El calendario de las celebraciones navideñas presididas por el Papa Francisco
24/12/2019. Santa Misa de la Natividad del Señor.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer el calendario de las celebraciones presididas por el Santo Padre para la Navidad y el inicio del año 2021. La Misa de Nochebuena, 24 de diciembre, será a las 7.30 p.m., con una limitada participación en las celebraciones debido a la situación sanitaria.
La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice dio a conocer – a través de un Comunicado publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede – las fechas y horas de las celebraciones que presidirá el Papa Francisco durante este tiempo de Navidad y las celebraciones de inicio de año 2021.
12 de diciembre: Misa por la Virgen de Guadalupe
Antes de las fiestas navideñas, este sábado 12 de diciembre, a las 11.00 de la mañana, en la Basílica de San Pedro, el Pontífice presidirá la Santa Misa por el 125 Aniversario de la Coronación de Nuestra Señora de Guadalupe. Como es sabido, la Penitenciaría Apostólica, por mandato del Santo Padre, ha extendido una indulgencia plenaria a los fieles de todo el mundo que celebrarán el evento desde sus casas, ya que la Basílica mexicana estará cerrada del 10 al 13 de diciembre debido a las limitaciones sanitarias para hacer frente a la pandemia del Covid-19.
Navidad 2020
El jueves 24 de diciembre, Solemnidad de la Natividad del Señor, el Papa Francisco presidirá la Santa Misa del Gallo, en la Basílica de San Pedro, a las 7.30 de la noche. Al día siguiente, viernes 25 de diciembre, Solemnidad de la Natividad del Señor, el Obispo de Roma dirigirá desde la Basílica de San Pedro, su Bendición “Urbi et Orbi”, a la ciudad y al mundo, a las 12 del mediodía. Mientras que el jueves 31 de diciembre, Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el Papa Francisco celebrará las Primeras vísperas y el Te Deum en acción de gracias del año pasado, a las 5.00 de la tarde, en la Basílica Vaticana.
Enero de 2021
El viernes 1 de enero, Solemnidad de María Santísima Madre de Dios y 54ª Jornada Mundial de la Paz, el Santo Padre presidirá la Misa en la Basílica de San Pedro, a las 10 de la mañana. Finalmente, el miércoles 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Santo Padre presidirá la celebración Eucarística, en la Basílica de San Pedro, a las 10 de la mañana.
Asimismo, en el Comunicado también se especifica que la participación en las celebraciones será muy limitada, con la identificación de los fieles según la modalidad utilizada en los últimos meses, respetando las medidas de protección previstas y salvo variaciones debidas a la situación sanitaria.
Móntate con El Buen Pastor será el 20 de diciembre
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¿Por qué fue importante la canonización de San Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe?
Imagen de San Juan Diego en la antigua capilla de indios, en la Villa de Guadalupe de Ciudad de México. Foto: Fiorella Garrido / ACI Prensa.
Este 9 de diciembre la Iglesia celebra la fiesta de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin –“el águila que habla”–, el indio vidente de la Virgen de Guadalupe, pero no todos conocen la importancia de la canonización del primer santo indígena de América Latina.
San Juan Pablo II canonizó a Juan Diego el 31 de julio de 2002, en la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México, y destacó en esa ocasión que “Juan Diego, al acoger el mensaje cristiano sin renunciar a su identidad indígena, descubrió la profunda verdad de la nueva humanidad, en la que todos están llamados a ser hijos de Dios en Cristo”.
En diálogo con ACI Prensa en 2018, el P. Eduardo Chávez, uno de los mayores expertos en la aparición de la Virgen de Guadalupe y postulador de la causa de canonización de San Juan Diego, destacó que con este acto quedó confirmado “el milagro guadalupano en su gran extensión y trascendencia. Es un hecho histórico que trasciende tiempo y espacio”.
El sacerdote mexicano, también director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, destacó que si bien en México desde el siglo XVI era asumida como un hecho la santidad de Juan Diego, porque “fue el intercesor de la Virgen y era su mensajero”, el proceso de canonización “ayudó muchísimo para encontrar, cotejar y ver la convergencia de tantas fuentes y documentos históricos”.
