Papa Francisco: Es mejor una Iglesia accidentada en salida a una Iglesia enferma encerrada
En su reflexión de hoy antes del rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco afirmó que es mejor una Iglesia accidentada por anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma por estar encerrada.
Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre dijo que “la Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida. Y cuando la Iglesia no está en salida, se enferma de las muchas enfermedades que tenemos en la Iglesia”.
“¿Y por qué estas enfermedades en la Iglesia? Porque no está en salida. Es cierto que cuando uno sale está el peligro de un accidente. Pero es mejor una Iglesia accidentada por salir a anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma por estar encerrada”, dijo el Pontífice.
“Dios sale siempre, porque es Padre, porque ama. La Iglesia debe hacer lo mismo, siempre en salida”, aseguró.
El Papa Francisco explicó que “Dios llama a todos y llama siempre. A cualquier hora. Dios actúa así también hoy: nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar”.
“Él no está encerrado en su mundo, sino que ‘sale’ continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor”. “Dios siempre está en salida, buscándonos”.
Del mismo modo, “también nuestras comunidades están llamadas a salir de los varios tipos de ‘fronteras’ que pueden existir, para ofrecer a todos la palabra de salvación que Jesús vino a traer”.
“Se trata de abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales y aún no han experimentado, o han perdido, la fuerza y la luz del encuentro con Cristo”, subrayó el Papa.
La inteligencia de la abeja, su paciencia, su capacidad para elaborar con el polen un suave alimento, son todas las cualidades de una lectura exigente de la Escritura.
¿Leer? Para resistir, dar vida a las palabras, aprender a amar. ¡Perfecto! Pero, ante todo, leer para escrutar, comprender y hacer nuestras las palabras del Libro que contiene las huellas de Dios, sus palabras, su presencia secreta, su larga paciencia antes de manifestarse con Cristo. Pero ¿cómo conseguir leer la Biblia a este nivel?
Leer la Biblia para respirarla
Cuando el diplomático y poeta francés Paul Claudel recorrió la Biblia página a página durante largos años, leía con ojo avizor y la pluma tan alerta como el palo de un zahorí.
Todo, según él, le hablaba a alguno de nuestros cinco sentidos, evocaba una imagen, una emoción espiritual, una lección.
Prácticamente lo único que le faltaba era pegar la oreja a la página para escucharla respirar como a través de un estetoscopio.
“La Biblia respira”, decía. Contiene el aliento de Dios, su Espíritu que obra en la historia de su pueblo y, sobre todo, en nuestra actualidad, nuestra vida aquí y ahora.
Haciendo uso de la inteligencia del corazón, podemos aspirar este aliento, como una especie de boca a boca de reanimación espiritual.
Pero esta insuflación requiere paciencia.
Benedicto XVI, cuando inauguró el Colegio de los Bernardinos en París en 2008, remontó el origen de nuestra cultura a esta fraternidad de monjes inquietos, en su unidad, por buscar a Dios y compartir su palabra desde un mismo amor por los textos sagrados.
La erudición, la formación, el dominio de las lenguas y las gramáticas se ponían todos al servicio del arte de la lectura.
No como una única manera de leer sino, gracias a los múltiples niveles de sentido en las palabras, con una cascada de referencias de un texto a otro y de una sinfonía de comprensiones añadidas unas a otras. Porque, como dicen los monjes, el saber acumulado en sí mismo no es más que jactancia.
Como una abeja
La lectura está al servicio del deseo de Dios. Al encontrarlo a Él, nos encontramos nosotros. Al encontrarnos un poco, Le buscamos aún más.
El teólogo Guillermo de Saint-Thierry, discípulo y amigo de san Bernardo de Claraval, explicaba a sus hermanos de abadía que hay que rumiar la Palabra, “dando un bocado” cada día y confiándolo “al estómago de la memoria”.
Nada de glotonería, de lectura en la superficie de las palabras, de miradas de pasada. En vez de eso, una lucha amorosa para, como Jacob con el ángel, buscar un reconocimiento que habrá que retomar un poco más tarde.
Entonces, ¿qué cualidad hay que tener para leer bien y respirar la Biblia? Los autores monásticos lo tienen claro: ¡la de la abeja!
La abeja pecorea, va a buscar su alimento por todas partes, en todas las flores de Dios y, de ello, fabrica miel.
Esta inteligencia de la abeja, su paciencia, su capacidad para elaborar con el polen un suave alimento, son todas las cualidades de una lectura exigente.
Todo ello permite, a través de esta amistad familiar con la palabra de Dios, aprender a “conocer el corazón de Dios”, como decía san Gregorio Magno.
La comunión diaria: ¿una gracia o una práctica excesiva?
Piotr Hukalo/EAST NEWS
Hoy en día, es del todo normal comulgar en cada misa. Sin embargo, si esta práctica se vuelve diaria, ¿no podría llevar a considerar la Eucaristía como una cosa banal? O al contrario, ¿podría ser un camino de santificación?
¿Es útil comulgar a menudo? Esta es una pregunta que nunca se planteó el rey san Luis de Francia. Él “escuchaba” dos misas al día, como se decía entonces, es decir, que asistía sucesivamente a dos “misas bajas” pero, como todos los hermanos menores y los dominicos de su siglo, solamente comulgaba siete veces al año, en las grandes celebraciones.
