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5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos

5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos

Dreamer Company | Shutterstock

Theresa Civantos Barber – publicado el 01/11/21

Hoy es la oportunidad perfecta para celebrar a los santos en el cielo y aprender a imitar sus inspiradoras vidas.

Hay algo exuberante y esperanzador en esta fiesta. El Día de Todos los Santos honra a los santos hombres y mujeres que están en el cielo, la mayoría de los cuales se han perdido en la historia y no están incluidos en las listas oficiales de santos canonizados. Esta fiesta es un recordatorio de que todos los católicos tenemos la misión de ser santos en el cielo algún día, incluso si no vamos a ser canonizados formalmente.

El Día de Todos los Santos es una fiesta importante en el calendario litúrgico; por lo general, es un día sagrado de precepto. Es el día perfecto para aprender sobre la vida de los santos, por lo que es una festividad especialmente agradable para compartir con los niños.

Aquí hay 5 formas significativas de celebrar el Día de Todos los Santos con tus hijos, nietos, estudiantes o cualquier otro niño en su vida.

1 IR A MISA JUNTOS.

La misa es lo más cerca que podemos estar del cielo mientras estamos en esta tierra. Entonces, ¿qué mejor manera podría haber de celebrar a los santos en el cielo que unirse a ellos para adorar a Dios en la Santa Misa?

2 APRENDE SOBRE LOS SANTOS.

Hoy es una ocasión maravillosa para ver una película sobre un santo o leer un libro de historias sobre los santos. Es de esperar que estos atractivos cuentos inspiren a la próxima generación a imitar la heroica virtud de los santos.

3 HABLAD SOBRE CONVERTIRSE EN SANTOS.

¿Saben sus hijos que todos y cada uno de ellos pueden ser santos en ciernes? Comparta con ellos lo que significa ser un santo: alguien que intenta una y otra vez elegir lo que es correcto, que no se rinde, que busca la santidad heroicamente.

Luego, pide a los niños que compartan sus propias ideas sobre las formas en que pueden convertirse en santos. ¡Puede que te sorprendan gratamente sus ideas!

TENER UN DESFILE DEL DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

¡Esta es una forma clásica de celebrar el día en muchas escuelas católicas! Ayuda a los niños a vestirse como un santo favorito y luego marcha cantando: “When the saints go marching in…”

Si no tienes suficientes disfraces a mano, los niños también pueden sostener una estampa o una figurita de un santo. En caso de necesidad, puedes pedirles que hagan un dibujo de su santo favorito para que lo sostengan en alto.

5 PIDE LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS.

Una de las cosas más importantes que debes enfatizar a sus hijos es que los santos todavía están con nosotros, por la gracia de Dios, a pesar de que han muerto y se han ido al cielo. Anima a los niños a pedir las oraciones de estos amorosos amigos celestiales, que desean tanto animarnos en nuestro viaje para unirnos a ellos en el Cielo.

Una oración

Aquí hay una oración que podrían decir juntos para la ocasión. Al final, pida a cada niño que nombre a un santo que admiren, y luego todos los demás pueden responder: «¡Orad por nosotros!»

Querido Dios, gracias por el ejemplo de los santos. Deseo unirme a su compañía, adorándote por siempre en el Cielo. Ayúdame a seguir sus pasos y los tuyos, Jesucristo. Ayúdame, por favor, a conformarme a tu imagen, buscando en todo tu Voluntad, como hicieron los santos. Ayúdame a dedicarme a mí mismo y a todo lo que hago a tu gloria y al servicio de las personas de mi alrededor. Amén.

(Fuente: Aleteia)

3 consejos para mantener el equilibrio en tu vida como madre

3 consejos para mantener el equilibrio en tu vida como madre

Shutterstock | Solis Images

Tomarte el tiempo para orar, descansar y alimentar tu espíritu te ayudará a criar a sus hijos de la mejor manera

Convertirse en madre cambia tu mundo. ¿Cómo puedes evitar que este nuevo mundo llene todo el paisaje de tu vida?

Hace más de 80 años, una educadora católica llamada Madeleine Daniélou escribió (en Vivre selon l’esprit en Visages de la famille, 1940) sobre el peligro de dejarse devorar en cuerpo y alma por preocupaciones materiales, preocupaciones educativas y ritmos familiares.

Su análisis es liberador: en lugar de incriminar a los hombres por no asumir su parte de las tareas del hogar y alentarlos a transferir esta carga sobre sus hombros, toma el tema en una dirección diferente.

Considera esta situación no como una carga, sino como una responsabilidad: ¿Cómo podemos asegurarnos de que la responsabilidad inherente a la maternidad no se convierta en un peso, una carga insoportable, una fuente de resentimiento sin fin?

¿Cómo podemos saber delegar y dejar ir ciertas cosas, mientras abrazamos lo que realmente importa? ¿Cómo podemos asegurarnos de que esta responsabilidad se viva como una misión gratuita y gratificante? ¡Estos consejos pueden ayudar!

1 TÓMATE UN TIEMPO EN SILENCIO PARA ORDENAR LAS COSAS

En una vida sin lugar ni tiempo para el silencio, es imposible apartarse de la secuencia de eventos del día. Es imposible priorizar lo importante (el niño que llora por la noche) sobre lo menos importante (los menús de la cafetería de la escuela). Sobre todo, es imposible sopesar y apreciar lo que realmente nos importa.

Sólo el silencio externo e interno nos permite ordenar las cosas, y así convertir la sensación difusa de agobio en conciencia de responsabilidad. Y esto es de gran importancia: se delegan cargas, mientras que se asumen responsabilidades.

Una vez más, sólo el silencio, sólo este tiempo alejado de la acción, nos da acceso a este discernimiento que nos permite delegar lo que se puede y debe delegar.

De hecho, ¿cuántas mujeres se quejan de que no las ayudan, mientras se aferran a lo que creen que hacen mejor que sus maridos? En definitiva, solo el silencio nos permite escuchar las soluciones y los consejos que nos brindan nuestra inteligencia, nuestra memoria y nuestro corazón.

2 ALIMENTO INTELECTUAL

Todas las mujeres saben qué tipo de inteligencia situacional se requiere para el cuidado y la educación de los niños. Existe una gran tentación de concentrar los intereses de uno solo en los temas que nos ayudarán a mejorar nuestra crianza. Madeleine Daniélou saca a la luz la necesidad de una vida intelectual y cultural propia.

