir con sus familias de la noche a la mañana. Por eso, ACN está apoyando, por ejemplo, un proyecto de ayuda en Burkina Faso para atender a 18 catequistas y a sus familias, que han resultado desplazadas», aseguró Lynch.

Además, la directora de proyectos de ACN precisó que conoce de primera mano el trabajo que realizan en más de 140 países los catequistas, a quienes calificó como «la columna vertebral de la Iglesia en muchos lugares del mundo”, especialmente en zonas remotas, adonde un sacerdote raramente puede acudir, o en países donde la guerra y la persecución dificultan el trabajo parroquial, los catequistas son personas de contacto, ayudantes y pastores, todo en uno”.

Apoyo a más de 18 mil catequistas
«Solo en 2020, ayudamos a más de 18 mil catequistas en todos los continentes, la mayoría de ellos en Asia y África”, afirmó Lynch.

Además, ACN financió el pasado año 20 proyectos para proporcionar equipos técnicos a los catequistas para su ministerio o materiales para la atención pastoral y la educación religiosa. Junto con 35 proyectos para la formación inicial y continua de catequistas en 18 países.

Uno de ellos es John Joseph Gazi, de Uganda. Es originario de Sudán del Sur, el Estado más reciente de África desde que se independizó en 2011.

En este país se libran enfrentamientos brutales desde hace más de una década, a pesar de todos los esfuerzos de paz.

La familia de John no pudo escapar de la matanza y él recuerda que su padre, su hermana y su hermano «fueron asesinados. Sucedió en cuestión de minutos», explicó a ACN.

John escapó a la vecina Uganda, donde más de un millón de personas malviven en campos de refugiados.

Pero según destacan desde ACN, aún peor que esa miseria son las cicatrices del alma, sobre todo entre los jóvenes, ya que muchos de ellos sufrieron abusos cuando eran niños soldados en los conflictos.

Sin embargo John se siente especialmente enviado para ellos: «Muchos tienen odio y pensamientos de venganza. Les hablo del perdón”. Y aunque lo ha perdido casi todo, su fe en Dios permanece intacta, por eso, se formó como catequista, aunque asegura que prefiere el término “evangelizador”, porque quiere llevar la Buena Nueva a los pobres y desesperados.

ACN financió la formación de John en el Centro Emaús, cerca de la capital de Kampala (Uganda). Allí, los jóvenes reciben formación para curar las heridas del alma de sus compatriotas y asistirles en diversas necesidades.

John afirma que “ahora, soy un soldado de Jesús y lucho para devolver las almas a Dios” y por eso visita a sus compatriotas sursudaneses que están comenzando una nueva existencia en Uganda.

Les habla de la fe, les ofrece consuelo, escucha sus terribles historias y sus traumas y les proporciona ayuda porque John y sus compañeros han adquirido conocimientos tanto psicológicos como catequéticos en el Centro Emaús.

Además de las experiencias de la guerra, la pobreza y el desempleo, el abuso del alcohol también es un problema entre los refugiados.

Y destaca que la “lucha» contra las consecuencias de la guerra continúa, peroestá seguro de que vale la pena todo el esfuerzo.

«Gracias a mi formación como catequista, con el apoyo de ACN, ahora llevo esperanza y amor a mi gente”, afirmó.

(Fuente: Aciprensa)

El Papa denuncia ante la ONU la promoción del aborto y la destrucción de la familia

El Papa denuncia ante la ONU la promoción del aborto y la destrucción de la familia

El Papa Francisco denunció, ante la 75ª Asamblea General de la ONU que muchos “países y las instituciones internacionales están promoviendo el aborto como uno de los denominados ‘servicios esenciales’ en la respuesta humanitaria”.

“Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido”, denunció el Pontífice en un video mensaje enviado desde el Vaticano este viernes 25 de septiembre.

El Santo Padre imploró a las autoridades civiles “que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación”.

También subrayó que “los primeros educadores del niño son su mamá y su papá, la familia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos describe como el elemento natural y fundamental de la sociedad”.

