Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Valor del Mes:
El Bautismo, identidad
Lema del Mes:
«Entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (1 Jn 3, 18 )

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?

Imagen referencial / Crédito: Unsplash

Cada año varían las fechas del Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, y existe una razón histórica para ello.

Para los católicos, la Semana Santa es la celebración más importante del calendario litúrgico porque se recuerda la resurrección de Jesús. De hecho, durante los tres primeros siglos de la fe era la única fiesta que se celebraba.

El origen de la fecha se debe a que la muerte de Cristo ocurrió cerca de la Pascua Judía. Los Evangelios se refieren a esta celebración en el pasaje bíblico de la Última Cena, cuando Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar la fiesta en la que los judíos recordaban su salida de Egipto.

Los judíos, de acuerdo a sus normas, deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que empieza con la primera luna nueva de primavera: es decir, el primer plenilunio de primavera, independientemente del día de la semana que toque.

Luna llena

Con el paso del tiempo, y aunque algunas regiones en el mundo se resistían, la Iglesia comenzó a unificar la fecha de la Pascua. Desde el I Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo).

Al principio se tenía en cuenta que no coincidiera con la celebración de la Pascua Judía, pero con el paso del tiempo se fue perdiendo esta costumbre, al menos en Occidente.

Así el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Las fechas de Pascua se repiten en un periodo de 5.7 millones de años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de abril. La mayoría de las veces la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de abril.

Visite AQUÍ nuestro especial de Semana Santa.

(Fuente: ACI Prensa)

40 Días por la Vida: Manifiesto Campaña 2021

40 Días por la Vida: Manifiesto Campaña 2021


La campaña 40 días por la Vida fue clausurada hoy domingo 28 de marzo del 2021 en la misa del Domingo de Ramos desde la Parroquia Divina Providencia de la Arquidiócesis de Santo Domingo, presidida por el Rvdo. P. Mario de la Cruz, Vicario Episcopal de Pastoral Familia y Vida.

Un grupo de voluntarios asistieron a la misa en representación de todos los que participaron en la campaña de este año durante los 40 días, en oración y ayuno, frente al Congreso Nacional.

A continuación Manifiesto Campaña 2021:

En las últimas semanas nos hemos encontrado inmersos en un fuerte debate con respecto al derecho a la vida del niño por nacer en tres causales del negocio internacional del aborto. La Constitución de la República Dominicana es bastante clara en su artículo 37, donde establece que se debe respetar la vida del ser humano desde la concepción hasta la muerte natural. Nuestro país siempre ha demostrado ser provida, protegiendo este hermoso regalo de Dios en todas las etapas del ser humano, sobre todo de aquellos más indefensos.

Cabe destacar una celebración muy importante para la protección y valoración del niño en su etapa de gestación, la misma está amparada bajo la Ley No. 25-01, la cual declara en su artículo 1: el día 25 de marzo de cada año, como Día del Niño por Nacer.

Hay que puntualizar dos considerandos que expone esta ley:

CONSIDERANDO: Que el niño ha sido destacado como un sujeto digno de una especial atención, particularmente en la Declaración de Ginebra del 1924, sobre los Derechos del Niño, en la Declaración de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959 y en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas del 20 de noviembre del 1989.

CONSIDERANDO: Que se estima apropiado que el día del niño por nacer se celebre al 25 de marzo de cada año, fecha en que la Cristiandad celebra la Anunciación a la Virgen María, en virtud de que el nacimiento más celebrado en el mundo por cristianos y no cristianos es la del Niño Jesús, cuyo momento de concepción coincide con dicha fecha.

Como vemos nuestra constitución protege la vida en todas sus etapas y además fomenta la valoración de la misma. A pesar de esto nos vemos bombardeados de organizaciones internacionales que buscan violentar el primero de todos los derechos humanos, EL DERECHO A LA VIDA.

Queremos que nuestros legisladores se apeguen a nuestra constitución y promulguen un nuevo código penal más justo para todos los dominicanos, un código que respete la vida. No es necesario incluir las tres causales que tanto se han querido imponer.

Las 3 causales del aborto tienen respuestas médicas, sociales y jurídicas que son:

Cuando la vida de la madre está en peligro, para esto ya hay protocolos médicos y decisiones bioéticas para salvar las dos vidas y el actual código penal protege al médico si agota todos los medios científicos y técnicos disponibles para salvar las dos vidas, hasta donde sea posible (artículo 110). En esta causal se promueve el ¨aborto terapéutico¨, que es una falacia para disfrazar el aborto, porque todo lo que es terapéutico es para sanar o curar, el aborto, no sana, ni cura nada, solo elimina la vida de un ser humano.

En Caso de violación o incesto, abortar no va a sanar ese trauma, sino sumar el trauma post-aborto y se sabe por investigaciones en USA que hay muy pocas probabilidades de que una mujer violada quede embarazada, en este caso al que se debe penalizar es al violador o incestuoso. En caso de que la madre no quiere o no puede criar a su hijo, puede darlo en adopción. Otra medida sería brindarle apoyo psicológico a la mujer afectada.

En Caso de malformación del niño en gestación, este es llamado ¨aborto eugenésico¨, que no es más que destruir la vida de un ser humano que necesita en ese momento del apoyo de su madre para su desarrollo, en RD no hay forma de asegurar con exactitud la malformación de un ser humano desde el vientre de la madre, hay casos hasta de mal diagnóstico de un médico en estos casos, y aun así si nace con Síndrome de Down o tema de malformación, donde queda el ¨Quiéreme como soy¨, no existe el ser humano perfecto, pero sí los seres humanos que nos respetamos y nos aceptamos como somos.
Como podemos observar las causales tienen respuestas en el artículo 110 del actual código penal y están tomadas en cuenta cada una, dejando que la ciencia médica dé respuesta a las 3 causales y a otras más donde este afectada la vida de la madre y la de su hijo. Entendemos que la ley no puede pasar por encima de la ciencia médica por la razón de que cada caso de embarazo tiene sus propias situaciones, cada enfermedad se trata diferente con el embarazo; la ley pudiera afectar las decisiones médicas para salvar todas las vidas que pueden ser afectada en medio de una enfermedad de ambas vidas.

No existe el “derecho a decidir solo para la mujer”, ni tampoco existe el “derecho a abortar”. Sí existe para todos los seres humanos:

– Derecho a la Vida

– Derecho a vivir en familia

– Todos los seres humanos hemos nacidos libres e iguales.

No podemos hablar sobre derechos reproductivos de la mujer para introducir el aborto, porque ella no se embaraza sola, el hombre es padre de la creatura por nacer. El ser humano en el vientre de la mujer embarazada es un cuerpo diferente al de ella, es una falacia usar frases como “yo decido por mi cuerpo”; cualquier persona sin importar si es mujer o es hombre, puede decidir sobre su cuerpo, pero no puede decidir por el cuerpo del otro, como el de su hijo.

Los dominicanos debemos estar conscientes de que los médicos están para sanar y curar la vida de sus pacientes, las madres embarazadas no están enfermas, el embarazo no es una enfermedad, ni una desgracia para la mujer, es un regalo de Dios, porque las mujeres están para amar a sus hijos sin importar su condición, sigamos siendo un país provida, que proteja la vida de la madre embarazada y la de su hijo por nacer. La gente de Fe nos unimos en oración por el fin del aborto en el mundo, nuestra campaña de ¨40 Días por la Vida SD¨ es parte de la campaña a nivel de Iberoamérica que se realiza simultáneamente en 63 países del mundo.