Esta intuición, que parece obvia, es hoy crucial. ¿Por qué? Porque la doble vida de muchas mujeres, el trabajo y la familia, está completamente centrada en el servicio.

Un día en un trabajo, por emocionante y enriquecedor que sea, está definido por naturaleza por los intereses de los demás: clientes, pacientes, estudiantes … Se duplica con un «segundo día» al servicio de la familia.

Sin embargo, es una ilusión creer que la jornada laboral es un sustituto de la renovación interior. Una mujer que pasa el día completando pedidos o llamando a proveedores, una que ha examinado pacientes y recetado recetas, habrá utilizado sus habilidades y adquirido otras nuevas. Sin embargo, no es en esta actividad donde se expande y nutre su espíritu para su propio beneficio.

Cada mujer debe ocupar en su propio horario el lugar que se merece: el primero. Cuando se respete este lugar, cuando se asegure su propio sustento espiritual, cultural, intelectual, todos los que dependen de ella encontrarán su propio lugar, que también será el mejor para ellos. Se beneficiarán de la libertad interior, la curiosidad del espíritu, la disponibilidad mental y la capacidad de comprender que ella misma habrá ganado.

3 DEJA QUE EL ESPÍRITU SANTO TE GUÍE

Por último, pero no menos importante, la vida del espíritu es una vida guiada por el Espíritu Santo. Se trata de darte la oportunidad de preguntar y escuchar.

Necesitamos escuchar en nuestro corazón a Aquel que nos guiará cuando estemos luchando con una decisión; que nos dará fuerzas cuando nos sintamos abrumados por la monotonía, la rutina o la depresión; y que nos enseñará su sabiduría cuando repasamos una y otra vez preguntas aparentemente desesperadas.

Cada vez que invocamos al Espíritu Santo, nos enviamos este mensaje benéfico: Has emprendido una misión que está tan lejos de ti que Dios quiere trabajar contigo en ella.

Esta responsabilidad no es pesada porque no estás solo: no es pesada, es elevada. Esta familia que tú y tu esposo lideran es una aventura que es más que humana.

Curas cuerpos y elevas almas, y por eso Dios mismo te confía esta aventura. Eres capaz de hacerlo con él y él te sostiene de la mano.

En conclusión, vivir así es un poderoso antídoto contra el resentimiento que podamos tener hacia la “carga mental” de la maternidad, que no es ni novedad, ni fatalidad, ni maldición.

También es un antídoto para la reducción de nuestro espacio mental, gracias a lo cual los problemas de plegado de la carriola ocuparán el lugar que les corresponde, mucho después del dolor de corazón de tu mejor amigo.

(Fuente: Jeanne Larghero, Aleteia

5 ámbitos de la vida diaria para cultivar la valentía de San José

5 ámbitos de la vida diaria para cultivar la valentía de San José

San José y el Niño Jesús. Créditos: Dominio Público

El director espiritual del colegio San Agustín de Lima (Perú), fray Miguel Oblitas, dio algunos consejos para imitar la valentía de San José y vivir esta virtud en la vida diaria, en el marco del Año de San José convocado por el Papa Francisco.

El martes 8 de diciembre el Santo Padre publicó su carta apostólica Patris corde, con la que convocó el Año de San José para conmemorar los 150 años del decreto Quemadmodum Deus del Beato Pío IX, que declaró al padre adoptivo de Jesús patrono de la Iglesia universal.

En torno al quinto punto “Padre de la valentía creativa”, de la carta apostólica, fray Oblitas indicó a ACI Prensa que el Pontífice resalta la valentía de San José “como una respuesta a las diferentes dificultades que debía enfrentar para cuidar al Niño Jesús y a María Santísima”.

El sacerdote dijo que esta es una gran oportunidad para meditar y ejercitar esta virtud en 5 áreas de la vida cotidiana “para custodiar la presencia del Señor en nuestros corazones”.

1. Vida espiritual

Fray Oblitas indicó que la valentía creativa “nos invita, como San José, a custodiar la gracia que el Señor ha depositado en nosotros”, y señaló que toda “vida espiritual que desea progresar en la santidad debe desarrollar un celo santo”.

“Valdría la pena preguntarnos con cuánto fervor, cariño y familiaridad nos acercamos a los sacramentos, Escritura y oración”, señaló.

El sacerdote resaltó que si el corazón está encendido en la caridad, las dificultades, especialmente en la pandemia actual, despiertan la valentía y llevan a preguntarse: “¿Cómo puedo seguir creciendo en el Señor si no puedo ir a mi parroquia?”.

“Hemos podido observar diferentes respuestas en estos meses que nos hablan del celo que tiene el Pueblo de Dios para seguir entregándose al Señor: desde donaciones, pasando por jornadas virtuales de formación, hasta un cariño más profundo a la Escritura”, subrayó.

Fray Oblitas remarcó que la vida sacramental es insustituible, pero “la valentía creativa nos empuja a no ahogarnos en lamentos, sino a dar respuesta -muchas veces pensando ‘fuera de la caja’- con lo que tenemos a la mano, como hijos sencillos y humildes del Padre”.

2. Vida Familiar

El sacerdote señaló que la pandemia ha llevado a muchas personas a vivir meses de mucho estrés y ansiedad, donde los más cercanos “han sido ‘víctimas’ de nuestras frustraciones y cambios repentinos de ánimo”.

“¿Cómo hubiera respondido San José? ¿Qué tiene que ver la valentía creativa? Aquí debemos decir que la valentía no solo se manifiesta cuando somos fuertes y hábiles para sobrellevar las dificultades. La valentía también pasa por mostrarse vulnerable con las personas que nos rodean y aman”, indicó.

Fray Oblitas resaltó que la valentía “también nos hace hermanos en la tristeza o frustración” y subrayó que si “somos familia en ‘las malas’, podremos ser también ‘en las buenas’. De esta doble conciencia, una familia se fortalece mucho más y reconoce la necesidad de Dios en ella”.

3. Vida Académica y Laboral

“El silencio de San José es muy elocuente en la Sagrada Escritura. Nos habla de una persona que es capaz de contemplar, discernir y actuar conforme a la voluntad de Dios”, señaló el sacerdote.

Fray Oblitas indicó que el contemplar y discernir tiene “mucha relación con el estudio” y resaltó que es importante preguntar “si nuestros estudios nos ayudan a custodiar al Niño Jesús y a María en nuestras vidas, si la búsqueda de la verdad nos está conduciendo al encuentro con la Verdad”.

