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Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

Fiesta de Santiago Apóstol

Fiesta de Santiago Apóstol

Cuando un maestro se esfuerza para que los discípulos aprendan y sigan sus huellas, es de justicia reconocerle sus méritos. El guía se ha esforzado para dar lo mejor a quienes le ven. Se esfuerza en ser ese ejemplo, muchas veces con fallos pero ha dado lo mejor de sí. Eso le sucede al gran Patrón de España, Santiago Apóstol. Lo mejor de él lo ha dejado entre sus gentes de origen y él como fiel servidor de Cristo viene a hacerse uno a uno con los habitantes de Hispania, sin someterse a la ley, existente en palabras de San Pablo.

Santiago es de oficio pescador y nacido en Galilea. Su padre es Zebedeo, un hombre que es propietario de una gran red de pesca y está casado con María Salomé. También tienen otro hijo, que es Juan. Seguramente, más joven que su hermano  Santiago. Los días transcurren y, un día, el famoso Profeta de Galilea, Jesús de Nazareth les llama a los dos a orillas del Lago Genesaret. Ellos lo dejan todo y le siguen. La vida cambia. Aquel Hombre al que siguen, poco a poco, les va cautivando y encaja con lo que dicen las Viejas Profecías del Mesías que había de venir.

Santiago, junto a Pedro y su hermano Juan, son los tres más predilectos en el grupo de los Doce. Es impetuoso y el Señor le llamará como a su hermano Boanerges (en hebreo “hijos del trueno”), dado que quieren mandar fuego del Cielo a Samaria cuando no les dejan pasar para ir a Jerusalén. En la Transfiguración contemplará al Señor con Moisés y Elías. Y uno de los momentos más conflictivos es cuando se acercan con su madre y le piden el puesto a la derecha e izquierda en el Cielo al Maestro. La respuesta es rotunda. Ya que han asegurado ser capaces de beber el cáliz de sufrimientos de Cristo, lo beberán, pero los puestos en el Cielo son cosa del Padre.

Ahí queda todo, pero tras la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés, Santiago viene hasta Hispania, llegando a las costas de Iria Flavia en el Finisterre, lo que es Galicia. En su llegada no avanza mucho, porque los pobladores paganos de aquí ven la religión que predica como una superstición o algo que choca con sus creencias en dioses cósmicos. La verdad es que es para desanimarse y Santiago pasa por ello.

La tradición relatará que el Apóstol ha llegado extenuado a Cesaraugusta (Zaragoza) y se sienta a orillas del Ebro. Se cambia su agobio por un gesto de dulzura, porque la Providencia lleva a la Virgen aún en la tierra a verle, traída por los coros angélicos. La Señora le conforta y le promete que esta tierra será lugar de Fe. El Pilar, que empieza siendo una Iglesia, que cristaliza en Basílica como la conocemos ahora, hará dilatarse el cristianismo por España y los pueblos hermanos al otros lado del charco. Así sucede y Santiago retorna a Jerusalén, donde, en una redada de Herodes, es decapitado. Sus restos son traídos a Iria Flavia por sus discípulos.

Pasados unos siglos, el obispo Teodomiro es alertado por el pastor, de nombre Pelayo, que unas luces deslumbran el bosque. Ahí descubren que esas luces son las del Apóstol Santiago, que trajo la Fe a estas tierras. De ahí, Compostela (Campus Stellae). Desde entonces Santiago ha sido ese itinerario espiritual y cultural para muchos peregrinos que han ido hasta su sepulcro desde la Edad Media hasta nuestros días.

Fuente: Cope

Fiesta de Santo Tomás, apóstol

Fiesta de Santo Tomás, apóstol

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de santo Tomás. El evangelista Juan, después de describir la aparición de Jesús, el mismo domingo de resurrección, nos dice que el apóstol Tomás no estaba allí, y cuando los Apóstoles —que habían visto al Señor— daban testimonio de ello, Tomás respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20,25).

Jesús es bueno y va al encuentro de Tomás. Pasados ocho días, Jesús se aparece otra vez y dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20,27).

—Oh Jesús, ¡qué bueno eres! Si ves que alguna vez yo me aparto de ti, ven a mi encuentro, como fuiste al encuentro de Tomás.