No se trataba de una falta de confianza en Dios, sino que lo hacían en virtud de un inmenso respeto hacia el cuerpo de Cristo recibido en la comunión: únicamente comulgaban después de haberse preparado mucho tiempo para ello.
Hoy en día, gracias a las enérgicas exhortaciones de León XIII y luego de san Pío X para regresar a la práctica primitiva de la Iglesia, a los cristianos les parece normal comulgar cada vez que van a misa.
Y como las reglas del ayuno eucarístico se han relajado considerablemente, apenas hay que realizar esfuerzos para comulgar sea cual sea la hora de la misa.
De manera que hoy muchos cristianos van a comulgar todos los domingos e incluso todos los días. ¡Y algunos no se confiesan casi nunca o rara vez rezan! ¿Qué podemos pensar de esto?
Comulgar lo más a menudo posible, con una condición
La comunión solamente da todo su fruto si, en las horas que la preceden, repetimos intensamente a Jesús que necesitamos de Él y Le suplicamos que inunde nuestro corazón.
Después comulgar, también hemos de dedicar tiempo a hablarle. Entonces, ese “cuerpo a cuerpo” eucarístico se ampliará a un auténtico “corazón a corazón” que se prolongará durante todo el día.
El santo Cura de Ars advertía a sus compañeros contra el hábito que tenían de precipitarse sobre el periódico en cuanto terminaba la misa, en vez de continuar el diálogo con Aquel a quien acababan de tener en las manos y entregar a los fieles.
Por su parte, la mística Marta Robin llegó a decir que la oración era más importante que la comunión diaria. Ciertamente, decía ella, la oración “exige mucho más esfuerzo. La comunión sacramental, además, puede no ser posible durante un largo intervalo debido a diferentes defectos que Dios envía a sus criaturas para ponerlas a prueba. La oración siempre es posible, aunque sólo sea durante unos minutos. La comunión no implica siempre virtud: podemos ser culpables y comulgar el cuerpo y la sangre del Señor. La oración de cada día tampoco quiere decir que seamos virtuosos, aunque sí es una prueba de que nos esforzamos seriamente para serlo”.
Así que, sigamos comulgando lo más a menudo posible, si tenemos ese buen hábito. Pero que esas comuniones sean la cumbre de nuestra jornada. Una cumbre para cuya ascensión nos preparamos y cuyo descenso “en las manos de Jesús” lo hacemos con el corazón lleno de alegría.
Estas parejas han decidido poner palabras a sus sentimientos
En la era digital, pocas parejas siguen escribiéndose cartas de amor. Sin embargo, no hay nada más romántico que una carta de amor para expresar tus sentimientos…
Xavier recibe cada tarde el mismo mensaje de su mujer: “¿A qué hora vuelves?”. Queda lejos del romanticismo y la delicadeza de Luis Martin, que le escribe a su mujer Celia: “No podré llegar a casa hasta el lunes; la espera se me hace larga, estoy impaciente por estar cerca de ti”.
¿Han matado la inmediatez y las pantallas la correspondencia amorosa? Es una evidencia que muchas conversaciones de las parejas de hoy se hacen a través de mensajes de WhatsApp.
De esta manera nos privamos del uso de uno de los cinco lenguajes del amor. Una carta es un formato maravilloso para salir de la rutina y saborear el matrimonio.
Escribir es dedicarle tiempo al otro
¡Cuan emocionante es recibir una carta escrita por quien tanto amas! Paul, viaja con frecuencia y cada vez que lo hace, envía una postal a su mujer. Explica que cuando le escribe, “me dedico a ella. Para mi ese tiempo es único». Se trata de una manera muy sencilla, pero ardiente y profunda, de mantener y de tejer vínculos. Es una forma de comunicarse accesible, incluso para el que cree no saber escribir.
Así pues, un detalle desconocido del otro puede conmover más que una gran declaración literaria. Una carta nunca carece de sentido, aunque evoque lo cotidiano, “siempre y cuando no solo trate hechos, sino también los sentimientos personales relativos a estos hechos”, analiza Bénédicte de Dinechin, consejera matrimonial. En este caso, refuerza la relación.
A Jeanne le marcó una postal con su santa patrona en la que su marido había escrito: “¡Juana de Arco es fuerte como tú! Su imagen me recuerda cuánto necesito tu fuerza”.
Amor a distancia
La función tradicional de la correspondencia amorosa sigue siendo conjurar la ausencia. Axelle, cuyo marido militar parte con regularidad varios meses consecutivos, comparte su día a día en una carta semanal para seguir en contacto con su esposo y que el regreso no sea demasiado brusco. Por su parte, a Gwénola, sola de vacaciones con sus hijos durante un mes en verano, se le pasa el tiempo más rápido cuando recibe una carta de su marido. Le gusta el ritual: tocar el sobre, abrirlo, desplegar el folio, sola en su habitación, saborear sus palabras. “Leyéndolo me invaden grandes dosis de gratitud y los recuerdos de los buenos momentos. Es como si suprimiera la distancia”.