“Algunos ya se conocían, otros fueron encontrados”, señaló
El P. Chávez recordó que en la primera parte de la causa de canonización “se tiene que analizar la fama de santidad inmemorial, cosa que Juan Diego tenía y obviamente se observa en estos documentos donde se le llama ‘varón santo’, ‘varón santísimo’, donde se le ha dibujado con aureola en el siglo XVI”.
En la segunda parte del proceso, señaló, se requiere “comprobar un milagro”.
Este milagro, dijo, fue el de “un joven que quiso suicidarse, y saltó desde una altura de 10 metros, rompiendo su cabeza en el suelo”.
“En cuatro días, sanó perfectamente este joven, porque la mamá le pidió a Juan Diego”, señaló.
Finalmente, dijo, el Papa “determina canonizarlo, después de toda esta investigación y análisis, y de toda la parte teológica, vida y virtudes de Juan Diego, y la comprobación de un milagro”.
Para el P. Chávez, es aquí donde está lo más importante de la canonización, pues cuando el Santo Padre “canoniza a alguien, en este caso a Juan Diego, ahí va implícito el dogma de la infalibilidad del Papa”.
Con la canonización “el Papa nos dice al mundo entero que esta persona está en el cielo, que es puente de unidad entre Dios y los seres humanos, es intercesor. Y es modelo de santidad”.
El vidente de Guadalupe “representa a cada uno de nosotros” y con su canonización “se confirma que el encuentro de Dios a través de la Virgen de Guadalupe ante el indio Juan Diego (…) es totalmente cierto”, afirmó.
Únete al lanzamiento de la película del primer evangelizador de América
Aleteia retransmitirá este jueves la presentación de un documental histórico sobre Ramón Pané.
En la historia del descubrimiento y evangelización de América se conocen los nombres de muchos de sus protagonistas, como Cristóbal Colón o Fray Bartolomé de las Casas. Poco se conoce, sin embargo, sobre el nombre y vida del que es considerado como primer evangelizador de ese continente, Ramón Pané.
Un documental, que será presentado a nivel mundial este jueves, 10 de diciembre, con un evento on line, viene a cubrir este vacío histórico.
En el acto, gratuito por Internet a todos los interesados, al que se podrá acceder a través de Aleteia.org, en colaboración con la Fundación Ramón Pané, participan algunos de los más destacados representantes de la Iglesia que habla y reza en español.
Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, presidente de la Fundación Ramón Pané, quien se unirá al evento desde Honduras.
Monseñor Octavio Ruíz Arenas, secretario del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, quien se conectará desde el Vaticano.
Mons. Julio César Corniel, obispo de la Diócesis de Puerto Plata, República Dominicana.
El sacerdote Jaume Aymar i Ragolta, presidente de la Fundación Cataluña-América Doctor Guzmán Carriquiri Lecour, embajador de Uruguay ante la Santa Sede y antiguo vicepresidente de Pontificia Comisión para América Latina.
El acto será presentado por el hermano Ricardo Grzona, director ejecutivo de la Fundación Ramón Pané.
La película, que tiene por título precisamente “El primer evangelizador de América – Ramón Pané”, se presentará a las 3 PM de Roma, 11 AM Argentina y Brasil, 10 AM República Dominicana, 9 AM Miami, Nueva York y Colombia, 8 AM México y Centroamérica, y 6 AM Los Ángeles.
La epopeya de Ramón Pané
Según explica la productora de la película, la Fundación Ramon Pané, el documental ha hecho una investigación histórica de varios años para comprender quién fue el primer misionero de América.
La historia se ambienta en abril de 1493, cuando Cristóbal Colón regresa de su primer viaje a América y se encuentra con los Reyes Católicos en el Cenobio de Oración de La Murtra (Badalona, España), confiado a los Frailes Jerónimos.
Allí estaba un joven ermitaño, no era sacerdote, unido a la orden de San Jerónimo. Su nombre era Ramón Pané.