En nuestro país se celebró la primera campaña en otoño 2020, y ahora casi culminando nuestra segunda campaña de cuaresma 2021 del 17 de febrero al 28 de marzo frente al Congreso Nacional. Nuestra presencia ha sido visible dando testimonio de vida con nuestras oraciones por los legisladores y las intenciones de cada día por lograr un código penal provida. Les Invitamos a seguir orando desde nuestras familias por el principio del fin del aborto para que en nuestros países sea impensable, ¡Si a la vida! ¡República Dominicana es provida! ¡Salvemos las 2 vidas!

(Fuente: Diario Católico)

Arzobispo de Santo Domingo, Mons. Francisco Ozoria encabezó vigilia de oración y adoración santuario Santo Cristo de Los Milagros, Bayaguana

Arzobispo de Santo Domingo encabezó vigilia de oración y adoración Santuario Santo Cristo de Los Milagros

Este viernes 26 de marzo, Viernes de Dolores, Mons. Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, encabezó la noche de adoración y oración por la Defensa de la Vida humana desde la concepción hasta la muerte y el cese de la Pandemia, en una hermosa vigilia sin precedentes que tuvo por nombre “del Dolor a la Vida”, llevada a cabo desde el Santuario Santo Cristo de los Milagros, Bayaguana.

Los fieles católicos vivieron una noche de meditación y adoración en donde unidos de forma virtual junto a la Madre Dolorosa, presentaron ante Dios las siguientes intenciones: Interceder ante Jesús por la Defensa de la Vida humana desde la concepción hasta la muerte, por el Fin de la pandemia del COVID 19, por la preparación espiritual para vivir la Semana Santa y por las intenciones particulares de quienes se unieron a la Adoración.

Esta vigilia despertó en todas las personas, en los creyentes, el deseo de conocer más al Señor de tener un encuentro cercano con él, la sociedad necesitaba vivir este hermoso encuentro de fe, tiempo de preparación para la Semana Santa y sobre todo estar ahí en su presencia; expresó el Rvdo. P. Kennedy Rodríguez Director de Multimedios Vida de la Arquidiócesis de Santo Domingo: Radio ABC 540 AM, Vida 105.3 FM Y Radio ABC 540 AM.

En esta vigilia fueron analizados y meditados los siete Dolores de la Virgen, por siete
sacerdotes:

1. “La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús”, reflexionado por Mons. Daniel Lorenzo Vargas Salazar, Vicario Episcopal Territorial, Santo Cristo de los Milagros.

2. “La huida a Egipto con Jesús y José”, reflexionado por Rvdo. P. José Pastor Ramírez, Provincial de los Salesianos de las Antillas.

3. “La pérdida de Jesús”, reflexionado por: Rvdo. P. Franklin Camacho, Vicario Parroquia San Antonio de Padua.

4. “El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario”, reflexionado por: Rvdo. P. Gregorio Santana, Formador del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino.

5. “La crucifixión y la agonía de Jesús”, reflexionado por Rvdo. Keiter De Jesús, Parroquia San Luis Gonzaga, Punta Villa Mella.

6. “La lanza que sufrió su corazón al recibir en brazos a Jesús ya muerto”, reflexionado por: Rvdo. P. Miguel Ángel Cabrera, Rector del Seminario Menor, Jesús Buen Pastor y Director de la Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

7. “El entierro de Jesús y la soledad de María”, reflexionado por: Rvdo. P. Milcíades Florentino, Rector de la Catedral Castrense Santa Bárbara de Los Hombres de la Mar y Capellán Mayor de la Armada Dominicana.

La Procesión al Santísimo Sacramento estuvo presidida por Mons. Francisco Ozoria Acosta, acompañado por sacerdotes, la conclusión de las meditaciones a los 7 Dolores de la Virgen la realizó Mons. Francisco Ozoria.

Al momento de reservar el Santísimo, el Rvdo. P. Kennedy Rodríguez invitó a todo el equipo de colaboradores al escenario para orar.

El canal matriz fue Televida Canal 41, mientras que Vida 105.3 FM como emisora matriz, además se unieron los canales La Voz de María, CERTV Canal 4, Teleuniverso Canal 29, Súper Canal 33, Dominican View para los E.E. U.U., Circuito De Televisión Tele-Duarte CTT Canal 49, Telealtura canal17; las emisoras Radio María de la Altagracia 1240 AM, la Unión de Emisoras Católicas (UDECA) Radio ABC 540 AM , Radio Santa María, Estudio 97, Radio Corazones, Radio Cayacoa, Radio Enriquillo, Radio Seybo, Magis, Radio Horizonte y Radio Marien. 

La transmisión digital se realizó por los medios Arquidiócesis de Santo Domingo, Vida FM, Televida Canal 41, Vicaria Episcopal Santo Cristo de los Milagros, Vicaria Santo Domingo Oeste, Vicaria Santo Domingo Norte, Vicaria Santo Domingo Este, San Antonio RTV, Revista Rayo de Luz, APM Prensa, Católicos Digital, Parroquia del Perpetuo Socorro (Simón Bolívar), Parroquia Nuestra Señora de la Evangelización (Alameda), Parroquia San Pablo Apóstol (Pedro Brand), Parroquia San Pedro Claver (Pedro Brand), Parroquia Nuestra Señora de la Altagracia (Villa Altagracia).

Esta gran Vigilia de oración por el cese de la Pandemia y la Defensa de la Vida humana desde la concepción hasta la muerte, estuvo organizada por un equipo de jóvenes católicos profesionales, bajo la producción ejecutiva del Rvdo. P. Kennedy Rodríguez, la producción general de Yvelise Mena (Vida FM); Producción de TV (Televida), Luis Peña Jorge Ozoria, Josefin Andry Samuel; Dirección de Tv Rafael Noesí; Dirección Técnica, Jesús Alexander Sosa; Asistencia de Producción, Carolina Escarraman; Venta y Promoción, Julina Pérez (Vida FM); coordinación de la Linea Gráfica y Redes Sociales, Rosangela Torres Equipo.

(Fuente: Diario Católico)

Amoris laetitia, la familia es el espacio para caminar juntos

Amoris laetitia, la familia es el espacio para caminar juntos

Cada mes, durante 10 ediciones, un video con las reflexiones del Papa y el testimonio de familias de todas partes del mundo – realizado en colaboración entre el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y Vatican News – ayudan a releer la Exhortación Apostólica, con el aporte de un subsidio que se puede descargar para la profundización personal y comunitaria. Porque ser familia, recuerda el Papa Francisco, es siempre “principalmente una oportunidad”.

Amoris laetitia

(n. 1-7)

1. La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia»[1]. Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia»[2].

2. El camino sinodal permitió poner sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales. La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad. Los debates que se dan en los medios de comunicación o en publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas.

3. Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque «las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general […] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado»[3].

4. De cualquier manera, debo decir que el camino sinodal ha contenido una gran belleza y ha brindado mucha luz. Agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud. El conjunto de las intervenciones de los Padres, que escuché con constante atención, me ha parecido un precioso poliedro, conformado por muchas legítimas preocupaciones y por preguntas honestas y sinceras. Por ello consideré adecuado redactar una Exhortación apostólica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades.