Ella misma busca, cuando le responde a Éric, hacerle feliz.
Por su parte, Pauline y Louis se dedican una carta muy importante al año cuando uno de los dos realiza un retiro en el que se encuentran frente a ellos mismos y pueden escribirse de verdad. Es un tiempo para poner de nuevo palabras a su compromiso, a proyectos pendientes y en el que buscan cómo mejorar su relación.
La carta también ayuda a evitar la escalada verbal en caso de conflicto. En los periodos armoniosos, sirve para abrirse de manera constructiva. Évelyne y Étienne se escriben al menos una vez al mes. Esta comunicación epistolar ha dado “un nuevo impulso” a su pareja, en un momento en el que sus hijos han abandonado el nido familiar. Étienne lo explica: “La carta desarrolla nuestra relación de amor, pero no en el sentido romántico en el que se entiende. Enriquece el contenido de la comunicación conyugal y nos atrevemos a abordar cosas que nuestros caracteres poco proclives al conflicto tenderían a callarse”. Este método aporta tantos más frutos cuanto que siempre vaya seguido de un intercambio verbal, puesto que la carta no remplaza el diálogo: lo prepara o lo vuelve abrir.
Palabras que mantienen la llama viva
Para algunas parejas, la carta permite releer su vida, animarse, alertarse ante una herida, presentar las debilidades, perdonarse o marcar el carácter único de su relación. Bruno, casado desde hace 22 años, le da a su mujer una carta dos veces a la semana, cuando vuelve del trabajo. En el tiempo que pasa a diario de trayecto en el tren, lee su breviario y, más tarde, le escribe en una hoja de tamaño A4. “A veces es corta y banal; otras veces, intensa y profunda, y haber escrito esta cita con ella en mi agenda prolonga la fidelidad prometida el día de nuestra boda”, explica este padre de cuatro hijos.
Ocurre lo mismo con Amicie y Jean. Reservan media hora todos los lunes en un bar, cara a cara, para escribirse cada uno una carta. “¿Para qué sirve que le escribas a papá si lo ves todos los días?”, preguntó su hija de 12 años. Los cónyuges lo saben: se muestran concretamente que su amor del uno por el otro es prioritario. Así van acumulando muestras de amor en las que apoyarse durante los periodos más difíciles en su vida de pareja.
Amicie se permite volverse poética, escribir cumplidos o expresar críticas. Sola ante su folio, aprende a argumentar y a desarrollar su pensamiento. Al contrario que al enviar mensajes de texto, además escribe siempre sentada, para asentar su pensamiento. Cartas de perdón, de reproche, de agradecimiento… Esta mujer, disléxica en el pasado, ha aprendido así a expresar sus emociones.
Por último, escribir permite proyectar la pareja hacia el futuro. “La carta de amor, incluso aunque abordemos un tema difícil, inscribe nuestra relación entre el pasado y el futuro, pues comienza siempre con un agradecimiento dirigido al otro y termina con la promesa de un ‘pequeño paso’ que uno se compromete a realizar por el otro próximamente”, precisa Évelyne.
Esta huella de eternidad que lleva la correspondencia amorosa inscribe la relación en el tiempo. “En cuarenta años, no podremos encontrar en el granero una caja con WhatsApp, posts de Facebook o mensajes de texto. Pero podremos toparnos con nuestras cartas –se entusiasma Paul–. Y entonces… ¡qué emoción!”.
Cáritas Dopminicana cumple 59 años de servicio a los más necesitados
Ha desarrollado de manera ininterrumpida su misión de implementar procesos de promoción humana y desarrollo integral.
Santo Domingo, R.D. Constituida por disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) el 19 de septiembre de 1961, Cáritas Dominicana alcanza en esta fecha sus 59 años, desarrollando su labor de manera ininterrumpida, con la misión de impulsar, coordinar e implementar procesos de promoción humana y desarrollo integral para construir una sociedad más justa y solidaria.
Sobre este logro, José Gautreau, director nacional, agradeció a “Dios y a todas las instituciones, empresas, agencias de cooperación y todas aquellas personas que con su generosidad y solidaridad nos han apoyado para hacer posible nuestra labor y llevar a cabo los más de mil proyectos ejecutados en toda la geografía nacional durante estos 59 años”.
En ese sentido, Cáritas Dominicana, encomendada por la CED, ha estado presente en la respuesta ante los desastres y emergencias generados por fenómenos naturales que han ocurrido en nuestro territorio nacional. En estos momentos de pandemia de COVID-19, se realizan grandes esfuerzos para dar la atención necesaria a los más vulnerables de la República Dominicana.
Sobre su estructura, la Red Cáritas Dominicana tiene cobertura en todo el territorio nacional a través de las Cáritas Arquidiocesanas de Santo Domingo y Santiago, y de las Cáritas Diocesanas de Barahona, Baní, La Vega, San Pedro de Macorís, San Francisco de Macorís, Puerto Plata, Mao-Montecristi, y Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, bajo la coordinación de la oficina nacional.
Su plan estratégico recoge siete ejes fundamentales: Salud; Educación; Infraestructura; Asistencia Humanitaria; Economía-Agropecuaria; Medio Ambiente, Gestión de Riesgos y Emergencias (MAGRE); y Fortalecimiento institucional, implementando proyectos para millones de beneficiarios de manera sistemática y permanente.