En la audiencia, Colón mostró a los Reyes Católicos lo que había encontrado al llegar a tierra firme, y sobre todo algunas personas que habían viajado con él a su regreso: los llamó indios, porque creía que había llegado a la India, de la etnia de los Taínos.
Ramón, al ver a estas personas, como explica la producción del documental, “sintió el llamado de Dios para ir a llevarles el Evangelio y presentarles el cristianismo”.
La Reina Isabel dio instrucciones a Colón para que se anunciara el Evangelio a todas las personas, motivo por el cual Ramón Pané pudo embarcarse en el segundo viaje de Colón, llegando a la actual República Dominicana.
Fue así como se construyó en América el primer templo cristiano y Pané participó en la primera misa celebrada en el nuevo mundo, el 6 de enero de 1494.
Primeros mártires de América
Para emprender su obra evangelizadora, Ramón se internó en la isla y entabló amistad con la familia del cacique Guaticaba, aprendiendo la lengua nativa.
Después de dos años y medio, Guaticaba pidió recibir el bautismo, el 21 de septiembre de 1946, junto con 16 miembros de su familia, tomando el nombre de Juan Mateo.
A continuación se convirtió en compañero de Ramón Pané en su obra de evangelización en la isla.
Juan Mateo y toda su familia fueron asesinados poco después a causa de su conversión. Su martirio fue descrito por el mismo Ramón.
En septiembre de 1994, Juan Pablo II, en una carta de conmemoración de los quinientos años de los primeros bautizados de América, se refiere a ellos como los “primero mártires” por la fe cristiana en América.
Como el lector puede intuir de este maro histórico, el objetivo del documental consiste en hacer un acto de justicia histórica, recuperando la figura de estos primeros evangelizadores de América.
Esta es la oración que el Papa Francisco propone para rezar cada día en Adviento
El Papa Francisco celebra la Misa. Foto: Captura de Youtube
El Papa Francisco propuso a los cristianos que durante el Adviento inviten a Dios a hacerse presente en sus vidas con esta oración: “Ven, Señor Jesús”.
Se trata, explicó el Pontífice, de una oración sencilla que “podemos decirla al principio de cada día y repetirla a menudo, antes de las reuniones, del estudio, del trabajo y de las decisiones que debemos tomar, en los momentos importantes y en los difíciles”.
El Santo Padre hizo esa propuesta durante la Misa que celebró el domingo 29 de noviembre, Primer Domingo de Adviento, en la Basílica de San Pedro del Vaticano junto con 11 de los 13 cardenales creados ayer en el Consistorio Público Ordinario.
Francisco señaló que mediante esa oración, “Ven, Señor Jesús”, pronunciada cada día, “invocando su cercanía, ejercitaremos nuestra vigilancia”. “Es una pequeña oración, pero nace del corazón. Digámosla, repitámosla en este tiempo de Adviento: ‘Ven, Señor Jesús’”.
En su homilía el Papa Francisco reflexionó sobre dos palabras claves sugeridas por las lecturas del día: Cercanía y Vigilancia. “La cercanía de Dios y vigilancia nuestra. Mientras el profeta Isaías dice que Dios está cerca de nosotros, Jesús en el Evangelio nos invita a vigilar esperando en Él”.
Explicó que “el Adviento es el tiempo para hacer memoria de la cercanía de Dios, que ha descendido hasta nosotros”.
“Es también el primer mensaje del Adviento y del Año Litúrgico, reconocer que Dios está cerca, y decirle: ‘¡Acércate más!’. Él quiere acercarse a nosotros, pero se ofrece, no se impone. Nos corresponde a nosotros decir sin cesar: ‘¡Ven!’. El Adviento nos recuerda que Jesús vino a nosotros y volverá al final de los tiempos, pero nos preguntamos: ¿De qué sirven estas venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invitémoslo”.
Por ello, “es importante estar vigilantes, porque un error de la vida es el perderse en mil cosas y no percatarse de Dios”.
El Papa llamó la atención sobre el hecho de que si Dios pide a los cristianos que vigilen, “eso quiere decir que es de noche. Sí, ahora no vivimos en el día, sino en la espera del día, en medio de la oscuridad y los trabajos”.