El Papa denunció, asimismo, el proceso de desintegración de la familia. “Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos, niños y ancianos, un sentido de desarraigo y orfandad”.

“La desintegración de la familia se hace eco en la fragmentación social que impide el compromiso para enfrentar enemigos comunes. Es hora de reevaluar y volver a comprometernos con nuestros objetivos”.

El Pontífice citó también “las devastadoras consecuencias de la crisis del Covid-19 en los niños, comprendiendo los menores migrantes y refugiados no acompañados. La violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y de la pornografía, también ha aumentado dramáticamente”.

Recordó que “millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición”.

Salida solidaria a la pandemia

En su mensaje, el Pontífice enfatizó el modo en que la pandemia de coronavirus, todavía en curso, ha cambiado el modo de vida de las personas. “Esta crisis está cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas”.

El Papa recordó a las muchas personas que han perdido la vida por la COVID 19 y señaló que se necesita “repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales, que están ampliando las distancias entre pobres y ricos, a raíz de una injusta repartición de los recursos”.

En ese sentido, señaló que la crisis puede dar lugar a dos actitudes diferentes: una individualista y elitista, frente a otra multilateral y solidaria.

Insistió en que el multilateralismo es “expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo”.

El otro camino, el individualista, conduce a “actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales. Y ciertamente será perjudicial para la entera comunidad, causando autolesiones a todos. Y esto no debe prevalecer”.

Asimismo, aseguró que “la pandemia ha puesto de relieve la urgente necesidad de promover la salud pública y de realizar el derecho de toda persona a la atención médica básica. Por tanto, renuevo el llamado a los responsables políticos y al sector privado a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos”.

“Si hay que privilegiar a alguien”, pidió, “que ése sea el más pobre, el más vulnerable, aquel que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos”.

Garantizar el derecho al trabajo

El Papa Francisco también pidió tener presente los efectos del desarrollo tecnológico sobre el trabajo y, en concreto, advirtió de la tentación de servirse de la robotización y de la inteligencia artificial para desestabilizar el mercado laboral.

“Es particularmente necesario encontrar nuevas formas de trabajo que sean realmente capaces de satisfacer el potencial humano y que afirmen a la vez nuestra dignidad”.

Reclamó un cambio en “el paradigma económico dominante que sólo busca ampliar las ganancias de las empresas. El ofrecimiento de trabajo a más personas tendría que ser uno de los principales objetivos de cada empresario, uno de los criterios de éxito de la actividad productiva. El progreso tecnológico es útil y necesario siempre que sirva para hacer que el trabajo de las personas sea más digno, más seguro, menos pesado y agobiante”.

Cultura del descarte

El Obispo de Roma abogó por elaborar “un marco ético más fuerte capaz de superar la cultura del descarte”.

“En el origen de esta cultura del descarte existe una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy. Digámoslo por su nombre: esto también es un atentado contra la humanidad”.

El Papa denunció los muchos derechos fundamentales que se continúan violando con impunidad y, en concreto, citó a la persecución por motivos religiosos, incluyendo genocidios. “También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura”.

Guerras y refugiados

Denunció el empleo en las guerras de armas “convencionales” cada vez menos convencionales y cada vez más “armas de destrucción masiva”, que hace que los conflictos bélicos sean cada vez más destructivos.

“Debemos preguntarnos si las principales amenazas a la paz y a la seguridad como, la pobreza, las epidemias y el terrorismo, entre otras, pueden ser enfrentadas efectivamente cuando la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural”.

Reclamó “desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos”.

En particular aseguró que “la disuasión nuclear fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo. Por eso, es tan importante apoyar los principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear, no proliferación y prohibición”.

El número de desplazados por las guerras es cada vez mayor. “Con frecuencia, los refugiados, los migrantes y los desplazados internos en los países de origen, tránsito y destino, sufren abandonados, sin oportunidad de mejorar su situación en la vida o en la de su familia”.

“Peor aún, miles son interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos. Muchos son víctimas de la trata, la esclavitud sexual o el trabajo forzado, explotados en labores degradantes, sin un salario justo. ¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!”.

