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Celebramos el día de los Diáconos Permanentes

Hoy celebramos el Día de los Diáconos Permanentes

Reverendos diáconos José Amado Méndez, Leandro Acosta, Julio Reyes y James Rafael Eli

Hoy celebramos con gran alegría el Día del Diácono, servidor incansable y dispuesto a los pies del Señor.

¡Felicitaciones a todos nuestros queridos Reverendos Diáconos! Que su apostolado esté acompañado de grandes bendiciones y de muchos frutos siempre.

En el portal ACI Pensa explica que con ocasión de la Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir de la Iglesia, este 10 de agosto también se celebra el Día de los Diáconos Permanentes.

En el siglo III San Lorenzo fue uno de los 7 diáconos de Roma que ayudaban al Papa Sixto II, quien lo nombró administrador de los bienes de la Iglesia y le permitió distribuir ayuda entre los pobres y necesitados.

En la historia de la Iglesia los diáconos siempre han sido de gran ayuda para los sacerdotes. Si bien el diácono ha recibido el sacramento del Orden, este no es propiamente un sacerdote y por lo tanto no tiene sus potestades.

El sacramento del Orden en sus tres grados –episcopado, presbiterado y diaconado– se encuentra explicado en los numerales que van del 1554 y 1571 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC).

El diácono se ordena al ministerio de la palabra, la liturgia y la caridad. Su función principal es la asistencia cualificada al sacerdote en las celebraciones y no es simplemente un “ayudante”.

El resto de funciones de los diáconos están recogidas en la constitución dogmática Lumen Gentium y en los cánones 757, 835, 910, 943 y 1087 del Derecho Canónico.

Algunas de las competencias de los diáconos son: administrar el bautismo, conservar y distribuir la Eucaristía, ser ministros de la exposición del Santísimo y de la bendición eucarística, ser ministro ordinario de la sagrada comunión, portar el viático a los moribundos, en nombre de la Iglesia asistir y bendecir el matrimonio, leer las Sagradas Escrituras a los fieles, administrar los sacramentales como el agua bendita, bendición de casas, imágenes y objetos, presidir el rito fúnebre y la sepultura.

El diaconado considerado en sí mismo como ministerio permanente decae en occidente después del siglo V, y este primer grado del sacramento del orden se convierte en una etapa para llegar al grado sucesivo, es decir, al sacerdocio.

Tras el Concilio Vaticano II fue restablecido el diaconado «como un grado particular dentro de la jerarquía».

La constitución Lumen gentium, especifica en el numeral 29 que «con el permiso del Romano Pontífice, se puede conferir este diaconado a hombres de edad madura casados o también a jóvenes idóneos, pero para éstos hay que mantener como obligatoria la ley del celibato» (EV, 1/360).

Estos deberán tener una preparación de 3 años para recibir las sagradas órdenes según está establecido en el Código de Derecho Canónico, numeral 236.

El Papa San Pablo VI, en su carta apostólica Sacrum diaconatus ordinem del 18 de junio de 1967, señala que el orden del diaconado “no debe ser considerado como un puro y simple grado de acceso al sacerdocio; sino que él, insigne por su carácter indeleble y su gracia particular, enriquece tanto a aquellos que son llamados a él y pueden dedicarse ‘a los misterios de Cristo y de la Iglesia’ de manera estable” (EV, 2/1369).

Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir

Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir

La antigüedad de muchos Santos les da gran popularidad y mucho más si provienen de la Iglesia de Roma. Hoy celebramos a San Lorenzo, cuyo nombre en latín significa “coronado de laureles”. Nace en Jaca, Provincia de Huesca, en Hispania hacia el año 225. Desde el principio comienza a sentir la inquietud espiritual de ir a Roma.

Una vez en la Ciudad Eterna y capital del Imperio Romano, el Papa Sixto II le nombra asistente espiritual de los pobres, dada su capacidad de acogida. Por ello entra en el Orden Sacerdotal de los servidores de Dios desde el Diaconado. Pero en medio de su servicio a Dios y al prójimo, el emperador Valeriano, el año 257, promulga un edicto para perseguir con mayor dureza a los cristianos. Y en una de las detenciones donde son apresados el Papa y varios servidores de la Fe, Lorenzo es también detenido.

