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Cartas para amar todavía más a tu pareja

Cartas para amar todavía más a tu pareja

Rawpixel.com – Shutterstock

Estas parejas han decidido poner palabras a sus sentimientos

En la era digital, pocas parejas siguen escribiéndose cartas de amor. Sin embargo, no hay nada más romántico que una carta de amor para expresar tus sentimientos…

Xavier recibe cada tarde el mismo mensaje de su mujer: “¿A qué hora vuelves?”. Queda lejos del romanticismo y la delicadeza de Luis Martin, que le escribe a su mujer Celia: “No podré llegar a casa hasta el lunes; la espera se me hace larga, estoy impaciente por estar cerca de ti”.

¿Han matado la inmediatez y las pantallas la correspondencia amorosa? Es una evidencia que muchas conversaciones de las parejas de hoy se hacen a través de mensajes de WhatsApp.

De esta manera nos privamos del uso de uno de los cinco lenguajes del amor. Una carta es un formato maravilloso para salir de la rutina y saborear el matrimonio.

Escribir es dedicarle tiempo al otro

¡Cuan emocionante es recibir una carta escrita por quien tanto amas! Paul, viaja con frecuencia y cada vez que lo hace, envía una postal a su mujer. Explica que cuando le escribe, “me dedico a ella. Para mi ese tiempo es único». Se trata de una manera muy sencilla, pero ardiente y profunda, de mantener y de tejer vínculos. Es una forma de comunicarse accesible, incluso para el que cree no saber escribir.

Así pues, un detalle desconocido del otro puede conmover más que una gran declaración literaria. Una carta nunca carece de sentido, aunque evoque lo cotidiano, “siempre y cuando no solo trate hechos, sino también los sentimientos personales relativos a estos hechos”, analiza Bénédicte de Dinechin, consejera matrimonial. En este caso, refuerza la relación.

A Jeanne le marcó una postal con su santa patrona en la que su marido había escrito: “¡Juana de Arco es fuerte como tú! Su imagen me recuerda cuánto necesito tu fuerza”.

Amor a distancia

La función tradicional de la correspondencia amorosa sigue siendo conjurar la ausencia. Axelle, cuyo marido militar parte con regularidad varios meses consecutivos, comparte su día a día en una carta semanal para seguir en contacto con su esposo y que el regreso no sea demasiado brusco. Por su parte, a Gwénola, sola de vacaciones con sus hijos durante un mes en verano, se le pasa el tiempo más rápido cuando recibe una carta de su marido. Le gusta el ritual: tocar el sobre, abrirlo, desplegar el folio, sola en su habitación, saborear sus palabras. “Leyéndolo me invaden grandes dosis de gratitud y los recuerdos de los buenos momentos. Es como si suprimiera la distancia”.

Ella misma busca, cuando le responde a Éric, hacerle feliz.

Por su parte, Pauline y Louis se dedican una carta muy importante al año cuando uno de los dos realiza un retiro en el que se encuentran frente a ellos mismos y pueden escribirse de verdad. Es un tiempo para poner de nuevo palabras a su compromiso, a proyectos pendientes y en el que buscan cómo mejorar su relación.

La carta también ayuda a evitar la escalada verbal en caso de conflicto. En los periodos armoniosos, sirve para abrirse de manera constructiva. Évelyne y Étienne se escriben al menos una vez al mes. Esta comunicación epistolar ha dado “un nuevo impulso” a su pareja, en un momento en el que sus hijos han abandonado el nido familiar. Étienne lo explica: “La carta desarrolla nuestra relación de amor, pero no en el sentido romántico en el que se entiende. Enriquece el contenido de la comunicación conyugal y nos atrevemos a abordar cosas que nuestros caracteres poco proclives al conflicto tenderían a callarse”. Este método aporta tantos más frutos cuanto que siempre vaya seguido de un intercambio verbal, puesto que la carta no remplaza el diálogo: lo prepara o lo vuelve abrir.