Frente a esta situación, el Santo Padre reclamó el impulso de los Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración.

Nuevo modelo económico

Frente al “rápido aumento de la desigualdad entre los súper ricos y los permanentemente pobres”, el Papa Francisco pidió “un modelo económico que promueva la subsidiariedad, respalde el desarrollo económico a nivel local e invierta en educación e infraestructura que beneficie a las comunidades locales”.

“La comunidad internacional tiene que esforzarse para terminar con las injusticias económicas”, reclamó. “Tenemos la responsabilidad de proporcionar asistencia para el desarrollo a las naciones empobrecidas y alivio de la deuda para las naciones muy endeudadas”.

Cambio climático

En su video mensaje, el Papa Francisco también hizo balance sobre los últimos años de lucha contra el cambio climático. En concreto, citó los compromisos adoptados mediante la Agenda 2030 y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Reconoció que “si bien se han logrado algunos progresos, la poca capacidad de la comunidad internacional para cumplir sus promesas de hace cinco años me lleva a reiterar que hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias”.

Se refirió a “la peligrosa situación en la Amazonía y sus poblaciones indígenas”, y afirmó que “la crisis ambiental está indisolublemente ligada a una crisis social y que el cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral para combatir la pobreza y combatir la exclusión”.

Alabó el aumento de la sociedad ecológica integral y el deseo de acción, pero invitó también a preguntarse seriamente si existe “la voluntad política para mitigar los efectos negativos del cambio climático”.

Promoción de la mujer

El Papa Francisco señaló que “en todos los niveles de la sociedad las mujeres están jugando un papel importante, con su contribución única, tomando las riendas con gran coraje en servicio del bien común”.

“Muchas mujeres quedan rezagadas”, denunció el Pontífice. “Son víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes”. El Papa subrayó su compromiso “en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran no sólo a las mujeres sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice”.

(Fuente: Aciprensa)

Cardenal Zenari: en Siria la esperanza está muriendo

Cardenal Zenari: en Siria la esperanza está muriendo

Imagen de archivo. Sirios desplazados a causa del conflicto que se extiende a más de 10 años.

La destrucción es enorme, falta de todo, no se olviden de nosotros. Este es el llamamiento del nuncio apostólico en Damasco que, tras reunirse con el Papa, llevará la cercanía de Francisco a la República Árabe. El cardenal subraya el compromiso sobre el terreno de «dar voz a los que no la tienen» y salir de la peor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.

Massimiliano Menichetti – Ciudad del Vaticano

Más de medio millón de muertos y unos 12 millones de desplazados internos y externos. Este es el balance, que se actualiza constantemente, del conflicto en Siria que dura ya diez años y que hoy en día también es testigo de la pesadilla de la codicia y el flagelo de la pobreza extrema y el hambre. El 15 de marzo de 2011, en medio de los levantamientos que han afectado al mundo árabe conocidos como la Primavera Árabe, comenzaron las manifestaciones contra el gobierno central, un año después de que estallara la guerra civil en todo el país. Los llamados «rebeldes de la primera hora», en una realidad de mayoría sunita, se oponen al presidente alauita que sigue en el poder, Bashar Hafiz al-Asad. La revuelta se degrada en muy poco tiempo y se convierte en un conflicto sin cuartel que ve la formación, la confrontación, el apoyo y la lucha: milicias locales, ramas de Al Qaeda, daesh, mercenarios, grupos terroristas autocéfalos.

En el conflicto también se registran intervenciones militares o de apoyo de muchas otras naciones, transformándolo en una guerra por poderes. El Papa Francisco, conmocionado por los conflictos en el mundo y, en particular, por la violencia en Siria, habla muchas veces de «la tercera guerra mundial a pedazos». Año tras año, Siria, entre armas químicas, bombas, minas, secuestros y fosas comunes, se convierte en un agujero negro que devora, sin interrupción, los intentos de acuerdos de paz y estabilidad. El noruego Geir Pedersen, actual Enviado Especial de las Naciones Unidas para la crisis de Siria, sigue incansablemente los pasos de sus predecesores (Kofi Annan, Lakhdar Brahimi y Staffan de Mistura) en la construcción de puentes y negociaciones entre las facciones y el gobierno. En Siria se está trabajando en una nueva Constitución que, según muchos, podría aumentar la confianza entre las partes, pero casi todas las noches los misiles siguen hiriendo el cielo y las bombas desgarran la tierra reducida a un «montón de escombros», como reitera el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Damasco. El cardenal, que guarda en su mirada rostros e imágenes de «una larga serie de atrocidades», no pierde la esperanza y ni el valor del testimonio.