Sin embargo, el diácono que aunque también iba a morir, sería el último de todos ellos, finalmente fue el primero en sufrir el martirio. El motivo fue que el propio Valeriano le mandó que le trajese todos los tesoros que poseía la Iglesia para requisarlos. Después de varios días, Lorenzo apareció con todos los pobres y necesitados, asegurándole al Emperador que esos eran los bienes de la Comunidad Eclesial.

Al tomarlo como un gesto de burla, el César ordenó un tomento más cruel como represalia: que fuese tostado en una parrilla, hasta morir. Incluso cuenta la tradición que su fortaleza de Fe unida a su gran sentido del humor le hizo decirles a los que le infringían semejante tormento “volvedme del otro lado que de este ya estoy asado”. Su vida se hizo célebre en toda la cristiandad. Prueba de ello es que en el Medievo fue Patrón de Roma, junto con los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Fuente: Cope

El Papa, diáconos: no «medio sacerdotes» o «monaguillos de lujo» sino siervos humildes

El Papa, diáconos: no "medio sacerdotes" o "monaguillos de lujo" sino siervos humildes

El papa Francisco saluda a una familia durante al audiencia a los diáconos en la diócesis de Roma.

«Es triste ver a obispos y sacerdotes pavoneándose, pero más aún a un diácono que quiere ponerse en el centro del mundo», afirma el Papa Francisco en la audiencia del 19 de junio con los Diáconos de la diócesis de Roma y les recomienda que sean «buenos padres y esposos»: «Esto dará esperanza a las parejas que viven momentos de fatiga»
Ciudad del Vaticano

No «medio sacerdotes», ni «monaguillos de lujo», sino siervos solícitos que se entregan para que nadie quede excluido; “humildes”, “buenos esposos y buenos padres”; “centinelas” capaces de avistar a los pobres y a los alejados: así describe el Papa Francisco a los diáconos, en su discurso a los Diáconos Permanentes de la Diócesis de Roma recibidos en audiencia esta mañana en el Aula de las Bendiciones, confiándoles el mandato del servicio.

La tradición de las diaconías

Al comienzo de la audiencia, Francisco saluda a Giustino Trincia, nombrado ayer por el cardenal vicario Angelo De Donatis como nuevo director de Cáritas diocesana en sustitución de «Don Ben», el sacerdote rumano Benoni Ambarus, a quien Francisco había nombrado a su vez obispo auxiliar de Roma. Con afecto, el Papa saluda también a Andrea Sartori, diácono de 49 años al que se le confió la parroquia de San Estanislao, en la zona de Cinecittà, en cuya casa parroquial vive con su mujer Laura y sus cuatro hijos. Es una «antigua costumbre», dice el Papa, «confiar una iglesia a un diácono para que se convierta en una diaconía». Debemos recurrir a estas antiguas tradiciones que se remontan a las raíces de la Iglesia de Roma, recomienda el Papa: «No pienso sólo en San Lorenzo, sino también en la elección de dar vida a las diaconías».

El diaconado ayuda a superar la lacra del clericalismo

A continuación, el Papa se detiene en el ministerio del diácono: «El camino principal a seguir es el indicado por el Concilio Vaticano II», en particular la Lumen Gentium, que dice que a los diáconos «se les imponen las manos no para el sacerdocio, sino para el servicio». Una diferencia «no insignificante», señala el Papa, porque el diaconado -antes reducido a una orden de paso hacia el sacerdocio- «recupera así su lugar y su especificidad». Y esto «ayuda a superar la lacra del clericalismo, que sitúa a una casta de sacerdotes ‘por encima’ del Pueblo de Dios».

“Los diáconos, precisamente por estar dedicados al servicio de este Pueblo, recuerdan que en el cuerpo eclesial nadie puede elevarse por encima de los demás”

El poder está en el servicio

En la Iglesia debe regir una lógica opuesta, «la lógica del abajamiento», dice Francisco: «Todos estamos llamados a abajarnos, porque Jesús se abajó, se hizo siervo de todos. Si hay alguien que es grande en la Iglesia es Él, que se hizo el más pequeño y el siervo de todos». Todo empieza aquí: «El poder está en el servicio, no en otra cosa». Si no se vive esta dimensión, advierte el Pontífice, «todo ministerio se vacía por dentro, se vuelve estéril, no produce frutos. Y poco a poco se vuelve mundano».

