Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Una de las obras de misericordia dice con total claridad “Enseñar al que no sabe”. Muchos se han sentido llamados a sobrenaturalizar especialmente esta obra y convertirla en su forma de santificación. Hoy celebramos a San José de Calasanz, que profundizó en esta forma de perfección para su alma y bien de los demás.
Nacido en Peralta de la Sal en torno al año 1557, su madre le educa en la más tierna devoción a la Virgen y el odio al pecado. Tras cursar los estudios de Filosofía y Teología entre Lérida y Valencia, huye de algunas situaciones que le hacen peligrar su vocación, ordenándose sacerdote en Barbastro. Pronto marcha a Barcelona donde se Doctora en Teología, trasladándose poco tiempo después a Roma.
Cuando en 1597 abre la primera escuela popular gratuita del mundo, José no es consciente de que ha abierto la puerta de la educación para todos, un valor y un derecho que ahora consideramos esencial en nuestras sociedades. José tiene luego la intuición de que es necesario que haya personas consagradas en su totalidad a los colegios y a servir a Dios en los pequeños, en la escuela.
Y comprueba como la voluntad de Dios para con sus hijos se transforma en la ultima de la Órdenes Religiosas aprobada por Roma: la Orden de las Escuelas Pías.
Calasanz fundó la Orden en su madurez, bien avanzada ya su vida. ¡Qué prisas tenemos nosotros a veces por descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas! Un paso, sólo un paso… eso es lo que se nos pide.
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por el sufrimiento, el escarnio, la incompresión y la traición de alguno de sus religiosos. José de Calasanz muere con más de 90 años, en Roma, viendo todas sus escuelas cerradas y la Orden disuelta por orden del Papa.
José murió en paz: tenía la promesa de María, y así se lo hizo saber a sus más cercanos amigos, de que las escuelas y la Orden volverían a estar arriba en un plazo de 10 años. Y así fue.
Su espíritu y su carisma siguen presentes en miles de religiosos y laicos que, a lo largo y ancho del mundo, se vacían por completo en la escuela. Es en la escuela donde han encontrado la mejor forma de servir a Dios y de construir el Reino.
Fuente: Cope | Aleteia