Eminencia, ¿qué significa hablar de esperanza en una tierra como Siria?

Lo que, lamentablemente, está muriendo en Siria, en el corazón de diferentes personas, es la esperanza: muchas personas, después de 10 años de guerra, que ya no ven la recuperación económica, la reconstrucción, están perdiendo la esperanza, y esto duele mucho: perder la esperanza es realmente perder algo fundamental y esencial para la vida. Así que debemos tratar de restaurar la confianza, para devolver la esperanza a esta pobre gente.

Este año, en su discurso ante el Cuerpo Diplomático, el Papa habló de un velo de silencio que se extiende sobre Siria … [«Me refiero sobre todo al velo de silencio que corre el riesgo de cubrir la guerra que ha devastado a Siria en el curso de este decenio»).

Desafortunadamente, esto se está haciendo realidad. Era un poco predecible: como todos los conflictos que se prolongan durante mucho tiempo, en un momento dado se olvidan, la gente ya no tiene interés en escuchar esta noticia. Así que estamos en un punto muy, muy crítico. Además, la situación en Oriente Medio se ha complicado y, por lo tanto, cada vez se habla menos de Siria en un momento en que este país está sufriendo mucho. Y aquí también quisiera añadir: hay un escritor, un periodista sirio, que escribió hace unos meses: «Muchos sirios han muerto por diversos tipos de armas, desde todo tipos de bombas hasta misiles lanzados por todas partes, incluso por armas químicas. Pero – dice – lo más difícil de aceptar es morir sin que nadie hable de ello».

Es una guerra menos violenta por el momento, pero hay muchos otros dramas…

Afortunadamente, durante aproximadamente un año y medio, estas bombas han cesado en gran parte de Siria, excepto todavía en el noroeste, donde ha habido una tregua desde principios de marzo, que a veces sigue siendo una tregua frágil. Sin embargo, si antes había estas bombas, ahora existe lo que yo llamo la bomba de la pobreza: según las cifras de las Naciones Unidas, esta bomba está afectando a más del 80% de las personas, y eso es muy grave. Podemos ver los efectos del hambre, la desnutrición de los niños, sobre todo, y otras enfermedades …

¿Qué debería hacerse, a nivel internacional?

Es necesario que Siria empiece de nuevo, y para lograr eso mediante la reconstrucción y la recuperación económica se habla de varios miles de millones de dólares: se habla incluso de unos 400 mil millones de dólares, para «reiniciar Siria». Y los que pueden ofrecer esta ayuda están poniendo condiciones: también quieren ver una cierta dirección para las reformas, para las reformas democráticas, y esto todavía no es evidente. Asimismo, debo mencionar la incansable labor del Enviado Especial de las Naciones Unidas, Geir Pedersen, que está tratando por todos los medios de reanudar el diálogo; pero, lamentablemente, todavía estamos muy lejos de ver una reanudación del diálogo, una reanudación de la reconstrucción de Siria y una recuperación económica.

Diez años de conflicto, como ha recordado usted, el Covid, la pobreza y el hambre: un país -ha dicho usted varias veces- «reducido a escombros». En su opinión, lo que impide la construcción de la estabilidad ¿son también muchos intereses particulares?

