Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Lo más hermoso de Dios es que quiere la vida y el desarrollo del hombre, tanto en su Fe como en su trayectoria humana. Ahí se muestra la fortaleza de Dios. Hoy celebramos a San Ramón Nonato, que vivió la ayuda del Cielo al inicio de su existencia. Nacido a comienzos del siglo XIII, recibe este sobrenombre de Nonato porque le sacaron del seno materno, una vez había muerto su madre, de forma milagrosa.
Desde pequeño da muestras de un gran amor a la Virgen visitando frecuentemente la Ermita de San Nicolás. Por entonces su padre le pone al frente de sus posesiones, pero él, gracias a una profunda amistad con Pedro Nolasco, empieza a plantearse una vocación al sacerdocio. En una segunda misión de administrar más bienes paternos, él siente que la Virgen le pide su servicio en la Orden de la Merced.
El mismo cometido había dado la Señora a San Pedro Nolasco, el rey Jaime I el Conquistador y San Raimundo de Peñafort. Siguiendo la voz de la Providencia ingresa en este carisma, ordenándose sacerdote. Pronto marcha a tierras de África a liberar a los cautivos en poder de herejes, característica propia de la Orden de los mercedarios.
Su anhelo por servir a Dios en los demás, le hace ponerse en el puesto de algunos presos para redimirles. Pero el sacrificio de San Ramón no hizo más que exasperar a los infieles, quienes le trataron con terrible crueldad. San Ramón encaró dos grandes dificultades. No tenía ya un solo centavo para rescatar cautivos y predicar el cristianismo a los musulmanes equivalía a la pena de muerte.
Consciente del martirio inminente, volvió a instruir y exhortar tanto a los cristianos como a los infieles. El gobernador, enfurecido ante tal audacia, ordenó que se azotase al santo en todas las esquinas de la ciudad y que se le perforasen los labios con un hierro candente.
En esa angustiosa situación pasó San Ramón ocho meses, hasta que San Pedro Nolasco pudo finalmente enviar algunos miembros de su orden a rescatarle.
Una vez vuelto a España, es nombrado Cardenal por el Papa Gregorio IX, quien le reconoce sus méritos por vivir las virtudes en grado heroico, anhelando la perfección de su vida. Sin embargo, cuando marcha a Roma, no le da tiempo ya que antes, incluso, de los cuarenta años, muere, en medio de un clamor popular que le reconoce como Santo. Sus restos fueron sepultados en la Iglesia de San Nicolás en Portell.
Fuente: Cope | Aciprensa