5. Esta Exhortación adquiere un sentido especial en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo.

6. En el desarrollo del texto, comenzaré con una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras, que otorgue un tono adecuado. A partir de allí, consideraré la situación actual de las familias en orden a mantener los pies en la tierra. Después recordaré algunas cuestiones elementales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, para dar lugar así a los dos capítulos centrales, dedicados al amor. A continuación destacaré algunos caminos pastorales que nos orienten a construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios, y dedicaré un capítulo a la educación de los hijos. Luego me detendré en una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone, y por último plantearé breves líneas de espiritualidad familiar.

7. Debido a la riqueza de los dos años de reflexión que aportó el camino sinodal, esta Exhortación aborda, con diferentes estilos, muchos y variados temas. Eso explica su inevitable extensión. Por eso no recomiendo una lectura general apresurada. Podrá ser mejor aprovechada, tanto por las familias como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta. Es probable, por ejemplo, que los matrimonios se identifiquen más con los capítulos cuarto y quinto, que los agentes de pastoral tengan especial interés en el capítulo sexto, y que todos se vean muy interpelados por el capítulo octavo. Espero que cada uno, a través de la lectura, se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas «no son un problema, son principalmente una oportunidad»[4].

Amoris laetitia

(n. 31-57)

31. El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia. Son incontables los análisis que se han hecho sobre el matrimonio y la familia, sobre sus dificultades y desafíos actuales. Es sano prestar atención a la realidad concreta, porque «las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia», a través de los cuales «la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia»[8]. No pretendo presentar aquí todo lo que podría decirse sobre los diversos temas relacionados con la familia en el contexto actual. Pero, dado que los Padres sinodales han dirigido una mirada a la realidad de las familias de todo el mundo, considero adecuado recoger algunos de sus aportes pastorales, agregando otras preocupaciones que provienen de mi propia mirada.

Situación actual de la familia

32. «Fieles a las enseñanzas de Cristo miramos la realidad de la familia hoy en toda su complejidad, en sus luces y sombras […] El cambio antropológico-cultural hoy influye en todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado»[9]. En el contexto de varias décadas atrás, los Obispos de España ya reconocían una realidad doméstica con más espacios de libertad, «con un reparto equitativo de cargas, responsabilidades y tareas […] Al valorar más la comunicación personal entre los esposos, se contribuye a humanizar toda la convivencia familiar […] Ni la sociedad en que vivimos ni aquella hacia la que caminamos permiten la pervivencia indiscriminada de formas y modelos del pasado»[10]. Pero «somos conscientes de la dirección que están tomando los cambios antropológico-culturales, en razón de los cuales los individuos son menos apoyados que en el pasado por las estructuras sociales en su vida afectiva y familiar»[11].

33. Por otra parte, «hay que considerar el creciente peligro que representa un individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por considerar a cada componente de la familia como una isla, haciendo que prevalezca, en ciertos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos asumidos con carácter absoluto»[12]. «Las tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las familias dinámicas de intolerancia y agresividad»[13]. Quisiera agregar el ritmo de vida actual, el estrés, la organización social y laboral, porque son factores culturales que ponen en riesgo la posibilidad de opciones permanentes. Al mismo tiempo, encontramos fenómenos ambiguos. Por ejemplo, se aprecia una personalización que apuesta por la autenticidad en lugar de reproducir comportamientos pautados. Es un valor que puede promover las distintas capacidades y la espontaneidad, pero que, mal orientado, puede crear actitudes de permanente sospecha, de huida de los compromisos, de encierro en la comodidad, de arrogancia. La libertad para elegir permite proyectar la propia vida y cultivar lo mejor de uno mismo, pero si no tiene objetivos nobles y disciplina personal, degenera en una incapacidad de donarse generosamente. De hecho, en muchos países donde disminuye el número de matrimonios, crece el número de personas que deciden vivir solas, o que conviven sin cohabitar. Podemos destacar también un loable sentido de justicia; pero, mal entendido, convierte a los ciudadanos en clientes que sólo exigen prestaciones de servicios.

34. Si estos riesgos se trasladan al modo de entender la familia, esta puede convertirse en un lugar de paso, al que uno acude cuando le parece conveniente para sí mismo, o donde uno va a reclamar derechos, mientras los vínculos quedan abandonados a la precariedad voluble de los deseos y las circunstancias. En el fondo, hoy es fácil confundir la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse. En ese contexto, el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo arrasado por las conveniencias circunstanciales o por los caprichos de la sensibilidad. Se teme la soledad, se desea un espacio de protección y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor a ser atrapado por una relación que pueda postergar el logro de las aspiraciones personales.

35. Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar. Es verdad que no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si con eso pudiéramos cambiar algo. Tampoco sirve pretender imponer normas por la fuerza de la autoridad. Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece.

36. Al mismo tiempo tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos, por lo cual nos corresponde una saludable reacción de autocrítica. Por otra parte, con frecuencia presentamos el matrimonio de tal manera que su fin unitivo, el llamado a crecer en el amor y el ideal de ayuda mutua, quedó opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación. Tampoco hemos hecho un buen acompañamiento de los nuevos matrimonios en sus primeros años, con propuestas que se adapten a sus horarios, a sus lenguajes, a sus inquietudes más concretas. Otras veces, hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario.

37. Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias, consolidábamos el vínculo de los esposos y llenábamos de sentido sus vidas compartidas. Tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida. También nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas.

38. Debemos agradecer que la mayor parte de la gente valora las relaciones familiares que quieren permanecer en el tiempo y que aseguran el respeto al otro. Por eso, se aprecia que la Iglesia ofrezca espacios de acompañamiento y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor, la superación de los conflictos o la educación de los hijos. Muchos estiman la fuerza de la gracia que experimentan en la Reconciliación sacramental y en la Eucaristía, que les permite sobrellevar los desafíos del matrimonio y la familia. En algunos países, especialmente en distintas partes de África, el secularismo no ha logrado debilitar algunos valores tradicionales, y en cada matrimonio se produce una fuerte unión entre dos familias ampliadas, donde todavía se conserva un sistema bien definido de gestión de conflictos y dificultades. En el mundo actual también se aprecia el testimonio de los matrimonios que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto. Esto abre la puerta a una pastoral positiva, acogedora, que posibilita una profundización gradual de las exigencias del Evangelio. Sin embargo, muchas veces hemos actuado a la defensiva, y gastamos las energías pastorales redoblando el ataque al mundo decadente, con poca capacidad proactiva para mostrar caminos de felicidad. Muchos no sienten que el mensaje de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia haya sido un claro reflejo de la predicación y de las actitudes de Jesús que, al mismo tiempo que proponía un ideal exigente, nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera.

39. Esto no significa dejar de advertir la decadencia cultural que no promueve el amor y la entrega. Las consultas previas a los dos últimos sínodos sacaron a la luz diversos síntomas de la «cultura de lo provisorio». Me refiero, por ejemplo, a la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente. Pienso también en el temor que despierta la perspectiva de un compromiso permanente, en la obsesión por el tiempo libre, en las relaciones que miden costos y beneficios y se mantienen únicamente si son un medio para remediar la soledad, para tener protección o para recibir algún servicio. Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después, ¡adiós! El narcisismo vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades. Pero quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica. Llama la atención que las rupturas se dan muchas veces en adultos mayores que buscan una especie de «autonomía», y rechazan el ideal de envejecer juntos cuidándose y sosteniéndose.