Sin embargo, la invitación a la vigila encierra también un llamado a la esperanza, porque también implica que “llegará un día en que estaremos con el Señor. Vendrá, no nos desanimemos. Pasará la noche, aparecerá el Señor; Él, que murió en la cruz por nosotros, nos juzgará. Estar vigilantes es esperar esto, es no dejarse llevar por el desánimo, es vivir en la esperanza”.
El Papa explicó la naturaleza de esa vigilia con este ejemplo: “Así como antes de nacer nos esperaban quienes nos amaban, ahora nos espera el Amor mismo. Y si nos esperan en el Cielo, ¿por qué vivir con pretensiones terrenales? ¿Por qué agobiarse por alcanzar un poco de dinero, fama, éxito, todas cosas efímeras? ¿Por qué perder el tiempo quejándose de la noche mientras nos espera la luz del día?”.
“Mantenerse despiertos, sin embargo, es difícil. Por la noche es natural dormir. No lo lograron los discípulos de Jesús, a quienes Él les había pedido que velaran ‘al atardecer, a medianoche, al canto del gallo, de madrugada’. Y precisamente a esas horas no estuvieron vigilantes”.
En ese sentido, advirtió que “hay un sueño peligroso: el sueño de la mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por inercia, preocupándonos sólo por tener una vida tranquila”.
“Pero sin impulsos de amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos. Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el ardiente deseo de Dios, es la valentía perseverante para convertirse, es valor para amar, es salir siempre adelante”.
Entonces, “¿cómo podemos despertarnos del sueño de la mediocridad? Con la vigilancia de la oración. Rezar es encender una luz en la noche. La oración nos despierta de la tibieza de una vida horizontal, eleva nuestra mirada hacia lo alto, nos sintoniza con el Señor”.
“La oración permite que Dios esté cerca de nosotros; por eso, nos libra de la soledad y nos da esperanza. La oración oxigena la vida: así como no se puede vivir sin respirar, tampoco se puede ser cristiano sin rezar”.
Hay también un segundo sueño interior, advirtió el Papa: “el sueño de la indiferencia. El que es indiferente ve todo igual, como de noche, y no le importa quién está cerca. Cuando sólo giramos alrededor de nosotros mismos y de nuestras necesidades, indiferentes a las de los demás, la noche cae en el corazón”.
“Comenzamos rápido a quejarnos de todo, luego sentimos que somos víctimas de los otros y al final hacemos complots de todo. Hoy parece que esta noche ha caído sobre muchos, que exigen sólo para sí mismos y se desinteresan de los demás”.
Del mismo modo, “¿cómo podemos despertar de este sueño de indiferencia? Con la vigilancia de la caridad. La caridad es el corazón palpitante del cristiano. Así como no se puede vivir sin el latido del corazón, tampoco se puede ser cristiano sin caridad”.
El Papa Francisco finalizó su homilía: “Rezar y amar, he aquí la vigilancia. Cuando la Iglesia adora a Dios y sirve al prójimo, no vive en la noche. Aunque esté cansada y abatida, camina hacia el Señor”.
Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir de hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.
Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora. Lo hace en la Carta apostólica Patris corde, publicada hoy con motivo del 150 aniversario de la declaración del Esposo de María como Patrono de la Iglesia Católica. De hecho, fue el Beato Pío IX con el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870, quien quiso este título para san José. Para celebrar este aniversario, el Pontífice ha convocado, desde hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021, un «Año» especial dedicado al padre putativo de Jesús. En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que -escribe Francisco- nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad. Como san José, «el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta». Y sin embargo, el suyo es «un protagonismo sin igual en la historia de la salvación».
