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Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

Memoria de los Santos Ángeles Custodios

Memoria de los Santos Ángeles Custodios

Lecturas meditadas en video: https://youtu.be/AXXs_0QLBPg

Una de las devociones que más se inculcan en el ser humano desde niño es a los Santos Ángeles Custodios, cuya festividad celebramos hoy 2 de octubre. Jacob ya en el Antiguo Testamento tuvo un sueño donde luchó con los ángeles. La escalera que iba de la tierra al cielo era su forma de subir y bajar, hasta que el Patriarca retuvo a uno de ellos para que le diese la bendición. El Ángel le preguntó por su Nombre y cuando le dijo Jacob, le llamó Israel porque había luchado con Yahvé.

El Pueblo Elegido caminaba por el desierto y se daba cuenta que Dios le asignaba un Ángel encargado de custodiarle y guiarle a la Tierra Prometida. Los Jueces que libraban al pueblo de los opresores, recibían el encargo del Cielo por medio de un Mensajero Divino. Así le sucedió a la madre de Sansón cuando el Emisario del Cielo le pidió que su hijo no bebiese, ni se le cortase el pelo ya que era consagrado al Señor y la fuerza residía en su cabello.

Otro momento fue Gedeón al que la Providencia le encomendó librar al pueblo de Madián. El Ángel le indicó como el hombre que debía rescatar en nombre de Yahvé al pueblo.

Pero también en el Nuevo Testamento está la presencia angelical: Gabriel anuncia a Zacarías el Nacimiento del Bautista, a María la Concepción y el Nacimiento del Señor, a los pastores el lugar donde ha nacido el Mesías y a las mujeres la Resurrección. San Bernardo habló en su sermón de los Ángeles. Inglaterra fue pionera en esta celebración en el año 800 y en 1670 el Papa Clemente X la puso en el calendario tal día como hoy.

Fuente: Cope

En este lugar un ángel tocaba la música para sosegar a san Francisco

En este lugar un ángel tocaba la música para sosegar a san Francisco

María Paola Daud | Aleteia

Conoce la Cueva de San Francisco, el lugar donde se retiraba a rezar en silencio

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Muy cerca de la ciudad de Narni (Italia) se encuentra uno de los santuarios más importante para el franciscanismo, el Speco di San Francisco (Cueva de San Francisco).

En este lugar el santo se retiraba a rezar en silencio, acompañado por sus “hermanos” más cercanos. Y es aquí donde se produjeron varios milagros extraordinarios, que sin duda acercan tanto a Francisco en santidad con Cristo.

Cuando el santo llegó en el 1213 había un pequeño oratorio dedicado a san Silvestre, creado por los benedictinos. Los frailes al final del día, se reunían en este lugar para alabar juntos al Señor.

Detrás del ábside del oratorio se encuentra un pozo, donde los monjes recogían el agua de lluvia. El primer biógrafo del “poverello” de Asís, Tommaso da Celano, cuenta que estando gravemente enfermo el santo, pidió un poco de vino, como no había, le llevaron agua del pozo, Francisco la bendijo y el agua se convirtió en vino, tal como en las Bodas de Caná. Después de beberla, milagrosamente quedó restablecido de su enfermedad.

La cueva santa se encuentra alrededor de unos 200 metros, del convento y del oratorio, en el verde del bosque. Es en realidad una grieta bastante estrecha en la roca que fue el hogar favorito del santo. Él solía entrar con las manos extendidas. Suspiraba, lloraba, gemía y se golpeaba el pecho sintiendo el llamado a la Pasión de Cristo mientras la tierra se estremecía y las rocas se rompían a su alrededor.

Muy cerca de la grieta, los frailes construyeron un pequeño oratorio con una celda para el santo cuando enfermó gravemente y no le era posible llegar hasta la pequeña iglesia de san Silvestre. Esta es la única celda que excepcionalmente tiene una cama que el santo aceptó debido a los continuos ruegos de sus hermanos, preocupados por su salud. Era habitual que el santo durmiese sobre la tierra, con una roca por almohada.

En el mismo lugar se sobresale una roca que es llamada la “columna del ángel”, porque una noche, cuando el santo deseó un poco de consuelo espiritual, debido al gran sufrimiento que le ocasionaba su enfermedad, Dios mandó a unos de sus ángeles para deleitarlo con música celestial.

Cuando Francisco pudo finalmente caminar por sus propios medios, al principio tuvo que valerse de la ayuda de un bastón, cuando vio que ya no le era necesario, admirando el verde del bosque, plantó su bastón, en el que milagrosamente floreció en un hermoso castaño. Peregrinos con fe y devoción se acercan para tomar uno de sus frutos del robusto árbol milenario.

(Fuente: Aleteia)

¿Cómo pelean los ángeles contra los demonios?

¿Cómo pelean los ángeles contra los demonios?

Ail Lee | CC BY 2.0

¿Tienen espadas o sables especiales de ángeles?