40. «Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia»[14]. En algunos países, muchos jóvenes «a menudo son llevados a posponer la boda por problemas de tipo económico, laboral o de estudio. A veces, por otras razones, como la influencia de las ideologías que desvalorizan el matrimonio y la familia, la experiencia del fracaso de otras parejas a la cual ellos no quieren exponerse, el miedo hacia algo que consideran demasiado grande y sagrado, las oportunidades sociales y las ventajas económicas derivadas de la convivencia, una concepción puramente emocional y romántica del amor, el miedo de perder su libertad e independencia, el rechazo de todo lo que es concebido como institucional y burocrático»[15]. Necesitamos encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar las fibras más íntimas de los jóvenes, allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e incluso de heroísmo, para invitarles a aceptar con entusiasmo y valentía el desafío del matrimonio.

41. Los Padres sinodales se refirieron a las actuales «tendencias culturales que parecen imponer una afectividad sin límites, […] una afectividad narcisista, inestable y cambiante que no ayuda siempre a los sujetos a alcanzar una mayor madurez». Han dicho que están preocupados por «una cierta difusión de la pornografía y de la comercialización del cuerpo, favorecida entre otras cosas por un uso desequilibrado de Internet», y por «la situación de las personas que se ven obligadas a practicar la prostitución. En este contexto, «los cónyuges se sienten a menudo inseguros, indecisos y les cuesta encontrar los modos para crecer. Son muchos los que suelen quedarse en los estadios primarios de la vida emocional y sexual. La crisis de los esposos desestabiliza la familia y, a través de las separaciones y los divorcios, puede llegar a tener serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad, debilitando al individuo y los vínculos sociales»[16]. Las crisis matrimoniales frecuentemente «se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana»[17].

42. «Asimismo, el descenso demográfico, debido a una mentalidad antinatalista y promovido por las políticas mundiales de salud reproductiva, no sólo determina una situación en la que el sucederse de las generaciones ya no está asegurado, sino que se corre el riesgo de que con el tiempo lleve a un empobrecimiento económico y a una pérdida de esperanza en el futuro. El avance de las biotecnologías también ha tenido un fuerte impacto sobre la natalidad»[18]. Pueden agregarse otros factores como «la industrialización, la revolución sexual, el miedo a la superpoblación, los problemas económicos. La sociedad de consumo también puede disuadir a las personas de tener hijos sólo para mantener su libertad y estilo de vida»[19]. Es verdad que la conciencia recta de los esposos, cuando han sido muy generosos en la comunicación de la vida, puede orientarlos a la decisión de limitar el número de hijos por motivos suficientemente serios, pero también, «por amor a esta dignidad de la conciencia, la Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto»[20]. Estas medidas son inaceptables incluso en lugares con alta tasa de natalidad, pero llama la atención que los políticos las alienten también en algunos países que sufren el drama de una tasa de natalidad muy baja. Como indicaron los Obispos de Corea, esto es «actuar de un modo contradictorio y descuidando el propio deber»[21].

43. El debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades. Los Padres afirmaron que «una de las mayores pobrezas de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones. Asimismo, hay una sensación general de impotencia frente a la realidad socioeconómica que a menudo acaba por aplastar a las familias […] Con frecuencia, las familias se sienten abandonadas por el desinterés y la poca atención de las instituciones. Las consecuencias negativas desde el punto de vista de la organización social son evidentes: de la crisis demográfica a las dificultades educativas, de la fatiga a la hora de acoger la vida naciente a sentir la presencia de los ancianos como un peso, hasta el difundirse de un malestar afectivo que a veces llega a la violencia. El Estado tiene la responsabilidad de crear las condiciones legislativas y laborales para garantizar el futuro de los jóvenes y ayudarlos a realizar su proyecto de formar una familia»[22].

44. La falta de una vivienda digna o adecuada suele llevar a postergar la formalización de una relación. Hay que recordar que «la familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida familiar y proporcionada al número de sus miembros, en un ambiente físicamente sano, que ofrezca los servicios básicos para la vida de la familia y de la comunidad»[23]. Una familia y un hogar son dos cosas que se reclaman mutuamente. Este ejemplo muestra que tenemos que insistir en los derechos de la familia, y no sólo en los derechos individuales. La familia es un bien del cual la sociedad no puede prescindir, pero necesita ser protegida[24]. La defensa de estos derechos es «una llamada profética en favor de la institución familiar que debe ser respetada y defendida contra toda agresión»[25], sobre todo en el contexto actual donde suele ocupar poco espacio en los proyectos políticos. Las familias tienen, entre otros derechos, el de «poder contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal»[26]. A veces son dramáticas las angustias de las familias cuando, frente a la enfermedad de un ser querido, no tienen acceso a servicios adecuados de salud, o cuando se prolonga el tiempo sin acceder a un empleo digno. «Las coerciones económicas excluyen el acceso de la familia a la educación, la vida cultural y la vida social activa. El actual sistema económico produce diversas formas de exclusión social. Las familias sufren en particular los problemas relativos al trabajo. Las posibilidades para los jóvenes son pocas y la oferta de trabajo es muy selectiva y precaria. Las jornadas de trabajo son largas y, a menudo, agravadas por largos tiempos de desplazamiento. Esto no ayuda a los miembros de la familia a encontrarse entre ellos y con los hijos, a fin de alimentar cotidianamente sus relaciones»[27].

45. «Son muchos los niños que nacen fuera del matrimonio, especialmente en algunos países, y muchos los que después crecen con uno solo de los padres o en un contexto familiar ampliado o reconstituido […] Por otro lado, la explotación sexual de la infancia constituye una de las realidades más escandalosas y perversas de la sociedad actual. Asimismo, en las sociedades golpeadas por la violencia a causa de la guerra, del terrorismo o de la presencia del crimen organizado, se dan situaciones familiares deterioradas y, sobre todo en las grandes metrópolis y en sus periferias, crece el llamado fenómeno de los niños de la calle»[28]. El abuso sexual de los niños se torna todavía más escandaloso cuando ocurre en los lugares donde deben ser protegidos, particularmente en las familias y en las escuelas y en las comunidades e instituciones cristianas[29].

46. Las migraciones «representan otro signo de los tiempos que hay que afrontar y comprender con toda la carga de consecuencias sobre la vida familiar»[30]. El último Sínodo ha dado una gran importancia a esta problemática, al expresar que «atañe, en modalidades diversas, a poblaciones enteras en varias partes del mundo. La Iglesia ha tenido en este ámbito un papel importante. La necesidad de mantener y desarrollar este testimonio evangélico (cf. Mt 25,35) aparece hoy más urgente que nunca […] La movilidad humana, que corresponde al movimiento histórico natural de los pueblos, puede revelarse una auténtica riqueza, tanto para la familia que emigra como para el país que la acoge. Otra cosa es la migración forzada de las familias como consecuencia de situaciones de guerra, persecuciones, pobreza, injusticia, marcada por las vicisitudes de un viaje que a menudo pone en riesgo la vida, traumatiza a las personas y desestabiliza a las familias. El acompañamiento de los migrantes exige una pastoral específica, dirigida tanto a las familias que emigran como a los miembros de los núcleos familiares que permanecen en los lugares de origen. Esto se debe llevar a cabo respetando sus culturas, la formación religiosa y humana de la que provienen, así como la riqueza espiritual de sus ritos y tradiciones, también mediante un cuidado pastoral específico […] Las experiencias migratorias resultan especialmente dramáticas y devastadoras, tanto para las familias como para las personas, cuando tienen lugar fuera de la legalidad y son sostenidas por los circuitos internacionales de la trata de personas. También cuando conciernen a las mujeres o a los niños no acompañados, obligados a permanencias prolongadas en lugares de pasaje entre un país y otro, en campos de refugiados, donde no es posible iniciar un camino de integración. La extrema pobreza, y otras situaciones de desintegración, inducen a veces a las familias incluso a vender a sus propios hijos para la prostitución o el tráfico de órganos»[31]. «Las persecuciones de los cristianos, así como las de las minorías étnicas y religiosas, en muchas partes del mundo, especialmente en Oriente Medio, son una gran prueba: no sólo para la Iglesia, sino también para toda la comunidad internacional. Todo esfuerzo debe ser apoyado para facilitar la permanencia de las familias y de las comunidades cristianas en sus países de origen»[32].

