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Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

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Testimonio con la Virgen de la Altagracia: “A partir de ese milagro, fuimos fieles creyentes de la devoción a la Madre”

Testimonio con la Virgen de la Altagracia: “A partir de ese milagro, fuimos fieles creyentes de la devoción a la Madre”

Son muchos los favores y las gracias que nuestra Madre celestial nos brinda, a veces de manera imperceptible, otras muy conscientes de lo que nos pasa. Esta es la breve historia de intercesión que nos comparte nuestra hermana María Elisa Asensi, servidora de nuestra parroquia El Buen Pastor, en la Pastoral Familia y Vida.

«La compañía donde Rafa -así le llama a su esposo- trabajaba quebró. Nos vimos en una situación económica muy difícil y ambos orábamos mucho a Dios para que nos supliera las necesidades, porque teníamos deudas que habíamos contraído.

Un día decidimos ir a la Basílica de Higüey para pedirle a la Virgen que intercediera. Nunca habíamos ido e hicimos lo que hicieron las personas, tocamos la imagen de la Virgen María y pedimos con fe para que interceda ante Jesús y nos enviara un trabajo y así poder saldar las deudas.

Pasaron menos de dos horas y mientras íbamos en la carretera, de regreso a casa, Rafa recibió una llamada telefónica. Contestó, se le aguaron los ojos y me miró. Era un amigo que estaba pensando a quién buscar para que atendiera a unos mecánicos que venían al país a arreglar un avión, y pensó en él. En ese trabajo, Rafa se ganó lo que exactamente debíamos».

María Elisa también nos contó que su esposo Rafael Sánchez siempre fue mariano, pero ella no. Afirma que conoció a la Virgen porque Jesús la llevó a verla como modelo de madre y mujer y entiende que ese testimonio les enseñó que la voluntad de Dios era acrecentar más la devoción a María Santísima.

«A partir de ese milagro, fuimos fieles creyentes de la devoción a la Madre, la devoción al Santo Rosario. Y la Madre ha intercedido grandemente en nuestro matrimonio y nuestra familia por muchísimos testimonios que tenemos de ella», expresó.

Las respuestas del Señor a través de María son reales y es momento de recordarlo en este Año Jubilar Altagraciano, que se desarrolla desde el 15 deagosto de 2021 al 15 de agosto de 2022. Durante este tiempo, nuestra Iglesia dispuso puertas santas para recibir indulgencias, las cuales podemos visitar.

Encuentra más información aquí Obispos inauguran Año Jubilar Altagraciano – Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

El Papa Francisco convoca a un «Año de San José»

El Papa Francisco convoca a un "Año de San José"

San José

Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir de hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora. Lo hace en la Carta apostólica Patris corde, publicada hoy con motivo del 150 aniversario de la declaración del Esposo de María como Patrono de la Iglesia Católica. De hecho, fue el Beato Pío IX con el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870, quien quiso este título para san José. Para celebrar este aniversario, el Pontífice ha convocado, desde hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021, un «Año» especial dedicado al padre putativo de Jesús. En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que -escribe Francisco- nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad. Como san José, «el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta». Y sin embargo, el suyo es «un protagonismo sin igual en la historia de la salvación».

Padre amado, tierno y obediente

San José, de hecho, expresó concretamente su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio del Mesías. De ahí su papel como «la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento «, «siempre ha sido amado por el pueblo cristiano» (1). En él, «Jesús vio la ternura de Dios», la ternura que nos hace “aceptar nuestra debilidad», porque «es a través y a pesar de nuestra debilidad» que la mayoría de los designios divinos se realizan. «Sólo la ternura nos salvará de la obra» del Acusador, subraya el Pontífice, y es al encontrar la misericordia de Dios, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, que podemos hacer «una experiencia de verdad y de ternura», porque “Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (2). José es también un padre en obediencia a Dios: con su «fiat» salva a María y a Jesús y enseña a su Hijo a «hacer la voluntad del Padre». Llamado por Dios a servir a la misión de Jesús, «coopera en el gran misterio de la redención y es verdaderamente un ministro de la salvación» (3).