Desafortunadamente. Ya no sé cómo comparar esta situación en Siria. Me viene a la mente el famoso poema que todos recordamos, de Giovanni Pascoli, que habla del roble caído – por supuesto, hay que hacer las distinciones necesarias – cuando dice: todos van a cortar la madera de este roble y por la noche todos se van a casa con su propia carga de madera cortada de este roble. Aquí no es ningún misterio, pero hay quienes se llevan el petróleo, quienes se llevan el gas, quienes aprovechan la guerra para enriquecerse, quienes aspiran a tomar algunas franjas de tierra… realmente da pena ver que mucha gente quiere «cortar madera de este roble» y llevárselo…

¿Cómo se puede detener esto?

Diría que necesitamos buena voluntad por parte de todas las facciones, necesitamos mostrar algo de buena voluntad, con la mediación de la comunidad internacional, y necesitamos desbloquear esta situación, empezando sobre todo por el aspecto humanitario, como la grave situación de los detenidos, los desaparecidos. Lamentablemente, en esta grave urgencia, lo que estamos viendo es que hay algún que otro intercambio de prisioneros, de gente que ha sido secuestrada, pero esto sucede con «cuentagotas». Necesitamos buena voluntad. Se calcula -según las Naciones Unidas- que hay unos 100.000 desaparecidos de los que no se sabe nada y, entre ellos, debo mencionar también a dos obispos, los metropolitanos ortodoxos de Alepo, y a tres sacerdotes, entre ellos también un italiano, el Padre Paolo (Dall’Oglio), de los que no se sabe nada desde hace siete años. Hay que empezar de nuevo a partir de estas personas desaparecidas, arrestadas, detenidas …

¿Son suficientes las donaciones que están llegando?

Agradezco sinceramente a todas las personas que nos ayudan, que también ayudan a los proyectos humanitarios, los proyectos realizados por las Iglesias. Veo en estos 10.000, 100.000 euros sobre todo el corazón y la bondad de esta gente: de verdad, me conmueve. Pero la magnitud de la necesidad es tan grande y grave que lamentablemente esta ayuda nuestra es comparable a un grifo de agua, cuando se necesitarían canales, grandes canales que traigan agua porque la destrucción es enorme y la recuperación y reconstrucción son enormes; y aquí se necesita la comunidad internacional que ofrezca estos «canales». También es necesario reconocer la labor de muchas ONG, además de las Iglesias, y también de las Naciones Unidas, que deben mantener a unos 11 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. En toda esta ayuda siempre veo al buen samaritano tratando de ayudar.

Si fueran tantos, estos grifos, y si fueran tantos, estos canales… Repito, se necesitan grandes canales de agua, de ayuda, procedentes de la comunidad internacional, especialmente de ciertos países. No me canso de señalar esto: para despertar la buena voluntad. Me reúno con representantes, embajadores de varios gobiernos, y señalo que esta situación debe ser desbloqueada. Por ejemplo, la guerra ha llevado a la destrucción de cerca de la mitad de los hospitales, y es algo muy serio, ahora que el Covid se presenta, tener estas instalaciones de salud devastadas. La guerra ha provocado la destrucción de uno de cada tres escuelas y cerca de dos millones y medio de niños en edad escolar no tienen dónde estudiar. Fábricas, barrios destruidos por la guerra… Y no me canso de señalar esto a los estados que pueden y deben ayudar. También debo mencionar las sanciones internacionales impuestas a Siria: tienen efectos bastante negativos…

En todo esto, Siria también ha sufrido la crisis del Líbano…

La crisis libanesa golpeó duramente a Siria, la crisis de los bancos libaneses desde donde pasaban las ayudas humanitarias: los proyectos humanitarios, incluso los de las Iglesias, generalmente pasaban por el Líbano. A esto se ha sumado en los últimos meses el cierre de las fronteras entre estos países, entre el Líbano y Siria, entre Jordania y Siria, y todo esto ha pesado. Y también todo lo que ha sucedido en las últimas semanas: el Oriente Medio es una tierra de fuegos, fuegos que vienen del mar – hemos visto lo que sucedió, las explosiones en el puerto de Beirut – fuegos que vienen del cielo, ataques aéreos, bombas, misiles … realmente el Oriente Medio es una tierra de fuegos, y debemos apagar estos incendios lo antes posible.

