Parroquia El Buen Pastor – República Dominicana

Hay almas que llegan en poco al momento de la siega porque en un breve periodo maduran en una Fe de forma vertiginosa y son halladas válidas para la siega. Iniciamos el mes de octubre con la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús que en tan sólo 24 años tuvo tiempo de madurar para nacer a la vida plena. Nacida en Alençon (Francia) el año 1873, siente desde muy joven la llamada del Señor a la vida contemplativa.
Ella misma dice que cuando meditaba el capítulo 13 de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, donde el Apóstol recuerda que en la Iglesia hay multitud de servicios, no se ubicaba en ninguno de ellos. Su lugar propiamente lo encuentra en el Amor y servicio a Cristo. Así entra en el Convento de las Carmelitas de Lisieux. No obstante ya llevaba desde muy niña intentando ingresar en la Orden carmelita sin conseguirlo de momento.
Su principal motor para seguir este camino lo encontró en la tierna confianza en Dios, la sencillez y la humildad. Y como el verdadero testimonio se conoce desde las obras, trató de infundir todo esto en el corazón de las novicias. Tras una grave dolencia, muere con tan sólo 24 años, ofreciendo su vida por la Iglesia y la extensión del Evangelio.
Destaca también su profundidad mística. No en vano, ante los primeros síntomas de la enfermedad, asegurará: “Es el Esposo que llega”. Es Patrona de las Misiones, junto con San Francisco Javier. La lógica de la vida contemplativa le llevaba a no salir del Convento pero, curiosamente, se trató por carta con algunos misioneros japoneses. Ellos no encontraban mejor aliento que el de aquella joven carmelita. Por eso tiene tal patronazgo.
«Siempre he deseado, afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección»
Fuente: Cope | Aciprensa