Además, señaló que “el trabajo nos obliga a ser valientes y creativos al mismo tiempo. Valientes para enfrentar la adversidad y llevar un pan a la mesa, sostener la familia; creativos para buscar nuevas soluciones e innovaciones”.

“El trabajo es una expresión del amor efectivo, el amor es creativo y saber darle un nuevo significado a las cosas: no solo hace nuevas cosas; sino que saber hacer las cosas nuevas”, agregó.

4. Vida Apostólica

El sacerdote citó las palabras del Papa Francisco en Evangelii gaudium donde señala que “la pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

“No podemos vivir el tiempo de pandemia y post pandemia con añoranza y nostalgia. Debemos escuchar al Espíritu, como lo hizo San José, levantarnos, tomar al niño e ir al encuentro de los planes de Dios”, indicó.

Fray Oblitas señaló que la valentía creativa implica “escuchar al Espíritu, pero sobre todo anteponer la confianza en la Providencia” y poner “al servicio de la evangelización todas nuestras habilidades para repensar los objetivos, estructuras, el estilo y los métodos de evangelización”.

“Una vez más, debemos recordar que la caridad es creativa, siempre dinámica y exigente. ¡Cuántas veces repetimos esquemas de jornadas y retiros! Es hora de discernir, cambiar y ser fiel al Evangelio siempre antiguo y siempre nuevo”, agregó.

5. Vida en la pandemia

El sacerdote señaló que la valentía creativa debe llevar a quitar “’la corona al virus’ y dársela a Jesús”, y recordó que San José es “Padre de la valentía creativa” porque “supo enfrentar y dar solución a diferentes situaciones adversas: el embarazo de María, el nacimiento de Jesús, la huida a Egipto, etc. San José tenía un solo Señor, un solo Rey; y confiaba en Él”.

“Nosotros tenemos nuevas situaciones adversas provocadas por el COVID-19 y parece que le hemos dado la corona, lo hemos hecho rey de nuestras vidas: todo gira en torno a la pandemia. Comprendo que hay muchas situaciones de desgracia, pero no olvidemos que la última palabra la tiene Nuestro Señor, no un virus”, subrayó.

El sacerdote remarcó que si “San José nos dirigiera algunas palabras en este contexto de crisis sanitaria, nos hablaría de la valentía para permanecer firmes ante las dificultades, de la confianza en la Providencia y creativos para cuidar al Niños Jesús y a María que vemos reflejados en cada una de las personas que nos necesitan”.

(Fuente: Aciprensa)

Los santos, grandes influencers también para los jóvenes de hoy

Los santos, grandes influencers también para los jóvenes de hoy

Di Yuganov Konstantin|Shutterstock

La vida de los santos sigue siendo hoy una poderosa herramienta para que nuestros hijos descubran la auténtica felicidad.

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Hoy en día, los influencers son modelos de vida para los jóvenes. Recientemente ha sido beatificado Carlo Acutis, a quién se le conocía también como “el influencer de Dios”. Si un influencer puede convertirse en beato, ¿los santos pueden convertirse en influencers?

Desde niña siempre me ha llamado la atención el conocer la vida de los santos. Aún recuerdo un verano en el que alguien me regaló un libro con la vida de alguno de ellos: con unos 8 o 9 años, yo leía y leía hasta que me invitaban a apagar la luz y dormir.

En esta galería encontrarás algunos de los mejores cuentos para dar a conocer a los niños la vida de santos como Santa Teresa, San Juan Pablo II, Don Bosco, Santa Teresa de Calculta, San Josemaría, entre otros.

A mi corta edad, por aquel entonces, los santos eran personas increíbles que a veces, para qué engañarnos, hacían cosas un poco extrañas o inalcanzables para mí. Pero si algo me parecía curioso es que ninguno eligió el don destacable que le fue dado y además se inclinaban por usar ese don para algo más que para ellos mismos: eran auténticos influencers.

De aquel verano quedó grabada en mi memoria la vida de san Tarcisio que, por su amor y veneración tan grande a la sagrada forma, al ser sorprendido por unos paganos mientras transportaba la Eucaristía, prefirió ser apedreado a muerte antes de desvelar lo que llevaba. Leyendo su vida, empecé a vislumbrar que realmente de algo muy grande se tenía que tratar para que un niño como yo entregara su vida. Ahí empecé a entender también la importancia de saborear, conocer y contemplar la vida de los santos.

Hoy miro a mis hijos y pienso en cómo puedo presentarles a esos particulares influencers, que no persiguen likes y muchas veces en vida pasan desapercibidos, que son personas normales como tú y como yo pero que, gracias a su forma de vivir la fe, se convierten en “top ten”.

La alegría de los santos

Entre los influencers del Cielo hay una virtud común que es muy contagiosa: la alegría, motor del alma, propia de la infancia y de la adolescencia, y que todos los padres y madres quieren para sus hijos.

Uno de los muchos influencers de la alegría es la de san Felipe Neri, que buscaba siempre la felicidad, y que tras su conversión no pudo sino intentar dar a los demás algo de lo que él mismo había recibido. ¡Y no me refiero sólo a su afortunada herencia! que también, pues decidió alejarse de la opulencia. ¡Esto sí que es de influencer!

Seguro que a algunos os sonará la canción de Marco Frisina «Prefiero el Paraíso» de la película de san Felipe Neri. Pues, eso es, nuestro santo no lo dio todo por los likes pero sí por el Paraíso. Cautivó a niños y mayores llevando un mensaje de alegría y entrega a los demás.

«¿Y cuándo vamos a ser mejores?» Esta es una frase de gran influencer que repetía san Felipe y que podría hacernos saltar de la cama a todos en una mañana cargada de pereza o cuando no tenemos muchas ganas de ir al colegio.

¡Ah! ¿que necesitamos un empujoncito más? Seguro que la enseñanza de san Felipe Neri sería infalible si la acompañamos de un delicioso desayuno al más puro estilo Instagram y la banda sonora de “Prefiero el Paraíso”. No hay follower que se resista a esto.

San Juan Bosco

Hablando de followers, san Juan Bosco tenía muchísimos, pues es el mayor influencer de “la vida entendida como fiesta y la fe como felicidad”.

¿A quién no le pasa un poco como a san Juan Bosco ante las personas que quiere?