La reacción de Tomás fueron estas palabras: «Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28). ¡Qué bonitas son estas palabras de Tomás! Le dice “Señor” y “Dios”. Hace un acto de fe en la divinidad de Jesús. Al verle resucitado, ya no ve solamente al hombre Jesús, que estaba con los Apóstoles y comía con ellos, sino su Señor y su Dios.

Jesús le riñe y le dice que no sea incrédulo, sino creyente, y añade: «Dichosos los que no han visto y han creído» (Jn 20,28). Nosotros no hemos visto a Cristo crucificado, ni a Cristo resucitado, ni se nos ha aparecido, pero somos felices porque creemos en este Jesucristo que ha muerto y ha resucitado por nosotros.

Por tanto, oremos: «Señor mío y Dios mío, quítame todo aquello que me aparta de ti; Señor mío y Dios mío, dame todo aquello que me acerca a ti; Señor mío y Dios mío, sácame de mí mismo para darme enteramente a ti» (San Nicolás de Flüe).

Fuente: Evangeli.net

Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles

Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles

Hoy es un día consagrado por el martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo. «Pedro, primer predicador de la fe; Pablo, maestro esclarecido de la verdad» (Prefacio). Hoy es un día para agradecer la fe apostólica, que es también la nuestra, proclamada por estas dos columnas con su predicación. Es la fe que vence al mundo, porque cree y anuncia que Jesús es el Hijo de Dios: _«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»* (Mt 16,16). Las otras fiestas de los apóstoles san Pedro y san Pablo miran a otros aspectos, pero hoy contemplamos aquello que permite nombrarlos como «primeros predicadores del Evangelio» (Colecta): con su martirio confirmaron su testimonio.

Su fe, y la fuerza para el martirio, no les vinieron de su capacidad humana. No fue ningún hombre de carne y sangre quien enseñó a Pedro quién era Jesús, sino la revelación del Padre de los cielos (cf. Mt 16,17). Igualmente, el reconocimiento “de aquel que él perseguía” como Jesús el Señor fue claramente, para Saulo, obra de la gracia de Dios. En ambos casos, la libertad humana que pide el acto de fe se apoya en la acción del Espíritu.

La fe de los apóstoles es la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Desde la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, «cada día, en la Iglesia, Pedro continúa diciendo: ‘¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!’» (San León Magno). Desde entonces hasta nuestros días, una multitud de cristianos de todas las épocas, edades, culturas, y de cualquier otra cosa que pueda establecer diferencias entre los hombres, ha proclamado unánimemente la misma fe victoriosa.

Por el bautismo y la confirmación estamos puestos en el camino del testimonio, esto es, del martirio. Es necesario que estemos atentos al “laboratorio de la fe” que el Espíritu realiza en nosotros (San Juan Pablo II), y que pidamos con humildad poder experimentar la alegría de la fe de la Iglesia.

Fuente: Evangeli.net

Lecturas de hoy. Fiesta de San Matías, el apóstol “número doce”

Hoy es fiesta de San Matías, el apóstol “número doce”

Lecturas meditadas en video: https://youtu.be/KT1-Lgd4hYc

Lectura meditada en audio: https://rezandovoy.org/p/o/3532

Hoy, 14 de mayo, la Iglesia recuerda a San Matías, el elegido para ocupar el lugar que el traidor Judas Iscariote había dejado entre los Apóstoles. Podemos encontrar en los Hechos de los Apóstoles señales inequívocas de cuánto aprecio le tenía la Iglesia primigenia, así como la narración del episodio que da cuenta de su elección.

Después de la Ascensión del Señor, los Apóstoles, junto con María y varios discípulos, se encontraban en oración, a la espera del Espíritu Santo. En esos días, Pedro invitó a la comunidad a que se pronuncie sobre quién debía reemplazar a Judas: 

“Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección” (Hechos 1, 21-22).

“Se propusieron dos nombres: José, llamado Barsabás, de sobrenombre “el justo”, y Matías. Y oraron así: ‘Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía’. Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles” (Hechos 1, 23-26).

No se sabe mucho más sobre San Matías, pero consta que se mantuvo fiel al Señor hasta el final de sus días.

El Papa Emérito Benedicto XVI, en el año 2006, compartió una hermosa reflexión a partir de la figura de este Santo: “De aquí sacamos una última lección: aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador».

(Fuente: Aciprensa)