En este contexto, la Iglesia está en primera línea, junto con muchas personas de buena voluntad, en la ayuda a los pobres, en la construcción de hospitales, en el intento de proporcionar alimentos sin que haya ninguna distinción de religión u origen…

Yo diría que esta es la tarea de la Iglesia: ahora todas las Iglesias – católicas y ortodoxas – están comprometidas al máximo desde el punto de vista humanitario para aliviar estos sufrimientos, estas necesidades de la gente. Como Iglesia, como Santa Sede, no tenemos intereses militares, no tenemos intereses económicos, no tenemos estrategias geopolíticas: nosotros – la Iglesia, la Santa Sede, el Papa – estamos del lado del pueblo, del pueblo que sufre.

Queremos ser la voz de los que no tienen voz. Una de las muchas iniciativas – ¡de las tantas! – es también la de los «hospitales abiertos»: tres hospitales católicos presentes en Siria desde hace unos 120 años, una iniciativa abierta a los enfermos pobres. Aquí no miramos el nombre y el apellido. Y por lo que nos consta, va muy bien: a través de esta iniciativa de los hospitales abiertos – y de muchos otros que no tengo tiempo de mencionar ahora – intentamos curar los cuerpos pero también reparar el tejido social, porque son iniciativas abiertas también a los miembros de otras religiones. Y los musulmanes, que son la mayoría, tal vez han tenido un niño o un miembro de la familia atendido por nuestros hospitales católicos, son los más agradecidos y así se fortalecen las relaciones entre cristianos y musulmanes. Así que cosechamos dos frutos: el cuidado de los cuerpos y la mejora de las relaciones sociales. Este es nuestro objetivo.

¿Cómo y cuánta influencia tiene la diplomacia del Vaticano en este difícil proceso, en esta difícil situación?

Tenemos nuestro propio camino, no pertenecemos a ningún grupo. Incluso cuando vengo aquí a Roma, cuando me encuentro con el Santo Padre, cuando me encuentro con los superiores, tratamos de elaborar estrategias que están simplemente del lado de la gente. Como dije, no tenemos para compartir intereses económicos o militares o estrategias geopolíticas: nuestra estrategia es ser la voz de estas personas que sufren y hacer que esta voz esté presente.

¿Qué es lo que más duele, de todo este contexto?

Es difícil narrar esta profunda experiencia humana y espiritual. Me impresionó mucho, por ejemplo, el sufrimiento de los niños y las mujeres: son las primeras víctimas de esta guerra, los niños y las mujeres. Hace aproximadamente un mes, las Naciones Unidas también alzaron su voz sobre lo que ocurrió en un campamento de refugiados donde unos 8-10 niños fallecieron, una vez más, de desnutrición, deshidratación y otras enfermedades… El invierno pasado vimos morir a varios en la huida del noroeste de Siria hacia el norte: niños que murieron de frío en los brazos de sus padres, niños que murieron de desnutrición. Duele el corazón ver el sufrimiento de tantos niños y tantas mujeres, muchas de las cuales son viudas y a veces tienen que ocuparse de una familia numerosa, ocho, diez hijos… En realidad, es un sufrimiento que se siente muy fuertemente…

Un sufrimiento y un dolor que el Papa sigue muy de cerca: al volver al Vaticano, se encontró con el Papa, que ya había expresado el deseo de ir a Siria. Ahora los viajes están paralizados… ¿qué le dijo el Papa?

Esta vez me impresionó. Mientras yo hablaba de esta situación, tomó un papel y comenzó a escribir notas para tenerlas aún más presentes y para mantener estos programas humanitarios en marcha. “Usted, ¿qué llevará esta vez a Siria?”

Llevaré de vuelta la solidaridad del Papa Francisco, la solidaridad de la Iglesia, la solidaridad de muchos cristianos para tratar de reavivar esta esperanza que, por desgracia, está muriendo en Siria. Por esta razón, debemos tratar de encender, al final del túnel, alguna pequeña esperanza: al menos la solidaridad, para decir » no están solos», «tratamos de ayudarlos» también con ayuda material, y tratar de hacer brillar un poco de luz al final del túnel…

(Fuente: Vatican News)