¡Mi mayor satisfacción es verte alegre!” (San Juan Bosco)

“Tristeza y melancolía fuera de la casa mía”, decía Don Bosco. Y es que este santo nos enseñó que no hay mejor lección para niños y jóvenes que “hacer consistir la santidad en estar siempre alegres, haciendo bien las cosas que tenemos que hacer”. ¡Qué manera más fascinante de vivir lo cotidiano! Un tema que seguramente al santo del cine le daría para unos cuantos blogs.

Santo Domingo Savio, a pesar de su corta edad, es también influencer de la grandeza de la alegría en lo pequeño y afirmaba rotundamente: “Antes morir que pecar”. Dicho así puede sonar un poco heavy, pero su actitud nos ayuda en situaciones cotidianas: “antes compartir mi juguete que pelearme con mi hermano”; “antes los demás que mis pretensiones” …

A mí me gusta mucho recordar la primera vez que Domingo se entrevistó con don Bosco y le dijo a este: “¡Ayúdeme a ser santo!”. Un influencer pidiendo a otro influencer que le ayude a ser santo. ¡Cómo mola!

Santo Domingo Savio siempre persiguió ser la mejor versión de sí mismo. Sin duda en la vida de este niño se hicieron presentes desde bien pequeño sus deseos de felicidad, que corresponden claramente con la búsqueda de la santidad. ¡Que nuestros jóvenes no entierren ese deseo!

PIER GIORGIO FRASSATI. Public Domain

Pier Giorgio Frassati

En la ciudad de Turín, pocos años después de la muerte de don Bosco, nació el beato Pier Giorgio Frassati. Claramente es uno de esos influencers que están entre nosotros. Un santo joven, alegre, y de nuestro tiempo, ingeniero, deportista, amante de la naturaleza que nos enseña nuevamente que la santidad rima con felicidad y que es posible encontrarla tanto en las pequeñas cosas como en lo sublime de una montaña.

Es entonces cuando un simple picnic en familia o una ruta de senderismo con amigos se puede convertir en un planazo para contemplar juntos las maravillas de un paisaje. Un precioso momento para experimentar la necesidad que tenemos de belleza, cuidar y valorar la perfección de la Creación.

Queda claro que los santos despiertan en nosotros el gran deseo de ser como ellos. Viven en cercanía con Dios y son progresivamente transformados. Por tanto, son capaces de gozar cada momento con alegría, pero sin perder un ápice de realismo. Y no nos engañemos: esta es la vocación de todos nosotros.

Y tú, ¿te animas a ser influencer?

(Fuente: Aleteia)

¿Deseas una familia unida y santa? Estas 13 tradiciones católicas pueden ayudar

¿Deseas una familia unida y santa? Estas 13 tradiciones católicas pueden ayudar

Imagen referencial. Crédito: Pixabay (Dominio Público).

El Arzobispo de Nueva York (Estados Unidos), Cardenal Timothy Dolan, alienta a recuperar una serie de tradiciones, muchas veces olvidadas por los católicos, debido a que son “poderosamente providenciales para mantener a las familias unidas, fuertes, saludables y santas”.

En una publicación en su blog, titulada “Nuestras bellas tradiciones católicas”, el Cardenal Dolan señala que “nosotros en la Iglesia tenemos un tesoro de actos de oración y devoción, simples, caseros, probados que mantienen fuertes a los matrimonios y las familias, enamorados y cerca de Dios”.

El problema, advirtió, es que hemos olvidado y no ponemos en práctica muchas de estas tradiciones. “Necesitamos toda la ayuda posible en estos días de tensión, confusión y desafío en la vida matrimonial y en la familia”, señaló.

Estas son las 13 tradiciones recomendadas por el Arzobispo de Nueva York, aunque aseguró que “pueden ciertamente añadir (más) a la lista”:

1. Celebraciones alegres pero sencillas de bautismos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y aniversarios de matrimonio.

2. Adorar a Dios fielmente juntos como una familia en la Misa dominical, y preservar los regalos de tiempo de calidad y una comida juntos, al menos en el Día del Señor, si no se puede más a menudo durante la semana.

3. Tener agua bendita, crucifijo, Biblia e imágenes de Jesús, María y los santos en nuestras casas.

4. Una verdadera celebración del Adviento, mientras nos preparamos a celebrar el nacimiento de Jesús.

5. Una atención especial a la preparación del pesebre de Navidad en la casa.

6. El cumplimiento en familia de la Cuaresma, especialmente a través de prácticas penitenciales comunes, mayor compasión por los pobres, enfermos y necesitados, y acercamiento como familia al sacramento de la reconciliación.

7. Dar a los niños nombres bíblicos y cristianos.

8. Tomar con mucha seriedad los deberes de los padrinos en el bautismo y la confirmación.

9. Pedir a un sacerdote que bendiga un nuevo hogar.

10. Peregrinaciones familiares.

11. Reunirse en torno a familiares que están enfermos y moribundos, y unirse en la fe en el momento de la muerte y el entierro.

12. Recordar a los padres y a los miembros de la familia en la Misa, en el aniversario de su muerte.

13. Pedir la bendición de los padres expectantes y la intercesión especial para parejas que luchan por concebir un bebé.

Para leer el artículo completo (en inglés), puede ingresar AQUÍ.

(Fuente: Aciprensa)

Comer demasiado y como «compensación»: una enfermedad del alma

Comer demasiado y como «compensación»: una enfermedad del alma

Michael-Saechang-CC

Algo en nuestra relación con la comida está bastante equivocado

Cuando pensamos en la epidemia de obesidad en Occidente, no se nos promueve a mirar el problema como un fracaso de la fuerza de voluntad personal, sino como el resultado de causas complejas que van desde el comportamiento infantil a la predisposición genética, con el agregado genérico del “estilo de vida”.

La consideración biológica de base por la cual la grasa es la acumulación de energía excedente indica una conexión fundamental entre la obesidad y el hecho de consumir más comida de la necesaria, pero la cuestión es a menudo distorsionada por una serie de incertidumbres: ¿no es acaso cierto que ciertas personas aumentan de peso más fácilmente que otras?

¿Algunos de nosotros no estamos determinados a nivel genético para acumular energía debido a las condiciones de los antepasados que morían de hambre? ¿No es verdad que ciertos alimentos distorsionan nuestro apetito, y que las dinámicas hormonales complican nuestra búsqueda de saciedad?