Padre en la acogida de la voluntad de Dios y del prójimo 

Al mismo tiempo, José es «un padre en la acogida», porque «acogió a María sin poner condiciones previas», un gesto importante aún hoy -afirma Francisco- «en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente». Pero el Esposo de María es también el que, confiando en el Señor, acoge en su vida incluso los acontecimientos que no comprende, dejando de lado sus razonamientos y reconciliándose con su propia historia. La vida espiritual de José no “muestra una vía que explica, sino una vía que acoge”, lo que no significa que sea «un hombre que se resigna pasivamente». Al contrario: su protagonismo es «valiente y fuerte» porque con «la fortaleza del Espíritu Santo», aquella «llena de esperanza», sabe “hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”. En la práctica, a través de san José, es como si Dios nos repitiera: «¡No tengas miedo!», porque «la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste» y nos hace conscientes de que «Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas». Y no sólo eso: José «no buscó atajos», sino que enfrentó «‘con los ojos abiertos’ lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona». Por ello, su acogida “nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles” (4).

Padre valiente y creativo, ejemplo de amor a la Iglesia y a los pobres

Patris corde destaca «la valentía creativa» de san José, aquella que surge sobre todo en las dificultades y que da lugar a recursos inesperados en el hombre. «El carpintero de Nazaret -explica el Papa- sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia». Se enfrentaba a «los problemas concretos» de su familia, al igual que todas las demás familias del mundo, especialmente las de los migrantes. En este sentido, san José es «realmente un santo patrono especial» de aquellos que, «forzados por las adversidades y el hambre», tienen que abandonar su patria a causa de «la guerra, el odio, la persecución y la miseria». Custodio de Jesús y María, José «no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia», de su maternidad y del Cuerpo de Cristo: cada necesitado, pobre, sufriente, moribundo, extranjero, prisionero, enfermo, es «el Niño» que José guarda y de él hay que aprender a «amar a la Iglesia y a los pobres» (5).

Padre que enseña el valor, la dignidad y la alegría del trabajo

Honesto carpintero que trabajó «para asegurar el sustento de su familia», José también nos enseña «el valor, la dignidad y la alegría» de «comer el pan que es fruto del propio trabajo». Este significado del padre adoptivo de Jesús le da al Papa la oportunidad de lanzar un llamamiento a favor del trabajo, que se ha convertido en «una urgente cuestión social», incluso en países con un cierto nivel de bienestar. «Es necesario comprender», escribe Francisco, «el significado del trabajo que da dignidad», que «se convierte en participación en la obra misma de la salvación» y «ocasión de realización» para uno mismo y su familia, el «núcleo original de la sociedad». Quien trabaja, colabora con Dios porque se convierte en «un poco creador del mundo que nos rodea». De ahí la exhortación del Papa a todos a «redescubrir el valor, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva ‘normalidad’ en la que nadie quede excluido». Mirando en particular el empeoramiento del desempleo debido a la pandemia de Covid-19, el Papa llama a todos a «revisar nuestras prioridades» para comprometerse a decir: “¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!” (6).

Padre en la sombra, descentrado por amor a María y Jesús

Siguiendo el ejemplo de la obra «La sombra del Padre» del escritor polaco Jan Dobraczyński, el Pontífice describe la paternidad de José respecto de Jesús como «la sombra del Padre celestial en la tierra». «Nadie nace padre, sino que se hace», afirma Francisco, porque se hace «cargo de él”, responsabilizándose de su vida. Desgraciadamente, en la sociedad actual «los niños a menudo parecen no tener padre», padres capaces de «introducir al niño en la experiencia de la vida», sin retenerlo ni «poseerlo», pero haciéndolo «capaz de elegir, de ser libre, de salir». En este sentido, José tiene el apelativo de «castísimo», que es «lo contrario a poseer»: él, de hecho, «fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre», «sabía cómo descentrarse» para poner en el centro de su vida no a sí mismo, sino a Jesús y María. Su felicidad está «en el don de sí mismo»: nunca frustrado y siempre confiado, José permanece en silencio, sin quejarse, pero haciendo «gestos concretos de confianza». Su figura es, por lo tanto, ejemplar, señala el Papa, en un mundo que «necesita padres y rechaza a los amos», que refuta a aquellos que confunden «autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción». El verdadero padre es aquel que «rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos» y respeta su libertad, porque la paternidad vivida en plenitud hace «inútil» al propio padre, «cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida». Ser padre «nunca es un ejercicio de posesión», subraya Francisco, sino «un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior», al «Padre celestial» (7).