Caritas Dominicana siente el regocijo del servicio entregado y el compromiso de seguir trabajando día a día en base a su misión, procurando siempre que a la luz del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia se haga presente el Reino de Dios, con sus acciones en favor de los más pobres y vulnerables.
Esta madre perdió a sus gemelas y unió su corazón crucificado a la Virgen de los Dolores
Foto referencial. Crédito: Pixabay
Amanda Evinger es una periodista del National Catholic Register que relata cómo fue para ella perder a sus hijas gemelas, y cuenta que pudo entender el sentido de su profundo sufrimiento de la mano de la Virgen de los Dolores, a quien la Iglesia celebra hoy.
“Hasta hoy aún no estoy segura sobre quién era el sacerdote, pero ciertamente dijo algo que cambió el rumbo de mi vida, tal vez en más formas de las que puedo entender”.
“Él me dijo: ‘Sé que debe ser muy pero muy difícil, pero necesitas darle gracias a Dios porque tuviste la oportunidad de ser como Nuestra Señora de los Dolores. No a muchas mujeres se les ha dado tal gracia extraordinaria’”, dijo la periodista.
Evinger resaltó que tras escuchar al sacerdote, “un pequeño arcoíris brilló sobre el dolor de mi corazón crucificado. Comencé a ver que estaba pasando por una especie mística de propósito, un propósito que podría cantar la benevolencia y la omnisciencia de Dios, si solo se lo permitía”.
La periodista del National Catholic Register escribió luego que “sentí algo de ira cuando escuché por primera vez las palabras del sacerdote y me transporté al momento en que tuve sus cuerpos fríos y sin vida en mis brazos. Sin embargo, gracia la gran bondad de Dios, esta ira se fue y con el tiempo comencé a ver que las palabras del sacerdote eran un bálsamos para mi alma herida”.
“Ahora me doy cuenta que fue providencial que mis gemelas comenzaran a morir el 15 de septiembre, en la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, y finalmente murieran al día siguiente. Dios puede hacer cosas extraordinarias con nuestros sufrimientos, solo si se lo permitimos”.
Evinger destacó asimismo que “nuestras angustias, nuestros dolores corporales, nuestras batallas espirituales, todas estas cosas pueden ser transformadas en victorias por el amor del Crucificado”.
“Cuando ofrecemos nuestros sufrimientos a Cristo a través de la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, estos se hacen puros a la vista de Dios, suscitando una gran cosecha de gracias divinas”, resaltó.
Un día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia conmemora a Nuestra Señora de los Dolores.
Esta advocación mariana viene desde muy antiguo, desde los orígenes de la Iglesia católica, cada vez que los cristianos recordaban los dolores de Jesús, que estuvieron asociados a los de su Madre.
A inicios del siglo XIX, en 1814, fue instituida como Fiesta por el Papa Pío VII, quien dispuso que se celebre cada 15 de septiembre.
Sacerdote explica una enseñanza poco conocida sobre la Comunión Eucarística
Foto referencial. Crédito: Pixabay.
Debido a la pandemia, algunas iglesias en Estados Unidos han dejado de dar a los fieles las dos especies del pan y el vino en la Comunión. Frente a ello, el P. John Cush, sacerdote de la Diócesis de Brooklyn, aclaró que el recibir una de las dos especies durante este sacramento basta para recibir todos los frutos de la gracia, pues Cristo está presente en su totalidad.
El también doctor en Teología Sagrada por la Pontificia Universidad Gregoriana y decano académico del Pontificio Colegio Americano del Norte en la Ciudad del Vaticano, relató a National Catholic Register que por el contexto de la pandemia, en su parroquia se ha dejado de dar a los fieles la Comunión bajo las dos especies.
Destacó que su parroquia es la única multiétnica de la diócesis “con un pastor nacido en Pakistán, una Misa en urdu, comunidades haitianas e hispanas en crecimiento, y muchas otras personas, la mayoría residentes desde hace mucho tiempo en el área de Brooklyn” y que es “un oasis de bienvenida para mí, una verdadera familia y un lugar de descanso y oración”.
La comunidad católica “aprecia las homilías con historias sobre personas amables con los demás, “descrita por el Obispo Robert Barron como ‘catolicismo beige’ […] lo que más quieren es aprender sobre la fe, su contenido, sus prácticas y tradición y la mejor manera de vivir esta fe en el mundo de hoy”, añadió.
El P. Cush dijo que este verano, luego de sus labores como decano académico, regresó a la parroquia de Brooklyn a ofrecer la Misa de funeral de su madre y se sorprendió al notar que los fieles no sabían por qué recibir la Comunión bajo una especie estaba en la doctrina.
Como llegó durante la pandemia, el P. Cush fue testigo de los esfuerzos de la parroquia para establecer medidas contra la expansión del COVID-19. Además del uso de mascarillas, desinfectantes y la distancia social, dijo que suspendieron las procesiones, los momentos de encuentro al inicio y final de la Misa y el uso del agua bendita.