Puede ser verdad todo esto y mucho más: el campo de batalla entre apetito y control de peso es complejo y enrevesado.

¿No es quizá la correcta batalla para combatir?

Si las cuestiones sobre la fuerza de voluntad son consideradas pasos en falso en relación a la obesidad, imagínate cuándo será bien acogida la declaración de glotonería. La teoría de la gula podría, sin embargo, ofrecer una respuesta a la obesidad que circunda la interminable lucha entre nuestro apetito de comida y nuestro deseo de salud e integridad física.

Necesidad desesperada de satisfacción

El problema de la mayor parte de los enfoques de una dieta y la pérdida de peso es que en varios modos intentan decirnos cuándo podemos comer dulce. Las dietas son muchas y claramente variadas, pero lo que tienen en común es el intento de satisfacer el apetito más allá de disminuir el consumo global. Algunas dietas buscan controlar la cantidad total de alimento consumido, sin restricción a nivel de alimento permitido, a través de varias formas de cálculo de calorías.

Otras limitan los tipos de alimento, sin modificar la cantidad, por ejemplo dietas altamente proteicas que consideran a los carbohidratos el verdadero enemigo de la pérdida de peso y se basan en el poder de saciar de las comidas altamente proteicas para disminuir el apetito.

Estas dietas pueden funcionar para algunos, quizá sobre todo cuando sus estrechas normas o sus inusuales regímenes ayudan a romper hábitos alimenticios consolidados y a debilitar el apetito simplemente eliminando la “familiaridad”. La novedad de eliminar los alimentos a base de carbohidratos puede desafiar la relación con la comida, pero nuestro apetito es adaptable, y rápidamente encontraremos nuevos modos de satisfacerlos con otras comidas.

Para algunos de nosotros, la guerra entre el peso y el apetito debe ser una propuesta de “todo o nada”. Si tenemos que empezar una guerra, debe ser una guerra total, y el apetito no debe ser únicamente rechazado, sino derrotado. Tenemos no sólo que cambiar nuestros hábitos alimenticios, sino reconocer la discordia psicológica y espiritual fundamental en la base de una relación disfuncional con la comida.

Yo tuve sobrepeso durante toda la adolescencia y la adultez, y dos reflexiones amargas pero liberadoras hicieron la diferencia. La primera es que soy un hedonista, a nivel material. La comida ha sido una inmensa fuente de placer, diversión y satisfacción sensorial sin paliativos durante la mayor parte de mi vida, y cualquier deseo compensatorio de permanecer en forma y sano a través de combinaciones de dieta y ejercicio fue minado por la fascinación que ejerce el comer para mi.

Una disfunción espiritual
El hecho que el placer de comer actúe como vía de escape sorprendentemente rica y atractiva frente a la monotonía y la banalidad de la vida cotidiana me comprueba que la autoindulgencia era una disfunción no simplemente física, sino espiritual. Para alguien que pasa casi cada momento pensando en mil cosas, el disfrute sin complicaciones de alguna merienda apetitosa o de algún plato delicioso casero ofrece una especie de alivio pacífico de la vida. O, como escribió el monje ascético del siglo IV Juan Casiano, la mente, cuando es sofocada por el peso de la comida, no logra mantener la dirección y el gobierno de los pensamientos… sino el exceso de cualquier tipo de comida la vuelve débil e incierta, y la priva de todo su poder de contemplación pura y clara.

Reconocer la vía de escape representada por la comida ha derribado la ilusión de estar disfrutando simplemente mi comida. Estaba aprovechando la oportunidad de gratificar mi apetito, y al hacer esto llegué a un escape temporal pero total de cualquier problema, amenaza o cansancio que la vida me pudiera presentar.

¿Quizá es por eso que la gente a menudo rehúye de la realidad de tener sobrepeso? Muy pocas personas tienen la valentía de decir «Tengo sobrepeso porque como más de lo que necesito, como más de lo que me sirve porque el placer de hacerlo me distrae de otras preocupaciones, o más en general de la monotonía de la vida». Una declaración del género implicaría un grado de autoconocimiento y honestidad que no se adapta al hedonismo de la evasión. Es difícil disfrutar un placer de evasión mientras se piensa en la realidad desconsoladora o desagradable de la que se está huyendo.

Tener sobrepeso es para mucha gente como una enfermedad misteriosa o una situación desafortunada que le sucedió simplemente mientras estaba ocupada haciendo otra cosa. En un cierto sentido es verdad: vuestro cuerpo ha adquirido peso mientras vuestra mente estaba perdida en los placeres del comer.

Negar el apetito

Si esta declaración de hedonismo de escape parece severa, Casiano habla del «vicio de la saciedad», al citar las Escrituras observa que «la causa del derroche y el libertinaje de Sodoma no fue la borrachera de vino, sino la cantidad de pan» y se pregunta:

«¿Qué pensaríamos de aquellos que con un cuerpo vigoroso osan comer un poco de carne y vino sin freno, tomando no sólo lo que requiere su fragilidad corporal, sino lo que sugiere el gran deseo de la mente?».

Y Casiano no es el único entre las autoridades espirituales que describe un abordaje intransigente de este tipo en relación al apetito de la comida y el deseo de saciedad. Confucio hace las mismas consideraciones partiendo de una perspectiva menos ascética:

«Quien desea ser un hombre de completa virtud no busca en la comida gratificar su apetito, ni busca en su morada los instrumentos del bienestar; es serio en lo que hace y está atento cuando habla; frecuenta hombres de principio de los cuales pueda ser corregido. De una persona del género se puede decir realmente que ama aprender».

En un sentido más amplio, la práctica religiosa del ayuno es entendida típicamente no como un simple acto de sacrificio o ritual, sino como un esfuerzo ascético para disminuir el poder de nuestros apetitos. En términos sencillos, rehusarse a gratificar el apetito establece un precedente poderoso de cómo escogemos relacionarnos con nuestros deseos: sin crítica, de manera autoindulgente o con un objetivo a través de principios más elevados.

El disfrute es una elección

El reconocimiento de la evasión no es suficiente para cambiar los hábitos de una vida, aunque ofrezca el motivo para un cambio del género. Lo que hace la diferencia en términos de hábitos cotidianos es entender que el “disfrute de comer” no es una propiedad universal, fijada e irrefutable. Quien de nosotros come demasiado tiende a imaginar que ciertas personas son sólo mejores a resistirse a los propios apetitos. No pensamos nunca que ciertas personas simplemente no se divierten comiendo como nosotros.