47. Los Padres también dedicaron especial atención «a las familias de las personas con discapacidad, en las cuales dicho hándicap, que irrumpe en la vida, genera un desafío, profundo e inesperado, y desbarata los equilibrios, los deseos y las expectativas […] Merecen una gran admiración las familias que aceptan con amor la difícil prueba de un niño discapacitado. Ellas dan a la Iglesia y a la sociedad un valioso testimonio de fidelidad al don de la vida. La familia podrá descubrir, junto con la comunidad cristiana, nuevos gestos y lenguajes, formas de comprensión y de identidad, en el camino de acogida y cuidado del misterio de la fragilidad. Las personas con discapacidad son para la familia un don y una oportunidad para crecer en el amor, en la ayuda recíproca y en la unidad […] La familia que acepta con los ojos de la fe la presencia de personas con discapacidad podrá reconocer y garantizar la calidad y el valor de cada vida, con sus necesidades, sus derechos y sus oportunidades. Dicha familia proveerá asistencia y cuidados, y promoverá compañía y afecto, en cada fase de la vida»[33]. Quiero subrayar que la atención dedicada tanto a los migrantes como a las personas con discapacidades es un signo del Espíritu. Porque ambas situaciones son paradigmáticas: ponen especialmente en juego cómo se vive hoy la lógica de la acogida misericordiosa y de la integración de los más frágiles.

48. «La mayoría de las familias respeta a los ancianos, los rodea de cariño y los considera una bendición. Un agradecimiento especial hay que dirigirlo a las asociaciones y movimientos familiares que trabajan en favor de los ancianos, en lo espiritual y social […] En las sociedades altamente industrializadas, donde su número va en aumento, mientras que la tasa de natalidad disminuye, estos corren el riesgo de ser percibidos como un peso. Por otro lado, los cuidados que requieren a menudo ponen a dura prueba a sus seres queridos»[34]. «Valorar la fase conclusiva de la vida es todavía más necesario hoy, porque en la sociedad actual se trata de cancelar de todos los modos posibles el momento del tránsito. La fragilidad y la dependencia del anciano a veces son injustamente explotadas para sacar ventaja económica. Numerosas familias nos enseñan que se pueden afrontar los últimos años de la vida valorizando el sentido del cumplimiento y la integración de toda la existencia en el misterio pascual. Un gran número de ancianos es acogido en estructuras eclesiales, donde pueden vivir en un ambiente sereno y familiar en el plano material y espiritual. La eutanasia y el suicidio asistido son graves amenazas para las familias de todo el mundo. Su práctica es legal en muchos países. La Iglesia, mientras se opone firmemente a estas prácticas, siente el deber de ayudar a las familias que cuidan de sus miembros ancianos y enfermos»[35].

49. Quiero destacar la situación de las familias sumidas en la miseria, castigadas de tantas maneras, donde los límites de la vida se viven de forma lacerante. Si todos tienen dificultades, en un hogar muy pobre se vuelven más duras[36]. Por ejemplo, si una mujer debe criar sola a su hijo, por una separación o por otras causas, y debe trabajar sin la posibilidad de dejarlo con otra persona, el niño crece en un abandono que lo expone a todo tipo de riesgos, y su maduración personal queda comprometida. En las difíciles situaciones que viven las personas más necesitadas, la Iglesia debe tener un especial cuidado para comprender, consolar, integrar, evitando imponerles una serie de normas como si fueran una roca, con lo cual se consigue el efecto de hacer que se sientan juzgadas y abandonadas precisamente por esa Madre que está llamada a acercarles la misericordia de Dios. De ese modo, en lugar de ofrecer la fuerza sanadora de la gracia y la luz del Evangelio, algunos quieren «adoctrinarlo», convertirlo en «piedras muertas para lanzarlas contra los demás»[37].

Algunos desafíos

50. Las respuestas recibidas a las dos consultas efectuadas durante el camino sinodal, mencionaron las más diversas situaciones que plantean nuevos desafíos. Además de las ya indicadas, muchos se han referido a la función educativa, que se ve dificultada, entre otras causas, porque los padres llegan a su casa cansados y sin ganas de conversar, en muchas familias ya ni siquiera existe el hábito de comer juntos, y crece una gran variedad de ofertas de distracción además de la adicción a la televisión. Esto dificulta la transmisión de la fe de padres a hijos. Otros indicaron que las familias suelen estar enfermas por una enorme ansiedad. Parece haber más preocupación por prevenir problemas futuros que por compartir el presente. Esto, que es una cuestión cultural, se agrava debido a un futuro profesional incierto, a la inseguridad económica, o al temor por el porvenir de los hijos.

51. También se mencionó la drogodependencia como una de las plagas de nuestra época, que hace sufrir a muchas familias, y no pocas veces termina destruyéndolas. Algo semejante ocurre con el alcoholismo, el juego y otras adicciones. La familia podría ser el lugar de la prevención y de la contención, pero la sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo «pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros […] Notamos las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas»[38]. Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque «las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas»[39].

52. Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos. Ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad. Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio. Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad. Pero ¿quiénes se ocupan hoy de fortalecer los matrimonios, de ayudarles a superar los riesgos que los amenazan, de acompañarlos en su rol educativo, de estimular la estabilidad de la unión conyugal?

53. «En algunas sociedades todavía está en vigor la práctica de la poligamia; en otros contextos permanece la práctica de los matrimonios combinados […] En numerosos contextos, y no sólo occidentales, se está ampliamente difundiendo la praxis de la convivencia que precede al matrimonio, así como convivencias no orientadas a asumir la forma de un vínculo institucional»[40]. En varios países, la legislación facilita el avance de una multiplicidad de alternativas, de manera que un matrimonio con notas de exclusividad, indisolubilidad y apertura a la vida termina apareciendo como una oferta anticuada entre muchas otras. Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad. Si bien es legítimo y justo que se rechacen viejas formas de familia «tradicional», caracterizadas por el autoritarismo e incluso por la violencia, esto no debería llevar al desprecio del matrimonio sino al redescubrimiento de su verdadero sentido y a su renovación. La fuerza de la familia «reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar una familia, esta puede crecer gracias al amor»[41].