“También desapareció el signo de la paz durante la Misa. Quizás lo que más me llamó la atención fue la falta de lectores, un diácono, si está presente, hace las lecturas; si no, el celebrante lo hace”, dijo.
También, subrayó “la falta de ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión para distribuir el cáliz a los fieles” y dijo que “en todas las Misas, solo el sacerdote celebrante bebía del cáliz y él y solo él purificaba el cáliz”.
Al respecto, el P. Cush observó que “a nivel diocesano y parroquial, se explicó muy bien la justificación para no distribuir el cáliz”, pero “muy pocos feligreses conocían la doctrina de la concomitancia eucarística. Por eso decidí ofrecer en el transcurso de una homilía una breve explicación del mismo y pensé en compartirla con ustedes”, dijo.
La Iglesia Católica enseña que la “concomitancia”, en palabras de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Communis, en su obra Summa Theologiae, significa que: “Nada se pierde cuando el Cuerpo es recibido por el pueblo sin la Sangre: porque el sacerdote ofrece y recibe la Sangre en nombre de todos y todo Cristo está presente en ambas especies”.
Explicó que “cuando recibimos la Sagrada Comunión bajo la forma de la Hostia consagrada, recibimos el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Y que cuando recibimos la Sagrada Comunión bajo la forma de la Preciosa Sangre en el cáliz, recibimos el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
“Por lo tanto, si uno recibe la Sagrada Comunión bajo una especie -y, en la mayor parte de nuestra historia católica en Occidente, ofrecimos la Eucaristía solo bajo la forma de la Hostia-, nada falta en esa recepción”, precisó.
El sacerdote también se refirió al Catecismo de la Iglesia Católica, que enseña que: “Dado que Cristo está presente sacramentalmente bajo cada una de las especies, la comunión bajo solo la especie del pan permite recibir todos los frutos de la gracia eucarística. Por razones pastorales, esta forma de recibir la comunión se ha establecido legítimamente como la forma más común en el rito latino”.
No obstante, también recordó que el recibir ambas especies es la forma habitual de recibir la comunión en los ritos orientales, porque en el Catecismo también se indica que “el signo de la comunión es más completo cuando se da bajo ambos tipos, ya que en esa forma el signo de la comida eucarística aparece más claramente”.
“La enseñanza inmutable de la Iglesia desde la época de los Padres a través de los siglos, especialmente en los concilios ecuménicos de Letrán IV, Constanza, Florencia, Trento y Vaticano II, ha sido testigo de una unidad constante de fe en la presencia de Cristo en ambos elementos”, se lee en el documento.
Además se indica que “incluso en los primeros días de la vida de la Iglesia, cuando la comunión bajo ambas especies era la norma, siempre había casos en que la Eucaristía se recibía únicamente en forma de pan o vino. […] Así, la Iglesia siempre ha enseñado la doctrina de la concomitancia, por la que sabemos que bajo cada especie está toda la persona de Cristo sacramentalmente presente y que recibimos todo el fruto de la gracia eucarística”.
“Oramos por el fin de la pandemia mundial y por la reanudación de las actividades parroquiales diarias y las liturgias reverentes. Sin embargo […] ¡Recuerde la doctrina de la concomitancia!”, concluyó el P. Cush.
El milagro se repite: La sangre de San Genaro se licúa por completo en Nápoles
El Cardenal Crescenzio Sepe, Arzobispo de Nápoles, muestra la sangre de San Genaro. Foto: Captura de Youtube
Una vez más, este sábado 19 de septiembre, la sangre de San Genaro, patrón de Nápoles, volvió a licuarse de forma milagrosa en el día en que la Iglesia celebra la fiesta de este mártir italiano.
A las 10:02, hora de Italia, el Cardenal Crescenzio Sepe, Arzobispo de Nápoles, anunció la repetición del milagro y destacó que, en esta ocasión, la sangre se ha vuelto completamente líquida, sin grumos, como ha sucedido en ocasiones anteriores.
“¡Sea alabado Jesucristo! Queridos amigos, queridos fieles todos. Una vez más, con alegría, con emoción, os informo de que la sangre de nuestro santo mártir patrón Genaro, se ha licuado. Completamente licuado, sin ningún grumo, como sucedió en los años pasados, signo del amor, de la bondad, de la misericordia de Dios y de la cercanía, de la amistad, de la fraternidad de nuestro San Genaro. Se de gloria a Dios y veneración a nuestro santo. Amén”, fueron las palabras del Cardenal desde la Catedral de Nápoles.
La licuefacción de la sangre de San Genaro
La licuefacción de la sangre de este santo es un fenómeno inexplicable que se produce tres veces al año: el sábado anterior al primer domingo de mayo, con motivo de la traslación de los restos del santo a Nápoles; el día de su fiesta litúrgica, el 19 de septiembre; y el 16 de diciembre, aniversario de la intercesión de San Genaro para evitar los efectos de la erupción del volcán Vesubio en el año 1631.
En diciembre del año 2016 no se produjo el milagro, lo cual provocó cierta preocupación entre los fieles. Aunque el hecho de que no se licúe se suele interpretar como el anuncio de un desastre, esto no siempre es así.
