Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

El Verbo hecho carne que ha plantado su tienda entre nosotros, muestra que si el día 25 de diciembre acudían los pastores del pequeño pueblecito a adorarle, hoy se pone de relieve la universalidad de la Fe, que viene a todos los hombres. La Sagrada Escritura dice en el Antiguo Testamento que los reyes de Saba y Arabia llegan trayendo regalos. Y San Pablo, en sus Cartas señalará que también los gentiles son coherederos de la Gloria que se nos ha manifestado.
El Dios hecho Hombre se ha mostrado a los demás países de la tierra, sirviéndose de una estrella. Los Magos se llenan de alegría después de que la propia señal del Cielo les guía hasta la meta que buscaban. Serán también los Santos Padres de la antigüedad y, sobre todo, San Beda el Venerable, quienes dirán que estos tres personajes venidos de lejanas tierras representan a la totalidad de la humanidad y a las distintas razas existentes.
Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.
Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.
Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.
Fuente: Evangeli.net | Cope