54. En esta breve mirada a la realidad, deseo resaltar que, aunque hubo notables mejoras en el reconocimiento de los derechos de la mujer y en su participación en el espacio público, todavía hay mucho que avanzar en algunos países. No se terminan de erradicar costumbres inaceptables. Destaco la vergonzosa violencia que a veces se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación. La violencia verbal, física y sexual que se ejerce contra las mujeres en algunos matrimonios contradice la naturaleza misma de la unión conyugal. Pienso en la grave mutilación genital de la mujer en algunas culturas, pero también en la desigualdad del acceso a puestos de trabajo dignos y a los lugares donde se toman las decisiones. La historia lleva las huellas de los excesos de las culturas patriarcales, donde la mujer era considerada de segunda clase, pero recordemos también el alquiler de vientres o «la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática»[42]. Hay quienes consideran que muchos problemas actuales han ocurrido a partir de la emancipación de la mujer. Pero este argumento no es válido, «es una falsedad, no es verdad. Es una forma de machismo»[43]. La idéntica dignidad entre el varón y la mujer nos mueve a alegrarnos de que se superen viejas formas de discriminación, y de que en el seno de las familias se desarrolle un ejercicio de reciprocidad. Si surgen formas de feminismo que no podamos considerar adecuadas, igualmente admiramos una obra del Espíritu en el reconocimiento más claro de la dignidad de la mujer y de sus derechos.

55. El varón «juega un papel igualmente decisivo en la vida familiar, especialmente en la protección y el sostenimiento de la esposa y los hijos […] Muchos hombres son conscientes de la importancia de su papel en la familia y lo viven con el carácter propio de la naturaleza masculina. La ausencia del padre marca severamente la vida familiar, la educación de los hijos y su integración en la sociedad. Su ausencia puede ser física, afectiva, cognitiva y espiritual. Esta carencia priva a los niños de un modelo apropiado de conducta paterna»[44].

56. Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»[45]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar»[46]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas»[47]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.

57. Doy gracias a Dios porque muchas familias, que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino. A partir de las reflexiones sinodales no queda un estereotipo de la familia ideal, sino un interpelante «collage» formado por tantas realidades diferentes, colmadas de gozos, dramas y sueños. Las realidades que nos preocupan son desafíos. No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera. En todas las situaciones, «la Iglesia siente la necesidad de decir una palabra de verdad y de esperanza […] Los grandes valores del matrimonio y de la familia cristiana corresponden a la búsqueda que impregna la existencia humana»[48]. Si constatamos muchas dificultades, ellas son —como dijeron los Obispos de Colombia— un llamado a «liberar en nosotros las energías de la esperanza traduciéndolas en sueños proféticos, acciones transformadoras e imaginación de la caridad»[49].

(Fuente: Vatican News)

Más que un Salto de Fe, Móntate con el Buen Pastor, superó meta de ventas

Más que un Salto de Fe, Móntate con el Buen Pastor, superó meta de ventas

La fe que movió a nuestra parroquia, y al equipo de Móntate con El Buen Pastor, demostró, una vez más, que, con Dios, todo se puede. Con alegría, les informamos que superamos la meta de ventas fijada para el sorteo.

La recaudación obtenida con las boletas, alcanzó los 3 millones 210 mil pesos. De estos, un millón 52 mil pesos se invirtieron en comprar los premios, permitiéndonos destinar dos millones de pesos, para un primer abono, al préstamo contraído para la construcción del Gran Salón Monseñor Cedano y Monseñor Pepén. Mientras, el remanente se usará para ayudar al pago de la cuota fija mensual.

Gracias a Dios y a todos ustedes, hermanos, por su apoyo. 

¡Dios los bendiga!

La Iglesia celebra el Viernes de Dolores, antesala de la Semana Santa: conoce su significado y origen

La Iglesia celebra el Viernes de Dolores, antesala de la Semana Santa: conoce su significado y origen

Fuente: Cope

A pocos días de empezar la Semana Santa y vivir la Pasión de Jesucristo hoy celebramos la festividad del ‘Viernes de Dolores’.

El Viernes de Dolores o Viernes de Pasión, es el viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la última semana de la Cuaresma. En algunas regiones es considerado como el inicio de la Semana Santa al iniciarse en este día las procesiones y representa el dolor de la Virgen María por la muerte y crucifixión de su hijo Jesús.

La Virgen, representada con lágrimas en los ojos y en ocasiones con una daga en el pecho, encarna los siete dolores que sufre antes de la pasión y muerte de Jesucristo.

Los cristianos manifiestan su fervor religioso en la celebración de los Dolores de Nuestra Señora, incluyendo por ejemplo en la liturgia de la Misa la secuencia del Stabat Mater, una plegaria que medita sobre el sufrimiento de María durante la crucifixión y muerte de Jesús, su hijo. En algunos lugares se le denomina Viernes de Concilio, y se toma como día de ayuno y abstinencia, quedando prohibido el consumo de carne.

¿Qué se celebra el Viernes de Dolores?

La celebración de Nuestra Señora de los Dolores es una antigua celebración mariana con muchísimo arraigo en Europa y en América. Prueba de ello son las numerosas muestras de piedad popular en torno a su devoción.

En este día se contempla la figura de María en la Pasión, acompañando a Jesús en la distancia y sufriente al pie de la Cruz. La Virgen Dolorosa, como también se la conoce popularmente, encarna siete dolores que son contemplados piadosamente por los fieles. Estos dolores los sufrió María durante toda su vida y están muy relacionados con su Hijo. Era el cumplimiento de lo que le dijo el anciano Simeón al presentar al Señor en el Templo: “Y a ti una espada te atravesará el alma”.

Los ‘siete dolores’ de la Virgen

Los siete dolores de la Virgen muestran momentos claves de la vida de Jesús y de su camino hacia la crucifixión y muerte. El primero se refiera a la profecía de Simeón cuando le anunció que una espada de dolor atravesaría su alma por los sufrimientos de Jesús. En cierto modo Simón manifestó que la participación de la Virgen María en la redención sería a base de dolor.

La huida a Egipto representa el segundo dolor, el que sintió cuando tuvo que huir con José y Jesús repentinamente y de noche tan lejos para poder salvar a su Hijo de la matanza decretada por Herodes. María vivió auténticos padecimientos viendo que Jesús ya era perseguido de muerte siendo un bebé.

Las lágrimas que derramó La Virgen María y el dolor que sintió al perder a su Hijo son el tercero de los 7 dolores de la Virgen. Tres días buscándolo angustiada hasta que lo encontraron en el templo.

En el cuarto de los 7 dolores de la Virgen pensamos en el profundo dolor que sintió la Virgen María cuando vio a Jesús cargado con la cruz, llevando el instrumento de su propio martirio.

El quinto de los 7 dolores de la Virgen María es el sufrimiento que sintió al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de su Hijo amado. La agonía de María viendo a Jesús sufriendo en la cruz.

En el sexto de los 7 dolores de la Virgen, revivimos el sufrimiento que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo sin vida de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo.

El duelo por la sepultura y la soledad es el sufrimiento infinito que siente una Madre al enterrar a tu Hijo y aunque tú sepas que al tercer día resucitara, el trance de la muerte es real para la Virgen. Este es el último de los 7 dolores de la Virgen y el más duro de todos.

¿Qué contemplamos el Viernes de Dolores?

Así, en Viernes de Dolores contemplamos piadosamente el dolor de una Madre transida de sufrimiento por su Hijo.

Así nos la representa la iconografía: de negro, con una espada atravesándole el corazón, con lágrimas en los ojos, las manos con los dedos entrelazadas en actitud de súplica desesperada en medio del dolor y la cara desencajada de tanto sufrimiento.

(Fuente: Cope)

4 razones por las que San José es un modelo a seguir para los hombres de hoy

4 razones por las que San José es un modelo a seguir para los hombres de hoy

San José (izquierda) / Crédito: Dominio Público y Unsplash

En este Año de San José es bueno recordar que, en el padre adoptivo de Jesús, el mundo tiene un ejemplo de hombría, la cual se encuentra en crisis en estos tiempos.