Padre amado, tierno y obediente
San José, de hecho, expresó concretamente su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio del Mesías. De ahí su papel como «la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento «, «siempre ha sido amado por el pueblo cristiano» (1). En él, «Jesús vio la ternura de Dios», la ternura que nos hace “aceptar nuestra debilidad», porque «es a través y a pesar de nuestra debilidad» que la mayoría de los designios divinos se realizan. «Sólo la ternura nos salvará de la obra» del Acusador, subraya el Pontífice, y es al encontrar la misericordia de Dios, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, que podemos hacer «una experiencia de verdad y de ternura», porque “Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (2). José es también un padre en obediencia a Dios: con su «fiat» salva a María y a Jesús y enseña a su Hijo a «hacer la voluntad del Padre». Llamado por Dios a servir a la misión de Jesús, «coopera en el gran misterio de la redención y es verdaderamente un ministro de la salvación» (3).
Padre en la acogida de la voluntad de Dios y del prójimo
Al mismo tiempo, José es «un padre en la acogida», porque «acogió a María sin poner condiciones previas», un gesto importante aún hoy -afirma Francisco- «en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente». Pero el Esposo de María es también el que, confiando en el Señor, acoge en su vida incluso los acontecimientos que no comprende, dejando de lado sus razonamientos y reconciliándose con su propia historia. La vida espiritual de José no “muestra una vía que explica, sino una vía que acoge”, lo que no significa que sea «un hombre que se resigna pasivamente». Al contrario: su protagonismo es «valiente y fuerte» porque con «la fortaleza del Espíritu Santo», aquella «llena de esperanza», sabe “hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”. En la práctica, a través de san José, es como si Dios nos repitiera: «¡No tengas miedo!», porque «la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste» y nos hace conscientes de que «Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas». Y no sólo eso: José «no buscó atajos», sino que enfrentó «‘con los ojos abiertos’ lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona». Por ello, su acogida “nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles” (4).
Padre valiente y creativo, ejemplo de amor a la Iglesia y a los pobres
Patris corde destaca «la valentía creativa» de san José, aquella que surge sobre todo en las dificultades y que da lugar a recursos inesperados en el hombre. «El carpintero de Nazaret -explica el Papa- sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia». Se enfrentaba a «los problemas concretos» de su familia, al igual que todas las demás familias del mundo, especialmente las de los migrantes. En este sentido, san José es «realmente un santo patrono especial» de aquellos que, «forzados por las adversidades y el hambre», tienen que abandonar su patria a causa de «la guerra, el odio, la persecución y la miseria». Custodio de Jesús y María, José «no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia», de su maternidad y del Cuerpo de Cristo: cada necesitado, pobre, sufriente, moribundo, extranjero, prisionero, enfermo, es «el Niño» que José guarda y de él hay que aprender a «amar a la Iglesia y a los pobres» (5).
Padre que enseña el valor, la dignidad y la alegría del trabajo
Honesto carpintero que trabajó «para asegurar el sustento de su familia», José también nos enseña «el valor, la dignidad y la alegría» de «comer el pan que es fruto del propio trabajo». Este significado del padre adoptivo de Jesús le da al Papa la oportunidad de lanzar un llamamiento a favor del trabajo, que se ha convertido en «una urgente cuestión social», incluso en países con un cierto nivel de bienestar. «Es necesario comprender», escribe Francisco, «el significado del trabajo que da dignidad», que «se convierte en participación en la obra misma de la salvación» y «ocasión de realización» para uno mismo y su familia, el «núcleo original de la sociedad». Quien trabaja, colabora con Dios porque se convierte en «un poco creador del mundo que nos rodea». De ahí la exhortación del Papa a todos a «redescubrir el valor, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva ‘normalidad’ en la que nadie quede excluido». Mirando en particular el empeoramiento del desempleo debido a la pandemia de Covid-19, el Papa llama a todos a «revisar nuestras prioridades» para comprometerse a decir: “¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!” (6).