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En su carta a los Efesios, san Pablo escribe: “Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio”. (Efesios 6,12)

En otras palabras, existe una batalla espiritual a nuestro alrededor que no podemos ver. Esta realidad es difícil de sondear, pero está confirmada a lo largo de la Biblia, incluso en la vida de Jesús cuando se adentró en el desierto a enfrentarse al diablo. En ocasiones quizás nos preguntemos qué aspecto tiene en realidad esta “lucha espiritual”. ¿Está repleta de espadas, escudos y armaduras o hay sables especiales de ángeles?

¿Cómo combaten exactamente los ángeles a los demonios?

Para empezar, el Catecismo de la Iglesia Católica explica su naturaleza.

San Agustín dice respecto a ellos: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”.

El Catecismo de Baltimore afirma sucintamente la misma creencia, con una pequeña aclaración.

¿Qué son los ángeles? Los ángeles son espíritus creados, sin cuerpo, con entendimiento y libre albedrío.

De igual modo que Dios es por naturaleza un espíritu puro, los ángeles son espíritus puros, sin cuerpo. Así, están hechos a semejanza de Dios de una forma que los humanos no están. A menudo se representan a los ángeles con “alas”, no porque las posean, sino porque así se simboliza su velocidad y su función como mensajeros.

Aunque no posean cuerpos como nosotros, son capaces de luchar contra otras criaturas espirituales. El ejemplo más famoso está en el libro de Apocalipsis, donde el Arcángel Miguel expulsa a Satán del cielo.

Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles. (Apocalipsis 12,9)

Este pasaje no nos ofrece ninguna idea nueva, más allá del hecho de que los demonios pueden ser “arrojados”. Dado que son puro espíritu, esto no fue un acto físico, sino espiritual.

El filósofo Peter Kreeft ofrece una explicación posible en su libro Angels and Demons [Ángeles y demonios], donde describe cómo se comunican los ángeles entre ellos.

Los ángeles se comunican de inmediato, de mente a mente, sin ningún medio como el aire o los oídos o siquiera palabras: directa telepatía mental.

Una forma de imaginar esta batalla ente ángeles y demonios es como una lucha de intelectos, más que una de espadas. No hay nada material en su contienda, algo difícil de concebir desde nuestro punto de vista. Por eso los artistas siempre han representado a ángeles y demonios de forma física con escudos, espadas y armaduras. Es mucho más fácil para nuestra mente concebir una lucha física que una inmaterial.

No resulta muy emocionante pintar una batalla entre dos criaturas que se parecen más a los electrones que a los humanos.

(Fuente: Aleteia)

Así es como los ángeles ayudan a cambiar el corazón

Así es como los ángeles ayudan a cambiar el corazón

Pixabay | Pexels

Claro que es posible una transformación interior de la persona, mira cómo estos seres espirituales han ayudado en la de santa Teresa y el Padre Pío

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Escribía Jacques Leclerq, teólogo moralista belga (1891-1971):
“Creo que un día, tu día, Dios mío, avanzaré hacia ti con pasos titubeantes, con todas mis lágrimas en la palma de la mano, pero también con este corazón maravilloso que nos has dado, este corazón demasiado grande para nosotros porque está hecho para ti”.

Y sí, el corazón del hombre es demasiado grande. En su interior se encuentra el deseo mismo de Dios, de buscar, encontrar y ver a Dios.

Jesús mismo llama a ese corazón, y Dios promete, por medio del profeta Ezequiel, renovar ese corazón, quitar el corazón de piedra y darnos un corazón nuevo, un corazón de carne.

Es precisamente este llamado a un nuevo corazón lo que nos brinda esperanza de poder cambiar, de abrirnos realmente para aquello a lo que estamos llamados: la verdad, la belleza, la justicia, el amor.

Es posible cambiar

Sin embargo, en la experiencia del día a día, pareciera que este deseo grande del corazón humano es poco realista e irrealizable.

Como si tuviéramos que simplemente “acomodarnos” o “resignarnos” a lo que en el mundo hay y lo que el mundo nos da.

Y lo que el mundo nos da y en lo que en el mundo hay, es un juicio y una condena constante del corazón humano. No puedes amar de manera pura, no puedes amar para siempre, etc, etc.

Esto es lo que Juan Pablo II ha llamado “los maestros de la sospecha”, y que identifica con las corrientes de pensamiento de Nietzsche, Freud y Marx.

En efecto, estas corrientes de pensamiento, o no creen, o no conocen, el poder transformador de la gracia de Dios y la promesa de un nuevo corazón.

Estos “maestros de la sospecha” proyectan sobre otros su prejuicio de que no se puede hacer, nada se puede cambiar, y que el corazón humano está destinado a ser dominado por sus deseos de lujuria, orgullo o soberbia de los ojos.

(Piensa por ejemplo en aquellos que niegan las llamadas terapias de recuperación a aquellos que lo solicitan, y piden ayuda para sanar las consecuencias de las heridas emocionales en sus vidas).

Estos “maestros” no ven esperanza de redención para el corazón del hombre.