En un artículo publicado en el National Catholic Register, Mons. Charles Pope, sacerdote de la Arquidiócesis de Washington, señala que en la actualidad “algunos critican la hombría como ‘masculinidad tóxica’ y muchos hombres que son maridos y padres pasivos y remotos la viven mal”.

“Otros nunca logran el santo matrimonio, y otros se complacen en la promiscuidad sexual y engendran hijos imprudentemente fuera del matrimonio. La verdadera hombría es más difícil de encontrar hoy en día, y sin modelos a seguir, muchos jóvenes tienen poco sobre lo que construir”, señaló el sacerdote.

Frente a esa situación, Mons. Pope comparte en su artículo 4 razones que confirman a San José como modelo vigente de verdadera hombría:

1. José es un hombre que obedece a Dios y se aferra a su esposa

San José estaba comprometido con María; estaban casados. En cierto momento, se descubrió que María estaba embarazada, aunque no de José. Las Escrituras dicen que José era un “hombre justo”, es decir, que era un seguidor de la ley judía que Dios dio a través de Moisés.

Aunque la ley decía que si un hombre descubría que una mujer con la que estaba comprometido no era virgen, debía divorciarse de ella y no “mancillar” su hogar. José, como seguidor de la ley, estaba dispuesto a acatarla, pero no deseaba exponer a María a toda la fuerza de la ley, que permitía la lapidación. Por lo tanto, eligió seguir la ley a través del decreto de divorcio, pero no acusándola públicamente, lo que le habría traído peligro y deshonra.

A pesar de sus miedos, a José se le dice en un sueño que no tema y que María no había cometido ningún pecado. El Evangelio de Mateo indica (1:24): “Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer”.

Como hombre justo, José obedeció a Dios sin importarle que podría sufrir por ello. A José se le dice que se aferre a su esposa y obedece a Dios antes que a los hombres. Se necesita un hombre fuerte para ello, especialmente cuando consideramos la cultura de aquel entonces.

José es modelo de virilidad fuerte y tiene algo que decir a los hombres de hoy. En los votos matrimoniales actuales, un hombre acepta aferrarse a su esposa, para bien o para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud o en la enfermedad. Esto es lo que debe hacer un hombre.

Nuestra cultura a menudo presiona a los hombres para que piensen en ellos y se rescaten a sí mismos, pero cuando hay problemas, José muestra el camino al obedecer a Dios sobre las presiones de la cultura prevaleciente, incluso si él personalmente pudiera sufrir por ello.

2. La vocación de José es más importante que su trabajo

En Belén, un ángel advierte a José en un sueño: “‘Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mateo 2:13). José pudo haber perdido mucho. De regreso en Nazaret, tenía un negocio y oficio, por lo que huir a una tierra lejana podría significar dificultades.

Sin embargo, José fue padre y esposo antes que empresario. Su hijo fue amenazado y su primera obligación fue con Jesús y María. Su vocación pesó más que su oficio.

En una cultura como la nuestra, donde muchos padres dan prioridad a sus carreras y sus medios de vida, José muestra una prioridad diferente.

El mensaje de José es claro y señala el camino para los padres: la vocación tiene prioridad sobre la carrera. Para los padres especialmente, José muestra que un hombre es esposo y padre antes que un hombre de negocios.

3. José protegía a su familia sobre todas las cosas

José, como modelo de hombría, protegió a su familia de múltiples amenazas, y es por eso que modela un instinto protector del que muchos hombres carecen. Si bien los peligros físicos son menos comunes, es posible que abunden más los peligros morales.

Para que un hombre sepa si está protegiendo a sus hijos de daños físicos, morales y espirituales, se puede preguntar: ¿Qué ven sus hijos en la televisión? ¿Cuáles son sus hábitos en Internet? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Qué piensan sus hijos sobre cuestiones morales importantes? ¿Los está preparando para enfrentar los desafíos morales y las tentaciones de la vida? ¿Están usted y su esposa enseñándoles la fe y leyéndoles las Escrituras? ¿O es simplemente un padre pasivo, que no participa en la crianza de sus hijos?

4. José era un hombre trabajador

La Biblia (Mateo 13:55) habla de José como un “carpintero”. La palabra griega, sin embargo, es tektonos, que también puede referirse a un constructor o artesano.

Lo verdaderamente importante es que, a través de su trabajo, José mantuvo a su familia.

Ese es el llamado de un hombre, el trabajar con diligencia y a mantener a su familia de manera responsable y confiable. José modela este aspecto esencial de la hombría y trabajó duro por su familia.

Aunque sus palabras no se registraron en las Sagradas Escrituras, la vida de José es elocuente, y por ello se le conoce como el “guardián” y “Patrono de la Iglesia Universal”.

Tiene estos títulos porque fue el guardián, protector y patrono (proveedor) de la Iglesia en la etapa más temprana, cuando la Iglesia era solo Jesús y María. Pero dado que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, al proteger y proveer para Jesús, él lo hacía por la humanidad.

Los hombres hacen especialmente bien en imitar a San José e invocar su patrocinio en todos sus esfuerzos como esposos, padres y proveedores.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

(Fuente: Aciprensa)

¿Caes en el vicio del chisme? Estas afirmaciones te lo dirán

¿Caes en el vicio del chisme? Estas afirmaciones te lo dirán

Imagen referencial. Crédito: Olichel – Pixabay (Dominio Público)

El chisme es una falta grave y tal vez uno puede estar cayendo en ella sin darse cuenta, por ello, la escritora Patti Armstrong brinda algunas frases que pueden ayudar a descubrir si debemos corregir este vicio.

En un artículo de National Catholic Register, Armstrong señaló que el chisme es tentador, tan tentador que “podemos convencernos de que en realidad no” lo estamos haciendo.

En 2019, el Papa Francisco advirtió que el chisme tiene el poder destructivo de una bomba atómica y señaló que este vicio “siembra discordia y enemistad, siembra mal”.

“Las guerras comienzan con el lenguaje. Es como una bomba atómica. Antes de decirle a los demás, tómate un espejo y mírate”, aconsejó.

El Santo Padre lamentó que “estamos acostumbrados un poco por la gravedad del egoísmo a mirar solo las faltas de los demás. Inmediatamente encontramos las faltas de los demás y hablamos de ello”.

“Las habladurías destruyen, destruyen. Destruyen una familia, un barrio, una parroquia, destruyen todo. Pero sobre todo los chismes destruyen el corazón”, aseguró.

A continuación, presentamos 10 afirmaciones que si son parte de nuestro actuar pueden mostrar que estamos cayendo en el vicio del chisme.

1.- Mientras sea verdad, está bien repetir el chisme.

2.- Necesitaba desahogarme.

3.- Solo se lo dije a una persona.

4.- Se lo dije a la gente solo para pedirles sus oraciones por esa pobre alma.

5.- Se me escapó por accidente así que no estaba chismeando intencionalmente.

6.- Pasé una semana sin decírselo a nadie, entonces tuvo que contárselo sólo a una persona.

7.- Se lo dije a alguien en confidencia y le hice prometer que no lo repetirá.

8.- Necesitaba consejo sobre cómo manejar ese tema.

9.- Si él o ella actuará de esa forma, entonces se lo merece.

10.- Estoy rezando por él, así que todo está bien.