De hecho, el proceso no siempre se produce del mismo modo: a veces tarda varias horas, o incluso días, en licuarse. En otras, como en 2018, el milagro se produce antes de la celebración litúrgica, y en otras ocasiones, por motivos desconocidos, la sangre no se licúa.
El mismo Papa Francisco fue testigo del inexplicable fenómeno en marzo de 2015. En aquella ocasión, la sangre se licuó delante de la mirada del mismo Santo Padre fuera de las tres fechas indicadas. Por lo tanto, se trató de un hecho extraordinario que también se produjo en 1848 delante del Papa Pío IX.
El milagro no sucedió durante las visitas de San Juan Pablo II en 1979, ni de Benedicto XVI en 2007.
El martirio de San Genaro
San Genaro, patrono de Nápoles, fue Obispo de Benevento. Durante la persecución contra los cristianos fue hecho prisionero junto a sus compañeros y sometido a terribles torturas. Un día, él y sus amigos fueron arrojados a los leones, pero las bestias sólo rugieron sin acercárseles.
Entonces fueron tildados de usar magia y condenados a morir decapitados cerca de Pozzuoli, donde también fueron enterrados. Esto sucedió aproximadamente en el año 305.
Las reliquias de San Genaro fueron trasladadas a diferentes lugares hasta que finalmente llegaron a Nápoles en 1497.
Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»
Cardenal Zenari: en Siria la esperanza está muriendo
Imagen de archivo. Sirios desplazados a causa del conflicto que se extiende a más de 10 años.
La destrucción es enorme, falta de todo, no se olviden de nosotros. Este es el llamamiento del nuncio apostólico en Damasco que, tras reunirse con el Papa, llevará la cercanía de Francisco a la República Árabe. El cardenal subraya el compromiso sobre el terreno de «dar voz a los que no la tienen» y salir de la peor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.
Massimiliano Menichetti – Ciudad del Vaticano
Más de medio millón de muertos y unos 12 millones de desplazados internos y externos. Este es el balance, que se actualiza constantemente, del conflicto en Siria que dura ya diez años y que hoy en día también es testigo de la pesadilla de la codicia y el flagelo de la pobreza extrema y el hambre. El 15 de marzo de 2011, en medio de los levantamientos que han afectado al mundo árabe conocidos como la Primavera Árabe, comenzaron las manifestaciones contra el gobierno central, un año después de que estallara la guerra civil en todo el país. Los llamados «rebeldes de la primera hora», en una realidad de mayoría sunita, se oponen al presidente alauita que sigue en el poder, Bashar Hafiz al-Asad. La revuelta se degrada en muy poco tiempo y se convierte en un conflicto sin cuartel que ve la formación, la confrontación, el apoyo y la lucha: milicias locales, ramas de Al Qaeda, daesh, mercenarios, grupos terroristas autocéfalos.
En el conflicto también se registran intervenciones militares o de apoyo de muchas otras naciones, transformándolo en una guerra por poderes. El Papa Francisco, conmocionado por los conflictos en el mundo y, en particular, por la violencia en Siria, habla muchas veces de «la tercera guerra mundial a pedazos». Año tras año, Siria, entre armas químicas, bombas, minas, secuestros y fosas comunes, se convierte en un agujero negro que devora, sin interrupción, los intentos de acuerdos de paz y estabilidad. El noruego Geir Pedersen, actual Enviado Especial de las Naciones Unidas para la crisis de Siria, sigue incansablemente los pasos de sus predecesores (Kofi Annan, Lakhdar Brahimi y Staffan de Mistura) en la construcción de puentes y negociaciones entre las facciones y el gobierno. En Siria se está trabajando en una nueva Constitución que, según muchos, podría aumentar la confianza entre las partes, pero casi todas las noches los misiles siguen hiriendo el cielo y las bombas desgarran la tierra reducida a un «montón de escombros», como reitera el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Damasco. El cardenal, que guarda en su mirada rostros e imágenes de «una larga serie de atrocidades», no pierde la esperanza y ni el valor del testimonio.
Eminencia, ¿qué significa hablar de esperanza en una tierra como Siria?
Lo que, lamentablemente, está muriendo en Siria, en el corazón de diferentes personas, es la esperanza: muchas personas, después de 10 años de guerra, que ya no ven la recuperación económica, la reconstrucción, están perdiendo la esperanza, y esto duele mucho: perder la esperanza es realmente perder algo fundamental y esencial para la vida. Así que debemos tratar de restaurar la confianza, para devolver la esperanza a esta pobre gente.
Este año, en su discurso ante el Cuerpo Diplomático, el Papa habló de un velo de silencio que se extiende sobre Siria … [«Me refiero sobre todo al velo de silencio que corre el riesgo de cubrir la guerra que ha devastado a Siria en el curso de este decenio»).
Desafortunadamente, esto se está haciendo realidad. Era un poco predecible: como todos los conflictos que se prolongan durante mucho tiempo, en un momento dado se olvidan, la gente ya no tiene interés en escuchar esta noticia. Así que estamos en un punto muy, muy crítico. Además, la situación en Oriente Medio se ha complicado y, por lo tanto, cada vez se habla menos de Siria en un momento en que este país está sufriendo mucho. Y aquí también quisiera añadir: hay un escritor, un periodista sirio, que escribió hace unos meses: «Muchos sirios han muerto por diversos tipos de armas, desde todo tipos de bombas hasta misiles lanzados por todas partes, incluso por armas químicas. Pero – dice – lo más difícil de aceptar es morir sin que nadie hable de ello».