Padre en la sombra, descentrado por amor a María y Jesús
Siguiendo el ejemplo de la obra «La sombra del Padre» del escritor polaco Jan Dobraczyński, el Pontífice describe la paternidad de José respecto de Jesús como «la sombra del Padre celestial en la tierra». «Nadie nace padre, sino que se hace», afirma Francisco, porque se hace «cargo de él”, responsabilizándose de su vida. Desgraciadamente, en la sociedad actual «los niños a menudo parecen no tener padre», padres capaces de «introducir al niño en la experiencia de la vida», sin retenerlo ni «poseerlo», pero haciéndolo «capaz de elegir, de ser libre, de salir». En este sentido, José tiene el apelativo de «castísimo», que es «lo contrario a poseer»: él, de hecho, «fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre», «sabía cómo descentrarse» para poner en el centro de su vida no a sí mismo, sino a Jesús y María. Su felicidad está «en el don de sí mismo»: nunca frustrado y siempre confiado, José permanece en silencio, sin quejarse, pero haciendo «gestos concretos de confianza». Su figura es, por lo tanto, ejemplar, señala el Papa, en un mundo que «necesita padres y rechaza a los amos», que refuta a aquellos que confunden «autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción». El verdadero padre es aquel que «rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos» y respeta su libertad, porque la paternidad vivida en plenitud hace «inútil» al propio padre, «cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida». Ser padre «nunca es un ejercicio de posesión», subraya Francisco, sino «un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior», al «Padre celestial» (7).
La oración diaria del Papa a san José y ese «cierto reto»
Concluida con una oración a san José, Patris corde revela también, en la nota número 10, un hábito de la vida de Francisco: cada día, de hecho, «durante más de cuarenta años», el Pontífice recita una oración al Esposo de María «tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María». Es una oración que «expresa devoción y confianza» a san José, pero también «un cierto reto», explica el Papa, porque concluye con las palabras: “Que no se diga que te haya invocado en vano, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.
Indulgencia plenaria para el «Año de San José»
Junto a la publicación de la Carta apostólica Patris corde, se ha publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que anuncia el «Año de San José» especial convocado por el Papa y la relativa concesión del «don de indulgencias especiales». Se dan indicaciones específicas para los días tradicionalmente dedicados a la memoria del Esposo de María, como el 19 de marzo y el 1 de mayo, y para los enfermos y ancianos «en el contexto actual de la emergencia sanitaria».
7 datos interesantes sobre la Inmaculada Concepción
Inmaculada Concepción por San Felipe Neri.
El 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula Ineffabilis Deus.
A continuación, te presentamos siete datos para entender mejor este dogma:
1. ¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?
La Inmaculada Concepción hace referencia a la manera especial en que fue concebida María. Esta concepción no fue virginal ya que ella tuvo un padre y una madre humanos, pero fue especial y única de otra manera.
2. ¿Qué es la Inmaculada Concepción?
El Catecismo de la Iglesia Católica describe que:
“Para ser la Madre del Salvador, María fue ‘dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante’. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como ‘llena de gracia’. En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios” (490).
“A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María ‘llena de gracia’ por Dios (Lc. 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:
‘… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’” (491).
3. ¿Esto significa que María nunca pecó?
Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal.
El catecismo lo explica en el número 493 que los padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios «la Toda Santa» (Panaghia), la celebran «como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo». Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
4. Entonces, ¿María necesitaba que Jesús muriera por ella en la Cruz?
No. María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”.
Tal como lo explica el catecismo en el número 492, esta «resplandeciente santidad del todo singular» de la que ella fue «enriquecida desde el primer instante de su concepción», le viene toda entera de Cristo: ella es «redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo». El Padre la ha «bendecido […] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo» más que a ninguna otra persona creada. Él la ha «elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor».
En el número 508 el catecismo describe: “De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, ‘llena de gracia’, es ‘el fruto más excelente de la redención’; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida».
5. ¿Se puede hacer un paralelo entre María y Eva?
Adán y Eva fueron creados inmaculados, sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar.
Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado.
Jesús es por tanto el nuevo Adán y María la nueva Eva.
El catecismo señala en el número 494 que “Ella, en efecto, como dice San Ireneo, ‘por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano’. Por eso, no pocos padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar ‘el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe’. Comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: ‘la muerte vino por Eva, la vida por María’”.
6. ¿Cómo se hace María un ícono de nuestro destino?
Aquellos que mueren en la amistad con Dios y así para ir al Cielo serán liberados de todo pecado y mancha de pecado. Seremos así todos vueltos “inmaculados” (Latin, immaculatus = «intachable») si permanecemos fieles a Dios.