Palabras que mantienen la llama viva

Para algunas parejas, la carta permite releer su vida, animarse, alertarse ante una herida, presentar las debilidades, perdonarse o marcar el carácter único de su relación. Bruno, casado desde hace 22 años, le da a su mujer una carta dos veces a la semana, cuando vuelve del trabajo. En el tiempo que pasa a diario de trayecto en el tren, lee su breviario y, más tarde, le escribe en una hoja de tamaño A4. “A veces es corta y banal; otras veces, intensa y profunda, y haber escrito esta cita con ella en mi agenda prolonga la fidelidad prometida el día de nuestra boda”, explica este padre de cuatro hijos.

Ocurre lo mismo con Amicie y Jean. Reservan media hora todos los lunes en un bar, cara a cara, para escribirse cada uno una carta. “¿Para qué sirve que le escribas a papá si lo ves todos los días?”, preguntó su hija de 12 años. Los cónyuges lo saben: se muestran concretamente que su amor del uno por el otro es prioritario. Así van acumulando muestras de amor en las que apoyarse durante los periodos más difíciles en su vida de pareja.

Amicie se permite volverse poética, escribir cumplidos o expresar críticas. Sola ante su folio, aprende a argumentar y a desarrollar su pensamiento. Al contrario que al enviar mensajes de texto, además escribe siempre sentada, para asentar su pensamiento. Cartas de perdón, de reproche, de agradecimiento… Esta mujer, disléxica en el pasado, ha aprendido así a expresar sus emociones.

Por último, escribir permite proyectar la pareja hacia el futuro. “La carta de amor, incluso aunque abordemos un tema difícil, inscribe nuestra relación entre el pasado y el futuro, pues comienza siempre con un agradecimiento dirigido al otro y termina con la promesa de un ‘pequeño paso’ que uno se compromete a realizar por el otro próximamente”, precisa Évelyne.

Esta huella de eternidad que lleva la correspondencia amorosa inscribe la relación en el tiempo. “En cuarenta años, no podremos encontrar en el granero una caja con WhatsApp, posts de Facebook o mensajes de texto. Pero podremos toparnos con nuestras cartas –se entusiasma Paul–. Y entonces… ¡qué emoción!”.

Olivia de Fournas

(Fuente: Aleteia)

 

Papa Francisco: Dios quiere recordarnos que lo único que permanece es el amor

Papa Francisco: Dios quiere recordarnos que lo único que permanece es el amor

Papa Francisco. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco afirmó que, entre tantas cosas que pasan, Dios quiere recordarnos que lo único que permanecerá es el amor.

“Entre tantas cosas que pasan, el Señor quiere recordarnos la única que permanecerá para siempre: el amor, porque ‘Dios es amor’ (1 Jn 4,8)”, escribió el Santo Padre este 21 de agosto en su cuenta de Twitter.

El mensaje que el Santo Padre comparte este viernes, retoma la idea de su mensaje de ayer, en el que hizo votos para “que el Espíritu Santo nos haga crecer constantemente en el conocimiento de Dios, de modo que podamos difundir su amor y su verdad en el mundo”.

El 5 de abril, cuando celebró la Misa del Domingo de Ramos, el Papa Francisco dijo que ante “el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene’”.

“¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece”, continuó.

El Papa resaltó luego que “el drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor”.

“Es cierto que puede costarnos amar, rezar, perdonar, cuidar a los demás, tanto en la familia como en la sociedad; puede parecer un Vía Crucis. Pero el camino del servicio es el que triunfa, el que nos salvó y nos salva la vida”.

El Papa Francisco alentó también a mirar “a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás. Siéntanse llamados a jugarse la vida. No tengan miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganarán! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande es decir, sin condiciones, sí al amor. Como lo hizo Jesús por nosotros”.

(Fuente: Aciprensa)

Cómo seguir amando (y más) cuando los sentimientos cambian

Cómo seguir amando (y más) cuando los sentimientos cambian

Reflexión de Carlos Padilla Esteban.

El mar y la tierra nunca separan cuando se ama de verdad, ni tampoco la ausencia, la enfermedad, ni la muerte… Y la fidelidad no es sólo cuestión de voluntad, es un don de Dios.

Lo que el amor quiere es ser eterno. No entiendo un amor que no quiera durar para siempre. Porque el amor desea al amado. Y quiere que ese encuentro dure toda la eternidad. Por eso retiene mi mano al que está a punto de partir al cielo.

Jesús les dice a los suyos que confíen en Él. Porque ellos tienen miedo y saben que Jesús se va. Jesús les promete el paráclito:

“Pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros”.