El disfrute de nuestra comida preferida no es pasivo, sino activo; gozamos activamente de la comida, poniendo esfuerzo y cuidado en nuestra apreciación del gusto y la composición. Desarrollamos rituales, codiciamos la comida y nutrimos un deseo en relación a ella, valorando la anticipación y los particulares de las circunstancias como el sabor de la misma comida.

Algunos, sin embargo – y nosotros mismos cuando estamos enfermos o pesarosos -, simplemente no gozan de la comida a este nivel, y si nosotros no la gozáramos tanto no encontraríamos tanto placer en la dinámica de construir y luego saciar nuestro apetito.

Ahora ya cuando me dispongo a comer algo me pregunto si lo comería si no me divirtiera comer. Si el esfuerzo de comer superara el placer, ¿por qué comería más de lo que legítimamente es requerido? Estas preguntas nos pueden hacer entrar en la mente de una persona que no ama comer.

La dinámica del vicio 

Sin disfrute, la comida pierde su valor de escape. ¿Qué hay de equivocado en nuestra vida que nos hace contar tanto con los placeres del paladar? No es de hecho una cuestión de censura o vergüenza, sino de conciencia de un problema físico y espiritual cada vez mayores.

La gula, finalmente, comporta tanto un escape de una realidad monótona o desagradable como un disfrute de la comida. Los dos aspectos están vinculados, y no podemos esperar someter nuestros apetitos sin enfrentar ambos aspectos del problema: la aversión de la que huimos y el falso consuelo hacia el cual nos sentimos atraídos.

Como cualquier otro vicio, la gula promete liberarnos de los problemas, incluso de aquellos de leve entidad como el aburrimiento y la tendencia a aplazar, pero la característica de los vicios es tal que no pueden ofrecer verdadera libertad o verdadero alivio – aplazan sólo el problema – magnificándolo y embelleciéndolo en el proceso.

Aquellos de nosotros que estamos afligidos por hábitos vinculados a la gula podemos pensar que la vida sin comer con indulgencia será aburrida e infeliz, pero comer de más no cambiará la esencia de nuestra vida, y refugiarse en los placeres de la comida no hace otra cosa que distraernos del verdadero desafío de la vida misma. Si la vida sin autoindulgencia parece decepcionante o pesada, entonces nuestra tendencia a huir gracias a la comida obstaculiza un verdadero cambio significativo.

A nivel social, nuestra fascinación por la comida, incluida la creciente comercialización del “gourmet” a través de interacciones infinitas de chef famosos y reality shows, acerca el nivel de indulgencia a la gula culturalmente sancionada y económicamente promovida. Como un macrocosmos de lucha del individuo con los apetitos de escape, la gula a nivel social implica una cultura priva de objetivos más elevados y de bienes más poderosos. Sugiere un malestar espiritual más amplio en que se dedican tanto tiempo, energía y atención a la apreciación de la comida, con sus correspondientes enfermedades físicas así como la epidemia de la obesidad, diabetes y problemas cardiacos.

Censurar los intereses corporativos es seguramente un paso necesario para corregir el deslizamiento de la sociedad hacia la obesidad, pero a nivel individual nada podría ser más significativo como la plena apreciación de vicios y virtudes en lucha por encontrar significado y felicidad en nuestra vida.

Zac Alstin es editor asociado de MercatorNet, donde fue publicado este artículo. Su blog es zacalstin.com

(Fuente: Aleteia)

¿Cómo dar toda su dimensión de fiesta al domingo en familia?

¿Cómo dar toda su dimensión de fiesta al domingo en familia?

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Con frecuencia, el domingo es sinónimo de aburrimiento. Sin embargo, el Día del Señor ha de ser un tiempo de descanso, fiesta y santificación.

Con demasiada frecuencia, el domingo es sinónimo de aburrimiento. Por eso conviene tomar medios concretos que hagan del Día del Señor un verdadero tiempo de descanso, de fiesta y de santificación.

Todos necesitamos un respiro. “La alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo”, decía san Juan Pablo II en su carta apostólica Dies Domini, el 31 de mayo de 1998.

Las vacaciones, como los días de reposo semanal, son valorados por todos: no hay más que ver el buen humor que reina a la salida de las oficinas en el fin de semana… Pero cuidado con no confundir el “fin de semana” con el domingo.

El descanso dominical, en efecto, es mucho más que un simple momento de relajación. Además, si no fuera más que eso, bien podría tener su lugar en otro día de la semana; ¿Por qué el domingo, después de todo, y no el lunes o el miércoles?

¿Por qué el domingo? 

El domingo es el día de la Resurrección y la Resurrección es lo que da sentido a todo lo que vivimos en la Tierra. Descansar el domingo no es solamente dejar de trabajar, es, de un modo más profundo, ponerse en la buena dirección: la del Reino. El domingo devuelve a nuestra vida su dimensión vertical, mientras que el “fin de semana” sólo ofrece una perspectiva horizontal.

El reposo del domingo es un acto de Fe y de Esperanza. No siempre es fácil detenernos, hacer como si no tuviéramos documentación retrasada o una contabilidad que poner al día. Pero el domingo nos es dado para buscar primero el Reino, con la certidumbre de que “el resto se nos dará por añadidura”. Dejar nuestro trabajo a un lado es manifestar de forma concreta nuestra confianza en Dios. Es reconocer que todo nos viene de Él, que nuestro trabajo es una participación en su obra de Creador y que, sin Él, no podemos hacer nada. No tengan miedo, nos repite el Santo Padre. No tengan miedo de dar su tiempo a Cristo.

El domingo, día de fiesta

El domingo debería ser, por excelencia, el día de la alegría: alegría de celebrar a Jesús resucitado verdaderamente presente entre nosotros, alegría de la Resurrección a la que todos estamos llamados, alegría de saber que toda nuestra vida terrestre es un camino hacia el Reino y que, de domingo en domingo, la Iglesia avanza hacia el último día del Señor, el domingo eterno.

Sin embargo, si el reposo dominical tiene mala prensa, es porque la mayoría de los domingos están llenos de retraimiento y aburrimiento. Es urgente que inventemos los domingos de fiesta, que encontremos un medio de vivir en parroquia, en familia, entre amigos, domingos marcados por la simplicidad y la dicha. Y que el domingo no sea nunca ese día vacío que temen tantas personas aisladas.