Incluso en esta vida, Dios nos purifica y prepara en santidad y, si morimos en su amistad pero imperfectamente purificados, Él nos purificará en el purgatorio y nos volverá inmaculados. Al dar a María esta gracia desde el primer momento de su concepción, Dios nos muestra una imagen de nuestro propio destino. Él nos muestra que esto es posible para los seres humanos a través de su gracia.
En palabras de San Juan Pablo II, podemos decir que “María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión”.
“Fijemos, por tanto, nuestra mirada en María, icono de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, pero orientada a la meta gloriosa de la Jerusalén celestial, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor”.
7. ¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción para que pudiera ser Madre de Jesús?
No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era «apropiado», algo que hizo de María una «morada apropiada» (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario.
Al respecto, los padres de la Iglesia afirmaron “que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”, explicó el Papa Pío IX.
“Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad”.
9 datos sobre el significado y el valor del pesebre en Navidad según el Papa Francisco
Imagen referencial / Crédito: Pxfuel
¿Sabías que el Papa Francisco realizó una reflexión sobre el significado y valor del pesebre en Navidad? Esto lo hizo en su carta apostólica Admirabile signum, que firmó el 1 de diciembre de 2019 en la localidad italiana de Greccio.
Aquí los 9 datos sobre el significado y valor del pesebre en Navidad.
1. El pesebre es como un “Evangelio vivo”
El Papa Francisco recordó que la escenificación del nacimiento de Jesús “es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura” para invitar a los hombres a “ponerse espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre”.
El evangelista Lucas narra que María “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium”.
2. El origen del símbolo se remonta al tiempo de San Francisco
El Papa recordó que la historia de los pesebres de Navidad se remonta a días posteriores al 29 de noviembre de 1223, cuando el Papa Honorio III aprobó la Regla franciscana a San Francisco de Asís en Roma.
“Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre”, escribió el Papa.
Quince días antes de la Navidad de aquel año, en Greccio (Italia), el santo le expresó a un hombre de nombre Juan que deseaba “celebrar la memoria del Niño que nació en Belén” para “contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”. El hombre cumplió con el deseo y el 25 de diciembre, junto a frailes y otras personas, San Francisco encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno.
Las personas “mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado”. “Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes”.
3. El pesebre manifiesta la ternura de Dios
“¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve?”, pregunta el Papa en su carta. Señaló que eso no solo se debe a que “nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén”, sino que “manifiesta la ternura de Dios”, que siendo Creador del universo, “se abaja a nuestra pequeñez”.
También señaló que el belén “es desde su origen franciscano una invitación a ‘sentir’, a ‘tocar’ la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación” y “una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”.
4. En el pesebre toda la creación participa en la fiesta de la venida de Jesús
En Admirabile signum, el Papa Francisco repasa los elementos que componen el nacimiento que se arma en los hogares, como el cielo estrellado, los paisajes, los animales y los pastores. Estos, afirmó, recuerdan lo que habían anunciado los profetas: “Que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías”.
También indicó que “los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor”; mientras que “los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece”.
5. La figura de María y el misterio de su llamado
Sobre la imagen de la Virgen María, el Papa dijo: “María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado”. “Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo solo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica”, agregó.
6. La figura San José como custodio de la familia
Luego, el Pontífice afirma que “junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está San José”, representado con el bastón en la mano y, a veces, sosteniendo una lámpara.
“Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia” y que no duda en ponerse en camino ante la amenaza de Herodes. Fue el primer educador de Jesús niño y adolescente; “y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica”.
7. “El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando se coloca al Niño Jesús”
En su carta, el Papa Francisco afirma que el “corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús”, porque “Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos”.
“En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos”, agregó.
8. Los Reyes Magos nos recuerdan nuestra misión evangelizadora
El Papa también recuerda que en la fiesta de la Epifanía está la costumbre de colocar las tres figuras de los Reyes Magos que llegan de Oriente para contemplar al Niño y ofrecerle los dones de oro, incienso y mirra. Esta escena llama “a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador”, señaló.