Es una guerra menos violenta por el momento, pero hay muchos otros dramas…
Afortunadamente, durante aproximadamente un año y medio, estas bombas han cesado en gran parte de Siria, excepto todavía en el noroeste, donde ha habido una tregua desde principios de marzo, que a veces sigue siendo una tregua frágil. Sin embargo, si antes había estas bombas, ahora existe lo que yo llamo la bomba de la pobreza: según las cifras de las Naciones Unidas, esta bomba está afectando a más del 80% de las personas, y eso es muy grave. Podemos ver los efectos del hambre, la desnutrición de los niños, sobre todo, y otras enfermedades …
¿Qué debería hacerse, a nivel internacional?
Es necesario que Siria empiece de nuevo, y para lograr eso mediante la reconstrucción y la recuperación económica se habla de varios miles de millones de dólares: se habla incluso de unos 400 mil millones de dólares, para «reiniciar Siria». Y los que pueden ofrecer esta ayuda están poniendo condiciones: también quieren ver una cierta dirección para las reformas, para las reformas democráticas, y esto todavía no es evidente. Asimismo, debo mencionar la incansable labor del Enviado Especial de las Naciones Unidas, Geir Pedersen, que está tratando por todos los medios de reanudar el diálogo; pero, lamentablemente, todavía estamos muy lejos de ver una reanudación del diálogo, una reanudación de la reconstrucción de Siria y una recuperación económica.
Diez años de conflicto, como ha recordado usted, el Covid, la pobreza y el hambre: un país -ha dicho usted varias veces- «reducido a escombros». En su opinión, lo que impide la construcción de la estabilidad ¿son también muchos intereses particulares?
Desafortunadamente. Ya no sé cómo comparar esta situación en Siria. Me viene a la mente el famoso poema que todos recordamos, de Giovanni Pascoli, que habla del roble caído – por supuesto, hay que hacer las distinciones necesarias – cuando dice: todos van a cortar la madera de este roble y por la noche todos se van a casa con su propia carga de madera cortada de este roble. Aquí no es ningún misterio, pero hay quienes se llevan el petróleo, quienes se llevan el gas, quienes aprovechan la guerra para enriquecerse, quienes aspiran a tomar algunas franjas de tierra… realmente da pena ver que mucha gente quiere «cortar madera de este roble» y llevárselo…
¿Cómo se puede detener esto?
Diría que necesitamos buena voluntad por parte de todas las facciones, necesitamos mostrar algo de buena voluntad, con la mediación de la comunidad internacional, y necesitamos desbloquear esta situación, empezando sobre todo por el aspecto humanitario, como la grave situación de los detenidos, los desaparecidos. Lamentablemente, en esta grave urgencia, lo que estamos viendo es que hay algún que otro intercambio de prisioneros, de gente que ha sido secuestrada, pero esto sucede con «cuentagotas». Necesitamos buena voluntad. Se calcula -según las Naciones Unidas- que hay unos 100.000 desaparecidos de los que no se sabe nada y, entre ellos, debo mencionar también a dos obispos, los metropolitanos ortodoxos de Alepo, y a tres sacerdotes, entre ellos también un italiano, el Padre Paolo (Dall’Oglio), de los que no se sabe nada desde hace siete años. Hay que empezar de nuevo a partir de estas personas desaparecidas, arrestadas, detenidas …
¿Son suficientes las donaciones que están llegando?
Agradezco sinceramente a todas las personas que nos ayudan, que también ayudan a los proyectos humanitarios, los proyectos realizados por las Iglesias. Veo en estos 10.000, 100.000 euros sobre todo el corazón y la bondad de esta gente: de verdad, me conmueve. Pero la magnitud de la necesidad es tan grande y grave que lamentablemente esta ayuda nuestra es comparable a un grifo de agua, cuando se necesitarían canales, grandes canales que traigan agua porque la destrucción es enorme y la recuperación y reconstrucción son enormes; y aquí se necesita la comunidad internacional que ofrezca estos «canales». También es necesario reconocer la labor de muchas ONG, además de las Iglesias, y también de las Naciones Unidas, que deben mantener a unos 11 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. En toda esta ayuda siempre veo al buen samaritano tratando de ayudar.