(Fuente: Aciprensa)

La Arquidócesis de Santo Domingo orienta sobre la celebración de esta Semana Santa

La Arquidócesis de Santo Domingo orienta sobre la celebración de esta Semana Santa

A TODA LA ARQUIDIOCESIS DE SANTO DOMINGO

Muy queridos hermanos y hermanas:

Se acerca la Semana Santa. Sé que todos ustedes están esperando algunas orientaciones para las celebraciones de estos días.

Para la celebración del Misterio Pascual en este tiempo de pandemia establecemos lo siguiente:

1.El Domingo de Ramos en la Catedral y en todas las Parroquias celebraremos la entrada del Señor con la bendición de los ramos sin procesión, siguiendo la tercera forma establecida en el Misal Romano.
2.Lunes, Martes y Miércoles Santos se tendrá la Eucaristía, Retiros y otros actos piadosos propios de estos días, obviando las procesiones.
3.El Martes Santo, a las 9:30 a.m., celebraremos la Misa Crismal en la Catedral Castrense Santa Bárbara.
4.El Jueves Santo a las 9:30 a.m., celebraremos la Misa Crismal en la Catedral Primada, presidida por el Arzobispo, con la participación de todos los sacerdotes de la Arquidiócesis y una reducida representación de la vida consagrada y de los laicos formada por 5 personas por Vicaría Episcopal Territorial y el Distrito Nacional.
5.El Jueves Santo en la tarde celebraremos la Misa Vespertina de la Cena del Señor en la Catedral y en las Parroquias sin incluir el lavatorio de los pies. La tradicional Adoración Eucarística se organizará en grupos reducidos, guardando el horario del Toque de Queda y continuando hasta las 3 de la tarde del Viernes Santo.
6.El Viernes Santo se tendrá desde la Catedral Primada de América, el acostumbrado Sermón de las 7 palabras. En la tarde de ese celebraremos los oficios de a Pasión del Señor y en la noche el tradicional “Concierto del Viernes Santo” con reducido público y transmitido por los medios de comunicación.
7.El Sábado Santo celebraremos a las 6:00 p.m., la solemne Vigilia Pascual en la Catedral y en todas las Parroquias. El lucernario se tendrá en la puerta del templo con procesión del Celebrante y sus ministros y sin celebraciones del Bautismo. Siguiendo la fórmula breve del ritual.
8.El Domingo de Pascua se tendrán las Celebraciones Eucarísticas en la Catedral y en todas las Parroquias en el horario conveniente.

Todo se hará como lo hemos hecho hasta ahora asegurando el estricto cumplimiento del protocolo establecido por el Ministerio de Salud respeto al uso de mascarillas, distanciamiento físico y aplicación de desinfectantes.

Les recomiendo que hagamos todo con PRUDENCIA Y CREATIVIDAD.

Imploramos al Señor Resucitado, vencedor de la muerte y de todos los males, la superación de esta pandemia y que el proceso de vacunación llegue a todos y siga abriendo caminos de luz y de esperanza en esta situación.

Con bendiciones,

† MONS. FRANCISCO OZORIA ACOSTA
Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo
Primado de América

(Fuente: Diario Católico)

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

VII Encuentro Mundial de las Familias.

Mensaje del Santo Padre a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Apoyemos a la familia, defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”, lo dijo el Papa Francisco en su mensaje a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.

Hoy es necesaria una nueva mirada a la familia

En su Mensaje, el Santo Padre recordó que, hace años se promulgó la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris laetitia sobre la belleza y la alegría del amor conyugal y familiar. “En este aniversario – señaló el Pontífice – los he invitado a vivir un año de relectura del Documento y de reflexión sobre el tema, hasta la celebración de la X Jornada Mundial de las Familias que, si Dios quiere, tendrá lugar en Roma el 26 de junio de 2022”. Durante este quinquenio, Amoris laetitia ha marcado el inicio de un camino tratando de impulsar un nuevo enfoque pastoral de la realidad de la familia. “La intención principal del Documento – subrayó el Papa – es comunicar, en un tiempo y una cultura profundamente cambiados, que hoy es necesaria una nueva mirada a la familia por parte de la Iglesia: no basta con reiterar el valor y la importancia de la doctrina, si no nos convertimos en custodios de la belleza de la familia y si no cuidamos con compasión su fragilidad y sus heridas”.

Dos aspectos que están en el corazón de la pastoral familiar

Por ello, es importante afirmó el Papa Francisco estos dos aspectos que están en el corazón de toda la pastoral familiar: la franqueza del anuncio del Evangelio y la ternura del acompañamiento. “Por un lado, anunciamos a las parejas, a los esposos y a las familias una Palabra que les ayude a captar el auténtico sentido de su unión y de su amor, signo e imagen del amor trinitario y de la alianza entre Cristo y la Iglesia”. Por otra parte, esta proclamación no puede ni debe darse nunca desde arriba o desde fuera. La Iglesia está encarnada en la realidad histórica como lo estuvo su Maestro, e incluso cuando anuncia el Evangelio de la familia lo hace sumergiéndose en la vida real, conociendo de cerca las labores cotidianas de los esposos y de los padres, sus problemas, sus sufrimientos, todas esas pequeñas y grandes situaciones que pesan y a veces obstaculizan su camino.

“Nuestro amor cotidiano”

Este es el contexto, les dijo el Papa a los participantes en el seminario web, se trata del amor generado por la sencillez y el trabajo silencioso de la vida de pareja, por ese compromiso cotidiano y a veces agotador que llevan a cabo los cónyuges, las madres, los padres, los hijos. Un Evangelio que se propone como una doctrina caída de lo alto y no entra en la «carne» de esta vida cotidiana, corre el riesgo de quedarse en una bella teoría y, a veces, de ser vivido como una obligación moral. Estamos llamados a acompañar, a escuchar, a bendecir el camino de las familias; no sólo a trazar la dirección, sino a hacer el camino con ellas; a entrar en los hogares con discreción y con amor, para decir a los esposos: la Iglesia está con ustedes, el Señor está cerca de ustedes, queremos ayudarles a conservar el don que han recibido.

Ayudar a la familia a realizar su misión

El Santo Padre precisa que, es fundamental anunciar el Evangelio acompañando a las personas y poniéndonos al servicio de su felicidad: así podemos ayudar a las familias a caminar de una manera que responda a su vocación y misión, conscientes de la belleza de los vínculos y de su fundamento en el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. “Cuando la familia vive bajo el signo de esta Comunión divina, que he querido explicitar en sus aspectos existenciales en Amoris laetitia, entonces se convierte en palabra viva de Dios-Amor, hablada al mundo y para el mundo”. En efecto, la gramática de las relaciones familiares -es decir, de la conyugalidad, de la maternidad, de la paternidad, de la filialidad y de la fraternidad- es la vía por la que se transmite el lenguaje del amor, que da sentido a la vida y calidad humana a toda relación.

Los lazos familiares dan estabilidad a la comunidad humana

En esta época de pandemia, recuerda el Pontífice, en medio de tantas dificultades tanto psicológicas como económicas y sanitarias, todo esto se ha puesto de manifiesto: los lazos familiares han sido y siguen siendo duramente probados, pero al mismo tiempo siguen siendo el punto de referencia más firme, el apoyo más fuerte, el guardián insustituible para la estabilidad de toda la comunidad humana y social. “¡Así que apoyemos a la familia! Defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos: hijos, padres, abuelos… Necesitamos estos vínculos para vivir y vivir bien, para hacer la humanidad más fraterna”.

(Fuente: Vatican News)