Además, los Magos, hombres sedientos de lo infinito, “enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo”.
“No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes”, dijo el Papa.
9. El pesebre “habla del amor de Dios”
El Papa Francisco invita en su carta apostólica a recordar cuando se era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construir el belén. “Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia”.
También dijo que “no es importante cómo se prepara el pesebre”, ya que “puede ser siempre igual o modificarse cada año”, porque “lo que cuenta es que este hable a nuestra vida”. “En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición”, concluye el Santo Padre en Admirabile signum.
¿San Nicolás o Santa Claus? 6 diferencias entre el santo y el personaje de ficción
San Nicolás, Obispo de Myra / Santa Claus / Crédito: Flickr, Carlos (CC BY-NC 2.0)
Apropósito de que el 6 de diciembre se conmemora a San Nicolás, patrono de los niños, aquí unas aclaraciones sobre él y el personaje.
El personaje de Santa Claus ha ganado tanta fama en las últimas décadas y resulta tan eficaz para representar la diversión y los regalos que desplaza a la verdadera razón de la alegría: Jesús que nace en Belén.
Según varios historiadores, Santa Claus es la distorsión -primero literaria y luego comercial- de San Nicolás, el generoso Obispo de Myra, patrono de los niños, navegantes y cautivos.
Estas son sus principales diferencias según St. Nicholas Center, un centro virtual donde la gente puede aprender sobre San Nicolás.
1. Santa Claus se asocia a la infancia, en cambio, San Nicolás es un modelo de cristiano para toda la vida.
2. Santa Claus, como lo conocemos, surgió para aumentar las ventas y el mensaje comercial de la Navidad. En cambio, San Nicolás llevó el mensaje de Cristo y la paz, la bondad y el mensaje cristiano de esperanza.
3. Santa Claus alienta el consumo, mientras que San Nicolás promueve la compasión.
4. Santa Claus aparece cada año para «ser visto» por un periodo corto tiempo; en cambio, San Nicolás es parte de la comunión de los santos y nos acompaña por la oración y su testimonio.
5. Santa Claus «vuela» a través de los aires desde el Polo Norte, mientras que, San Nicolás caminó por la tierra preocupándose y atendiendo a los más necesitados.
6. Para algunos, Santa Claus sustituye al Niño de Belén, pero San Nicolás nos señala y conduce a todos al Niño de Belén.
De San Nicolás a Santa Claus
Hay varias teorías sobre el origen de Santa Claus. La más difundida es que fue la empresa Coca Cola que inventó el personaje para promover el consumo de su bebida en 1920.
Sin embargo, en el siglo XIX, escritores de Nueva York intentaron dar un sello nacional a las fiestas de Navidad llenas de tradiciones cristianas de los inmigrantes europeos. En poco tiempo, las celebraciones dejaron de lado el carácter santo de estas fechas y se popularizaron las fiestas desenfrenadas, con borracheras y desorden público.
En 1821 se publicó el libro de litografías para niños «Sante Claus, el amigo de los niños» en el que se presentaba a un personaje que llegaba del Norte en un trineo con un reno volador. Esa publicación hizo aparecer al personaje cada Nochebuena y no el 6 de diciembre, día de la fiesta del santo obispo. Un poema anónimo y las ilustraciones de esa publicación resultaron clave en la distorsión de San Nicolás.
Según los expertos de St. Nicholas Center, fue la élite de Nueva York la que logró nacionalizar la Navidad a través de Santa Claus y el apoyo de artistas y literatos como Washington Irving, John Pintard y Clement Clarke Moore.
En 1863, durante la Guerra Civil, el caricaturista político Thomas Nast comenzó a dibujar a Santa Claus con los rasgos que ahora le atribuyen: gorro rojo, abundante barba blanca y abultado vientre. Junto con los cambios de apariencia, el nombre del santo cambió a Santa Claus, una alteración fonética del «Sankt Niklaus» alemán.
Recién en 1920, Santa Claus apareció por primera vez en un anuncio de Coca Cola.