La Sagrada Escritura nos abre a una nueva y esperanzadora imagen del hombre. El mensaje de Dios, la “Buena Nueva” de Jesús para el hombre, es que si hay redención y da posibilidades al hombre.

“La redención es una verdad, una realidad, en cuyo nombre debe sentirse llamado el hombre, y «llamado con eficacia»” (cfr. Juan Pablo II, Audiencia de Octubre 28 de 1980).

A esta redención a la cual se encuentra llamado todo hombre, sea la situación en la que se encuentra, los errores que haya cometido, las heridas que tenga, los santos ángeles son llamados a participar.

Santa Teresa de Ávila
Precisamente, si tenemos en cuenta que los fenómenos místicos de los santos, sin que se repitan en los demás cristianos, vienen a ser una luz que se nos da para entender el camino de amistad y de unión con Dios; entonces podemos aludir al fenómeno de la transverberación de santa Teresa de Jesús.

Este fenómeno místico, que la misma santa narra en su autobiografia, consiste en ser traspasado el corazón, dejándole “toda abrasada en amor grande de Dios” ( Vida, 29,13).

Fue un ángel. La santa menciona que fue un querubín, el segundo coro de los ángeles. Sin embargo, parece ser, por la descripción que hace Teresa del fenómeno, que debió de ser un serafín.

Para estos efectos, no importa el coro que haya sido. Lo que llama la atención es que se inflama el corazón de una mujer, de una persona, con el fuego del amor y la deja toda abrasada en amor.

Ya no es el amor lujurioso, codicioso, que pregonan los “maestros de la sospecha”. Es un corazón abrasado de un amor puro por Dios y el prójimo.

Esta experiencia de Teresa de Jesús da testimonio, como las de otros muchos santos, de que el corazón del hombre puede ser trasformado, redimido por la gracia de Dios.

La amistad con el ángel nos lleva a ser heridos de amor, de amor divino. No de la misma manera que lo fue Teresa de Ávila pero sí con el mismo fin, que es que el deseo que llevamos en nuestro corazón se realice, esto es la búsqueda y la unión con Dios.

Y es que nada -oye bien-, nada de lo que afecta a los hombres deja indiferentes a los ángeles. Ellos se interesan por el corazón del hombre. La amistad con los santos ángeles nos lleva a encender nuestro corazón de amor.

Santo Tomás nos dice que “el solo contacto del ángel es suficiente para hacernos mejores. Así como el fuego irradia y extiende a su alrededor el calor; así como el contacto con una persona virtuosa nos hace mejores, del mismo modo si nos acercamos a los ángeles que irradian luz, calor, virtud, amor, recibiremos algo de ellos que nos comunican sus cualidades y perfecciones«.

Hay que notar que el ángel hiere el corazón de santa Teresa, y el corazón es el centro de nuestros afectos, sentimientos, pensamientos, deseos.

Los ángeles tocan todo esto para formar nuestro corazón. No es necesario que los veamos; el hecho de no verlos no significa que no tengan esa influencia.

Cuando el ojo ve un árbol no ve sus raíces, pero no por ello el árbol carece de las mismas, nadie se atrevería a decir que las raíces no existen o que son una invención de los agrónomos.

La experiencia de santa Teresa nos da cuenta de que los ángeles se acercan al corazón del hombre.

Padre Pío
Otro de los santos con experiencias con los ángeles, san Pío de Pietrelcina, solía decir que cuando se tenga alguna necesidad del corazón, hay que dirigirse al ángel custodio.

Esa cercanía de los ángeles al corazón del hombre es lo que también hace posible que en momentos difíciles con alguien, ya sea por malos entendidos o por cualquier otra razón, las personas se vean aligeradas al acudir a estos buenos compañeros espirituales.

Fue el consejo que el papa Pío XI trasmitió al Cardenal Roncalli, futuro Juan XXIII.

Igualmente, los santos ángeles nos indican la fuente de este amor: Dios.

Ahora bien, ¿qué debemos hacer para aceptar esta ayuda y cercanía, para permitir que el ángel trasforme nuestro corazón y lo haga arder con el fuego de amor de Dios?

Considero que la respuesta es disponer nuestra alma a recibir con gratitud y humildad la presencia y ayuda de este amigo fiel.

Esta disposición se manifiesta en una oración fervorosa, que busque alcanzar la ayuda y auxilio de los ángeles; y en una honra aquí en la tierra mediante la confianza y incondicional a aquellos enviados por Dios para guiarnos en nuestros caminos.

Acerquémonos, pues a estos compañeros y encendamos nuestro corazón con un amor de Dios, un amor divino.

Te comparto la poesía que santa Teresa escribió que narra de manera bella la experiencia que tuvo con el ángel que la hirió de amor:

Cuando el dulce Cazador

me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor

mi alma quedó caída,

y cobrando nueva vida

de tal manera he trocado,

que es mi Amado para mi,

y yo soy para mi Amado.

Hirió con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador;

ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mi, 

y yo soy para mi amado.

 

(Fuente: Aleteia)