“La generosidad de un diácono que se entrega sin buscar las primeras filas perfuma de Evangelio, relata la grandeza de la humildad de Dios que da el primer paso para ir al encuentro incluso de quienes le han dado la espalda”

No a medios sacerdotes ni monaguillos de lujo

Hoy, sin embargo, hay otro aspecto al que prestar atención, que es la disminución del número de presbíteros, por lo que se ha multiplicado el compromiso de los diáconos «en tareas de suplencia que, aunque importantes, no constituyen la naturaleza específica del diaconado». Los diáconos, en efecto, enseña el Concilio, están sobre todo «dedicados a los oficios de la caridad y de la administración» y en los primeros siglos, cuando atendían las necesidades de los fieles en nombre del obispo, eran activos entre los pobres y los enfermos. Hoy, los diáconos romanos están muy presentes en Cáritas y en otras realidades cercanas a los pobres. Es un buen camino, dice el Papa Francisco, porque «así nunca perderán la brújula.»

“Los diáconos no serán «medio sacerdotes», ni «monaguillos de lujo», sino siervos solícitos que se desviven para que nadie quede excluido y el amor del Señor toque concretamente la vida de las personas”

No hacer que la vida gire en torno a la agenda

La espiritualidad diaconal es, pues, la espiritualidad del servicio: «Disponibilidad dentro y apertura fuera». «Disponibles por dentro, desde el corazón, dispuestos a decir sí, dóciles, sin hacer girar la vida en torno a la propia agenda; y abiertos por fuera, con la mirada dirigida a todos, especialmente a los que se han quedado fuera, a los que se sienten excluidos», recomienda el Papa. Y ofrece «tres breves ideas» que no van en la dirección de las «cosas que hacer», sino de «dimensiones que cultivar».

Hacer todo sin lamentarse

En primer lugar, ser «humilde». «Es triste ver a un obispo y a un sacerdote pavonearse, ¡pero es aún más triste ver a un diácono que quiere ponerse en el centro del mundo! Que todo el bien que hagan sea un secreto entre ustedes y Dios. Y así dará frutos», dice el Papa. Y a continuación agrega: sean «buenos esposos y buenos padres».

«Esto dará esperanza y consuelo a las parejas que están atravesando momentos de fatiga y que encontrarán en su genuina sencillez una mano tendida. Podrán pensar: «¡Mira a nuestro diácono! Se alegra de estar con los pobres, pero también con el párroco e incluso con sus hijos y su mujer». Hacer todo con alegría, sin quejarse: es un testimonio que vale más que muchos sermones».

Centinelas para avistar a los alejados

Por último, el Papa quiere que los diáconos sean centinelas: «No sólo que sepan avistar a los alejados y a los pobres -esto no es tan difícil-, sino que ayuden a la comunidad cristiana a descubrir a Jesús en los pobres y en los alejados, mientras llama a nuestras puertas a través de ellos».

(Fuente: Vatican News)

Nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte

Nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte

Demos gracias al Señor por los nuevos Diáconos Permanentes de la Vicaría Santo Domingo Norte.

Su llamado tiene como referencia en el Evangelio del domingo 12 de diciembre que nos muestra la abundancia, la bendición y el don de Dios con todos nosotros, como lo ha sido con nuestra Madre María, ejemplo que nos guía y nos instruye ser instrumentos de Señor para la evangelización en el mundo.

Los hermanos bendecidos por el Señor son Víctor Amparo Nolazco, Dionisio Vásquez, Francisco Osoria, Luís Sandy Cabrera, Rafael Muñoz, por la Vicaria de Santo Domingo Norte; y Ramón Regalado y Carlos Antonio Hernández por el Distrinto Nacional

La Solemne Ordenación Diaconal fue presidida por S.E.R. monseñor José Amable Durán, obispo auxiliar de Santo Domingo y vicario Episcopal Territorial de Santo Domingo Norte.

(Fuente: Diario Católico)