Esta es la promesa de eternidad que mi corazón desea. No estaré nunca solo. El amor desea que permanezcan esos momentos sagrados de encuentros.

En presente: hoy
Vive mi amor de recuerdos e imágenes guardadas en el alma. Vive de encuentros y caricias. De abrazos y sonrisas. De palabras y promesas. No me lo podrán quitar todo. Lo sé. Una canción me anima en estos días de nostalgias guardadas:

“Canta y no llores. Que lo malo se va en un suspiro y amargarse no vale la pena. Que la vida está llena de cosas pequeñas que le dan sentido”.

El amor está lleno de cosas pequeñas que le dan sentido. Cosas insignificantes y cotidianas. El amor se conjuga en presente. Y se olvida cuando sólo queda el pasado.

Pero cada vez que se dona el que ama y encuentra el corazón abierto del amado, todo vuelve a empezar de golpe, con pasión y alegría. Basta el deseo de dar un nuevo paso.

Muchas veces será la voluntad la que mueva mi cuerpo. Y mi decisión firme se hará vida de golpe. Y volveré a levantar la mirada y a confiar.

No quiero ponerme triste al pensar en lo que no hice, en lo que no dije, en el cariño que no expresé, en al amor que no prodigué.

Lo malo dura un suspiro, aunque a veces parece tan largo. No quiero amargarme, quiero vivir con paz y alegría. La vida está llena de tantas cosas que le dan sentido…

Abrazo el amor que tengo ahora, el amor que tuve, el amor que será más fuerte mañana. Si mi corazón se cierra a lo nuevo se envenena en rutinas de siempre.

Quiero reinventarme para aprender a amar. Quiero que mi amor no sea pasajero.

¿El amor se acaba?
¿Cómo es posible dejar de amar a quien uno tanto ha amado? ¿No será que ese amor no fue tan sano y profundo? ¿Es posible que viviera una relación enfermiza? Puede que no llegara a lo más hondo de mi corazón en ningún momento.

¿Cómo es posible dejar de amar a Dios si pienso que un día lo amé tanto? No me cabe en la cabeza el final del amor cuando este es verdadero.

Puede que los sentimientos cambien en intensidad. Igual que las pasiones. Pero el amor es otra cosa, es mucho más. Es la conciencia de pertenencia.

Es saber que el mar y la tierra nunca me separan cuando amo de verdad. Ni tampoco la enfermedad, ni la muerte.

Podrán quitarme abrazos y caricias. Podrán pedirme que me aleje de los que amo por un tiempo. Pero ese amor verdadero que tengo en mi alma no desaparece ni con la ausencia.

Al revés, aumenta, se hace más hondo, se acrisola con el paso de las pruebas, de los combates, de las arideces de la vida que cuestan tanto.

El amor eterno no tiene fin. Quizás tuvo un comienzo, no lo recuerdo. Pero final no tiene. Puede que cambie, se transforme, se haga más hondo, sufra heridas y contratiempos.

Pero si es verdadero, si es correspondido, ese amor dura siempre.

Alguien lo hace posible
El rechazo, las agresiones, es cierto, hieren de muerte al amor muchas veces. Lo comprendo. Un amor que se quiere dar y es rechazado, ¿cómo puede seguir amando?

El amor de Jesús sí puede. El mío no. Él me amó hasta el extremo y desde la cruz me siguió amando.

No sólo a mí que permanecía impasible sin hacer nada por evitar su muerte. Sino que su amor era también para aquellos hombres que deseaban su fin. Amó a sus enemigos.

Y yo, que creo saber amar, no amo a los que no me aprecian, no busco a los que me olvidan, no quiero a los que no me quieren.

Ese amor no correspondido se oscurece y enturbia fácilmente. Me cuesta imaginar un amor que resista las traiciones, las infidelidades y los olvidos. Me cuesta pensar en un amor imposible. Es el que quiero.

Deseo que mi capacidad de amar sea la de Jesús. Que me parezca en algo a Él que tanto me ama. Parece tan fácil. No quiero más amarguras.

Quiero alegrarme porque Jesús me dice que mi amor será para siempre. No pasará nunca. Nunca será olvidado. Me levanto feliz. Dios me abraza.

 

(Fuente: Aleteia)