En el corazón del domingo está la Eucaristía. Participar en la misa todos los domingos no es un lujo reservado a quienes no tienen nada mejor que hacer, ni una opción destinada a personas piadosas: es una necesidad vital.

Desde los primeros siglos, los cristianos sintieron la “necesidad interior” de reunirse cada domingo para celebrar la Eucaristía, a veces incluso poniendo en peligro su vida.

“Sólo más tarde, ante la tibieza o negligencia de algunos, ha debido explicitar el deber de participar en la Misa dominical. La mayor parte de las veces lo ha hecho en forma de exhortación, pero en ocasiones ha recurrido también a disposiciones canónicas precisas” (san Juan Pablo II, carta apostólica Dies Domini, 31 de mayo de 1998, § 47).

Dicho de otra forma, la Iglesia debió anunciar claramente que la participación en la misa dominical es una obligación seria, un acto esencial del que depende nuestra vida espiritual. Si la Iglesia nos invita a santificar el domingo es porque lo necesitamos. No demos de lado este regalo.

Christine Ponsard

(Fuente: Aleteia

No vivir el momento presente es faltar a tu cita con Dios

No vivir el momento presente es faltar a tu cita con Dios

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El miedo y la angustia por el día de mañana a veces pueden impedirnos vivir el momento presente… e incluso desviarnos de Dios

Amenudo, el miedo por el día de mañana nos impide disfrutar las alegrías del día presente, sobre todo si alguna amenaza concreta se perfila en el horizonte.

Inquietud justificada o angustia irracional, este temor por el día de mañana acapara nuestra atención, desviándola de lo que es para orientarla hacia lo que no es todavía.

En vez de disfrutar de aquello que nos da el hoy, vamos al encuentro de las dificultades futuras. Por supuesto, algunos caracteres son más propensos que otros a este tipo de proyección en el futuro, pero es una tentación que nos acecha a todos.

El futuro pertenece a la Providencia

Dios se nos da hoy. El presente es el momento del encuentro con Dios. Si pedimos a la Santa Virgen que rece “por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, es porque esos dos momentos son en los que Dios viene a nuestro encuentro a colmarnos con su dicha. ¡No vivir el “ahora” es faltar a la cita que tenemos con Dios! El Maligno, por supuesto, intenta hacernos estropear esa cita… así que busca desviarnos del hoy de Dios, haciéndonos creer que es más importante preocuparse por lo que sucederá mañana.

Sin embargo, es necesario prever, organizar: un padre y una madre de familia no pueden permitirse vivir al día sin preparar el terreno para el futuro. Es cierto que los padres no esperan a que llegue la vuelta al colegio para inscribir a sus hijos en el centro. Igual que valoran disponer de listas de materiales para prepararlo todo con antelación y sin precipitarse.

En otro ámbito, cualquier comerciante o empresario sabe que no se puede gestionar un negocio sin tener en cuenta el futuro. Construir planes, ahorrar o contratar seguros es algo legítimo, incluso imperativo. El futuro tiene que ocuparnos, pero no que preocuparnos: esto es lo que nos pide el Señor. No deja de repetirnos: “No tengan miedo, no teman por su futuro”. Porque el futuro pertenece a la Providencia.

Instrucciones para recibir con plenitud el hoy de Dios

De modo que no debemos hacer como si fuéramos maestros del futuro, como si supiéramos mejor que Dios mismo aquello que necesitamos. Dios es un Padre con los brazos cargados de regalos.

Pero en vez de mirar esos regalos, de aprovecharlos, sus hijos juzgan más urgente imaginar qué pasaría si esos regalos llegaran a faltar… y finalmente, terminan perdiéndose todas las alegrías que portan esos presentes (¡en el doble sentido de la palabra!).

Nos convertimos en niños despistados e inquietos cada vez que nos dejamos invadir por el miedo al futuro: pasamos al lado de las dichas del hoy y preferimos los sufrimientos del mañana.

¿Cómo recibir con plenitud el hoy de Dios? En efecto, todos sabemos bien que hemos de decidir vivir en la confianza y el abandono, no somos maestros de la angustia que nos retuerce el corazón.

Es imposible hacer como si el esposo gravemente enfermo no fuera a morir… como si el plan de despidos fuera sólo un mal sueño… como si unos millones caídos del cielo fueran a impedir la venta de la casa o el cierre de la empresa… como si un hijo prisionero de la droga fuera a recuperar su libertad de un día para otro…

¡Pero tantas preocupaciones serias pueden pesarnos sobre las espaldas!

Dios lo sabe y no nos pide hacer como si todo ese sufrimiento no existiera. Él nos pide simplemente no dejarnos cegar por ese sufrimiento.

Nos llama a creer, es decir, a ver, en el corazón mismo de las tinieblas, la luz de Su Presencia. Él nos pide no dejar al margen las pequeñas alegrías bajo el pretexto de que hay grandes inquietudes, porque esas alegrías, aunque pequeñas, son ya el signo de la victoria, el signo de la Resurrección.

Por Christine Ponsard

(Fuente: Aleteia)

Serie de videos explican qué es ser un verdadero hombre en el mundo de hoy

Serie de videos explican qué es ser un verdadero hombre en el mundo de hoy

Los Caballeros de Colón, una de las organizaciones católicas laicales más grandes del mundo, lanzó este año una serie compuesta por doce videos que buscan responder la pregunta de qué significa ser un hombre y cómo vivir como hombre en el mundo de hoy.

La serie, “Into the Breach” (En la brecha) se basó en una carta pastoral de 2015 de Mons. Olmsted, que también busca que los hombres lideren espiritual y moralmente a sus familias. Los videos incluyen comentarios del obispo, el teólogo Scott Hahn, el evangelista Curtis Martin y otras figuras católicas.

En una entrevista con el programa EWTN News Nightly, el Dr. Jonathan Reyes, vicepresidente senior de evangelización y formación en la fe de Caballeros de Colón, dijo que la producción de la serie se basó en el “reconocimiento de la crisis que enfrenta la Iglesia y el mundo”, teniendo en cuenta que la “respuesta de Cristo es un llamado a los hombres a que lo representen, que digan sí al llamado que Él les ha dado”.

“Los Caballeros con cerca de dos millones de miembros en el país [Estados Unidos] y en todo el mundo, decidimos que sería una buena idea el producir una herramienta que ayude a los hombres a hacer exactamente lo que Dios les está pidiendo: abordar la crisis de la evangelización de la Iglesia en el mundo”, comentó en la entrevista del 9 de septiembre.