Si fueran tantos, estos grifos, y si fueran tantos, estos canales… Repito, se necesitan grandes canales de agua, de ayuda, procedentes de la comunidad internacional, especialmente de ciertos países. No me canso de señalar esto: para despertar la buena voluntad. Me reúno con representantes, embajadores de varios gobiernos, y señalo que esta situación debe ser desbloqueada. Por ejemplo, la guerra ha llevado a la destrucción de cerca de la mitad de los hospitales, y es algo muy serio, ahora que el Covid se presenta, tener estas instalaciones de salud devastadas. La guerra ha provocado la destrucción de uno de cada tres escuelas y cerca de dos millones y medio de niños en edad escolar no tienen dónde estudiar. Fábricas, barrios destruidos por la guerra… Y no me canso de señalar esto a los estados que pueden y deben ayudar. También debo mencionar las sanciones internacionales impuestas a Siria: tienen efectos bastante negativos…
En todo esto, Siria también ha sufrido la crisis del Líbano…
La crisis libanesa golpeó duramente a Siria, la crisis de los bancos libaneses desde donde pasaban las ayudas humanitarias: los proyectos humanitarios, incluso los de las Iglesias, generalmente pasaban por el Líbano. A esto se ha sumado en los últimos meses el cierre de las fronteras entre estos países, entre el Líbano y Siria, entre Jordania y Siria, y todo esto ha pesado. Y también todo lo que ha sucedido en las últimas semanas: el Oriente Medio es una tierra de fuegos, fuegos que vienen del mar – hemos visto lo que sucedió, las explosiones en el puerto de Beirut – fuegos que vienen del cielo, ataques aéreos, bombas, misiles … realmente el Oriente Medio es una tierra de fuegos, y debemos apagar estos incendios lo antes posible.
En este contexto, la Iglesia está en primera línea, junto con muchas personas de buena voluntad, en la ayuda a los pobres, en la construcción de hospitales, en el intento de proporcionar alimentos sin que haya ninguna distinción de religión u origen…
Yo diría que esta es la tarea de la Iglesia: ahora todas las Iglesias – católicas y ortodoxas – están comprometidas al máximo desde el punto de vista humanitario para aliviar estos sufrimientos, estas necesidades de la gente. Como Iglesia, como Santa Sede, no tenemos intereses militares, no tenemos intereses económicos, no tenemos estrategias geopolíticas: nosotros – la Iglesia, la Santa Sede, el Papa – estamos del lado del pueblo, del pueblo que sufre.
Queremos ser la voz de los que no tienen voz. Una de las muchas iniciativas – ¡de las tantas! – es también la de los «hospitales abiertos»: tres hospitales católicos presentes en Siria desde hace unos 120 años, una iniciativa abierta a los enfermos pobres. Aquí no miramos el nombre y el apellido. Y por lo que nos consta, va muy bien: a través de esta iniciativa de los hospitales abiertos – y de muchos otros que no tengo tiempo de mencionar ahora – intentamos curar los cuerpos pero también reparar el tejido social, porque son iniciativas abiertas también a los miembros de otras religiones. Y los musulmanes, que son la mayoría, tal vez han tenido un niño o un miembro de la familia atendido por nuestros hospitales católicos, son los más agradecidos y así se fortalecen las relaciones entre cristianos y musulmanes. Así que cosechamos dos frutos: el cuidado de los cuerpos y la mejora de las relaciones sociales. Este es nuestro objetivo.
¿Cómo y cuánta influencia tiene la diplomacia del Vaticano en este difícil proceso, en esta difícil situación?
Tenemos nuestro propio camino, no pertenecemos a ningún grupo. Incluso cuando vengo aquí a Roma, cuando me encuentro con el Santo Padre, cuando me encuentro con los superiores, tratamos de elaborar estrategias que están simplemente del lado de la gente. Como dije, no tenemos para compartir intereses económicos o militares o estrategias geopolíticas: nuestra estrategia es ser la voz de estas personas que sufren y hacer que esta voz esté presente.
¿Qué es lo que más duele, de todo este contexto?
Es difícil narrar esta profunda experiencia humana y espiritual. Me impresionó mucho, por ejemplo, el sufrimiento de los niños y las mujeres: son las primeras víctimas de esta guerra, los niños y las mujeres. Hace aproximadamente un mes, las Naciones Unidas también alzaron su voz sobre lo que ocurrió en un campamento de refugiados donde unos 8-10 niños fallecieron, una vez más, de desnutrición, deshidratación y otras enfermedades… El invierno pasado vimos morir a varios en la huida del noroeste de Siria hacia el norte: niños que murieron de frío en los brazos de sus padres, niños que murieron de desnutrición. Duele el corazón ver el sufrimiento de tantos niños y tantas mujeres, muchas de las cuales son viudas y a veces tienen que ocuparse de una familia numerosa, ocho, diez hijos… En realidad, es un sufrimiento que se siente muy fuertemente…
Un sufrimiento y un dolor que el Papa sigue muy de cerca: al volver al Vaticano, se encontró con el Papa, que ya había expresado el deseo de ir a Siria. Ahora los viajes están paralizados… ¿qué le dijo el Papa?
Esta vez me impresionó. Mientras yo hablaba de esta situación, tomó un papel y comenzó a escribir notas para tenerlas aún más presentes y para mantener estos programas humanitarios en marcha. “Usted, ¿qué llevará esta vez a Siria?”
Llevaré de vuelta la solidaridad del Papa Francisco, la solidaridad de la Iglesia, la solidaridad de muchos cristianos para tratar de reavivar esta esperanza que, por desgracia, está muriendo en Siria. Por esta razón, debemos tratar de encender, al final del túnel, alguna pequeña esperanza: al menos la solidaridad, para decir » no están solos», «tratamos de ayudarlos» también con ayuda material, y tratar de hacer brillar un poco de luz al final del túnel…