La oración diaria del Papa a san José y ese «cierto reto»

Concluida con una oración a san José, Patris corde revela también, en la nota número 10, un hábito de la vida de Francisco: cada día, de hecho, «durante más de cuarenta años», el Pontífice recita una oración al Esposo de María «tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María». Es una oración que «expresa devoción y confianza» a san José, pero también «un cierto reto», explica el Papa, porque concluye con las palabras: “Que no se diga que te haya invocado en vano, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.

Indulgencia plenaria para el «Año de San José»

Junto a la publicación de la Carta apostólica Patris corde, se ha publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que anuncia el «Año de San José» especial convocado por el Papa y la relativa concesión del «don de indulgencias especiales». Se dan indicaciones específicas para los días tradicionalmente dedicados a la memoria del Esposo de María, como el 19 de marzo y el 1 de mayo, y para los enfermos y ancianos «en el contexto actual de la emergencia sanitaria».

(Fuente: Vatican News

El Papa extiende el año jubilar por aniversario de la coronación de la Virgen de Guadalupe

El Papa extiende el año jubilar por aniversario de la coronación de la Virgen de Guadalupe

Imagen original de la Virgen de Guadalupe en su Santuario en Ciudad de México. Foto: David Ramos / ACI Prensa.

El Papa Francisco decidió extender hasta el 12 de octubre de 2021 el año jubilar por el 125 aniversario de la coronación de la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe, durante el cual los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria.

El decreto de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano fue leído este 20 de septiembre por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Franco Coppola, al concluir la Misa presidida por el Arzobispo Primado de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes, en la Basílica de Guadalupe.

El Santo Padre tomó esta decisión tras recibir la solicitud de Mons. Salvador Martínez Ávila, rector de la Basílica de Guadalupe, y del Arzobispo Primado de México.

El año jubilar debía concluir originalmente el 12 de octubre de 2020, fecha en la que se cumplen 125 años de la coronación pontificia de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Sin embargo, como reconoce en su decreto el Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, el año jubilar “lamentablemente, por un largo periodo no se pudo celebrar con el pueblo debido a la epidemia del ‘covid-19’”.

La Penitenciaría Apostólica, escribió el Cardenal Piacenza en el decreto, “por mandato de Su Santidad el Papa Francisco, por medio de las presentes, ahora prorroga hasta el día 12 de octubre de 2021, todos y cada uno de los beneficios espirituales, ya benévolamente concedidos”.

La Arquidiócesis de México señaló en un comunicado que “la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe estuvo prácticamente cerrada desde marzo hasta julio de este año, y actualmente el regreso de fieles ha sido gradual y con las medidas sanitarias pertinentes para evitar los contagios”. 

“Por esta razón, el Cardenal Carlos Aguiar solicitó al Papa Francisco la ampliación de este periodo de gracia a fin de que todos aquellos que busquen el consuelo materno de la ‘Morenita del Tepeyac’, vivan este Año Jubilar debidamente y obtengan los beneficios espirituales que de él se desprenden”, añadió.

La Arquidiócesis señaló que en el marco de este año jubilar se concede “la Indulgencia Plenaria a quien peregrine a la Basílica de Guadalupe -incluso virtualmente si es que las personas se encuentran impedidas– y cumpla con las condiciones de costumbre para ganar esta gracia: confesarse, comulgar y orar por las intenciones del Papa”.

En el decreto, el Cardenal Piacenza señaló que “ciertamente, de esta generosa prorroga por parte de la Iglesia los fieles sacarán los buenos propósitos y el vigor espiritual propios de una vida que busque reflejar la ley del Evangelio, en la comunión jerárquica y la devoción filial al Sumo Pontífice, fundamento visible de la Iglesia Católica, y al propio Obispo”.

(Fuente: Aciprensa)