El Caballero Supremo de Caballeros de Colón, Carl Anderson, dijo la semana pasada que “los hombres y padres católicos tienen una gran responsabilidad. Nuestro papel en la evangelización es indispensable, especialmente dentro de nuestros hogares mientras construimos nuestras iglesias domésticas”.

“Nuestras familias y nuestras parroquias necesitan nuestro testimonio fiel más que nunca. Como hombres católicos y como Caballeros de Colón, es nuestro deber ‘dar un paso hacia la brecha’ y desempeñar nuestro papel en la renovación de nuestras familias y la Iglesia”, agregó Anderson.

La exhortación de Olmsted pretende ser “un estímulo, un desafío y un llamado a la misión” para los hombres, apuntando a los santos y la vida de Cristo para sugerir un modelo de identidad cristiana.

“Nuestra identidad está atrapada en la identidad del Hijo eterno de Dios”, escribió Mons. Olmsted.

“Mirar lo que el mundo secular considera ‘varonil’ es, de hecho, mirar las sombras, o incluso las falsificaciones, de la masculinidad. Ningún atleta, no importa cuántos premios; ningún líder político, sin importar el poder que ejerza; ningún actor, hombre de negocios o celebridad, por mucho que lo adoren; sin atributo físico ni masa muscular; sin inteligencia ni talento; ningún premio o logro puede otorgar masculinidad a un hombre. La idolatría de las celebridades en este momento es una tentación particular, pero construir la propia identidad masculina sobre modelos tan fugaces es construir una identidad sobre la arena”, añadió.

Los videos pueden verse AQUÍ.

(Fuente: Aciprensa)

Qué pensar cuando te esfuerzas y no hay resultado

Qué pensar cuando te esfuerzas y no hay resultado

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No te desanimes: el poder de Dios está ahí y siempre hay alguna semilla que da fruto

Nuestra vida es una historia, habla inevitablemente. Cuando alguien nos cuenta una, solemos identificarnos con algún personaje o con alguna situación.

Jesús también tuvo la suya y nos contó varias. Su forma de comunicarse fue básicamente contarnos relatos, participar de esas historias para que pudiéramos recordar. Así como vivimos de historias, también nos comunicamos con ellas.

Nuestra forma de comunicarnos dice mucho sobre cada uno. Existe una relación profunda entre las palabras que pronunciamos, o que evitamos decir, y las relaciones que construimos.

Hablamos con nuestros silencios, con nuestra apariencia, con nuestras decisiones y con nuestra indiferencia. Nuestra vida es una parábola, se muestra a los demás. Nos revelamos por lo que somos.

La forma en que nos comunicamos, por lo tanto, siempre deja una marca, no pasa sin dejar rastro en el terreno de la vida de los demás. La forma en que cruzamos esos campos también dice cómo amamos.

Una forma de amar

Esta dinámica está en la base de la imagen del sembrador usada por Jesús. De hecho, Dios también cruza el terreno de nuestra existencia, esparce en él la semilla y lo encuentra en diferentes condiciones.

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Al escuchar esta parábola inevitablemente nos surge la pregunta: ¿qué tipo de terreno soy?

Hoy, sin embargo, me parece que esa pregunta es inapropiada. Pensándolo bien nos damos cuenta que la parábola no quiere condenar o recompensar nuestra situación.

La parábola quiere que comprendamos que, en cualquier condición en la que nos encontremos, Dios continúa comprometiéndose con nosotros.

Dios esparce su palabra, se comunica a sí mismo, pone su esperanza en cada uno y nos ama, sea cual sea la temporada que estemos pasando.

Como un campo vive diferentes estaciones, nuestra vida está marcada unas veces por la superficialidad o por la preocupación y el sufrimiento; y otras, por la disponibilidad y la fe.

A veces estamos como piedras, petrificados y cerrados por el dolor; otras, entusiasmados pero inconstantes; o quizás dispuestos, pero llenos de apegos; o, por último, nos encontraremos abiertos y receptivos, preparados para dar fruto.

Este sembrador representa no solo la forma en que Dios siembra su palabra en nuestras complicadas existencias, sino que también representa la forma en que Dios ama cada tierra.

El sembrador no espera a que el campo esté listo para recibir la semilla, sino que pone la semilla sobre cualquier tipo de suelo.

El sembrador no hace cálculos, no siembra solo donde planea cosechar más fruto, sino que corre el riesgo de invertir en cualquier tipo de terreno.

Parece que desperdicia su alimento, pero lo hace en la esperanza de que el mañana multiplique lo que hoy desparrama.

Así de débil y temblorosa es la esperanza. Dentro de su corazón se pregunta: si es la misma semilla la que reparte para todos, ¿por qué produce frutos tan diferentes? ¿por qué unos creen y otros no?

Al final todo será cuestión de tiempo: las semillas que tardaron en recibir acogida en los diferentes terrenos, terminarán germinando.

Perder para ganar

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La forma en que trabaja el sembrador habla del estilo en el que Dios ama: quien realmente lo hace, desperdicia, no hace cálculos, no espera que el otro sea perfecto para amarlo, no se compromete solo donde sabe que puede aprovecharlo o donde espera tener un retorno.

Eso no es amor y, sobre todo, no es el estilo de Dios.

Para el Evangelio, realmente amamos cuando arriesgamos, cuando desperdiciamos, cuando también estamos dispuestos a perder. De lo contrario, habríamos estado en lo correcto, pero no en el amor.

Y precisamente allí está el centro de la parábola: Jesús nos enseña a no desanimarnos, el poder de Dios actúa y siempre hay alguna semilla que da fruto.

Dios sabe eso y quiere depender de los terrenos que Él ha creado. Es el misterio de la libertad respetada por un Dios que pide que aceptemos sus dones, que nos invita a ser buena tierra, pero que nos acepta como somos y siembra sobre nuestra fecundidad o sobre nuestra dureza.

Nosotros vivimos con la esperanza de que cuando esa semilla caiga sobre nuestra fecundidad, dé buenos frutos que permanezcan. Frutos que nos mantengan abiertos a recibir siempre los dones del amoroso sembrador.

Aquí algunas inspiradoras frases de la Biblia para mantener la esperanza y perseverar.

(Fuente: Aleteia)